A veces, el no hablar requiere poco esfuerzo, sin embargo, en otras ocasiones es tan agotador como levantar pianos.

A veces, el no hablar requiere poco esfuerzo, sin embargo, en otras ocasiones es tan agotador como levantar pianos.

La intimidad requiere coraje porque el riesgo es inevitable. No podemos saber en el inicio cómo la relación nos afectará. Como una mezcla química, si uno de nosotros cambia, los dos cambiaremos. ¿Creceremos hacia la autorealización o ésta nos destruirá? De lo que podemos tener seguridad es de que si nos involucramos por completo en la relación para bien o para mal, no saldremos de ella sin haber sido afectados.

Escuché que las personas se encuentran en malas situaciones porque una relación como esa aparece gradualmente. Se dice que un sapo saltará fuera de una olla llena de agua hirviente. Colócalo en una olla y calienta el agua gradualmente, y permanecerá en ella hasta morir hervido. Nosotros, los sapos, entendemos esto.

Algo lindo pasa cuando comenzamos a prestarnos atención. Le das vida a tu relación al participar más en ella.

Tuve un sueño acerca de ti anoche. Estaba sola en la obscuridad y viniste hacia mí como una luciérnaga. Supe que eras tú porque eras el más brillante.

Hombres y mujeres que han establecido relaciones libres de mentiras, hablan de ellos mismos con reverencia, incluso, cuando no son relaciones permanentes y, de hecho, incluso cuando no son románticos. ¿Por qué? En una relación libre de mentiras hay una aceptación de quien es cada cual, en lugar de una idealización frívola. Hay un compromiso genuino con la relación más allá de lo inmediato. Cada uno actúa como si estuviera en una relación real que perdurará.

La vida es muy corta para beber café de poca calidad y para llorar por hombres a quienes no les interesas.

Tuvieron, finalmente, lo único que cualquiera desea realmente en la vida: alguien que agarre tu mano en tu lecho de muerte.

No hay misterio –esa es la belleza de esto. Somos completamente explicables uno al otro, y, a pesar de eso, permanecemos juntos. No hay milagro más grande que ese.
