Sobre las relaciones de pareja

Una relación de pareja le provee a las personas satisfacción y estabilidad, y puede ayudar a cada cónyuge a alcanzar y desarrollar su propio potencial. La vida en pareja ofrece comodidad cuando las cosas fuera de la relación no marchan bien. Las relaciones son una gran fuente de realización personal, gratificación emocional y apoyo.

Las relaciones son una gran fuente de realización personal, gratificación emocional y apoyo.

Muchas parejas incurren en error al pensar que una relación de amor no debería dar trabajo. Sin embargo, al preguntarle a varias parejas felizmente unidas cuál es el secreto para mantener la chispa en su relación, admiten que requiere mucho trabajo y compromiso. Es sensato entonces concluir que caminar hacia una relación saludable es una de las tareas más gratificantes y de más reto en todas las parejas.

Las relaciones no son perfectas. Cada persona trae sus propias ideas, valores, opiniones y rasgos de personalidad a las mismas, y no siempre estas características parean con las de la pareja. Sin embargo, no por ello las relaciones entrarán en crisis y fracasarán. Al contrario, las diferencias podrían ser complementarias. La clave radica en respetar, entender y aceptar los puntos de vista y culturas divergentes.

Las relaciones de pareja sí pueden ser duraderas y sí pueden ser relaciones felices.

Cuando las percepciones se ven nubladas por la atracción física, la ilusión de una relación y el deseo sexual, algunas personas pueden pasar por alto aspectos importantes de la persona que han escogido como pareja. Deficiencias en la relación pueden crear tensión, tristeza, preocupación, miedo y problemas de salud. Una mala relación puede también crear problemas en el trabajo y afectar a otros miembros de la familia, incluso podría afectar las relaciones interpersonales en general.

No obstante ello, las relaciones de pareja sí pueden ser duraderas y sí pueden ser relaciones felices.

El incorporar las terapias psicológicas de parejas antes de que lo único que sostenga la relación sean las pertenencias materiales o los hijos e hijas que se hayan tenido, podría ser una buena alternativa. Algunas parejas posponen la terapia hasta que su relación está en un punto de rompimiento o hasta el momento en que ésta está en una verdadera crisis, en la esperanza poder salvarla. Se recomienda la terapia en la etapa de adaptación a la relación o cuando los conflictos están en su inicio, o, incluso, cuando la relación corre sin aparente dificultad. La terapia de parejas puede ser de valor aún cuando la relación esté en crisis, pero tomará más tiempo, recursos y esfuerzo lograr resultados positivos.

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El uso del sexo como medio de control en la relación

Es el único sitio [refiriéndose al sexo] en el que siento que estoy visible y soy necesaria.

Recientemente fui invitado a hablar de este tema en el programa radial de la Dra. Mary Ann Martínez*.  Me pareció una buena idea compartir en mi blog algunos de los puntos que discutimos la doctora y yo y que resultan ser de gran relevancia en las relaciones de pareja.

controlCuando se forma una relación, cada persona posee ideas preconcebidas acerca de cómo se debería comportar la pareja.  Asimismo, cada cual tiene expectativas específicas en cuanto a la forma y manera en que debería funcionar una relación, lo que podría convertirse en una fuente de conflictos.  Muchas de estas ideas tienen su origen en experiencias pasadas o en la educación o el modelaje recibidos en la familia de origen.  Así las cosas, en las relaciones es común notar dinámicas que tienen el fin de ejercer control sobre la pareja para que ésta se conforme a lo idealizado o a lo aprendido.   Este control se manifiesta a través de acciones específicas y deliberadas –jugadas estratégicas, si se quiere– que se realizan para obtener algo de la otra persona, para obtener algo de la relación o para regular el funcionamiento de la misma.

Vale apuntar que este control puede ser real o percibido.  Puede ser real porque en efecto algunas prácticas podrían producir los resultados que la persona controladora interesa o puede ser un control percibido porque podría ser enteramente imaginario, o sea, la persona piensa erróneamente que sus acciones están produciendo o producirán los resultados esperados, como pudiera ser el caso de la adolescente que accede a la solicitud del novio –tal vez en contra de su voluntad– de sostener relaciones sexuales porque en su mente de esa forma él no la dejará, o la esposa que accede a prácticas sexuales –tal vez no deseadas– porque en su mente el marido no las buscará fuera de la casa.  Nótese que en estos casos se está utilizando la sexualidad con el fin de tratar de controlar el curso que seguirá una relación, sin embargo, no hay garantías de que el novio no dejará a la novia o de que el marido no le será infiel a la esposa.  La infidelidad, al igual que la permanencia de alguien en una relación, está atada a una multiplicidad de factores y no únicamente a lo sexual.

El empleo de la sexualidad para ejercer control en la relación es muy variado, sobre todo en culturas donde existe la creencia de que a través de ésta se puede prevenir la infidelidad de la pareja accediendo a prácticas sexuales muchas veces no deseadas o donde se utiliza el sexo para premiar, castigar o para obtener beneficios materiales

Tanto mujeres como hombres recurren a estas prácticas controladoras, sin embargo, se observa mayormente de hombres a mujeres y se da preponderantemente en sociedades patriarcales, promovido, por lo tanto, por religiones donde la figura del hombre se acepta como la de mayor autoridad.  Las religiones desde que se empezaron a organizar allá para el siglo V D. C., han jugado un papel fundamental en el control y la regulación de la sexualidad.  Muchas de estas religiones enfatizan el paradigma de “dominio y sumisión” de la mujer ante el hombre, sobre todo en el aspecto sexual.  Aparte de la influencia religiosa, Giddens, incluso, señala que parte de la psicología masculina es el impulso natural de subordinar, controlar y humillar a las mujeres en el sexo.

En ocasiones este impulso natural junto con el modelo religioso de dominio y sumisión –muy evidente en  relaciones tradicionales donde el hombre actúa de proveedor y la mujer de subordinada ama de casa– daña profundamente la estima propia de la mujer, llegando ésta incluso a expresar “Es el único sitio [refiriéndose al sexo] en el que siento que estoy visible y soy necesaria”, lo que podría eventualmente conducir a un reclamo de autonomía, donde la subordinada podría utilizar la sexualidad como apoderamiento de tal vez la única área en su vida que sí puede controlar.  Vemos en estos casos que la mujer se niega a sostener relaciones íntimas o decide cuando y cómo éstas se llevarán a cabo.

El empleo de la sexualidad para ejercer control en la relación es muy variado, sobre todo en culturas donde existe la creencia de que a través de ésta se puede prevenir la infidelidad de la pareja accediendo a prácticas sexuales muchas veces no deseadas o donde se utiliza el sexo para premiar, castigar o para obtener beneficios materiales.  El uso del sexo para controlar y manipular debilita la relación y termina por acabar con la convivencia.  Las relaciones no deben caracterizarse por una lucha interna para lograr imponerse sobre la otra persona.  La sexualidad en la pareja, por lo tanto, cumple un fin distinto y va más allá del aspecto reproductivo: es un encuentro placentero, es un acto de comunicación y un compartir de intimidad.

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*La Dra. Mary Ann Martínez es Consejera Profesional y Terapeuta Sexual, conduce el programa radial “A la cama sin estrés” transmitido por www.salud1520am.com, es profesora de consejería, posee su práctica privada como terapeuta de familia y parejas, y puede ser localizada en mmartinezpr@gmail.com.