Las mentiras tienen una fecha de expiración, pero la verdad nunca caduca.

Las mentiras tienen una fecha de expiración, pero la verdad nunca caduca.

Me parece que debo haberte inventado en uno de esos días que estaba bien aburrida.

Me gustas. Por lo tanto, te decoraré con las cualidades que no posees.

Imagina que somos nuevos y que estás tratando de impresionarme, porque al ritmo que vas, pronto eso se convertirá en el derecho de alguien más.

Necesito que me ames de la misma manera en que la luna orbita alrededor de la tierra, sin intenciones de parar.

Nunca te conocerás a ti mismo verdaderamente, o la fortaleza de tu relación, hasta que ambos hayan sido probados en la adversidad.

Mientras no nos miremos a nosotros mismos desde afuera de manera objetiva, automáticamente proyectaremos nuestros motivos en otras personas.

Las relaciones nunca trabajan bien cuando sólo te escuchas a ti mismo.

Así es como se va forjando la intimidad. Uno entrega primero su mejor retrato, un producto resplandeciente y muy bien acabado, retocado con fanfarronadas, falsedades y sentido del humor. Luego se necesitan más detalles y entonces se pinta un segundo retrato, y luego un tercero… antes de que pase mucho tiempo los mejores rasgos han desaparecido, y finalmente se revela el secreto; los diferentes niveles de los sucesivos retratos se mezclan y nos delatan, y aunque seguimos pintando y pintando, ya no conseguimos vender la mercancía. Tenemos que darnos por satisfechos con la esperanza de que nuestras mujeres, nuestros hijos y nuestros socios acepten como buenas esas fatuas descripciones que les hacemos de nosotros mismos.
