La infidelidad, ¿qué es y por qué ocurre? | Parte II

La infidelidad a menudo resulta en un daño emocional profundo y es una violación de un acuerdo previo hecho entre la pareja con respecto a su exclusividad sexual y/o emocional. La infidelidad resulta porque uno de los cónyuges no está informado ni consiente en la relación extramarital. Lo que determina si una persona ha sido infiel o no depende de si se han respetado los acuerdos de exclusividad predeterminados, y no necesariamente de si la relación es monógama o no monógama.

¿Por qué las personas son infieles?

Este artículo sobre la monogamia puede ofrecer algunas respuestas. Según una investigación realizada por General Social Survey, los hombres tienen más probabilidades de ser infieles que las mujeres: el 20% de los hombres y el 13% de las mujeres, según esta encuesta, afirman haber tenido relaciones sexuales con alguien que no es su pareja en la relación primaria. Existe una escuela de pensamiento en psicología que dice que si una mujer es infiel es más probable que sea una señal del fin de su relación primaria opuesto a cuando es el hombre el que lleva a cabo la conducta. Y, de hecho, este puede ser un dato certero puesto que hombres y mujeres tienden a pensar y sentir de manera diferente sobre el sexo y las relaciones en general.

En general, los hombres tienen más probabilidades que las mujeres de poder compartimentar o aislar el sexo de las conexiones íntimas. Para muchos hombres, el sexo es sólo sexo y las relaciones son las relaciones, y ambas no necesariamente se superponen. Por lo tanto, un hombre que es infiel casualmente puede hacerlo sin sentir un grado significativo de conexión emocional con una amante, mientras que una mujer que es infiel podría ver las cosas de manera diferente, esto es, el sexo y la conexión emocional entremezclados, de manera que para ellas la compartimentación es más difícil.

Dicho de otra manera, cuando las mujeres son infieles, generalmente hay un elemento de déficit en su relación principal, también hay un elemento de romance, intimidad, conexión o amor con otra persona. Los hombres, por otro lado, son más propensos a ser infieles para satisfacer sus impulsos o urgencias sexuales, con menos pensamientos de intimidad. Por supuesto, algunos hombres son infieles porque sienten amor además de atracción sexual por una persona externa a la relación primaria, pero éste no es el caso de muchos otros: para ellos, la infidelidad puede ser una acción oportunista, principalmente sexual, que, en sus mentes, no afecta su relación primaria. De hecho, cuando se les pregunta, muchos de estos hombres dirán que son muy felices en su relación primaria, que aman a su pareja, que su vida sexual es estupenda y que, a pesar de haber sido infieles, no tienen intención de poner fin a su relación.

Por lo general, los hombres no necesitan estar enamorados para disfrutar del sexo. De hecho, ni siquiera necesitan que les guste mucho la persona; sólo tienen que estar sexualmente excitados. Mientras que para las mujeres el panorama es distinto. Generalmente, es más difícil que una mujer se interese sólo en el sexo porque lo que éstas principalmente buscan es una voz profunda, grandes bíceps, mirada y gesticulaciones rudas, sentido del humor, un chico que les escuche y que tenga el deseo de tener hijos y de formar un hogar juntos. Lo más probable es que esto sea el producto de miles de años de evolución.

Es menos probable que las mujeres actúen como lo hacen los hombres en materia de sexualidad y de aventuras sexuales extramaritales. Para la mayoría de las mujeres, un sentido de intimidad es tan importante como el sexo; muchas veces más importante. Como tal, las mujeres tienden a no ser infieles a menos que sientan una profunda infelicidad en su relación primaria o una conexión íntima fuerte con su pareja extracurricular, y cualquiera de estas dos cosas podría hacer que una mujer abandone su relación.

Consecuencias de la infidelidad

La infidelidad es uno de los temas más estudiados en psicología y está asociada con consecuencias negativas para las relaciones, y la salud mental y física individuales. Múltiples estudios han encontrado que la infidelidad es un predictor importante e independiente del divorcio y la disolución de la relación. La infidelidad también se ha asociado con conflictos y desconfianza en las relaciones de pareja y con una disminución progresiva de la felicidad conyugal. Los terapeutas de pareja han calificado la infidelidad como el tercer problema más difícil para las parejas en terapia, así como el segundo problema más dañino para las relaciones de pareja, sólo detrás del abuso físico.

La infidelidad también se ha asociado con consecuencias psicológicas para los cónyuges individualmente. El descubrimiento de la infidelidad del marido o el inicio de la separación matrimonial por este motivo se asocia con un mayor riesgo de episodios depresivos mayores en las mujeres, problemas de confianza, baja autoestima, ansiedad, ira extrema, inseguridad, sensación de traición, rabia, trastorno de estrés postraumático y dificultad para formar vínculos afectivos en relaciones subsiguientes. La infidelidad está también asociada a trastornos del sueño, trastornos de la alimentación, pérdida de energía, estrés crónico y dolores de cabeza.

Por otro lado, la actividad sexual extramarital se asocia con bajas tasas de uso de condones: sólo entre el 8% y el 12% de las personas que mantienen relaciones sexuales extramatrimoniales son usuarios constantes de condones. Las personas que participan en relaciones sexuales extradiádicas tienen menos probabilidades de adoptar conductas protectoras de salud sexual tanto en sus relaciones sexuales primarias como extradiádicas, en comparación con las personas abiertamente no monógamas. La participación sexual extradiádica también se ha relacionado con una menor probabilidad de realizarse pruebas de enfermedades de transmisión sexual y de sostener discusiones sobre sexo seguro con nuevas parejas sexuales, lo que sugiere que la infidelidad se asocia con mayores conductas sexuales de riesgo más allá de las asociadas con tener múltiples parejas sexuales concurrentes. Hoy en día que los hombres informan involucrarse más que las mujeres en actividades sexuales extradiáticas, combinado con el bajo uso en el uso del condón y la pobre realización de pruebas médicas de enfermedades de transmisión sexual, el potencial de infectar a múltiples mujeres al mismo tiempo, incluyendo a la pareja primaria, es mucho mayor. Esta podría ser la razón por la cual las estadísticas con frecuencia reflejan un mayor número de contagios en mujeres producto de las enfermedades de transmisión sexual.

Recomendaciones

Descubrir la infidelidad de una pareja puede suponer un gran golpe. Es natural sentir emociones intensas o confusas. Algunas personas optan por hablar con un terapeuta sobre estos sentimientos. La terapia individual puede ayudar a alguien que se ha visto afectado por la infidelidad. La terapia también puede ayudar a explicar la respuesta de una persona a la aventura sexual de su pareja. De igual forma, puede centrarse en perdonar, dejar ir o seguir adelante fuera de la relación. Hay muchas maneras de manejar los sentimientos que conlleva la infidelidad. Un terapeuta puede ayudarle a analizar sus opciones.

Aquí algunas otras recomendaciones:

  • Resiste la tentación de confrontar a la tercera persona. Desconociendo lo que llevó a esta tercera persona a involucrarse en la situación, está de más decir que lo que hizo o está haciendo probablemente es moralmente inaceptable. Es importante indicar que este tipo de confrontación puede desembocar en violencia y problemas legales. Ahora bien, debes estar consciente de que esta persona no te debe nada. Esta persona no es tu amiga (¡en la mayoría de los casos!), prima, hermana o hija y, por lo tanto, NO te debe lealtad. En cambio, todo lo que harías al confrontarla es darle poder y tú no quieres hacer eso. Con no reconocer su existencia te proyectas como la persona que eres, la de mayor grandeza en esta situación. Si alguien debe ser confrontada es tu pareja. Está persona fue la que se comprometió contigo a una exclusividad sexual y, por lo tanto, es quien te debe lealtad.
  • Resiste la tentación de conocer los detalles sexuales. Interrogar a tu pareja sobre lo que le hizo a la otra persona sexualmente o lo que la otra persona le hizo a él no ayudará a que te sientas mejor, y sólo lograrás revisitar el trauma una y otra vez.
  • Aborda el problema. Aquí es cuando comienza el verdadero trabajo. Los cónyuges pueden comenzar a trabajar en los problemas que llevaron a la aventura sexual. Habrá altibajos en este proceso. La culpa de uno y la ira de otra pueden mezclarse con el anhelo de que la relación sea como antes. Pero no va a ser como antes. Las parejas pueden beneficiarse si perseveran en esta fase. A menudo son capaces de abordar los problemas desde la raíz de su descontento.
  • Sé paciente. Si tuviste una aventura, ten paciencia con las reacciones de tu pareja, las cuales serán impredecibles e inconsistentes por un tiempo relativamente prolongado. Recuerda que cada persona sana y supera los traumas a su propio tiempo.
  • Sé responsable. Si tuviste una aventura, tu pareja puede tener emociones fuertes, incluida la ira. Evita culpar a tu pareja por tus acciones. No minimices el impacto de tus acciones, de las cuales eres únicamente tú el o la responsable.
  • No decidas de inmediato. Antes de elegir continuar o terminar una relación, tómate el tiempo para sanar, poner en orden tus emociones y comprender qué había detrás de la aventura sexual.
  • Pide perdón y perdona. Esto debe suceder si una pareja desea reconstruir su relación. La persona que tuvo una aventura debe pedir perdón de forma sincera sin justificar sus acciones. La persona que fue engañada debe en algún punto del camino perdonar en términos sólidos. Este proceso no se puede apresurar, pero es necesario para reconstruir una relación.
  • Restaura la confianza. Realiza un plan para restaurar la confianza que pueda conducir a la reconciliación. Esta es una labor de ambos cónyuges. Si eres la persona que fue engañada, exprésale a tu pareja cuáles son tus necesidades que te ayudarán a volver a confiar. Acuerden un cronograma y un proceso para lograrlo.
  • Sigan adelante de forma saludable. De no ser posible la reconciliación, acuerden una disolución en buenos términos, y propónganse la sanación personal. Recurran a la ayuda psicológica profesional de ser necesario.

Conclusión

Como psicólogo, he encontrado que la infidelidad tal vez sea una de las razones más traumáticas que trae a las parejas al consultorio. La infidelidad es un fenómeno difícil de definir puesto que tiene unas implicaciones evolutivas y de género que son de consideración. La definición de infidelidad varía de persona en persona y las parejas comúnmente nunca han hecho el ejercicio de adoptar una definición que funcione para ambos y que sirva como estándar en su relación. Pareciera ser, tal vez, por las implicaciones religiosas que tiene el concepto, que existe la percepción general de que infidelidad significa lo mismo para todo el mundo.

Los hombres tienden a tener menos necesidad de protegerse contra los peligros del sexo casual por parte de sus parejas, por lo que no han desarrollado este detective interior; detective que las mujeres sí han desarrollado y perfeccionado con el tiempo. Los hombres a veces son infieles sólo por tener sexo, incluso cuando están perfectamente felices con su relación primaria. Esta es la razón por la que una relación dañada por la infidelidad de un hombre podría tener más probabilidades de sobrevivir después de que se descubre el acto, a diferencia de cuando es la mujer la que ha sido infiel. Los hombres pueden ser infieles, y de hecho lo son con frecuencia, en una buena relación, y vale la pena salvar las buenas relaciones. Mientras tanto, es más probable que las mujeres sean infieles cuando su relación primaria no va bien, y ese tipo de situación ya problemática de por sí podría no valer el dolor y el esfuerzo necesarios para reconstruir la confianza en la relación, la intimidad emocional y la armonía a largo plazo.

La infidelidad, ¿qué es y por qué ocurre? | Parte I

La mayoría de la gente considera que la monogamia es la norma: casi el 99% de los participantes en un estudio representativo a gran escala informó que tenía la expectativa de que su cónyuge fuera sexualmente monógamo y el 99% de los participantes de esta misma investigación creía que su pareja esperaba exclusividad sexual en la relación. Podemos ver que las expectativas de exclusividad sexual en el matrimonio, la relación o la convivencia rara vez cambian; menos del 1% de las parejas heterosexuales que participó en este estudio informó que su pareja o cónyuge había cambiado sus creencias sobre la exclusividad sexual luego de establecida la relación. Además de creer que la monogamia es la norma, la mayoría de la gente ve la infidelidad de forma negativa. Según una encuesta de Gallup de 2017, el 88% de los estadounidenses cree que es moralmente inaceptable que hombres y mujeres casados tengan una aventura fuera de la relación.

A pesar de la visión negativa generalizada en la población sobre la infidelidad, ésta es común entre las personas y se ha asociado con la disolución de las relaciones y la tensión entre los cónyuges. Este fenómeno en psicología se conoce como hipocresía moral: defender algunos valores morales como correctos, pero no seguirlos en la práctica, sobre todo cuando se aplica a la propia persona. Un estudio representativo a nivel nacional encontró que el 23% de los hombres y el 11% de las mujeres en general, y el 34% de los hombres y el 19% de las mujeres en cohortes de mayor edad, informan haber tenido alguna vez relaciones sexuales extramatrimoniales. Estas cifras tienden a ser aproximaciones someras puesto que los estudios en materia de sexualidad tienden a proporcionar resultados o respuestas inexactas. Este tipo de investigación habitualmente se realiza utilizando cuestionarios autoreportados y, dado que la sexualidad humana tiende a intimidar a las personas por múltiples razones, la veracidad de lo que auto-informan podría ser altamente cuestionable. En lo referente a infidelidad, la forma en que los investigadores la definen vs. cómo los participantes la entienden puede influir en los resultados de un estudio. Asimismo, comúnmente no se mide el nivel de religiosidad de las personas que participan en estas investigaciones y esto es particularmente importante porque las personas religiosas tienden a tener dificultades para expresarse en materia de sexualidad de manera abierta, además tienen más probabilidades que las no-religiosas de creer que los actos ambiguos de sus parejas constituyen infidelidad, mientras que esos mismos actos realizados por ellos mismos no lo son. Por ejemplo, es más probable que las personas religiosas crean que el uso de pornografía siempre es moralmente incorrecto, y muchos de ellos pueden percibir el uso de pornografía en la relación como infidelidad.

Pero ¿cuál es la diferencia entre infidelidad, actividad sexual extramarital, participación sexual extradiádica, aventura sexual fuera de la relación y otros conceptos utilizados para describir este fenómeno?

El concepto “infidelidad” tiene sus raíces en la religión. La mayoría de las religiones enseñan que la infidelidad es dañina y moralmente incorrecta. Además, es más probable que las personas más religiosas experimenten fuertes sanciones contra la infidelidad en sus comunidades de fe. Los textos religiosos que son fundamentales para el judaísmo, el cristianismo, el islam y el hinduismo contienen pasajes que condenan la infidelidad. La Biblia hebrea proclama en sus Diez Mandamientos: «no cometerás adulterio». El Nuevo Testamento enseña contra la infidelidad tanto física como emocional, con las palabras de Jesús: «Todo el que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón», y la enseñanza de Pablo de que «los fornicarios […] adúlteros, ninguno de ellos heredará el reino de Dios». La palabra «infidelidad» se utiliza 25 veces en el Corán, que insta a «no te acerques al adulterio, porque en verdad es un gran pecado y un mal camino». El Vishnu Purana, un texto sagrado del hinduismo, afirma: «Aquel que comete adulterio es castigado aquí y en el más allá; porque sus días en este mundo se acortan, y muerto cae en el infierno». Además de las enseñanzas bíblicas contra la infidelidad y a favor de los matrimonios sexualmente exclusivos, los líderes religiosos generalmente enseñan públicamente sobre lo incorrecto de esta conducta de acuerdo con sus convicciones de fe. Sin embargo, las diferentes denominaciones religiosas varían en el grado en que condenan y castigan la infidelidad entre sus seguidores.

La psicología, como disciplina científica, trata este asunto desde una perspectiva enteramente laica. El empleo del concepto “infidelidad” en este artículo obedece al hecho de que es más entendible por las personas en general debido a su cercanía con la religiosidad.

¿Qué constituye una infidelidad?

Como mencionáramos, la psicología procura adherirse estrictamente a los principios científicos y observar la conducta desde una perspectiva laica, a menos que el dogma religioso sea lo que motive una investigación específica. Así las cosas, los investigadores científicos han utilizado múltiples términos para describir la infidelidad, a veces indistintamente, como: infidelidad, engaño, aventura sexual, sexo extramarital o extradiádico e involucramiento o participación extradiádica. Entonces existe un consenso en las ciencias en darle énfasis al aspecto físico y utilizar el concepto de sexo extramarital o extradiádico para referirse al fenómeno de la infidelidad.

Las definiciones conductuales de infidelidad varían ampliamente en la literatura y pueden incluir cualquier cosa, desde «relaciones sexuales», «sexo oral» y «besos» hasta «conexiones emocionales» fuera de una relación monógama. Aunque los comportamientos que se consideran infidelidad pueden variar, la infidelidad puede conceptualizarse ampliamente como comportamientos sexuales con una pareja extradiádica que, si la pareja en la relación primaria se entera de ellos, es probable que causen angustia o daño severos.

La infidelidad ha sido conceptualizada como «física» o «emocional», donde la física involucra relaciones sexuales o coito, besos u otros actos físicos, y la emocional que involucra sentimientos románticos, citas románticas, dar regalos y otros actos que no involucran contacto físico. Algunos científicos definen la infidelidad exclusivamente como comportamientos físicos sexuales con alguien que no sea la pareja primaria, como el coito, el sexo oral o los besos. A lo largo del estudio de la infidelidad, las definiciones y conceptualizaciones de este concepto han cambiado. Los primeros estudios sobre la infidelidad sólo tendían a enfatizar el aspecto físico al conceptualizarla como relaciones sexuales extramatrimoniales. En otras palabras, originalmente, para la ciencia una infidelidad era una conducta que involucraba una interacción físico-sexual entre dos personas fuera de su relación primaria. Aunque se reconoce en cierta forma la infidelidad emocional, en gran medida todavía se conserva la visión original por lo impreciso que resulta ser este concepto.

Incluso con respecto a los comportamientos físicos, no está tan claro qué comportamientos constituyen infidelidad. Algunas conductas físicas, como abrazar, pueden considerarse «ambiguas» toda vez que algunas personas perciben los abrazos como infidelidad, mientras que otras no. Generalmente, las conductas sexuales extradiádicas se consideran el indicativo más universal de infidelidad. Que un comportamiento se perciba como infidelidad puede depender de las personas involucradas y de la situación. En algunas ocasiones, la pareja no está de acuerdo sobre qué constituye una infidelidad. Uno de los miembros de la pareja puede creer que no ha cometido ninguna infracción, mientras que el otro puede percibir que sí se ha producido una falta. Varias investigaciones señalan que es más probable que las personas etiqueten el comportamiento de su pareja como de infidelidad y menos probable que etiqueten el propio en la misma situación de la misma forma.

Así que la pregunta de qué constituye una infidelidad es sumamente difícil de contestar. Desde el “like” en Facebook o el “fueguito” en Instagram a una dama en bikinis por parte de un hombre hasta el consumo de pornografía o la mirada indiscreta a las nalgas de una mujer que le pasa por el lado, han sido acciones catalogadas por muchas mujeres como infidelidad. Y muchas de las que estarán leyendo este artículo exclamarán casi al unísono “¡Pues claro!” Sin embargo, un hombre dificilmente catalogará como infiel a una mujer que observe pornografía o que le mire las nalgas a un hombre que le pase por el lado (¡Sí, las mujeres también le miran las nalgas a los hombres!). Y, otra vez, muchas mujeres que estén leyendo este artículo tal vez exclamarán “¡Pues claro, si de seguro él está haciendo lo mismo!” La realidad es que el género de la persona influye grandemente en lo que se percibe o no como infidelidad.

La infidelidad emocional es un concepto sujeto a múltiples interpretaciones. En teoría, un individuo podría cometer infidelidad emocional al enamorarse, salir a una cena romántica o darle regalos románticos a alguien fuera de su relación primaria, sin nunca tener contacto físico-sexual con esta persona. La infidelidad emocional, especialmente los comportamientos románticos, y el apoyo financiero, pueden ser más ambiguos que la infidelidad física, con opiniones más divididas de si se considera o no infidelidad. No sólo son ambiguos los actos específicos que comprenden la infidelidad emocional, sino que las personas también juzgan si un comportamiento es infiel desde la perspectiva emocional de manera diferente en función de si fueron ellas o sus parejas quienes llevaron a cabo esa acción. O sea, las personas tienden a juzgar sus propios comportamientos potencialmente infieles desde la perspectiva emocional con menos dureza que los de sus parejas, y las personas religiosas en particular son más propensas a creer que ciertos actos de sus parejas constituyen infidelidad emocional cuando esas mismas conductas realizadas por ellas mismas no lo son.

Como mencionáramos antes, la distinción entre infidelidad física y emocional puede tener una relación directa con el género de la persona. Según la teoría evolutiva, los hombres tienden a sentirse profundamente perturbados ante el hecho de que otro macho pudo haber «plantado» bandera y «marcado» su «territorio» a raíz de la infidelidad físico-sexual de su pareja. Mientras que las mujeres se sienten más molestas por la infidelidad emocional de su pareja, los hombres lo están más por los comportamientos físico-sexuales de éstas con otros hombres. Evolutivamente, se cree que esta diferencia está impulsada por las diferentes amenazas reproductivas y de inversión de recursos que plantean la infidelidad física y emocional. Teóricamente, un hombre tendría más miedo a la infidelidad físico-sexual por parte de su pareja porque esto podría dar lugar a que ella dé a luz a un niño que no es biológicamente suyo, lo que puede resultar en que él invierta recursos valiosos en una criatura que no lleva su propio ADN. Una mujer tendría más miedo a la infidelidad emocional por parte de su pareja porque esto podría hacer que sea menos probable que éste invierta recursos con ella y sus hijos. Esta diferencia está respaldada por múltiples estudios que encuentran que, cuando se ven obligadas a elegir, las mujeres generalmente consideran más perturbadora la infidelidad emocional de su pareja, mientras que los hombres generalmente consideran más perturbadora la infidelidad físico-sexual.

Las relaciones a larga distancia

La humanidad está pasando por un período de globalización sin precedentes gracias a la aparición de la Internet. La globalización ha cambiado la forma en que las personas establecen conexiones. Este fenómeno, que no ocurre por primera vez en la historia, se distingue por la casi eliminación de fronteras entre los pueblos, culturas y personas. La globalización está introduciendo y afectando conceptos tales como el romance, el amor y las relaciones íntimas. La tecnología facilita estos intercambios y fomenta y estimula una hibridación en las relaciones de pareja y es una parte crítica de este proceso. En un mundo móvil e interconectado, tenemos oportunidades de conocer y aprender de personas de todo el mundo. Y estas oportunidades conllevan más posibilidades de encontrar el amor, a veces a miles de kilómetros de casa.

Entonces procede que nos preguntemos qué es una relación romántica y cómo la distancia puede afectarla. Una relación es una interacción entre dos personas que deciden compartir su tiempo y espacio. Una relación romántica es una interacción entre dos personas que implica intimidad sexual. Por lo tanto, una relación romántica a larga distancia es una interacción entre dos personas que, entre otras cosas, debería implicar intimidad sexual pero no ocurre o no ocurre satisfactoriamente debido a la distancia. A pesar de eso, en las ciencias de la conducta hay formas diferentes de definir una relación a distancia. A veces se definen como relaciones en las que los cónyuges pasan varias noches a la semana separados o pasan largos períodos de tiempo sin verse. Tal vez una de las definiciones más útiles se refiere al tiempo de viaje o la distancia física: las parejas que tienen sus propias residencias, que están ubicadas lo suficientemente separadas como para dificultar verse regularmente.

Según estas definiciones, las relaciones a distancia pueden verse bastante diferentes de una pareja a otra. Dos personas, por ejemplo, que viven en San Juan y Cabo Rojo podrían llamarse a sí mismas de larga distancia; en casos como éste hay abundantes formas de llegar de una ciudad a otra, pero ninguna es lo suficientemente cómoda o rápida en comparación a cuando se vive en el mismo lugar. Al mismo tiempo, dos personas que viven a 90 millas de distancia a lo largo de una carretera podrían no considerar su relación como de larga distancia, porque ya están acostumbradas a conducir largos tramos y este viaje les parece sencillo. El punto es que en las relaciones a distancia, la distancia hace que sea difícil tener lo que la mayoría de las parejas tienen: la capacidad de verse fácilmente en un día determinado o en cualquier momento si es necesario.

Dicho esto, es importante señalar que una relación a larga distancia no es sostenible por mucho tiempo ni es una solución a largo plazo para mantener una relación romántica. Cuando pasamos tiempo con nuestra pareja todos los días, o al menos con regularidad, las interacciones contienen muchas cosas mundanas y cotidianas, como, por ejemplo, estar enfermos, hacer la compra, lavarse los dientes o simplemente sentarse exhaustos frente al televisor. Sin embargo, en las relaciones a distancia, las expectativas de que los encuentros cara a cara serán mágicos, llenos de sexo fantástico y románticos a menudo chocan contra la pared de cómo funciona realmente la vida.

Las personas en relaciones a larga distancia tienen el estrés de estar separadas, de tener que viajar más y más frecuente, de tener carreras que los mantienen separados y, a menudo, de tener que tomar decisiones importantes sin saber cómo sería vivir más cerca el uno del otro. Las personas en este tipo de relación parecen tener mayor estrés, menos satisfacción sexual y más dificultades para mantener sus relaciones saludables que las personas que viven cerca unas de otras.

Por otro lado, los celos pueden ser un elemento común en las relaciones a distancia. Generalmente, a las personas involucradas en este tipo de relación les resulta difícil sobrellevar el hecho de que la pareja pueda interactuar libremente con otras personas cuando no está cerca, y que la pareja podría verse tentada a tener una mayor intimidad con otras personas de la que le gustaría. Esto hace que tener expectativas y límites claros sea aún más importante.

En la medida en que las relaciones a distancia fracasan, suele tener que ver con la enorme distancia y la dificultad de mantenerse conectados. Cuanto más lejos y con más frecuencia tienen que viajar las personas, más difícil es permanecer juntas a largo plazo. También es probable que las relaciones a larga distancia terminen si los cónyuges no pueden resolver las inseguridades sobre la relación o si uno o ambos experimentan altos niveles de emociones negativas.

Recomendaciones sobre relaciones a larga distancia
  • Hablar del futuro… continuamente. Las relaciones a distancia pueden resultar desafiantes, pero tener en cuenta y proyectarse en el futuro puede resultar útil. Se recomienda hablar periódicamente sobre lo que les depara el futuro. Los cónyuges deben saber y estar convencidos de que la situación actual es transitoria y no permanente. Hablar sobre el futuro es importante para la relación, además de fomentar la confianza y establecer límites.
  • Seguir aplicando las reglas normales de una relación. En las relaciones a larga distancia se aplican las mismas reglas generales para las relaciones románticas: comunicación abierta, dejar claras las expectativas y necesidades, esforzarse por lograr intimidad y confianza, ser merecedor de confianza y negociar claramente la exclusividad sexual.
  • Es importante cumplir las promesas y mantener los compromisos. Si planeas hablar por teléfono una vez al día, por ejemplo, considéralo una parte esencial para mantener tu relación. No es opcional ni «sólo cuando tengas tiempo».
  • Planificar con anticipación. Planificar tus próximos puntos de contacto significativo, tanto de forma remota como en persona, puede ayudar a que el tiempo de separación sea más tolerable y proporcionar una estructura a tu relación. A veces las personas tienen citas telefónicas regulares con su pareja, a pesar de la enorme diferencia de horarios, y esta regularidad les mantiene emocionalmente conectadas.
  • Prestar atención a las interacciones sexuales. Curiosamente, algunas investigaciones sugieren que las parejas no tienen que ser sexuales de una forma específica para mantener la satisfacción sexual. Es importante que las parejas en relaciones a larga distancia sean creativas y utilicen las herramientas que tengan a su disposición para mantenerse sexualmente conectadas. No es necesario adoptar estos comportamientos a menos que claramente funcionen para la pareja.
  • Centrarse en la salud de la relación. Quizás, por encima de todo, las parejas a larga distancia se beneficien al centrarse en comportamientos que saben que ayudan a mantener su relación saludable. Estos pueden verse diferentes de una pareja a otra, pero tener esto en cuenta, especialmente durante las transiciones, como justo antes y después de verse, ayudará a suavizar algunas de las dificultades de estar en una relación a larga distancia.

En resumidas cuentas podemos decir que las relaciones a distancia son extremadamente desafiantes. A pesar de eso, la forma en que las parejas imaginan el futuro importa. Las personas se sentirían mejor con sus relaciones a distancia si estuvieran bastante seguras de que eventualmente vivirán en la misma ciudad. Toda relación, ya sea cercana a casa o alrededor de todo el mundo, se beneficia del respeto mutuo, la generosidad y una comunicación sólida. Ya sea que estés enviando mensajes de texto, hablando por Skype o compartiendo una cena romántica en la misma mesa, trata a tu ser querido cercano o lejano con amor, amabilidad y… te deseo buena suerte.

La desilusión en las relaciones de pareja | Parte II

Como mencionáramos en la primera parte de este artículo, la desilusión en las relaciones es normal. No es una experiencia única, sino compartida. Esto se debe a que cada persona tiene su propia manera de pensar, actuar y ser, pero al mismo tiempo, existen patrones de conducta que son comunes en la humanidad, y éste es uno de ellos. Incluso en la mejor de las historias de amor, habrá momentos de ira y desilusión. Examinemos cómo lidiar con la desilusión en las relaciones, qué podemos hacer para manejarla y recuperarnos de ella.

Lidiando con la desilusión
  • Identifica qué tan crítica es la desilusión.  Pregúntate:  ¿es algo que te importará o que recordarás en una semana/mes/año? En un extremo, podría ser alguien que rompe tu confianza o hace algo tan hiriente que la relación se rompa permanentemente, o, en el otro extremo, podría ser una persona que a lo mejor no es tan higiénica como tú esperabas. Sólo tú puedes decidir qué hacer y en qué lugar de esa escala posisionarte.
  • Reconoce que ni tú ni tu pareja son expertos en tener una relación. Es un proceso de aprendizaje. Ambos llegan a la relación con una serie de buenos y malos ejemplos, comportamientos y creencias que, tal vez, adquirieron de su familia de origen, relaciones anteriores y otras fuentes de influencia y/o modelaje.
  • Presta atención a tus expectativas y reconsidéralas por completo. Ten en cuenta que las expectativas poco razonables incluyen cosas como querer que tu pareja cambie sus valores, sea la fuente de toda tu felicidad o vaya en contra de su polaridad natural masculina o femenina. No esperes que tu pareja piense, reacciona o sienta lo mismo que tú. Y nunca esperes la perfección.
  • Identifica el origen de tus expectativas. Analiza si tu patrón de referencia referente a lo que esperas en una relación se relaciona con ejercer control de tu pareja o con los valores personales de cómo te criaron, con traumas de relaciones anteriores o con aprendizajes de vida, con el modelaje observado en películas de Hollywood o con enseñanzas religiosas, o con cualquier otra fuente que haya ayudado a formar tu posición con respecto a un asunto.
  • Entender las implicaciones de los «debería», los «tiene» y los «se supone». El «debería», el «tiene» y el «se supone» son  un tipo de pensamiento irracional que funciona de forma unipolar, o es blanco o negro. No hay zona gris ni margen de negociación. Son palabras que te exigen un estándar muy alto y te ponen bajo mucha presión a ti, a tu pareja y a la relación. Esto puede resultar ser agotador y podría alejarte de concentrarte en lo que realmente quieres en la vida. Las sobredosis de los «debe», los «tiene» y los «se supone» nos roban el sentido de elección, libertad y autonomía. Precaución.
  • Agradece ver la realidad tal como es.  Ver la realidad tal como es, es aceptar que las cosas no siempre son como quieres que sean. Ése es un hecho que es necesario aceptar y no resistir. Así que cuanto antes salga a la luz la verdad, mejor.
  • Acepta la humanidad de tu pareja y que las personas no siempre son la mejor versión de sí mismas.  Todos tenemos nuestros fallos, deseos, necesidades, traumas y heridas. Todos somos seres humanos con grandes historias de vida. Esperar que otros sean perfectos es simplemente poco realista. La gente inevitablemente tiene defectos, al igual que nosotros. Del mismo modo que podríamos haber desilusionado a las personas que nos rodean, probablemente sin siquiera darnos cuenta.
  • Verbaliza cuáles son tus expectativas.  Nadie puede leer la mente. Tu pareja no puede saber lo que esperas de ella a menos que se lo digas. Habla con tu pareja sobre tus ideales en una relación.
  • Nunca esperes que tu pareja lea tu mente. A menudo esperamos que nuestra pareja haga mágicamente las cosas que queremos que haga o sepa mágicamente lo que estamos pensando. Cuando esto no sucede, nos sentimos desilusionados. Si quieres más sexo y conexión, foméntalo. Vuelve a lo básico, tal como lo hiciste cuando tu relación apenas estaba en ciernes. Vístete elegante, presta atención, sé amable, invita, comparte tus pensamientos, ideas y sueños, etc. En mi práctica como psicólogo de pareja he notado que a las personas simplemente les aterra hablarle a su pareja acerca de sus ideales en una relación.  Lo cierto es que si no lo haces, podrías estar, tal vez inconscientemente, aspirando a que tu pareja lea tu mente.
  • El tiempo y lugar oportunos es fundamental.  Una conversación sobre la desilusión en las relaciones debe llevarse a cabo en un momento y lugar en el que ambos estén tranquilos, descansados, alimentados y sintiéndose en su mejor momento. Si bien es posible que sientas que quieres tener la conversación en el momento preciso en que tu pareja hizo algo que te desilusionó, evítalo. No querrás que un estallido emocional y dramático interrumpa lo que podría ser una conversación significativa y productiva sobre los efectos de la desilusión en tu relación.
  • Presta atención al esfuerzo, no la perfección.  Tu cónyuge puede cometer un error de vez en cuando. Cuando se olvide de sacar la basura, en lugar de un suspiro de exasperación, recuerda: nadie es perfecto. Mientras haya un esfuerzo y compromiso constantes, estarás en el camino correcto.
  • No asumas que su visión de mundo es similar a la tuya.  Muchas veces experimentamos desilusión en las relaciones porque pensamos que la otra persona ve las cosas y se preocupa por ellas como nosotros. Esta es una suposición que seguramente provocará ira y desilusión. Recuerda, cada persona tiene su propia manera de interpretar las cosas. Pregúntale cuál es el suyo.
  • No asumas que tu visión de mundo es similar a la del resto de las personas.  Este punto se relaciona con el anterior, aunque no se refiere a lo mismo. Con frecuencia la persona juzgan la conducta de sus parejas tomando en consideración su propio sistema de valores o visión de mundo. Esto es particularmente importante porque la misma situación objeto de la desilusión puede que no lo sea para otra persona o, incluso, que le haya funcionado adecuadamente en otros contextos. Por lo tanto, es imporante entender cuando el asunto se relacione con expectativas personales y no con verdades universales.  En ocasiones suponemos que nuestras creencias representan verdades universales.
  • Deja de esperar que tu felicidad venga de tu pareja.  Si confías en tu pareja para que te haga feliz, para validar tu autoestima y para darte aprobación, es posible que experimentes una gran desilusión. La felicidad es un asunto personal y no es algo que quieras poner en manos de tu pareja o cónyuge, o de otra persona.  Date lo que necesites: compasión, cariño, admiración, amor propio. Cuando asumes la responsabilidad de crear tu propia vida enriquecedora, descubrirás que las cosas son mucho menos dramáticas cuando la gente te desilusiona. Sí, una relación debe aumentar tu felicidad, pero no ser la fuente exclusiva de ésta.
  • Acepta que tu pareja podría estar pasando por el mismo proceso. Con frecuencia la experiencia de desilusión es compartida. Mientras que uno de los cónyuges se pueda estar sintiendo desilusionado, con frecuencia el otro estará pasando por lo mismo, aunque no lo exprese. La desilusión es un fenómeno compartido y llegará tarde o temprano a la relación. Todas las personas poseen expectativas personales con respecto a la relación y con respecto a sus parejas, la cuales díficilmente podrán ser llenadas a cabalidad. Si miramos las cosas desde esta perspectiva, vemos que lidiar con la desilusión en una relación es una vía de doble sentido. No se trata únicamente de «arreglar» a la otra persona.  Probablemente haya otra persona que también necesite ser «arreglada», ¿te imaginas quién podría ser?
  • Sé la persona de la que te gustaría estar enamorado.  Similar al punto anterior, conviértete en la persona que no te desilusionará. No puedes controlar las acciones de tu pareja, pero puedes controlar las tuyas. Así que sé esa persona segura, confiable, amorosa, comunicativa y responsable. Descubrirás que esto atrae a otros con esas mismas características a tu universo.
  • Entiende que las personas cambian con el tiempo. Las relaciones a largo plazo pasan por distintas etapas y el amor se transforma. Asimismo, las personas mismas sufren transformaciones a lo largo del tiempo. No existe nada más permanente que el cambio. Esta es una verdad fundamental que es necesario aceptar.
  • Es necesario entender y reconocer la humanidad del otro. Nuestra incapacidad para reconocer la humanidad en los demás sienta las bases del egoísmo. Una relación que le dé espacio al reconocimiento de las vulnerabilidades de sus integrantes será un lugar mucho más pacífico, habitable y feliz.
  • Practica la compasión. Mostrar empatía, gracia y compasión genuinas en la relación ayuda a darnos cuenta de que somos seres humanos complejos con una disposición de lidiar mejor con las expectativas autoimpuestas, y a darle paso a la práctica de la flexibilidad y la generosidad.
  • Prepárate para salir de la relación si las desilusiones son la fuente de su infelicidad.  A veces las relaciones son decepcionantes y no hay mucho que puedas hacer para cambiar las cosas. Si has intentado varias opciones y aún te encuentras en ese punto de una relación donde las desilusiones son frecuentes, dejar la misma puede ser lo correcto. No es saludable permanecer en una situación en la que aceptas la decepción todos los días. Te chupará la alegría.  Te quebrantará el espíritu.
Concluyendo

La vida ciertamente contiene desilusiones. Principalmente en el contexto de una relación. Pero con algunos ajustes a nuestras expectativas personales y respeto por los orígenes, culturas y experiencias individuales de las otras personas, podemos disminuir la cantidad de desilusiones que sentimos. Recuerda, uno de los principales influyentes para cambiar la relación es primero cambiarte a ti mismo. Todo lo que se necesita son algunos cambios o ajustes en la forma en que percibimos las cosas y podemos evitar que la desilusión en la relación llame constantemente a nuestra puerta.

La desilusión en las relaciones de pareja | Parte I

El amor y las relaciones en sus primeras etapas están basados en ilusiones. Las ilusiones pueden considerarse distorsiones en la percepción de la realidad. Cuando se enamoran, las personas parecen saber – y tienen el convencimiento– rápidamente que acaban de conocer a «la persona indicada». Al principio, estamos sumamente entusiasmados con nuestras nuevas relaciones y creemos que nos hemos enamorado. Algunos de nosotros nos «enfermamos de amor» e idealizamos a nuestra nueva pareja.

Entonces, comienza la lucha. Estamos descubriendo los hábitos de nuestra pareja y aprendiendo sus imperfecciones. Comenzamos a discutir y a sentir los efectos del conflicto y el estrés. Intentamos lidiar con el espacio que dedicamos a compartir con nuestras amistades, y con la línea entre ser independiente y pasar tiempo en pareja. Al mismo tiempo, aprendemos sobre las relaciones pasadas de esta persona, sus intereses actuales y lo que quiere para su futuro, si es que desea algo.

A medida que las relaciones progresan, pueden surgir conflictos sobre finanzas o valores personales. Con frecuencia existen diferencias basadas en los antecedentes culturales y socioeconómicos de dos personas diferentes. Entonces aparecen conflictos sobre cuánto sexo desea cada persona, entre otros. Con el tiempo, una persona podrá tener que lidiar con la traición de la otra y puede aparecer entonces la desilusión.  Lo primero que es importante considerar es que la desilusión en una relación es inevitable. Por supuesto, existe una diferencia entre desilusiones pequeñas o menores y desilusiones a gran escala. Pero con el tiempo son inevitables las desilusiones incluso de mayor escala. La desilusión es una parte normal y natural de toda relación, así que, primeramente, trate de no entrar en pánico cuando se sienta desilusionado. La desilusión no significa necesariamente que esté con la pareja equivocada o que deba tomar medidas drásticas o dramáticas.

De hecho, una de las preguntas que siempre hago en la etapa de evaluación del tratamiento con parejas es «¿Cuáles fueron tus primeras desilusiones con tu pareja?» Esto presupone que hay algunas. A veces, ocurren años después de la relación y, a veces, suceden en las primeras etapas de la misma. Un terapeuta de parejas cualificado te puede orientar acerca de las implicaciones que supone para la salud de la relación de pareja el que las desilusiones surjan al principio o inmediatamente después de iniciada la misma.

Toda desilusión, especialmente la desilusión en las relaciones, se origina en nuestras expectativas. Cómo creemos que alguien debería sentir por nosotros, cómo debería tratarnos o incluso cómo debería comportarse en el mundo. Y cuanto más estrecha es la relación, mayores son las expectativas de comportamiento y más fuerte la frustración. Pero si estás dispuesto a volverte susceptible a las alegrías de la vida con otros seres humanos, te estás volviendo vulnerable a cierto grado de frustración de igual forma. Entonces, analicemos algunas de las razones por las que nos desilusionamos en nuestras relaciones.  La desilusión puede surgir en cualquier relación significativa. Ya sea una relación romántica, una amistad o una relación familiar, toda relación conlleva expectativas. Valorar una relación y tener expectativas para esa relación van de la mano. Las palabras clave aquí son, como probablemente habrás notado: “debería”, “tendría” y “suponer”. Creamos un montón de «deberes» en nuestra mente sobre cómo “deberían” ser nuestras vidas. Y cómo “deben” comportarse las personas que nos rodean para que seamos felices. Pero, si bien es bueno tener algunos valores básicos sobre la vida, aferrarse a los «debes de», “tienes que” y los «se supone que» fácilmente puede resultar contraproducente.

Para concluir esta primera parte de este artículo, es necesario resaltar que ninguna relación es perfecta. A veces la voz en tu cabeza comienza a decir cosas como: «¿Es así realmente como ‘se supone’ que ‘debe’ ser?» o «No es quien pensaba que era». Al abordar el tema con tu pareja, ten en cuenta las siguientes dos recomendaciones fundamentales:

  • No hagas sentir a tu pareja criticada y asegúrate de hablar sobre tu propia experiencia en lugar de sólo hablar de su comportamiento. Cuéntale a tu pareja por qué esto en particular tiene tanto impacto para ti y cuál fue el significado que le diste.
  • Cada cónyuge que reciba esta retroalimentación debe esforzarse en escuchar sin ponerse a la defensiva. No inviertas los papeles en ese momento al presentar tus propias quejas ni plantees tus justificaciones. Resume a tu compañero lo que te está diciendo. Sé curioso e investigador. Realiza cualquier pregunta que te ayude a comprender mejor su punto de vista, incluso si en última instancia no estás de acuerdo con él. Adopta la postura de un periodista de investigación:  estás preguntando amablemente qué pasó y cómo se siente, y haciéndolo desde un lugar lo más neutral posible. Recuerda, no es necesario que estés de acuerdo.

Puede leer la segunda parte de este artículo Aquí. (Programada para 12/31/2023).

El balance entre la vida profesional y las relaciones de pareja

Dicen que sólo puedes amar tu carrera o tu cónyuge; no a ambos. O uno eventualmente te dejará. Algunas personas creen fielmente en esta afirmación.

Cuando se forma una nueva relación, tanto hombres como mujeres tienen que asumir nuevas responsabilidades sin dejar de cumplir con las antiguas. Entonces, ¿las relaciones de pareja afectan la vida profesional?

Socioculturalmente, se espera que las mujeres estén más disponibles en los hogares y realicen solas las tareas domésticas, como cocinar, limpiar, lavar la ropa, etc. De manera similar, se espera que los hombres ganen más dinero después de entrar en una relación de pareja. Esto contrasta con el hecho de que una nueva relación necesita atención y esfuerzo por parte de ambas partes, pero a veces, esto puede llegar a ser demasiado difícil de manejar.

Encontrar un equilibrio entre el trabajo y la relación es un desafío crítico que enfrentan muchas parejas. En el mundo acelerado de hoy, donde las demandas profesionales pueden consumirlo todo, mantener este equilibrio es esencial para una relación sana y feliz. Al mismo tiempo, la presión por tener éxito profesional a menudo lleva a las personas a pasar muchas horas en el trabajo, dejando poco tiempo para sus parejas. Este desequilibrio puede provocar sentimientos de abandono y soledad en la relación. Es crucial reconocer que si bien las carreras son importantes, no deben realizarse a expensas de la salud conyugal.

Si tu carrera está antes que tu cónyuge, es probable que tu relación lo refleje. Es posible que estés más enamorado de tu trabajo que de tu pareja. O al menos eso es lo que podría parecer en algunos casos. Puede que te lleves trabajo a casa los fines de semana, o trabajes de 10 a 12 horas al día o más, y regreses a casa agotado y con poco tiempo para tu cónyuge. Entonces quizás te preguntes el porqué ustedes dos no parecen llevarse bien.

Definitivamente, uno de los desafíos para los cónyuges es encontrar suficiente tiempo para hacerlo todo. Muchos dicen que se sienten apurados y más de la mitad dicen que tienen dificultades para equilibrar las responsabilidades de su trabajo y su vida sentimental. Si bien dividen su tiempo de manera diferente (los hombres se concentran un poco más en el trabajo remunerado y las mujeres más en el hogar y los niños), es igualmente probable que las mamás y los papás encuentren desafiante el acto de hacer malabarismos.

Reconocer los signos de desequilibrio entre el trabajo y la relación es fundamental. Aquí hay algunas señales interesantes a las que debes prestar atención:

  • Mayor tensión y discusiones. Uno de los signos más obvios de desequilibrio en las relaciones es un aumento de la tensión y las discusiones entre los cónyuges. Si discuten con más frecuencia y por cosas triviales, puede ser una señal de que la relación está bajo tensión.
  • Descuido de la relación. Si notas que tú o tu cónyuge cancelan planes constantemente, trabajan hasta altas horas de la noche o no se esfuerzan por pasar tiempo de calidad juntos, puede ser una señal de que el trabajo está teniendo prioridad sobre tu matrimonio.
  • Síntomas físicos del estrés. Equilibrar el trabajo y el matrimonio puede ser estresante y, si no lo controlas de manera eficaz, puede provocar síntomas físicos como dolores de cabeza, fatiga, agotamiento, mal temperamento o incluso dolor físico.
  • Falta de conexión emocional. Si tú o tu cónyuge se sienten desconectados emocionalmente, puede ser una señal de que la relación está desequilibrada. Esto podría manifestarse como un sentimiento de distanciamiento emocional, dificultad para comunicarse o no sentirse apoyado por la pareja.
  • No hay suficiente tiempo para tu pareja. Si tu pareja te pide continuamente tiempo para compartir juntos podría ser una señal de desequilibrio en el trabajo y la relación. Este podría ser el inicio de una espiral de eventos que conducirán a un debilitamiento progresivo de la relación.
  • Falta de tiempo para trabajos domésticos. Si tus obligaciones domésticas en el hogar están desatendidas, provocando así aumento en las tensiones en la relación, es necesario reexaminar la forma en que tú tiempo está siendo distribuido.
  • Cambios sustanciales en el manejo de la sexualidad. Cuando el sexo es casi inexistente o de muy pobre calidad -ya sea por el agotamiento físico o la falta de tiempo- y la sexualidad empieza a afectarse al punto donde la insatisfacción es evidente en ambas partes, es necesario hacer un análisis de cuáles son las prioridades en la relación.

Al reconocer estos signos de desequilibrio, podrás tomar medidas para controlar el estrés y mejorar el balance entre tu trabajo y tu relación. Es esencial abordar estos problemas desde el principio para evitar una mayor tensión en tu relación y promover su bienestar general.

A continuación algunas sugerencias útiles:

  • Priorizar el tiempo de calidad. El tiempo de calidad es esencial en cualquier relación, pero es especialmente crítico cuando se equilibra con el trabajo. Haz que sea una prioridad pasar tiempo juntos, aunque sea solo unos minutos cada día. Considera reservar citas nocturnas regulares o planificar actividades que puedan hacer juntos. Utiliza este tiempo para ponerse al día, relajarse y reconectarse. Priorizar el tiempo de calidad ayuda a reducir el estrés y fortalecer tu relación.
  • Establecer límites. Establecer límites es importante en cualquier relación, pero es especialmente crítico cuando se equilibra con el trabajo. Establece límites claros en torno al trabajo y la vida de pareja. Esto podría significar desconectarse del trabajo durante ciertos momentos del día o de la semana, establecer límites en las horas de trabajo o establecer límites en torno al tiempo personal. Al establecer límites, puedes crear un equilibrio saludable entre el trabajo y la vida personal y reducir el estrés.
  • Crear un calendario compartido. Crear un calendario compartido puede ayudarlos a ambos a realizar un seguimiento de los horarios de cada uno y garantizar que estén en la misma página. Esto puede ayudar a prevenir malentendidos y reducir el estrés. Considera usar un calendario digital al que puedas acceder desde tu teléfono o computadora, y asegúrate de actualizarlo periódicamente. Al crear un calendario compartido, pueden evitar conflictos de programación y asegurarse de dedicar tiempo el uno al otro.
  • Calidad sobre cantidad. En lugar de centrarse únicamente en la cantidad de tiempo que pasan juntos, prioricen la calidad de ese tiempo. Ya sea compartiendo una comida, dando un paseo o simplemente teniendo una conversación sincera; aprovechar al máximo el tiempo que pasan juntos fomenta una fuerte conexión emocional.
  • Apoyar objetivos individuales. Apoyen las aspiraciones profesionales y los objetivos individuales de cada uno. Al animarse mutuamente a perseguir pasiones y sueños personales, pueden crear un entorno en el que ambos cónyuges se sientan valorados y realizados.
  • Crear tiempo exclusivo para ustedes. Así como programas reuniones y citas de trabajo, también puedes programar tiempo dedicado al «nosotros». Ya sea una cita nocturna semanal o una escapada de fin de semana, este tiempo juntos intencionalmente les ayuda a nutrir su relación en medio de agendas ocupadas.
  • Guardar los teléfonos y alejarse de las redes sociales al menos cuando estén en casa. Esto le podría doler a muchos. Tal vez no sea demasiado pedir que guarden sus teléfonos de vez en cuando. Comprométanse a pasar tiempo juntos sin distracciones de teléfonos móviles o redes sociales y verán los resultados.
Conclusión

Los estudios muestran que cuando las parejas tienen acceso a un trabajo desafiante, son más felices,  tienen mejores relaciones, mejor sexo, es menos probable que se depriman y son más productivos. Con frecuencia, el éxito laboral va acompañado de cierta libertad económica que contribuye en gran medida a la consecución de las aspiraciones personales. Pero si las horas de trabajo se vuelven demasiado locas, las recompensas tienden a revertirse. La clave es priorizar tu relación y encontrar un trabajo desafiante en el que tengas cierto control sobre tus horas de trabajo o cierta flexibilidad. Equilibra el trabajo y la relación trabajando en equipo para satisfacer las necesidades de la vida y al mismo tiempo disfrutar de tu pareja. Si no disfrutas de tu cónyuge y no disfrutas de tus hijos, si los tienes, o si disfrutas compartir más con compañeros de trabajo o amigos, es posible que desees reevaluar tus prioridades.

Cambios en la relación con la llegada de hijos e hijas

Al tiempo que la pareja podría estar lidiando con conflictos relacionados a la desilusión, al manejo de las finanzas, a las responsabilidades de las labores domésticas, entre otros, podrían también sobrevenir conflictos relacionados con la llegada de los hijos e hijas a la relación. Aunque muchas veces planificados, la realidad es que numerosas parejas entran a esta etapa a raíz de embarazos inesperados, tratamientos para la infertilidad posiblemente traumáticos o por otras circunstancias fuera de su control.

Aún así, lo cierto es que uno de los sueños más comunes en personas que forman una relación de pareja es el de formar una familia, ya sea por aspiraciones personales o por demandas socioculturales. Sin embargo, la investigación científica nos muestra que la felicidad en la relación de pareja no aumenta con la llegada de los hijos e hijas. De hecho, The Gottman Institute descubrió que dos tercios de los matrimonios experimentan una disminución de la felicidad en los primeros tres años después de tener un bebé. En este sentido es importante reconocer cómo pueden cambiar los roles una vez sobrevienen la paternidad y la maternidad, y cómo esto puede hacer sentir tanto a la madre como al padre.  La llegada de un primer bebé puede significar que dos personas que eran las más importantes en la vida del otro ahora tengan una tercera persona (o más en caso de gemelos o múltiples) muy importante en quien pensar. Algunos padres y madres encuentran difícil esta transición y luchan con el hecho de que ya no están en la mente de su pareja como lo estaban antes. La pareja puede sentirse marginada cuando la madre se concentra en su hijo y, máxime, cuando ésta constantemente exclama “¡Mis hijos son lo primero!” Del mismo modo, algunas mujeres pueden sentir que desaparecen mientras todos se concentran en el nuevo bebé. No importa cuanta satisfacción le pueda proporcionar, la madre puede sentir que su papel es simplemente cuidar y alimentar al bebé en lugar de ser una pareja o una persona por derecho propio.

El cambio de una pareja a una familia de tres, o posiblemente más, puede ser una de las mayores transformaciones a las que te enfrentas cuando te conviertes en padre o madre. Uno de los factores más importantes que provoca tensión y problemas en las relaciones después del parto es el cansancio. La falta de sueño puede tener un gran impacto en la vida cotidiana. Los nuevos padres y madres también suelen tener poco tiempo disponible para cualquier otra actividad que no se relacione con el cuidado de los hijos e hijas. Las horas que antes se dedicaban a socializar, relajarse y realizar tareas domésticas pueden reducirse drásticamente, y esto podría cambiar la dinámica de cualquier relación.

El dinero, o la falta de él, también puede ser una causa de estrés para las parejas. El advenimiento de nuestros miembros en la familia conlleva nuevos gastos, en ocasiones no anticipados.  Para muchos padres y madres primerizos, adaptarse a una vida con ingresos reducidos o un solo salario puede resultar especialmente difícil. A menudo, hay problemas emocionales que se añaden a las disputas monetarias, como la pérdida de independencia financiera o sentir la presión de tener que mantener a la familia. Por otro lado, a raíz de la situación financiera, las mamás y los papás pueden experimentar problemas de salud mental, como depresión o ansiedad, que pueden tener un gran impacto en el bienestar de la relación.

El lado físico de una relación también puede cambiar dramáticamente debido al agotamiento físico que mencionáramos antes, al tener que lidiar con las exigencias de la vida con un recién nacido. Puede llevar tiempo volver a tener ganas de tener relaciones sexuales después del nacimiento, sobre todo en el caso de las madres. Luego, sobreviene el asunto de los estilos de crianza. Algunos padres descubren que tienen puntos de vista diferentes sobre la crianza de los hijos, lo que puede causar conflictos agregados. Puede resultar fácil para uno de los padres convertirse en el «experto» en asuntos de crianza y socavar la confianza del otro.

El conflicto entre padres y madres ocurre en todas las relaciones y, a veces, puede provocar sentimientos de ira, incluso ira extrema, en la pareja. El conflicto entre padres y madres puede significar muchas cosas y, a menudo, puede tomar la forma de discusiones ruidosas que escalan con gran facilidad. Una característica común del conflicto entre padres y  madres es que cada persona culpa a la otra por lo que sucede. Y, como si eso fuera poco, a veces puede desarrollarse rivalidad entre ellos por la atención y el amor de sus hijos.

En las relaciones heterosexuales, los roles de género tradicionales pueden entrar en juego de forma consciente e inconsciente. Las mujeres pueden verse sobrecargadas con las tareas domésticas y el cuidado de los niños cuando habían imaginado una división del trabajo más equitativa. Si su pareja está amamantando, los hombres pueden sentirse inseguros de cómo participar y podrían aceptar rápidamente que ser el sostén económico de la familia es la mejor o quizás la única forma efectiva en que puede contribuir. Si esta mentalidad no se cuestiona, puede evolucionar y moldear la vida familiar a largo plazo.

Las parejas también pueden sentirse tan cautivadas por sus hijos e hijas que hasta suspenden el cuidado de su relación y se dicen a sí mismos que eso está bien por el bien de sus pequeños. Con frecuencia ni tan siquiera aceptan ponerlos al cuidado de otras personas mientras asisten a sus trabajos o a otros compromisos donde no es adecuado llevar a la criatura; temen que los vayan a dañar, que se vayan a criar con valores ajenos o simplemente no toleran alejarse de ellos por algunas horas. Podrían pasar meses o incluso años sin citas nocturnas, vida sexual o dormir en la misma cama, o peor aún, con el infante durmiendo en la cama en medio de ellos. Los problemas y resentimientos pueden quedar en “status quo” cuando deberían ventilarse y resolverse. Pueden decirse que las cosas mejorarán cuando los niños sean mayores o cuando comiencen la escuela, pero si tienen más de un hijo, esto podría significar que los problemas no se abordarán durante muchos años, y se agravarán con el tiempo, y la pasión se mudará de casa.

Estas tres recomendaciones podrían ponerte en posición de afrontar esta situación adecuadamente:

  • Nutre tu relación pasando tiempo juntos. Aunque puede ser más fácil decirlo que hacerlo, no hagas que todo en tu relación gire en torno a la maternidad y la paternidad. Necesitan tener tiempo para volver a conectarse con el motivo por el que están juntos y lo que tiene de especial y diferente su relación. El tiempo juntos puede ser tan simple como una cita nocturna en el sofá una vez a la semana, siempre y cuando uses ese tiempo para hablar de cualquier cosa menos de los niños, esto será un buen ancla en tu relación.
  • Respétense unos a otros en sus nuevos roles. Informarse periódicamente sobre el aprendizaje, las diferentes ideas y los enfoques de la crianza de los hijos e hijas es una parte saludable de desarrollar juntos sus habilidades de crianza. Intenta ser flexible y ofrézcanse mutuamente ideas para considerar en lugar de reglas a seguir. Reconozcan que uno de los dos podría tener más conocimiento sobre lo que funciona para los niños debido al papel que desempeña con ellos. Es importante ser respetuoso con esa información por el bien de los propios niños. Sin embargo, el portador de ese conocimiento debe permitir que el otro padre encuentre también su propio estilo y enfoque de crianza. Quizás surjan nuevos conocimientos e ideas que podrían ser útiles para todos. Los niños son bastante adaptables siempre que no reciban mensajes contradictorios ni vean una lucha de poder entre sus padres y madre.
  • Céntrate también en tu cuidado personal. A menudo, el cuidado personal es lo último en la lista de los padres y madres ocupados. Los niños y el trabajo son la primera prioridad, seguido por las obligaciones domésticas, y luego, tal vez, vendría el cuidado personal. Sin embargo, si dedicas un poco de tiempo a ti mismo, te irá mejor en todas las demás áreas. Mantenerse en contacto con amigos, darse un baño largo o una visita rápida al gimnasio son formas eficientes de tiempo que podrían marcar una diferencia sustancial en tu moral. Para ello obtén ayuda si es necesario. Este es un momento en el que amigos y familiares estarán dispuestos a ayudar, así que comunícate. También es importante incorporar una niñera confiable a tus recursos de apoyo.
Concluyendo, los adultos de las familias más exitosas no descuidan los problemas matrimoniales. Se comprometen a pasar tiempo juntos como pareja y a trabajar juntos para resolver cualquier malentendido, celos o conflicto. Se comprometen a comunicarse, elogiarse y perdonarse unos a otros; intentan entenderse; y examinan rutinariamente su relación y cómo se puede mejorar. A veces los niños son una excusa conveniente para no afrontar dificultades matrimoniales graves. Los padres pueden pensar: «Los niños requieren mucha de nuestra atención ahora; una vez que crezcan, tendremos mucho tiempo para hablar sobre los problemas que tenemos en nuestra propia relación». Pero esa es una receta para el desastre matrimonial y parental. Los problemas tienden a empeorar con el tiempo, y una vez que sus hijos crezcan, es posible que no tengan muchos cimientos sobre los cuales construir, si es que todavía están juntos. Así que no permanezcas en la zona de confort al permitir que los problemas persistan sin intentar resolverlos.

Acerca del sexo

Históricamente, el pene ha sido representado como una fuente de gran poder, mientras que la vulva ha sido representada como el órgano que tiene el poder tanto de «dar vida» como de dar placer sexual a la humanidad. La genitalia humana, por lo tanto, ha sido investida de ese «gran poder», y un «gran poder» conlleva una «gran responsabilidad». La responsabilidad sexual es un concepto amplio que será objeto de otra discusión.

La genitalia humana también tiende a ser el foco de la actividad sexual, infortunadamente ignorando otros órganos sexuales de más trascendencia. La actividad sexual en los mamíferos heterosexuales se produce cuando el pene del macho se vuelve erecto y rígido a medida que sus tejidos se llenan de sangre, lo que permite insertarlo en la vagina de la hembra. Los movimientos de empuje del pene provocan la eyaculación, en la que el semen, que contiene espermatozoides, se deposita en la vagina. Este acto, aparentemente mecánico e instintivo, tiende a obsesionar a los seres humanos a tal punto que ha dado inicio a múltiples tragedias a lo largo de la historia, y no en balde es uno de los más conflictivos en el contexto de las relaciones de pareja.

El género de las personas explica el porqué el sexo tiende a experimentarse e interpretarse de manera distintiva por hombres y por mujeres. El conocimiento formal de parte de los cónyuges en materia de sexualidad y su conexión con los asuntos de género podría ser la clave para mejorar la satisfacción sexual en la relación. En un mundo ideal, cada vez que tuvieras relaciones sexuales transcurriría sin problemas. La realidad no es esa. Como podría decirte cualquier terapeuta de pareja, pueden surgir una variedad de problemas cuando se pone manos a la obra en materia sexual.

Veamos algunos de los problemas sexuales que, como psicólogo de parejas, he encontrado que enfrentan las relaciones, junto con algunas alternativas de manejo:

  • “No siento nada. Eso está muerto ahí abajo. Es como un desierto”. Esta es una expresión muy recurrente en mujeres, sobre todo luego que han sobrepasado los 50 años de edad, pero podría ocurrir antes. Es importante que se tenga claro que la ausencia de deseo sexual no forma parte de una sexualidad saludable en las personas a cualquier edad. La falta de deseo sexual podría tener sus raíces en problemas psicológicos, problemas de relaciones de parejas y problemas fisiológicos de consideración. Es importante empezar por hacerse examinar por un médico si este es el caso. Otras condiciones que comúnmente sobrevienen con la edad, y que pueden afectar el deseo sexual, se relacionan con la ausencia o inconsistencia en la lubricación femenina, lo cual podría tornar la actividad sexual en dolorosa para muchas mujeres. Existen estrategias de manejo que un sexólogo o sexóloga o psicólogo de pareja calificados podrían sugerirte. Anímate a buscar ayuda.
  • «Mi mente no deja de divagar durante el acto». Una situación muy frecuente en mujeres, quienes tienden a referir que están demasiado distraídas para estar mentalmente presentes en el momento. Esto es especialmente cierto para muchas madres, ya que la presión de la maternidad puede obstruir cualquier pensamiento sexual que se pueda tener. Podría parecer contradictorio, pero programar relaciones sexuales podría ayudar toda vez que se puede adaptar la situación para eliminar cualquier fuente de distracción que pueda tener el efecto de redirigir tu atención a otras cosas: contratar una niñera, pedirle a tus padres que cuiden de los niños o establecer el escenario adecuado. Sin embargo, preocupaciones económicas, problemas de salud mental como la depresión y la ansiedad, problemas de autoestima e inconformidad con el cuerpo, problemas de higiene en la pareja u olores poco agradables como el alcohol o la nicotina, problemas con la pareja y falta de intimidad en la relación, entre otros, tienden a ocupar los pensamientos al momento del acto sexual y necesitan ser atendidos de forma puntual con un profesional.
  • «Como soy hombre, no puedo ser tan sentimental como ella quiere». Ese rumor sobre cómo los chicos deben ser pocos sensibles y muy obsesionados con el sexo no les hace ningún favor. La realidad es que algunos hombres revelan que en realidad les gustaría sentirse más cerca de su pareja en el plano sentimental dentro y fuera del dormitorio, pero simplemente no saben cómo. En este punto, puedes, tal vez, hacerlo más fácil para él siendo tú misma un tanto más vulnerable con tus propios sentimientos y utiliza la estrategia del refuerzo positivo cuando notes que él está realizando avances en esta área.
  • «Siempre tengo que iniciar; ella no toma la iniciativa ni me busca». Si una persona piensa que la otra no disfruta lo suficiente de los buenos momentos, el resentimiento puede surgir. En lugar de esperar a que tu pareja tome la iniciativa para luego sentirte decepcionado cuando no sucede, puedes empezar por auscultar el porqué tu pareja no asume ese tipo de rol, y luego comenzar un diálogo al respecto. Te puede sorprender lo que podrías encontrar. Traumas, roles de género, decepciones, historial, falta de deseo, entre otros, podrían ser la razón. Al mismo tiempo, ella podría estarse preguntando “¿Pero qué hay de mí, y si es que simplemente no quiero?” Evita que el egoísmo arruine tu relación. Si estás en el otro extremo de la ecuación, comprende que la petición de tu pareja de que tomes iniciativas sexuales con más frecuencia en realidad se trata de sentirse deseado, por lo que dar ese paso puede mejorar tu vínculo en gran medida.
  • «¿Qué pasó con los preliminares? Simplemente no existen». Es posible que hayas escuchado esto constantemente y, si se aplica a ti, sabes lo frustrante que puede ser. Si estás en el calor del momento, lo mejor es mostrarle físicamente a tu pareja lo que te hace sentir bien, por ejemplo, colocando su mano en los lugares correctos. Es útil enmarcar lo que quieres en el sexo de manera positiva, como por ejemplo, «Me encanta cuando haces XYZ». De esa manera parece menos una crítica y más un estímulo de algo que ya hacen. No olvides que hombres y mujeres tienden a ver la sexualidad de formas distintivamente distintas, y disfrutan de la sexualidad de forma distinta, mientras asumen que su pareja, al mismo tiempo, le da el mismo significado que ellos.
  • «Ojalá fuéramos más cariñosos en nuestra vida diaria; eso ayudaría en el sexo». Por suerte, esto tiene solución. Comiencen por cada día decirse algo que aprecian de la otra persona. Si eso es demasiado rutinario para sus gustos, pueden reincorporar prácticas que probablemente realizaban para mostrar afecto cuando comenzaron a salir: tomarse de la mano, rodearse con los brazos cuando estaban sentados juntos, y cosas por el estilo.
  • «Languidece nuestra conexión emocional». Si bien está bien si ambas personas solo buscan el desahogo físico cuando tienen sexo, las aguas se vuelven más turbias si uno quiere una conexión emocional, pero no la siente. Esto es lo que algunos teorizantes llaman «sexo vacío», lo cual no suena especialmente atractivo. Para ayudar a erradicar este sentimiento, esfuérzase por fomentar la intimidad fuera del dormitorio: pasen más tiempo juntos, encuentren actividades nuevas y comunes que puedan fomentar un vínculo más fuerte y exploren lo que les brinda placer fuera del dormitorio.
  • «La presión para tener un bebé es una locura; no puedo tener sexo bajo presión». Cuando una pareja heterosexual intenta concebir, el hombre puede sentir que está actuando según se le exige, y podría sobrevenir lo que se conoce como ansiedad por desempeño. Es importante que exista un equilibrio entre expresarse sexualmente cuando estás ovulando y la espontaneidad del sexo relajado que tiene como objetivo el disfrute de los cónyuges. La comunicación es clave para determinar cómo seguir esa línea, ya que algunas parejas masculinas quieren saber cada detalle sobre el ciclo de sus parejas, mientras que otros prefieren estar menos al tanto de los detalles. No importa dónde se ubiquen en este punto, ambos pueden devolverle la sensación de excitación al sexo, incluso si el objetivo final es concebir. Hacer cosas como usar lencería y enviar mensajes de texto sexys puede ayudar a que el objetivo de tener un bebé parezca divertido en lugar de una tarea ardua.
  • «Mi pareja no practica sexo oral». Una queja muy común entre hombres y en algunas mujeres. Si te encanta el sexo oral, pero tu pareja se niega a hacerlo, es posible que te sientas rechazado. Entonces te enojas y te decepcionas, y probablemente pierdes el interés en tener sexo. Si tu pareja no es una gran fanática del sexo oral, pero tú realmente lo valoras, pídele que lo piense como algo que puede hacer de vez en cuando para demostrar que está interesada en tu disfrute. Cuando alguien da aunque sea un poco de algo, contribuye en gran medida a que su pareja se sienta atendida.
  • «Haber formado una familia ha arruinado completamente nuestra vida sexual». Sí, suele suceder. Aunque la falta de sueño, de tiempo y aumento del estrés pueden darle un verdadero golpe a tu deseo sexual, no todo está perdido. Averigua si la logística de las obligaciones familiares te impide sentirse satisfecho en el manejo de la sexualidad con tu pareja o si, en primer lugar, el problema es físico. Esto a menudo tiene más que ver con necesidades no expresadas o insatisfechas de conexión emocional e intimidad, que son a su vez el producto del trajín diario. También pregúntate de qué manera se ha afectado tu cuidado y arreglo personales que podría estar influenciando en la falta de deseo de tu pareja, o incluso, en la tuya. Una forma de descubrir el problema real es programar una cita con un terapeuta que pueda evaluar la situación.
  • «Creo que mi pareja me da por sentado/a y no me valora». Sentir que tu pareja no te aprecia daña la conexión mutua, lo que sólo agrava el problema. Este tipo de sentimiento debe ser expresado sin espíritu de crítica. Al expresar este punto no puede haber lugar para la ambigüedad. Las declaraciones en primera persona son esenciales para ayudar a tu pareja a no sentirse atacada, por ejemplo, «Cuando haces X, me siento como Y».
  • «Es que él termina bien rapidito, a veces en cuestión de segundos; no vale la pena”. Si alguna vez hubiera un momento para actuar con cuidado, sería éste. Si sucede la primera vez que tienen relaciones sexuales, que podría ser por nerviosismo, se recomienda restarle importancia al asunto y seguir adelante ya sea con otros actos si él está dispuesto a hacerlo o con algo no sexual. Si vuelve a suceder, probablemente será un problema que no desaparecerá. En casos como estos, anímalo gentilmente a que consulte a un médico para asegurarse de que no haya una causa médica y obtenga tratamiento y algunos consejos profesionales al respecto. Recuerden que ambos tienen derecho a disfrutar de la sexualidad en igualdad de condiciones.
  • “Simplemente no tenemos suficiente sexo, es más, casi nunca». Este problema a menudo se abre camino en las relaciones después de que el período de luna de miel ha pasado. Cuando esto ocurre, la persona que más desea tener sexo puede sentirse privada, pero es posible que su pareja no se dé cuenta si no lo habla. Discute abiertamente con tu pareja con qué frecuencia a cada uno le gustaría ser sexualmente activo y luego elaboren plan al respecto. Aunque a veces podría resultar impersonal, establezcan horarios en los que ambos hayan acordado tener sexo y tengan preparada una lista actualizada de las cosas que a ambos les gustaría probar. Experimentar con lo que les excita mutuamente puede ayudarles a desear volver a tener buen sexo.
Conclusión

El sexo es una actividad física que puede ser una parte importante de muchos tipos de relaciones (incluidas las monógamas, poliamorosas y abiertas) porque puede ofrecer intimidad emocional, una autoimagen más fuerte para cada cónyuge y alivio del estrés. Es importante evitar buscar una solución única para los problemas sexuales en una relación; puedes tener una relación fuerte y saludable independientemente de la cantidad de actividad sexual. Si bien muchas personas requieren actividad sexual frecuente para tener una relación romántica sólida, muchas otras, incluidas las personas asexuales y las que tienen libidos bajos, disfrutan de relaciones profundas y significativas sin utilizar el sexo como componente clave. Sin embargo, aunque el sexo puede ser una parte beneficiosa en una relación sana, las investigaciones sugieren que la frecuencia tiende a disminuir con la edad y otros factores, como el estrés, los niños y la salud en general, también estos elementos pueden afectar el deseo sexual de una persona. Las parejas sexuales que quieran aumentar su frecuencia e intimidad deben centrarse en comunicar sus necesidades y trabajar juntos para alcanzar sus objetivos.

Cómo una división injusta del trabajo doméstico daña su relación

Los conflictos que surgen sobre las tareas del hogar son de los más comunes y molestos en una relación. Cuando usted o su pareja no están contentos con la asignación de las tareas del hogar, el nivel de estrés puede aumentar enormemente. Los investigadores han descubierto que la distribución desigual de las tareas domésticas es uno de los principales factores estresantes en muchas relaciones.

Por ejemplo, un estudio encontró que las esposas informaron que una de sus principales fuentes de estrés era el hecho de que sus maridos no quieren hacer su parte del trabajo en la casa. Si bien estas investigaciones a menudo reflejan cómo los roles tradicionales de género influyen en las tareas domésticas, la distribución desigual no se limita exclusivamente a las parejas casadas heterosexuales. Las parejas que cohabitan como parejas románticas suelen ser propensas a sufrir los mismos problemas.

Mientras tanto, en la mayoría de los matrimonios heterosexuales, la carga del trabajo doméstico y el cuidado de los niños todavía recae de manera desigual en la pareja femenina, una situación que no ha cambiado mucho en tres décadas. En las familias en las que ambos padres trabajan fuera del hogar, las madres dedican 13.5 horas a las tareas domésticas, mientras que los padres realizan 9.5 horas. Esta asimetría se amplificó durante la pandemia del COVID-19, cuando muchas mujeres tomaron la decisión de abandonar el empleo remunerado debido al aumento de las demandas en el hogar.

Sin embargo, las investigaciones realizadas en el área sugieren que las percepciones individuales sobre la justicia de cómo se dividen las tareas domésticas son más importantes que tener una división real del 50/50.

Equidad sobre igualdad

Cuando se habla de equidad en la distribución del trabajo doméstico significa que se logra un equilibrio basado en que ambos cónyuges acordaron ajustes justos tomando en consideración las responsabilidades de cada uno y las contribuciones netas dentro y fuera del hogar. Esta idea parece tener cierto apoyo también en la investigación científica.

Entonces, ¿qué sucede cuando las tareas domésticas no se distribuyen de manera justa y equitativa? En casos como estos, el alto el potencial de disminución de la satisfacción conyugal, aumento de la angustia, peor salud mental y aumento del riesgo de divorcio.

Cómo compartir las tareas del hogar de manera justa y equitativa

El mayor error que puedes cometer en tu búsqueda de que tu pareja haga más tareas del hogar es pedir ayuda. Pedir ayuda implica que la responsabilidad de las tareas del hogar es sólo tuya. Como mencionamos, la división del trabajo en el hogar ha sido un factor de inicio de peleas matrimoniales durante años, sin embargo, las parejas han estado analizando esto de manera errónea. El concepto de división de tareas es adecuado en las fábricas. Compartir tareas es un concepto más adecuado para parejas. Esto no significa que los cónyuges deban realizar una tarea determinada al mismo tiempo. La clave es el hecho de que ambos estén haciendo el mismo tipo de trabajo de forma compartida. Así las cosas, mientras mayores son sus sentimientos de equidad, más satisfechas están las parejas con sus relaciones.

1. Comienza por crear una lista de todas las tareas del hogar que deben realizarse. Sé específico y detallado con tu lista. Esta debe ser una actividad colaborativa entre tú y tu pareja, ambos contribuyendo con tareas a la lista. En este punto, no delegues ni asignes ninguna tarea. Simplemente escribe y acuerden qué tareas domésticas deben realizarse.

2. Realiza una distribución inicial basada en los intereses de cada cual. Tal vez uno disfrute más lavar los platos mientras que el otro disfrute más lavar la ropa. En esta distribución inicial tomen en consideración las responsabilidades de cada cual fuera del hogar. Mientras mayores sean las responsabilidades fuera del hogar de cada uno de los cónyuges, más igualitaria será la distribución de tareas en el hogar. Mientras más desiguales sean las responsabilidades de los cónyuges fuera del hogar, más equitativa debe ser la distribución de tareas. Por ejemplo, si uno de ustedes trabaja a tiempo parcial mientras que el otro trabaja a tiempo completo, la persona que trabaja menos horas podría asumir tareas adicionales en la casa. O, si el trabajo diario de uno de los socios es muy extenuante y requiere mucho esfuerzo físico, es posible que desee realizar tareas que estén más relacionadas con la planificación, el pago y la organización que con el trabajo físico.

3. Acuerden un horario para la realización de tareas y decidan cuándo alternarlas. También es importante ser considerados con los relojes biológicos de los demás. Algunas personas son madrugadoras y otras son noctámbulas. Obligarse unos a otros a realizar un proyecto o una tarea cuando en realidad no están preparados para hacerlo sólo crea tensión. La adecuacidad del horario es importante.

4. Toquen base en su plan cada semana. Háganse saber unos a otros cómo será la próxima semana: reuniones, recados, ocasiones especiales, etc. Luego decidan quién hará qué, hagan una lista y publíquenla.

Se recomienda la adquisición de algún instrumento que les ayude a documentar los acuerdos sobre la distribución de tareas, como una pizarra o una hoja de Excel. Asimismo, se recomienda la inclusión en el plan de distribución de tareas de todos los miembros de la familia que tengan la edad para contribuir, la incorporación de incentivos y recompensas por labor realizada y contratar ayuda externa si el presupuesto lo permite.

Mientras tanto, al menos la investigación científica es clara: la equidad importa. Y, a medida que cambian los roles de género y las realidades económicas de las personas, las parejas necesitarán tener más conversaciones sobre cómo organizan juntos su vida diaria, si quieren seguir siendo felices. Recuerden que no todo tiene que ser igual, pero las parejas tienen que tener la sensación de que existe una división justa del trabajo. La realidad es que ambas partes se benefician al sentir que están haciendo lo que les corresponde.