Los libros son un pobre sustituto para la compañía de una mujer, pero son más fáciles de encontrar.

Los libros son un pobre sustituto para la compañía de una mujer, pero son más fáciles de encontrar.

Nada en este mundo fue más difícil que el amor.

Las palabras «por favor», «gracias», «lo siento», «perdóname», «te amo», son mágicas en una relación.

Frecuentemente, se habla de la incompatibilidad entre tener una carrera que requiera la inversión de muchas horas de trabajo y el tener una relación de pareja satisfactoria. Si ambos cónyuges tienen carreras demandantes, la relación suele enfretar más retos. Pero no todo está perdido. Una nueva investigación publicada en la revista Human Relations, llevada a cabo por SAGE en asociación con The Tavistock Institute, demostró que no hay asociación negativa entre la cantidad de horas trabajadas y la satisfacción marital. En este estudio, los investigadores encontraron que estas parejas que trabajan largas horas compensaban por el tiempo perdido con su pareja haciendo que los períodos en que están juntos sean de muy buena calidad. Así que podemos concluir que, de acuerdo con los resultados de esta investigación, se hace cierto el adagio que dice que lo importante es la calidad y no la cantidad.

Tal vez no pueda estar siempre contigo, pero cuando estemos apartados, recuerda que estarás conmigo justo dentro de mi corazón.

Parte del problema con la palabra ‘discapacidades’ es que ésta inmediatamente sugiere una inhabilidad para ver o escuchar o caminar o hacer alguna otra cosa que muchos de nosotros damos por sentado. ¿Pero qué de las personas que no pueden sentir? ¿O hablar acerca de sus sentimientos? ¿O manejar sus emociones de forma constructiva? ¿Qué de las personas que no son capaces de formar relaciones cercanas y fuertes? ¿Y personas que no pueden encontrar plenitud en sus vidas, o aquellos que han perdido la esperanza, que viven en desilusión y amargura, y no encuentran en la vida alegría ni amor? Éstas, me parece a mí, son las discapacidades reales.

Las mujeres no se pueden volver a quejar de los hombres hasta que comiencen a tener mejor gusto al momento de escogerlos.

Nuestras heridas son con frecuencia las aperturas a la mejor y más bella parte de nosotros.

A una dama que conoce las sogas es poco probable que la amarren.
