El primer paso en el proceso terapéutico

La labor principal del Psicólogo de Parejas es identificar «lo disfuncional» cuando las cosas en la relación no marchan bien.  Esto nos proveerá información acerca de lo que está roto y lo que necesita ser reparado.  Las metas en la terapia de parejas están basadas en este conocimiento.  Es por esto que el primer paso en el tratamiento consiste en la evaluación de la relación como unidad.  Para esto, el Psicólogo de Parejas emplea técnicas como la medición psicológica, cumplimentación de documentos de «assessment» y entrevistas clínicas con los cónyuges.

Relación con el proceso de terapia

  • La fase de evaluación proporciona una comprensión inicial y estructurada de la historia de la pareja, de sus principales conflictos y de los eventos que han llevado a buscar ayuda.
  • Permite identificar patrones de interacción, estilos de comunicación y ciclos de conflicto que no siempre son evidentes para los miembros de la pareja.
  • A través de entrevistas, cuestionarios y herramientas clínicas, el terapeuta evalúa factores individuales (salud mental, estrés, traumas, expectativas) que influyen directamente en la dinámica de la relación.
  • La evaluación ayuda a clarificar los objetivos terapéuticos: qué desean cambiar, qué les gustaría conservar y qué resultados consideran realistas en el proceso de terapia.
  • Esta fase inicial permite detectar situaciones de riesgo (violencia, abuso, ideación suicida, adicciones) y decidir si la terapia de pareja es el formato adecuado o si se requieren intervenciones adicionales.
  • La evaluación establece una “línea de base” que servirá posteriormente para medir el progreso y valorar si las estrategias de intervención están siendo efectivas.
  • También es un momento clave para construir alianza terapéutica, generar confianza y explicar el encuadre: roles, límites, normas y responsabilidades dentro del proceso.
  • Una evaluación cuidadosa evita intervenciones precipitadas y permite diseñar un plan de tratamiento más ajustado a la realidad, las necesidades y los recursos específicos de esa pareja.

La experiencia terapéutica y el proceso de terapia

La experiencia de visitar el psicólogo varía de la de ir al médico.  Mientras que la experiencia de ir al médico con frecuencia resulta ser una cuestión de un par de visitas –excepto en casos de cierta gravedad– la de asistir al psicólogo rara vez lo es.  El tratamiento psicológico funciona de manera gradual, por lo que es recomendable que las personas realicen las provisiones de tiempo y las provisiones presupuestarias que sean necesarias y realistas para que puedan sacar provecho de la experiencia, y llevar su tratamiento a un feliz término.

Relación con el proceso de terapia

  • En la experiencia de terapia de pareja, el foco principal no es un síntoma físico aislado, sino la calidad del vínculo, los patrones de interacción y las emociones que circulan en la relación.
  • A diferencia de la consulta médica, donde el profesional suele asumir un rol más directivo y experto en el cuerpo, en terapia se construye un proceso colaborativo donde la pareja es parte activa en definir problemas y soluciones.
  • La experiencia terapéutica se centra en la conversación profunda, la reflexión y el significado, más que en exámenes, pruebas diagnósticas o prescripciones farmacológicas.
  • En lugar de “recetar” un tratamiento estandarizado, el terapeuta ajusta las intervenciones a la historia, valores, contexto y objetivos particulares de esa pareja.
  • En la experiencia de terapia de pareja, la confidencialidad y el ritmo emocional tienen un peso especial: se cuida el clima de seguridad, la forma en que se abordan temas sensibles y el impacto que la sesión tiene en ambos miembros.
  • La terapia de pareja promueve el protagonismo de las personas: se les invita a asumir responsabilidad, ensayar nuevas conductas y revisar creencias, en lugar de esperar una solución externa rápida.
  • En la experiencia de terapia de pareja, el éxito del proceso no se mide solo por la desaparición de un “síntoma”, sino por cambios en la comunicación, en la capacidad de resolver conflictos y en la experiencia de cercanía y respeto mutuo.
  • Mientras la consulta médica suele ser más breve y puntual, la terapia de pareja implica un proceso en el tiempo, con seguimiento, evaluación de avances y ajustes continuos en las metas de trabajo.

La pareja como unidad y el proceso terapéutico

Ninguna terapia psicológica resuelve los conflictos por ti.  La resolución de conflictos proviene de la pareja como unidad.  En terapia te ayudamos y te brindamos destrezas y herramientas que te ayudarán en la consecución de tus metas terapéuticas.

Relación con el proceso terapéutico

  • La terapia de pareja invita a ver la relación como una unidad, ayudando a pasar de la lógica de “yo contra ti” a “nosotros frente al problema”.
  • El terapeuta promueve que ambos miembros identifiquen metas compartidas, reforzando la idea de proyecto en común y no solo de dos historias individuales.
  • A través del trabajo conjunto, la pareja aprende a tomar decisiones considerando el impacto en el “nosotros”, lo cual fortalece el sentido de equipo.
  • La terapia ayuda a reconocer y valorar las fortalezas del vínculo (apoyo mutuo, historia compartida, logros en conjunto), consolidando la identidad como pareja.
  • Al trabajar los conflictos desde una perspectiva sistémica, se comprende cómo las acciones de cada uno afectan al otro y al sistema relacional, reforzando la responsabilidad compartida.
  • La construcción de acuerdos, rituales y normas propias de la relación alimenta la sensación de pertenencia a una unidad única y diferenciada de las familias de origen.
  • La terapia ofrece un lenguaje común para hablar de la relación (“nosotros”, “nuestro vínculo”, “nuestra manera de cuidarnos”), consolidando simbólicamente la unidad de la pareja.
  • Con el tiempo, el proceso terapéutico puede transformar la vivencia de la pareja, pasando de la coexistencia a una experiencia más consciente de colaboración, interdependencia y cuidado recíproco.

Resolución de conflictos y el proceso terapéutico

La clave para la resolución de conflictos en la relación se fundamenta en aprender a escucharse, entender –realmente– el punto de vista del/a otro/a, reconocer el significado emocional que el asunto en cuestión tiene para el/la otro/a y alcanzar como pareja un acuerdo en cuanto a la dirección a seguir para atender la situación.

Relación con el proceso terapéutico

  • La terapia de pareja ofrece un espacio neutral y seguro donde ambos miembros pueden expresar sus puntos de vista sin interrupciones, gritos ni descalificaciones, lo que ya reduce la intensidad del conflicto.
  • El terapeuta ayuda a traducir mensajes cargados de crítica o defensa en expresiones más claras y respetuosas, facilitando que cada uno pueda escuchar y sentirse escuchado.
  • Se enseñan habilidades de comunicación asertiva y escucha activa, que permiten discutir temas difíciles sin caer en ataques personales ni evasión.
  • La terapia ayuda a identificar patrones repetitivos de pelea (culpa, retirada, escalada, silencios prolongados) y a reemplazarlos por formas de interacción más constructivas.
  • A través del proceso terapéutico, la pareja aprende a distinguir entre el problema y la persona, pasando de “tú eres el problema” a “tenemos un problema que podemos resolver juntos”.
  • El terapeuta guía a la pareja a explorar necesidades emocionales subyacentes (reconocimiento, seguridad, afecto) que suelen estar detrás de los conflictos visibles.
  • Se desarrollan estrategias concretas de negociación, acuerdos y reparación después de los conflictos, fortaleciendo la sensación de que los desacuerdos se pueden gestionar sin destruir la relación.
  • La terapia de pareja ayuda a transformar el conflicto en una oportunidad de crecimiento, promoviendo mayor comprensión mutua, empatía y resiliencia en el vínculo.

Asistencia a Terapia y el Proceso Terapéutico

La frecuencia con que asistes a terapia es instrumental en el logro de las metas del tratamiento.   La irregularidad en la asistencia disminuye grandemente las probabilidades de éxito.  La consistencia y la adherencia al tratamiento son factores clave en el fortalecimiento de la relación.

Relación con el proceso terapéutico

  • Asistir con regularidad a terapia de pareja permite dar continuidad al proceso, evitando que los avances se pierdan entre una sesión y otra.
  • La constancia facilita que la pareja mantenga el foco en sus objetivos terapéuticos, en lugar de volver a viejos patrones de conflicto y evitación.
  • La asistencia regular ofrece un espacio estable para procesar emociones difíciles y eventos recientes, sin acumular tensiones que luego estallan de forma descontrolada.
  • La terapia funciona como un entrenamiento: cuanto más frecuente y constante es la práctica de nuevas habilidades, más fácil resulta integrarlas en la vida diaria de la relación.
  • La regularidad fortalece la alianza terapéutica entre la pareja y el profesional, lo que incrementa la confianza, la apertura y la profundidad del trabajo clínico.
  • Acudir puntualmente envía un mensaje de compromiso mutuo: “esta relación es importante y vale la pena el esfuerzo”, lo cual tiene un impacto simbólico positivo en el vínculo.
  • Las sesiones periódicas permiten monitorear el progreso, ajustar las intervenciones y redefinir objetivos según las necesidades cambiantes de la pareja.
  • La asistencia irregular o intermitente suele interrumpir procesos delicados, dejar conversaciones a medias y dificultar la consolidación de cambios significativos en la relación.

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Citas de Consulta y el Proceso Terapéutico

Si no estás segura/o de si comenzar terapia de parejas, puedes utilizar este instrumento para evaluar tu caso o calendarizar una cita de consulta y dialogar el asunto con el psicólogo.  Este tipo de consulta comúnmente dura una hora y se recomienda que asistan ambos cónyuges.

Relación con el proceso terapéutico

  • Una consulta inicial permite aclarar dudas sobre el proceso de terapia de pareja, la metodología del terapeuta y lo que se puede esperar de las sesiones, evitando falsas expectativas.
  • Ofrece un espacio para que cada miembro de la pareja exprese sus motivos para buscar ayuda, identificando si ambos están mínimamente alineados en sus objetivos o si existen agendas ocultas.
  • Permite al terapeuta realizar una evaluación preliminar de la situación (tipo de conflicto, nivel de riesgo, presencia de violencia, infidelidades, separaciones en curso) y proponer el formato de intervención más adecuado.
  • La consulta previa ayuda a determinar si la terapia de pareja es el recurso indicado en este momento, o si es necesario, además, un proceso individual, asesoría legal u otros apoyos complementarios.
  • Brinda a la pareja la oportunidad de valorar si se sienten cómodos con el estilo profesional y la forma de trabajo del terapeuta, aspecto fundamental para construir confianza y alianza terapéutica.
  • En esta cita se pueden revisar aspectos prácticos (honorarios, frecuencia de las sesiones, normas de cancelación, confidencialidad), de modo que el proceso formal inicie con claridad y acuerdos establecidos.
  • Una consulta inicial permite definir objetivos terapéuticos realistas y compartidos, lo que aumenta la sensación de dirección y propósito cuando la terapia de pareja comience.
  • También puede servir como un primer momento de reflexión guiada, donde la pareja toma conciencia de la gravedad o cronicidad de sus conflictos y de la importancia de intervenir de manera temprana y estructurada.

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Recursos, inspiración y el proceso terapéutico

A través de un proceso de terapia de parejas tu relación podría encontrar los recursos y la inspiración que necesita para seguir adelante. No es conveniente hacer caso omiso a los problemas esperando que se mejoren por sí solos o desaparezcan con el tiempo. Durante el proceso, la pareja tomará las medidas adecuadas para la reconstrucción de la relación o para la finalización de la misma.

Relación con el proceso terapéutico

  • La terapia de pareja se convierte en una fuente de recursos al ofrecer un espacio estructurado donde la relación puede ser observada, comprendida y fortalecida con la guía de un profesional.
  • El proceso terapéutico provee herramientas de comunicación más claras y efectivas, que la pareja puede utilizar fuera de sesión para manejar desacuerdos y expresar necesidades sin dañarse mutuamente.
  • A través de la terapia, la pareja aprende estrategias para regular emociones intensas (enojo, frustración, miedo), lo que disminuye la escalada de conflictos y favorece el diálogo constructivo.
  • El proceso ayuda a identificar fortalezas existentes en la relación (apoyo, humor, complicidad, valores compartidos) y a utilizarlas como recursos activos para enfrentar crisis y cambios vitales.
  • La terapia de pareja ofrece marcos conceptuales (modelos psicológicos, psicoeducación, metáforas terapéuticas) que ayudan a la pareja a entender mejor lo que les sucede y a no personalizar todo como “culpa” del otro.
  • Durante el proceso, la pareja puede aprender ejercicios concretos (tareas en casa, rituales de conexión, prácticas de gratitud) que se transforman en recursos cotidianos para mantener el vínculo vivo.
  • La terapia provee un espacio seguro para ensayar nuevas formas de interacción, de manera que los cambios no sean solo ideas, sino experiencias vividas que se convierten en recursos internos y relacionales.
  • Con el tiempo, el proceso terapéutico puede ayudar a que la pareja desarrolle su propio “manual” de relación: acuerdos, límites, formas de reparación y de cuidado mutuo que funcionen específicamente para ellos.

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Prevención, fortalecimiento y el proceso terapéutico

Tu relación no debe estar necesariamente en conflictos serios o al borde del colapso para acudir a terapia de parejas.  Muchas parejas practican esta modalidad terapéutica de manera periódica como medida de prevención o de mantenimiento para evitar el deterioro de la relación o que los conflictos que sugen a diario escalen a mayores.  En terapia, las parejas encuentran un lugar seguro para resolver sus diferencias, además de adquirir destrezas que le ayudan a fortalecer la relación.  Es una excelente alternativa para lograr que su compromiso funcione.

Relación con el proceso terapéutico

  • La dimensión preventiva en la terapia de pareja busca fortalecer el vínculo antes de que los conflictos se vuelvan crónicos o destructivos, promoviendo una relación más resiliente y saludable.
  • Trabajar desde la prevención permite identificar patrones de comunicación y de interacción que, a largo plazo, podrían generar distancia, resentimiento o rupturas, interviniendo de manera temprana.
  • La terapia preventiva ofrece a la pareja herramientas concretas (habilidades de diálogo, resolución de problemas, regulación emocional) que pueden aplicarse en futuras situaciones de estrés o cambio vital.
  • Al abordar temas sensibles desde una perspectiva preventiva (finanzas, sexualidad, familia de origen, proyectos de vida), se reducen malentendidos y se promueve una mayor claridad de expectativas mutuas.
  • La prevención en terapia de pareja fomenta una cultura de cuidado continuo del vínculo, en lugar de acudir a ayuda solo en momentos de crisis o cuando la relación está al borde de la ruptura.
  • Incorporar una mirada preventiva contribuye al bienestar individual de cada miembro, ya que una relación más estable y colaborativa disminuye el impacto de la conflictividad sobre la salud mental.
  • La dimensión preventiva refuerza la idea de que acudir a terapia de pareja no es señal de fracaso, sino una práctica de madurez y responsabilidad afectiva para proteger y nutrir la relación.

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Sexualidad y El Proceso Terapéutico

Muchos de los conflictos de pareja se relacionan con la forma en que los cónyuges están manejando la sexualidad.  Sin embargo, los problemas en la sexualidad podrían estar intrínsecamente atados a otros problemas en la relación.  O sea, cuando las parejas tienen problemas de índole sexual, la relación sufre.  Asimismo, cuando existen otros conflictos en la relación, la sexualidad se podría ver afectada.  En terapia de parejas, se evalúa de forma holística las circunstancias de la relación y se conducen procesos que atienden los conflictos de pareja, incluyento los que se relacionan con la sexualidad.  Los problemas en la sexualidad tienden a disolver la relación.  Es importante atenderlos a tiempo.

Relación con el proceso terapéutico

  • Evaluar la función sexual de la relación permite identificar áreas de satisfacción e insatisfacción que, de otro modo, podrían quedar ocultas, pero que impactan de forma directa la calidad del vínculo de pareja.
  • La sexualidad es un canal central de intimidad, afecto y comunicación; explorarla ayuda a comprender cómo la pareja expresa cercanía, deseo, ternura y cuidado mutuo.
  • Muchas dificultades sexuales son síntomas de otros problemas relacionales (conflictos, resentimientos, estrés, traumas previos); abordar la función sexual ayuda a revelar y trabajar estos factores de fondo.
  • La exploración respetuosa del área sexual normaliza el tema, reduce la vergüenza y el silencio, y abre la puerta a conversaciones más honestas y profundas entre los miembros de la pareja.
  • Evaluar la sexualidad permite adaptar el tratamiento a las necesidades específicas de la pareja, integrando intervenciones psicoeducativas, comunicacionales y, cuando sea necesario, referidos a otros profesionales de la salud.
  • La mejora de la función sexual, cuando es relevante, suele tener efectos positivos en la autoestima individual, en el sentido de conexión emocional y en la estabilidad general de la relación.
  • Incluir la sexualidad en la evaluación transmite el mensaje de que se trata de una dimensión legítima y saludable del vínculo, y refuerza una visión integral de la pareja como sistema bio-psico-social.

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