Las relaciones de sexualidad mixta, ¿qué son y cómo sobrellevarlas?

Existen relaciones de pareja consideradas heterosexuales donde uno de los cónyuges es homosexual o bisexual. En ocasiones esta situación es del conocimiento del cónyuge heterosexual, en otras no, mientras que en una cantidad significativa de los casos existen sospechas.

Preste atención a estos comentarios producto de sesiones de terapia:

En mi caso, estuve casado con una mujer durante 16 años antes de darme cuenta de que era bisexual. Todavía estamos casados y ella sabía que yo era bisexual antes que yo. Entonces en mi caso ya estaba en una relación hetero cuando me di cuenta de mi sexualidad.
No me di cuenta completamente de que era bisexual hasta que llevé varios años de relación con mi esposo. Las chicas lindas me ponen muy nerviosa porque nunca tuve la oportunidad de tener experiencia coqueteando con mujeres.
No acepté mi bisexualidad hasta los veintitantos y ya llevaba algunos años en una relación con un hombre. Lo que, por supuesto, me generó muchas dudas y sentimientos encontrados durante muchos años más.
¡Me identifico con el hecho de sentirme inadecuado! Soy lo suficientemente bueno para una mujer, pero no para un hombre. Luego me digo cosas como ‘una relación hetero hace que tener hijos sea más fácil’ y ‘salir con hombres de vez en cuando funciona bastante bien, así que no es necesario buscar más’.
Soy bi, pero si empiezas a desglosarlo hasta el meollo de la cuestión, probablemente me describirían como un homosexual heteroromántico.
Negué ser gay hasta hace poco porque en mi niñez me enseñaron que era vergonzoso ser gay. Sentí que estar con una mujer siempre fue una opción más válida en mi mente. Estoy deshaciendo todas esas creencias, pero eso es después de haber estado en una relación amorosa con una mujer durante los últimos seis años.
Soy un hombre bisexual, me gustan las mujeres masculinas, los hombres afeminados y las personas no binarias. Básicamente, cualquiera que desafíe las normas de género (según mi psicóloga). También vivo en un área muy rural y hay muchas más mujeres de mi tipo que hombres de mi tipo.

¿Por qué ocurren situaciones como éstas?

Para muchos, estar en una relación heterosexual es equivalente a alejarse del estigma, la vergüenza y el sufrimiento, es estar más cercano al paradigma de la ‘normalidad’, el cual inherentemente conlleva privilegios, como tener una familia, sentirse seguro caminando por la calle de la mano de la pareja y no tener dificultades con presentársela a otras personas. Otras personas gays o bisexuales entran en relaciones heterosexuales por razones religiosas, por guardar las apariencias, por presiones familiares, por problemas de autoaceptación o por la ignorancia o confusión referente a la propia orientación sexual.

Las parejas de sexualidad mixta o de orientación sexual mixta se han definido como cualquier pareja casada heterosexualmente en donde uno de los cónyuges experimenta una atracción significativa hacia personas de el mismo sexo. En tales parejas, el cónyuge de minoría sexual puede o no identificarse como lesbiana, gay o bisexual en su orientación, mientras que el otro cónyuge probablemente se identifica como heterosexual. Es imposible determinar la tasa exacta de la prevalencia de esta situación en Puerto Rico, sin embargo, se estima que en Estados Unidos en la actualidad un aproximado de 2 millones de personas lesbianas, gays o bisexuales estuvieron casadas en relaciones heterosexuales en el pasado. De esta cifra, un 42% de los hombres autoidentificados como homosexuales y bisexuales informaron haber estado casados heterosexualmente en algún momento. Otro estudio reciente sobre sexualidad entre los adultos encontró que actualmente el 0,4% de los hombres casados, el 0,5% de los hombres que cohabitan y el 1,5% de los hombres que han estado casados, todos en relaciones consideradas heterosexuales, se identificaron como bisexuales o gays. Entre las mujeres del mismo estudio, el 2,1% de las casadas, el 6,2% de las que cohabitan y el 3,8% de las mujeres que estuvieron casadas, todas en relaciones consideradas heterosexuales, se identificaron como bisexuales o lesbianas. En conjunto, los datos disponibles sugieren que hay un número considerable de parejas de sexualidad mixta en la población adulta de Estados Unidos.

Las parejas de sexualidad mixta enfrentan desafíos únicos, que incluyen el navegar o explorar su identidad sexual dentro de la relación, posible actividad sexual extramatrimonial y cómo lidiar con la presión negativa de la familia y las personas externas. Es comprensible que estos desafíos puedan, en última instancia, afectar la relación.

En general, la investigación científica disponible sugiere que la mayoría de las parejas de sexualidad mixta experimenta una baja satisfacción en la relación y, en última instancia, no logran mantenerla a largo plazo. A las parejas que han podido permanecer juntas luego de haber habido una admisión o confesión por parte de uno de los cónyuges de su atracción hacia personas de su mismo sexo se les denomina como «parejas resilientes». Estas parejas resilientes a menudo informan que tienen una relación muy satisfactoria y estable y sus niveles de satisfacción y estabilidad en la relación son similares a las de los de los matrimonios heterosexuales en general.

Factores protectores relacionados con las parejas resilientes

Ciertas variables pueden ser fundamentales para ayudar a las parejas a mantener su relación estable bajo estas circunstancias. Algunos de estos factores son similares a los que se presentan entre las parejas exitosas en general, independientemente de la orientación sexual del cónyuge: comunicación de buena calidad, cohesión y el compromiso con la relación. Por ejemplo, múltiples estudios científicos han sugerido que las parejas de sexualidad mixta que deciden mantener su relación comúnmente eligen hacerlo porque aman y están fuertemente comprometidas con su cónyuge y su familia. Otro factor que se ha identificado como útil es la capacidad de la pareja para ser flexible y renegociar las reglas, significados y expectativas de su relación.

Sin embargo, los factores que aparecen a continuación son fuertemente relevantes si se desea sobrellevar con éxito los desafíos que representan las relaciones de sexualidad mixta:

El perdón.  En cualquier relación el perdón puede desempeñar un papel importante para ayudar a las parejas a superar los dolores y dificultades que inevitablemente surgirán. El perdón en las relaciones de pareja se ha estudiado ampliamente y se ha descubierto que está asociado con una serie de factores. Por ejemplo, el perdón es un predictor de satisfacción y adaptación conyugal. Teniendo en cuenta los desafíos únicos que enfrentan las parejas de sexualidad mixta, es posible que los mecanismos de reparación, como el perdón, desempeñen un papel central en estas relaciones. Por ejemplo, luego de surgir una confesión por parte de uno de los cónyuges de atracción hacia personas de su mismo sexo, puede haber sentimientos de engaño, traición o violación de la confianza, y es posible que ambos cónyuges deban pasar por una etapa de autoexploración de las emociones antes de poder tomar decisiones con respecto a seguir adelante.

Valores maritales.  Otro factor que podría contribuir a la calidad de la relación en casos de sexualidad mixta son los valores maritales, en particular, el grado en que cada cónyuge tiene una orientación individualista versus colectivista. Las características de una relación con orientación individualista son: (a) el individuo –no la pareja– es la unidad principal y el foco de la relación, (b) la autorrealización del individuo es el objetivo de la relación y la forma en que las relaciones mejoran, (c) se enfatiza el compromiso y el acuerdo mutuo, y (d) recursos como la terapia psicológica se utilizan con frecuencia para restaurar la relación cuando hay dificultades. En contraste, una relación colectivista se distingue por: (a) la relación en sí misma se considera la prioridad, (b) se espera el sacrificio individual por el bien de la relación, (c) el compromiso mutuo y las decisiones ‘democráticas’ son de importancia clave, y (d) los recursos espirituales –o religiosos– se utilizan a menudo para superar las dificultades martitales.

Dicho de otra manera, en la perspectiva individualista, el bienestar y la satisfacción de cada cónyuge es la prioridad, mientras que en las relaciones colectivistas los intereses individuales de los cónyuges son secundarios a los intereses de la relación en su conjunto. En las relaciones colectivistas los individuos están dispuestos a sacrificar sus propias necesidades, expectativas y deseos personales por el bien de la relación. Es de destacar que aquellos cónyuges que tienen valores colectivistas tienen niveles más altos de compromiso, disposición al sacrificio y ajuste positivo de la relación. Así las cosas, el grado de «disposición al sacrificio» tiene un efecto positivo en una relación de sexualidad mixta.

Compromiso.  Comúnmente se entiende que una de las piedras angulares de cualquier relación íntima es el compromiso. Se ha definido el compromiso relacional como «el grado en que un individuo trabaja y experimenta una orientación a largo plazo hacia una relación, incluido el deseo de mantener la misma para bien o para mal». La relación entre compromiso y satisfacción en la relación parece ser similar para las parejas de sexualidad mixta, ya que el primero, como predictor de la calidad de la relación, es un factor importante para mantener la estabilidad de la misma.

Conclusión

Una relación de sexualidad mixta es aquella en el que uno de los cónyuges es heterosexual mientras que el otro cónyuge del sexo opuesto se siente atraído por personas de su mismo sexo. La historia ha visto muchas relaciones de este tipo terminar en mucho dolor y confusión, especialmente si hay niños y niñas involucrados. Dado su potencial destructivo, las relaciones de sexualidad mixta rara vez se consideran una opción para quienes que se sienten atraídos por personas de su mismo sexo. Como psicólogo de parejas, he visto muchos de estos casos a través de los años. Muchas relaciones se han disuelto porque uno de los cónyuges no fue franco y honesto con el otro acerca de su sexualidad. Cuando se rompe la confianza, muchas veces es imposible restablecer una buena comunicación. Este tipo de relación tal vez no será adecuado para muchos, pero puede que lo sea para algunos. Una orientación no heterosexual dentro de una relación considerada heterosexual puede hacer que las cosas sean algo más desafiantes, sin embargo, siempre y cuando el individuo atraído por el mismo sexo sea honesto, y realmente ame y esté comprometido con su pareja del sexo opuesto, y ninguno espere que el matrimonio sea una especie de ‘solución milagrosa’, tal vez tengan una oportunidad.

La infidelidad, ¿qué es y por qué ocurre? | Parte II

La infidelidad a menudo resulta en un daño emocional profundo y es una violación de un acuerdo previo hecho entre la pareja con respecto a su exclusividad sexual y/o emocional. La infidelidad resulta porque uno de los cónyuges no está informado ni consiente en la relación extramarital. Lo que determina si una persona ha sido infiel o no depende de si se han respetado los acuerdos de exclusividad predeterminados, y no necesariamente de si la relación es monógama o no monógama.

¿Por qué las personas son infieles?

Este artículo sobre la monogamia puede ofrecer algunas respuestas. Según una investigación realizada por General Social Survey, los hombres tienen más probabilidades de ser infieles que las mujeres: el 20% de los hombres y el 13% de las mujeres, según esta encuesta, afirman haber tenido relaciones sexuales con alguien que no es su pareja en la relación primaria. Existe una escuela de pensamiento en psicología que dice que si una mujer es infiel es más probable que sea una señal del fin de su relación primaria opuesto a cuando es el hombre el que lleva a cabo la conducta. Y, de hecho, este puede ser un dato certero puesto que hombres y mujeres tienden a pensar y sentir de manera diferente sobre el sexo y las relaciones en general.

En general, los hombres tienen más probabilidades que las mujeres de poder compartimentar o aislar el sexo de las conexiones íntimas. Para muchos hombres, el sexo es sólo sexo y las relaciones son las relaciones, y ambas no necesariamente se superponen. Por lo tanto, un hombre que es infiel casualmente puede hacerlo sin sentir un grado significativo de conexión emocional con una amante, mientras que una mujer que es infiel podría ver las cosas de manera diferente, esto es, el sexo y la conexión emocional entremezclados, de manera que para ellas la compartimentación es más difícil.

Dicho de otra manera, cuando las mujeres son infieles, generalmente hay un elemento de déficit en su relación principal, también hay un elemento de romance, intimidad, conexión o amor con otra persona. Los hombres, por otro lado, son más propensos a ser infieles para satisfacer sus impulsos o urgencias sexuales, con menos pensamientos de intimidad. Por supuesto, algunos hombres son infieles porque sienten amor además de atracción sexual por una persona externa a la relación primaria, pero éste no es el caso de muchos otros: para ellos, la infidelidad puede ser una acción oportunista, principalmente sexual, que, en sus mentes, no afecta su relación primaria. De hecho, cuando se les pregunta, muchos de estos hombres dirán que son muy felices en su relación primaria, que aman a su pareja, que su vida sexual es estupenda y que, a pesar de haber sido infieles, no tienen intención de poner fin a su relación.

Por lo general, los hombres no necesitan estar enamorados para disfrutar del sexo. De hecho, ni siquiera necesitan que les guste mucho la persona; sólo tienen que estar sexualmente excitados. Mientras que para las mujeres el panorama es distinto. Generalmente, es más difícil que una mujer se interese sólo en el sexo porque lo que éstas principalmente buscan es una voz profunda, grandes bíceps, mirada y gesticulaciones rudas, sentido del humor, un chico que les escuche y que tenga el deseo de tener hijos y de formar un hogar juntos. Lo más probable es que esto sea el producto de miles de años de evolución.

Es menos probable que las mujeres actúen como lo hacen los hombres en materia de sexualidad y de aventuras sexuales extramaritales. Para la mayoría de las mujeres, un sentido de intimidad es tan importante como el sexo; muchas veces más importante. Como tal, las mujeres tienden a no ser infieles a menos que sientan una profunda infelicidad en su relación primaria o una conexión íntima fuerte con su pareja extracurricular, y cualquiera de estas dos cosas podría hacer que una mujer abandone su relación.

Consecuencias de la infidelidad

La infidelidad es uno de los temas más estudiados en psicología y está asociada con consecuencias negativas para las relaciones, y la salud mental y física individuales. Múltiples estudios han encontrado que la infidelidad es un predictor importante e independiente del divorcio y la disolución de la relación. La infidelidad también se ha asociado con conflictos y desconfianza en las relaciones de pareja y con una disminución progresiva de la felicidad conyugal. Los terapeutas de pareja han calificado la infidelidad como el tercer problema más difícil para las parejas en terapia, así como el segundo problema más dañino para las relaciones de pareja, sólo detrás del abuso físico.

La infidelidad también se ha asociado con consecuencias psicológicas para los cónyuges individualmente. El descubrimiento de la infidelidad del marido o el inicio de la separación matrimonial por este motivo se asocia con un mayor riesgo de episodios depresivos mayores en las mujeres, problemas de confianza, baja autoestima, ansiedad, ira extrema, inseguridad, sensación de traición, rabia, trastorno de estrés postraumático y dificultad para formar vínculos afectivos en relaciones subsiguientes. La infidelidad está también asociada a trastornos del sueño, trastornos de la alimentación, pérdida de energía, estrés crónico y dolores de cabeza.

Por otro lado, la actividad sexual extramarital se asocia con bajas tasas de uso de condones: sólo entre el 8% y el 12% de las personas que mantienen relaciones sexuales extramatrimoniales son usuarios constantes de condones. Las personas que participan en relaciones sexuales extradiádicas tienen menos probabilidades de adoptar conductas protectoras de salud sexual tanto en sus relaciones sexuales primarias como extradiádicas, en comparación con las personas abiertamente no monógamas. La participación sexual extradiádica también se ha relacionado con una menor probabilidad de realizarse pruebas de enfermedades de transmisión sexual y de sostener discusiones sobre sexo seguro con nuevas parejas sexuales, lo que sugiere que la infidelidad se asocia con mayores conductas sexuales de riesgo más allá de las asociadas con tener múltiples parejas sexuales concurrentes. Hoy en día que los hombres informan involucrarse más que las mujeres en actividades sexuales extradiáticas, combinado con el bajo uso en el uso del condón y la pobre realización de pruebas médicas de enfermedades de transmisión sexual, el potencial de infectar a múltiples mujeres al mismo tiempo, incluyendo a la pareja primaria, es mucho mayor. Esta podría ser la razón por la cual las estadísticas con frecuencia reflejan un mayor número de contagios en mujeres producto de las enfermedades de transmisión sexual.

Recomendaciones

Descubrir la infidelidad de una pareja puede suponer un gran golpe. Es natural sentir emociones intensas o confusas. Algunas personas optan por hablar con un terapeuta sobre estos sentimientos. La terapia individual puede ayudar a alguien que se ha visto afectado por la infidelidad. La terapia también puede ayudar a explicar la respuesta de una persona a la aventura sexual de su pareja. De igual forma, puede centrarse en perdonar, dejar ir o seguir adelante fuera de la relación. Hay muchas maneras de manejar los sentimientos que conlleva la infidelidad. Un terapeuta puede ayudarle a analizar sus opciones.

Aquí algunas otras recomendaciones:

  • Resiste la tentación de confrontar a la tercera persona. Desconociendo lo que llevó a esta tercera persona a involucrarse en la situación, está de más decir que lo que hizo o está haciendo probablemente es moralmente inaceptable. Es importante indicar que este tipo de confrontación puede desembocar en violencia y problemas legales. Ahora bien, debes estar consciente de que esta persona no te debe nada. Esta persona no es tu amiga (¡en la mayoría de los casos!), prima, hermana o hija y, por lo tanto, NO te debe lealtad. En cambio, todo lo que harías al confrontarla es darle poder y tú no quieres hacer eso. Con no reconocer su existencia te proyectas como la persona que eres, la de mayor grandeza en esta situación. Si alguien debe ser confrontada es tu pareja. Está persona fue la que se comprometió contigo a una exclusividad sexual y, por lo tanto, es quien te debe lealtad.
  • Resiste la tentación de conocer los detalles sexuales. Interrogar a tu pareja sobre lo que le hizo a la otra persona sexualmente o lo que la otra persona le hizo a él no ayudará a que te sientas mejor, y sólo lograrás revisitar el trauma una y otra vez.
  • Aborda el problema. Aquí es cuando comienza el verdadero trabajo. Los cónyuges pueden comenzar a trabajar en los problemas que llevaron a la aventura sexual. Habrá altibajos en este proceso. La culpa de uno y la ira de otra pueden mezclarse con el anhelo de que la relación sea como antes. Pero no va a ser como antes. Las parejas pueden beneficiarse si perseveran en esta fase. A menudo son capaces de abordar los problemas desde la raíz de su descontento.
  • Sé paciente. Si tuviste una aventura, ten paciencia con las reacciones de tu pareja, las cuales serán impredecibles e inconsistentes por un tiempo relativamente prolongado. Recuerda que cada persona sana y supera los traumas a su propio tiempo.
  • Sé responsable. Si tuviste una aventura, tu pareja puede tener emociones fuertes, incluida la ira. Evita culpar a tu pareja por tus acciones. No minimices el impacto de tus acciones, de las cuales eres únicamente tú el o la responsable.
  • No decidas de inmediato. Antes de elegir continuar o terminar una relación, tómate el tiempo para sanar, poner en orden tus emociones y comprender qué había detrás de la aventura sexual.
  • Pide perdón y perdona. Esto debe suceder si una pareja desea reconstruir su relación. La persona que tuvo una aventura debe pedir perdón de forma sincera sin justificar sus acciones. La persona que fue engañada debe en algún punto del camino perdonar en términos sólidos. Este proceso no se puede apresurar, pero es necesario para reconstruir una relación.
  • Restaura la confianza. Realiza un plan para restaurar la confianza que pueda conducir a la reconciliación. Esta es una labor de ambos cónyuges. Si eres la persona que fue engañada, exprésale a tu pareja cuáles son tus necesidades que te ayudarán a volver a confiar. Acuerden un cronograma y un proceso para lograrlo.
  • Sigan adelante de forma saludable. De no ser posible la reconciliación, acuerden una disolución en buenos términos, y propónganse la sanación personal. Recurran a la ayuda psicológica profesional de ser necesario.

Conclusión

Como psicólogo, he encontrado que la infidelidad tal vez sea una de las razones más traumáticas que trae a las parejas al consultorio. La infidelidad es un fenómeno difícil de definir puesto que tiene unas implicaciones evolutivas y de género que son de consideración. La definición de infidelidad varía de persona en persona y las parejas comúnmente nunca han hecho el ejercicio de adoptar una definición que funcione para ambos y que sirva como estándar en su relación. Pareciera ser, tal vez, por las implicaciones religiosas que tiene el concepto, que existe la percepción general de que infidelidad significa lo mismo para todo el mundo.

Los hombres tienden a tener menos necesidad de protegerse contra los peligros del sexo casual por parte de sus parejas, por lo que no han desarrollado este detective interior; detective que las mujeres sí han desarrollado y perfeccionado con el tiempo. Los hombres a veces son infieles sólo por tener sexo, incluso cuando están perfectamente felices con su relación primaria. Esta es la razón por la que una relación dañada por la infidelidad de un hombre podría tener más probabilidades de sobrevivir después de que se descubre el acto, a diferencia de cuando es la mujer la que ha sido infiel. Los hombres pueden ser infieles, y de hecho lo son con frecuencia, en una buena relación, y vale la pena salvar las buenas relaciones. Mientras tanto, es más probable que las mujeres sean infieles cuando su relación primaria no va bien, y ese tipo de situación ya problemática de por sí podría no valer el dolor y el esfuerzo necesarios para reconstruir la confianza en la relación, la intimidad emocional y la armonía a largo plazo.