La locura y el proceso terapéutico

El término «locura» no es un diagnóstico clínico; por lo tanto, no existe como una condición médica o psicológica precisa. Este concepto es muy subjetivo y a menudo se considera ofensivo cuando se aplica a personas que padecen trastornos mentales genuinos. Si bien «locura» no es un término médico o psicológico, existen trastornos de salud mental diagnosticables que presentan síntomas que las personas a menudo etiquetan erróneamente como «locura». Los psicólogos y los médicos utilizamos un lenguaje preciso para describir estos síntomas y afecciones. El término clínico más cercano a este concepto es psicosis. La psicosis es un síntoma de diversas enfermedades mentales o físicas (como la esquizofrenia o el trastorno bipolar) en el que la persona pierde parte del contacto con la realidad.

  • Muchas personas asocian acudir a terapia con “estar loco” o “tener algo muy grave”, lo que genera vergüenza y reticencia a pedir ayuda, incluso cuando la pareja está sufriendo.
  • Estas creencias populares hacen que algunos miembros de la pareja se resistan a la terapia de pareja, por miedo a ser etiquetados como “el problema” o como “el loco” de la relación.
  • La idea de “locura” se usa a veces como arma en el conflicto (“tú estás loco”, “tú necesitas un psiquiatra”), lo que descalifica la experiencia emocional del otro y dificulta la búsqueda conjunta de apoyo profesional.
  • La terapia de pareja ayuda a desmontar este mito, explicando que acudir a consulta no es señal de locura, sino de responsabilidad afectiva y de deseo de cuidar el vínculo.
  • En sesión, el terapeuta puede trabajar el estigma asociado a la salud mental, mostrando que muchas dificultades (estrés, ansiedad, tristeza, problemas de comunicación) son experiencias humanas comunes, no “locura”.
  • Al comprender la terapia como un espacio de aprendizaje y crecimiento, y no como un “hospital para locos”, la pareja se siente más libre para hablar de sus emociones sin miedo a ser juzgada.
  • La intervención terapéutica también ayuda a la pareja a dejar de usar el lenguaje de “estar loco” como insulto, promoviendo un trato más respetuoso y empático hacia el sufrimiento propio y del otro.
  • Cuando se reduce el miedo a “parecer loco”, se abre la puerta a reconocer problemas reales (violencia, adicciones, depresión, ansiedad) y a buscar la ayuda necesaria a tiempo.
  • Replantear la relación entre terapia y “locura” permite que la pareja vea el proceso terapéutico como una inversión en bienestar y en calidad de vida, en lugar de un castigo o un signo de fracaso.
  • En definitiva, trabajar estos mitos culturales es parte del propio proceso de terapia de pareja: al cambiar la forma de pensar sobre la salud mental, se facilita el acceso, el compromiso y la profundidad del trabajo terapéutico.