El matrimonio es más acerca de tirillas para el ronquido y batas de franela que de cenas a la luz de la velas.

El matrimonio es más acerca de tirillas para el ronquido y batas de franela que de cenas a la luz de la velas.

…aunque los matrimonios modernos son un tremendo laboratorio, sus miembros comúnmente no están preparados para una relación. Cuánta agonía y remordimientos y fracasos podrían evitarse si hubiera habido aunque sea un aprendizaje rudimentario antes de entrar en una relación… y ese planteamiento es igualmente válido para todo tipo de relación.

El matrimonio es solo un juego elaborado que le permite a dos personas egoístas periódicamente sentir que no lo son.

Uno tan deforme y tan horrible como yo, no puede negárseme. Mi compañero debe ser de la misma especie y tener los mismos defectos… con quien pueda vivir en cambio de esa solidaridad necesaria para mi ser…

Cuando comienzas con la premisa ‘Trato a todo el mundo por igual’, ya te has prejuiciado a ti mismo de ver lo que no puedes o lo que no debes. No hay forma de tratar igualmente a dos personas debido a que cada una de ellas es única, con sus respectivas fortalezas y debilidades.

Cuando los celos aparecen es una indicación de que algo dentro de ti está temeroso. Es una alarma, nada más y nada menos. Trátalo como tal.

Las parejas construyen múltiples relaciones durante el curso de su relación. Esto es debido a que ocurren transiciones normales a medida que la relación madura. Sucesos como el nacimiento de un bebé, enfermedades, desempleo, mudanzas, la independencia y salida de los hijos y las hijas del hogar, entre mucho otros, podrían amenazar la estabilidad de la pareja. Estos cambios continuos requerirán que las parejas ajusten sus conductas y expectativas. No le temas a los cambios y transiciones. Tu relación se transformará continuamente a lo largo del tiempo, sin embago, se espera que ciertos elementos permanezcan constantes. Estos últimos serán los que mantendrán la relación estable a pesar de la inestabilidad de las circunstancias.

Invertí la mitad de mi infancia tratando de ser como mi papá, como casi todos los muchachos, creo. Esto cambió en la adolescencia. Lo menos que quería era ser como mi papá. Fue al convertirme en un hombre que me di cuenta de cuán suertudo había sido. Valieron unos pocos golpes en mi vida para darme cuenta que lo único que mi papá quiso o para lo que trabajó fue para darme la oportunidad de ser mejor que él.

Una investigación científica –llevada a cabo por Philip H. Smith, de University at Buffalo School of Public Health and Health Professions, en conjunto con el Research Institute on Addictions, y publicada en la edición ‘online’ de Psychology of Addictive Behaviors– examinó durante un año los efectos del consumo de marihuana y su relación con la violencia en las relaciones de pareja. Los resultados indicaron que el uso de marihuana estuvo relacionado con bajos nieveles de violencia doméstica. Este estudio, que se llevó a cabo con 634 parejas donde ambos fumaban marihuana no sintética, encontró que estas relaciones eran menos propensas a observar agresiones físicas. Según los investigadores, es posible que las parejas que consumen marihuana juntas, compartan valores y círculos sociales similares, y que esta similitud sea responsable por la baja propensión al conflicto en la relación.
