El hastío en las relaciones de pareja, ¿qué es y cómo sobrellevarlo?

Cuando el estrés en una relación se vuelve tan crónico que resulta en extremo agotamiento. Cuando empiezas a pensar que todo lo que dice y hace tu pareja es molesto. Cuando tu relación con tu pareja, antes apasionada y amorosa, ahora se siente más como una carga muy pesada. Cuando los fuegos artificiales iniciales se han desvanecido y ya la llama no enciende. Cuando hay un ciclo interminable de desacuerdos y discusiones. Cuando estás emocionalmente tan agotado que hasta las disputas más pequeñas pueden convertirse en confrontaciones acaloradas. Cuando ya no deseas pasar tiempo con tu pareja o si las actividades que alguna vez fueron divertidas ahora te dejan con la sensación de que estás corriendo sin combustible, como un auto sin gasolina que trata de llegar a la siguiente parada de descanso. Si así son las cosas, entonces podrías concluir que el hastío, el tedio, la fatiga o el agotamiento emocional ha llegado a tu relación.

¿Por qué sobreviene el tedio o el hastío en las relaciones?

El hastío, sobre todo cuando aparece durante el noviazgo, podría ser indicativo de una relación que tal vez nunca debió haber comenzado, sin embargo, esto no siempre es contrario a estar enamorado. Los cónyuges podrían estar muy enamorados y al mismo tiempo poseer características de personalidad mutuamente excluyentes, lo que a la corta o a la larga conducirá al hastío en la relación. En la mayoría de los casos el hastío se refiere a un marcado deterioro en la relación o que la relación ha alcanzado la etapa de madurez arrastrando déficits de consideración: por ejemplo, con frecuencia los terapeutas vemos casos de parejas con una vida sexual raquítica, que trabajan todo el día juntos en negocios familiares y luego llegan a sus casas sin darse la oportunidad de tener tiempo a solas de forma individual, de cónyuges que duermen con sus hijos en el lecho matrimonial o que nunca, desde que se convirtieron en padres y madres, han tenido una cita romántica a solas. Es incierto saber cuándo el fenómeno del hastío va a llegar, pero muchos conocedores del tema están convencidos de que tarde o temprano éste alcanzará a todas las relaciones de pareja. Experimentar el hastío en una relación no significa necesariamente que ésta deba llegar a su fin. Cuando dos personas están comprometidas entre sí, existen varios métodos que pueden utilizar que ayudan a devolverle vida a su relación.

El comienzo de una relación romántica típica suele estar lleno de acontecimientos maravillosos y recuerdos encantadores. Sin embargo, muchas razones pueden hacer que una relación aparentemente perfecta se torne tóxica y poco saludable. A medida que pasa el tiempo, muchas relaciones se convierten en emocionalmente agotadoras. El «agotamiento emocional» en una relación describe un estado en el que un cónyuge gasta una cantidad significativa de energía mental y emocional, a menudo debido a estrés prolongado, ansiedad o experiencias emocionales negativas. Esto conduce al hastío y la infelicidad, ya que se agotan los recursos personales necesarios para afrontar la situación. Superar esto requiere apoyo, cuidado personal y cultivar experiencias emocionales positivas.

Aspectos a considerar

Considera si estás experimentando algunas de las siguientes situaciones:

  • Irritabilidad. Este puede ser el signo más importante del hastío. Piensa en esto como el punto de quiebre cuando empiezas a pensar que todo lo que tu pareja dice y hace es molesto.
  • Discusiones continuas. Es cuando de repente encuentras que prácticamente no tienes nada en común con tu pareja o que no hay nada en lo que puedan estar de acuerdo.
  • Cese de la comunicación. Sin duda, es una señal fuerte de hastío si no expresas tus sentimientos y dejas de comunicar lo que piensas, y esperas que tu pareja lo descubra por sí solo.
  • Hablar mal de tu pareja. Aquí es cuando empiezas a hablar mal de tu pareja con cualquiera que te escuche. Es particularmente importante tener esto en cuenta si no es algo que hagas habitualmente.
  • Sentirte desconectado de su pareja. Una persona que experimenta hastío en una relación puede comenzar a sentirse desconectada emocionalmente de su pareja. Las actividades mutuas que solían disfrutar juntos de repente se vuelven aburridas, irritantes o estresantes.
  • Desinterés en tener relaciones sexuales con tu pareja. Para muchas parejas, el sexo es una parte importante de su relación. Cuando una persona pierde interés en la intimidad sexual con su pareja, su comportamiento podría ser indicativo de un problema mayor. Por supuesto, la frecuencia de las relaciones sexuales en una relación depende de varios factores, incluidas las diferencias en libidos y horarios. Sin embargo, cuando una persona se da cuenta de que evita el sexo o siente repulsión por su pareja, puede estar al borde del hastío.
  • Sentirte más negativo o cínico con respecto a tu pareja. Cuando comienza el hastío o el tedio en la relación, uno puede encontrarse anticipando lo peor de la pareja y verlo desde una perspectiva negativa.
  • Temer pasar tiempo con tu pareja. Si una persona se agita ante la idea de pasar tiempo con su pareja, esto es un signo reconocible de hastío en la relación.
  • Distraerse fácilmente durante las interacciones con la pareja. Uno de los signos distintivos del hastío es distraerse con facilidad mientras se está en compañía de la pareja. En este punto alguien puede notar que ya no está interesado en lo que dice su pareja o que se desconecta por completo durante las conversaciones.
  • La relación genera más estrés que apoyo. Cuando la relación comienza a sentirse más estresante que solidaria, esto puede ser una señal de que la relación está en problemas.
  • Fantasear con la idea de salir de la relación. Cuando una persona comienza a soñar despierta con terminar su relación o buscar una «salida» fácil, obviamente hay motivos de preocupación. Una persona puede descubrir que ya no tiene la energía para trabajar su relación y, por lo tanto, es posible que encuentre alivio con la idea de irse o salir de ella.
  • El humor abandona la relación. La risa, el humor y la diversión son fundamentales en las relaciones de pareja; contribuyen al bienestar mental de las personas y promueven una relación más íntima. Las parejas que ya no disfrutan del humor entre ellas pueden correr el riesgo de agotarse, ya que pueden chocar con una frecuencia mayor que la que crean vínculos.
  • Agotamiento emocional. Cuando una persona llega al hastío, está más que agotada. En este punto ya los cónyuges han invertido gran cantidad de tiempo discutiendo, preocupándose e invirtiendo energía en reparar la relación. Dedicar tanto esfuerzo sin obtener resultados puede resultar difícil. Estar agotado emocionalmente puede esencialmente drenar cualquier esperanza de reparación de una relación.
  • Atracción por otras personas. Cuando alguien comienza a sentir atracción por los demás y permite que esto interfiera con su relación, esto puede ser un síntoma de hastío.

Recomendaciones

Aquí hay quince recomendaciones que, como terapeuta de parejas, he encontrado que pueden ayudar en situaciones de hastío en la relación:

  • Recuerda los buenos momentos. Tu situación actual podría condicionarte a resentir a tu pareja, a ti mismo o a la relación. Sin embargo, si recuerdas y ves cómo comenzaron tú y su pareja, es posible que puedan recrear una relación amorosa similar a sus inicios.
  • Sé curiosa. Es poco probable que la persona con la que estás ahora sea la misma que conociste en los inicios de la relación. Volver a sentir curiosidad el uno por el otro y hacer preguntas nuevas, o sea, volver a conocerse íntimamente, tiene el potencial no sólo de acercarlos emocionalmente, sino también de ayudarlos a descubrir por qué sus mecanismos para lidiar con los vaivenes de la relación se vieron tan afectados al punto de llegar al agotamiento crónico.
  • Presta atención a la conexión. Vuelve a hacer del tiempo de calidad con tu pareja una prioridad y, cuando estén juntos, intenta estar mentalmente presente para que la conexión y la intimidad puedan volver a crecer.
  • Limita el pasar demasiado tiempo juntos. En una relación, querer pasar tiempo con tu pareja es natural. Después de todo, pasar tiempo de calidad con la pareja es una de las mejores maneras de fortalecer el vínculo y viabilizar la conexión. Sin embargo, pasar demasiado tiempo con tu pareja puede tener el efecto contrario. Puede provocar sentimientos de poca estimulación, asfixia, resentimiento y aburrimiento.
  • Sé honesto acerca de tus necesidades. Expresar las necesidades emocionales y físicas en una relación es fundamental. Ser honesto acerca de cómo te sientes y cuáles son tus expectativas permitirá generar confianza y fomentar la comunicación franca. Si bien puede ser más fácil pasar por alto las emociones no deseadas, compartirlas con tu pareja puede ayudar a garantizar que no haya «rencor» entre ustedes que eventualmente pueda afectar tu relación.
  • Reserven tiempo para estar juntos. Una persona puede desconectarse fácilmente de su pareja cuando no hace de su relación una prioridad. Antes de renunciar a tu relación, intenta comprometerte a pasar más tiempo con tu pareja a solas. Intenta planificar citas nocturnas, hacer compras juntos o dedicar tiempo al día para simplemente besarse y reconectar.
  • Aprendan el lenguaje del amor mutuo. Las parejas que tienen diferentes lenguajes del amor pueden tener dificultades en lo que respecta a una comunicación eficaz. Comprender el lenguaje del amor de cada uno puede ayudar a restablecer la conexión en la pareja.
  • Tómate un descanso. A veces, tomarse un descanso el uno del otro puede resultar beneficioso. Pasar demasiado tiempo con una pareja puede hacer que una persona se sienta claustrofóbica dentro de una relación. Para algunos, la independencia es una parte crucial de su identidad propia y puede perderse fácilmente en una relación romántica asfixiante. Permitirse un tiempo personal para la autorreflexión y la relajación puede ayudarles a rejuvenecer la energía emocional perdida.
  • Muestra gratitud. Concentrarse sólo en los aspectos negativos de una relación no es saludable. Cuando alguien adquiere el hábito de hacerlo, puede enfocarse demasiado en cuestiones y problemas triviales. Podría ser constructivo restructurar tu perspectiva hacia una que celebre los aspectos positivos a medida que estos surjan. Expresar gratitud por las pequeñas cosas positivas que hace tu pareja puede ayudarte a ver que, después de todo, tu relación vale la pena.
  • Dale a tu pareja el beneficio de la duda. Asumir siempre que las acciones y palabras de tu pareja tienen la intención de dañarte solo conducirá a una mayor angustia. Recuerda las cosas buenas que él o ella ha hecho por ti y por la relación.
  • Deja de lado las críticas. No es necesario que le digas el 99 porciento de las cosas críticas que quieres decirle a tu pareja. Ya las has dicho alguna vez. No hará nada para mejorar tu relación, incluso en casos donde tienes toda la razón.
  • Busca otras amistades y actividades extracurriculares. En lugar de cargar a tu cónyuge con la tarea de satisfacer todas sus necesidades, trata de expandir tu red de apoyo y de intereses externos a la relación; practica algún deporte, encuentra algún pasatiempo. Asimismo, dale a tu pareja espacio para tener amistades externas.
  • Practica el autocuidado. El agotamiento afecta todos los aspectos de tu vida, no sólo tu relación. El estrés crónico puede hacer que te sientas completamente agotado y derrotado. Por esta razón, practicar el autocuidado es sumamente importante. Prioriza mantener una rutina saludable de sueño, ejercicio y dieta para limitar los factores estresantes excesivos. El cuidado personal no es egoísmo; es una responsabilidad que te debes a ti mismo. Esto te permitirá ser tu mejor yo y, como consecuencia, un mejor cónyuge.
  • Asistan a terapia. La terapia de pareja puede ayudarlos a mejorar la comunicación, a reconectarse y a reconocer los valores compartidos. No debes esperar hasta que tu relación esté en serios problemas para buscar ayuda. La terapia de pareja puede ser beneficiosa, pero es mucho más efectiva cuando se implementa en las primeras etapas del conflicto.
  • Cuándo terminar la relación. Lamentablemente, algunas relaciones no están destinadas a resistir el paso del tiempo. Cuando las parejas se dan cuenta de que están atrapadas en un ciclo interminable de discusiones y agotamiento, puede que sea el momento de separarse amistosamente. Ciertas diferencias no siempre pueden pasarse por alto, y si la relación te causa angustia e infelicidad, podrías considerar cortar los lazos. Las relaciones tóxicas a menudo conducen a una mayor agitación emocional, por lo que a veces seguir adelante por caminos distintos es la única opción saludable.

Conclusión

El hastío no aparece de la noche a la mañana. Ocurre como resultado de períodos prolongados de estrés emocional y tensión dentro de una relación. Una persona puede notar que todo esto comienza por temer pasar tiempo o interactuar con su pareja a solas, seguido por buscar cualquier excusa para evitar tener que compartir momentos íntimos con ésta. Con el tiempo, esta culminación de la infelicidad puede hacer que una persona colapse y pierda la energía para mantener la armonía en su relación. Por lo tanto, el hastío en una relación puede parecer debilitante en ocasiones y puede tener un impacto grave en las personas que participan en la relación. Es importante reconocer los signos del hastío en las relaciones y abordarlos responsablemente lo antes posible.

Las relaciones de pareja sin actividad sexual, ¿qué son y cómo sobrellevarlas?

Las parejas pueden dejar de tener sexo por la elección de uno o ambos cónyuges o debido a circunstancias ajenas a su control, como por ejemplo, la distancia física o alguna condición de salud. No es ningún secreto que las relaciones de pareja tienden a perder lustre con el tiempo. Uno o ambos miembros de la pareja pueden tener un deseo sexual bajo y optar por no tener relaciones sexuales con mucha frecuencia o incluso no tenerlas. Otras veces la vida se interpone en el camino: la actividad sexual de una pareja puede verse interrumpida por un embarazo o un nuevo bebé, una carga de trabajo exigente, problemas de salud, orientaciones sexuales mixtas, falta de atracción física, falta de amor o deseo, incompatibilidad en preferencias sexuales, o envejecimiento en general.

Ante esta situación, ¿qué dicen los números? En un estudio publicado en 2018 en Archives of Sexual Behavior, los investigadores encuestaron a casi 18,000 adultos estadounidenses y descubrieron que poco más del 15 porciento de las personas casadas no había tenido relaciones sexuales el año anterior. Es más, el 13,5 porciento no las había tenido en cinco años. Esas cifras tienden a aumentar a medida que la gente envejece. Otro estudio publicado en mayo de 2019 en el Journal of Gerontology encuestó a 1,900 adultos casados de entre 57 y 85 años y encontró que el 40 porciento no había tenido relaciones sexuales el año anterior. Pero estos números, inclusive, pueden que estén lejos de la realidad. A menudo es tabú hablar de sexo o vergonzoso admitir ante los demás que uno está en una relación sin actividad sexual. En mi práctica como psicólogo, de las parejas con las que trabajo en terapia, alrededor del 50 porciento está en relaciones sin actividad sexual.

Ser negligente con las necesidades sexuales de tu pareja puede constituir abuso.

La intimidad sexual es necesaria en toda relación de pareja romántica. El sexo es una necesidad humana. El sexo y la pasión sexual son los elementos principales que determinan la diferencia entre una pareja romántica y una pareja de meros compañeros. Existe una responsabilidad sexual en la relación. Ser negligente con las necesidades sexuales de tu pareja puede constituir abuso. De hecho, el sexo es una de las principales razones por la que las personas eligen tener una relación de pareja. Tener intimidad sexual en una relación es bueno para el vínculo emocional y excelente para la salud y el bienestar físico y psicológico. Dado que el sexo es una forma de actividad física, puede quemar alrededor de 150 calorías por hora. Por lo tanto, una vida sexual saludable puede tener beneficios protectores para el corazón. Un estudio publicado en julio de 2019 en The American Journal of Medicine encontró que los sobrevivientes de ataques cardíacos que tenían relaciones sexuales más de una vez a la semana tenían un 27 porciento menos de probabilidades de morir durante las siguientes dos décadas en comparación con aquellos que no tuvieron relaciones sexuales en absoluto. Investigaciones anteriores demostraron que tener relaciones sexuales dos veces por semana se asociaba con un menor riesgo de enfermedad cardiovascular en los hombres. La oxitocina, las endorfinas y la dopamina liberadas durante las relaciones sexuales también pueden ayudar a aliviar el estrés y promover un mejor sueño.

Igualmente importante que los beneficios físicos de la intimidad y la gratificación sexual es la recompensa psicológica y emocional. El sexo sano y satisfactorio ayuda a forjar un fuerte vínculo emocional en una relación. Y los beneficios de esa cercanía van mucho más allá del dormitorio. Saber que eres deseado y aceptado te ayuda a sentirte bonita/o, atractiva/o, valioso, seguro de ti y aumenta tu sensación general de bienestar. Por otro lado, el sexo no es sólo una cuestión de “conectarse” con otro cuerpo sino de conectarse y comunicarse con el cuerpo y el alma de otra persona.

El sexo sano y satisfactorio tampoco siempre se trata de una penetración o un orgasmo. La gente pasa por alto el aspecto placentero del sexo. Hay una satisfacción que proviene de sesiones ténues en las que puedes simplemente tocar y explorar. Tener ese tipo de variabilidad y cambiar la rutina es una parte importante del sexo satisfactorio.

A pesar de esto, muchas parejas eligen no tener sexo en sus relaciones de pareja. Veamos algunas de las razones. Comenzamos por definir eso de “pareja sin actividad sexual”. Si bien no existe una definición científica de una relación de pareja «sin actividad sexual» dado que la definición de sexualidad es una sumamente abarcadora, generalmente se considera que esto ocurre cuando una pareja no ha tenido intimidad sexual durante al menos seis meses. Algunos teorizantes afirman que luego de ocho meses de una pareja haber escogido voluntariamente no tener actividad sexual, le será prácticamente imposible reincorporar esta práctica en la relación.

Falta de conexión emocional, impulsos sexuales desiguales, resentimiento, infidelidad, una relación tóxica, niveles elevados de estrés, miedo al embarazo, baja autoestima, depresión, ansiedad, preocupaciones, trauma sexual, disfunción sexual, falta de alegría y placer, egoísmo por parte de uno de los cónyuges, la eyaculación prematura y la falta de variedad pueden provocar inapetencia sexual o aburrimiento entre las sábanas, y todo ello influye en una disminución del deseo sexual.

¿Qué se puede hacer?

  • Si estás en una relación sin sexo y quieres que esto cambie, lo primero que debes preguntarte es: ¿están tú y tu pareja contentos con no tener relaciones sexuales? Si la contestación es “no”, entonces lee los siguientes apartados.
  • Si estás en una relación sin sexo y quieres que esto cambie, los expertos enfatizan la importancia de una comunicación honesta. Muy a menudo, puede surgir presión cuando una pareja se siente incomprendida sobre lo que le ha llevado a experimentar una disminución en el deseo sexual.
  • Si estás en una relación sin sexo y quieres que esto cambie, es importante explorar lo que tu deseo sexual (o la falta de él) dice sobre tu salud física. A veces puede ser necesaria una visita a tu médico para un examen físico. Por supuesto, tienes derecho a decidir si quieres tener relaciones sexuales o no, pero te debes a ti mismo y a tu pareja explorar las razones por las que te sientes así, ya que tener una vida sexual saludable tiene muchos beneficios en lo personal y en el contexto de una relación.
  • Si estás en una relación sin sexo y quieres que esto cambie, explora más y experimenta con sexo saludable. Siempre que las elecciones sexuales sean consensuadas por ambas partes y no impliquen abuso ni angustia, explorar nuevos territorios también puede ser emocionante y liberador.
  • Si estás en una relación sin sexo y quieres que esto cambie, recuerda que la autoestimulación y la masturbación brindan retroalimentación importante. Saber qué te provoca sexualmente te ayudará a guiar a tu pareja a hacer lo mismo: fantasías, juguetes, películas eróticas, entorno físico, juegos previos, etc.
  • Si estás en una relación sin sexo y quieres que esto cambie, siempre se recomienda la terapia de pareja o una visita a un sexólogo si uno o ambos miembros de la pareja no están contentos con el sexo en su relación y no se han sentido exitosos en sus esfuerzos por superar la situación hasta el momento. Cuanto antes busques ayuda, más fácil será abordar y resolver los problemas.
  • Si estás en una relación sin sexo y quieres que esto cambie, es importante comenzar por confrontarte a ti mismo/a acerca de cuál es tu verdadera orientación sexual o identidad de género, y cuál percibes es la de tu pareja, si tu pareja todavía te atrae, si todavía sientes pasión por él o por ella, si realmente te sientes enamorado de él o de ella o si lo que sientes es otro tipo de amor, si posees realmente la disposición de trabajar en la situación y si esperas que la situación cambie en el futuro. Luego de realizar este ejercicio instrospectivo, sincérate con tu pareja y vean a dónde el camino les conduce.
  • Si estás en una relación sin sexo y NO quieres que esto cambie, es momento de renegociar los términos de tu relación. Existen múltiples razones por las cuales muchas personas permanecen en relaciones de pareja con ausencia de actividad sexual. Es importante de que te asegures que tu pareja está en tu misma sintonía. De lo contrario, esta última tendrá unas expectativas irreales de la relación que podrían ser detonantes de múltiples conflictos. La decisión de no tener sexo en la relación no puede ser tomada de forma unilateral. No estás obligado/a a tener sexo con tu pareja, pero si tomas esta decisión, se hace necesario que se lo informes claramente, sin ambages o tapujos, así le darás la oportunidad de consentir o no en algo que podría tener repercusiones serías en su salud física y emocional.

Conclusión

Infortunadamente, el sexo en la relación no es un hecho garantizado. Es un acto mutuamente acordado que realiza una pareja para sentir placer y conexión. Cuando hay una razón física detrás de la falta de relaciones sexuales, como un problema de salud, y ambos cónyuges han acordado que, como resultado, están bien con su ritmo de actividad sexual, pueden ser felices. Después de todo, hay otras formas en que las parejas pueden tener intimidad física, como abrazarse, besarse, tomarse de la mano y frotarse la espalda, por nombrar algunas. La buena salud sexual es mucho más que practicar sexo coital o poder tener una erección. La salud sexual se trata de cómo te ves a ti mismo como un ser sexual, tu capacidad para abrazar y disfrutar tu sexualidad y tu sentido de ser verdaderamente dueño de tus acciones y elecciones sexuales. Hay muchas maneras de ser sexual en una relación sin llegar a realizar un acto de penetración. Habla con tu terapeuta. Podría ayudar.

Las relaciones de sexualidad mixta, ¿qué son y cómo sobrellevarlas?

Existen relaciones de pareja consideradas heterosexuales donde uno de los cónyuges es homosexual o bisexual. En ocasiones esta situación es del conocimiento del cónyuge heterosexual, en otras no, mientras que en una cantidad significativa de los casos existen sospechas.

Preste atención a estos comentarios producto de sesiones de terapia:

En mi caso, estuve casado con una mujer durante 16 años antes de darme cuenta de que era bisexual. Todavía estamos casados y ella sabía que yo era bisexual antes que yo. Entonces en mi caso ya estaba en una relación hetero cuando me di cuenta de mi sexualidad.
No me di cuenta completamente de que era bisexual hasta que llevé varios años de relación con mi esposo. Las chicas lindas me ponen muy nerviosa porque nunca tuve la oportunidad de tener experiencia coqueteando con mujeres.
No acepté mi bisexualidad hasta los veintitantos y ya llevaba algunos años en una relación con un hombre. Lo que, por supuesto, me generó muchas dudas y sentimientos encontrados durante muchos años más.
¡Me identifico con el hecho de sentirme inadecuado! Soy lo suficientemente bueno para una mujer, pero no para un hombre. Luego me digo cosas como ‘una relación hetero hace que tener hijos sea más fácil’ y ‘salir con hombres de vez en cuando funciona bastante bien, así que no es necesario buscar más’.
Soy bi, pero si empiezas a desglosarlo hasta el meollo de la cuestión, probablemente me describirían como un homosexual heteroromántico.
Negué ser gay hasta hace poco porque en mi niñez me enseñaron que era vergonzoso ser gay. Sentí que estar con una mujer siempre fue una opción más válida en mi mente. Estoy deshaciendo todas esas creencias, pero eso es después de haber estado en una relación amorosa con una mujer durante los últimos seis años.
Soy un hombre bisexual, me gustan las mujeres masculinas, los hombres afeminados y las personas no binarias. Básicamente, cualquiera que desafíe las normas de género (según mi psicóloga). También vivo en un área muy rural y hay muchas más mujeres de mi tipo que hombres de mi tipo.

¿Por qué ocurren situaciones como éstas?

Para muchos, estar en una relación heterosexual es equivalente a alejarse del estigma, la vergüenza y el sufrimiento, es estar más cercano al paradigma de la ‘normalidad’, el cual inherentemente conlleva privilegios, como tener una familia, sentirse seguro caminando por la calle de la mano de la pareja y no tener dificultades con presentársela a otras personas. Otras personas gays o bisexuales entran en relaciones heterosexuales por razones religiosas, por guardar las apariencias, por presiones familiares, por problemas de autoaceptación o por la ignorancia o confusión referente a la propia orientación sexual.

Las parejas de sexualidad mixta o de orientación sexual mixta se han definido como cualquier pareja casada heterosexualmente en donde uno de los cónyuges experimenta una atracción significativa hacia personas de el mismo sexo. En tales parejas, el cónyuge de minoría sexual puede o no identificarse como lesbiana, gay o bisexual en su orientación, mientras que el otro cónyuge probablemente se identifica como heterosexual. Es imposible determinar la tasa exacta de la prevalencia de esta situación en Puerto Rico, sin embargo, se estima que en Estados Unidos en la actualidad un aproximado de 2 millones de personas lesbianas, gays o bisexuales estuvieron casadas en relaciones heterosexuales en el pasado. De esta cifra, un 42% de los hombres autoidentificados como homosexuales y bisexuales informaron haber estado casados heterosexualmente en algún momento. Otro estudio reciente sobre sexualidad entre los adultos encontró que actualmente el 0,4% de los hombres casados, el 0,5% de los hombres que cohabitan y el 1,5% de los hombres que han estado casados, todos en relaciones consideradas heterosexuales, se identificaron como bisexuales o gays. Entre las mujeres del mismo estudio, el 2,1% de las casadas, el 6,2% de las que cohabitan y el 3,8% de las mujeres que estuvieron casadas, todas en relaciones consideradas heterosexuales, se identificaron como bisexuales o lesbianas. En conjunto, los datos disponibles sugieren que hay un número considerable de parejas de sexualidad mixta en la población adulta de Estados Unidos.

Las parejas de sexualidad mixta enfrentan desafíos únicos, que incluyen el navegar o explorar su identidad sexual dentro de la relación, posible actividad sexual extramatrimonial y cómo lidiar con la presión negativa de la familia y las personas externas. Es comprensible que estos desafíos puedan, en última instancia, afectar la relación.

En general, la investigación científica disponible sugiere que la mayoría de las parejas de sexualidad mixta experimenta una baja satisfacción en la relación y, en última instancia, no logran mantenerla a largo plazo. A las parejas que han podido permanecer juntas luego de haber habido una admisión o confesión por parte de uno de los cónyuges de su atracción hacia personas de su mismo sexo se les denomina como «parejas resilientes». Estas parejas resilientes a menudo informan que tienen una relación muy satisfactoria y estable y sus niveles de satisfacción y estabilidad en la relación son similares a las de los de los matrimonios heterosexuales en general.

Factores protectores relacionados con las parejas resilientes

Ciertas variables pueden ser fundamentales para ayudar a las parejas a mantener su relación estable bajo estas circunstancias. Algunos de estos factores son similares a los que se presentan entre las parejas exitosas en general, independientemente de la orientación sexual del cónyuge: comunicación de buena calidad, cohesión y el compromiso con la relación. Por ejemplo, múltiples estudios científicos han sugerido que las parejas de sexualidad mixta que deciden mantener su relación comúnmente eligen hacerlo porque aman y están fuertemente comprometidas con su cónyuge y su familia. Otro factor que se ha identificado como útil es la capacidad de la pareja para ser flexible y renegociar las reglas, significados y expectativas de su relación.

Sin embargo, los factores que aparecen a continuación son fuertemente relevantes si se desea sobrellevar con éxito los desafíos que representan las relaciones de sexualidad mixta:

El perdón.  En cualquier relación el perdón puede desempeñar un papel importante para ayudar a las parejas a superar los dolores y dificultades que inevitablemente surgirán. El perdón en las relaciones de pareja se ha estudiado ampliamente y se ha descubierto que está asociado con una serie de factores. Por ejemplo, el perdón es un predictor de satisfacción y adaptación conyugal. Teniendo en cuenta los desafíos únicos que enfrentan las parejas de sexualidad mixta, es posible que los mecanismos de reparación, como el perdón, desempeñen un papel central en estas relaciones. Por ejemplo, luego de surgir una confesión por parte de uno de los cónyuges de atracción hacia personas de su mismo sexo, puede haber sentimientos de engaño, traición o violación de la confianza, y es posible que ambos cónyuges deban pasar por una etapa de autoexploración de las emociones antes de poder tomar decisiones con respecto a seguir adelante.

Valores maritales.  Otro factor que podría contribuir a la calidad de la relación en casos de sexualidad mixta son los valores maritales, en particular, el grado en que cada cónyuge tiene una orientación individualista versus colectivista. Las características de una relación con orientación individualista son: (a) el individuo –no la pareja– es la unidad principal y el foco de la relación, (b) la autorrealización del individuo es el objetivo de la relación y la forma en que las relaciones mejoran, (c) se enfatiza el compromiso y el acuerdo mutuo, y (d) recursos como la terapia psicológica se utilizan con frecuencia para restaurar la relación cuando hay dificultades. En contraste, una relación colectivista se distingue por: (a) la relación en sí misma se considera la prioridad, (b) se espera el sacrificio individual por el bien de la relación, (c) el compromiso mutuo y las decisiones ‘democráticas’ son de importancia clave, y (d) los recursos espirituales –o religiosos– se utilizan a menudo para superar las dificultades maritales.

Dicho de otra manera, en la perspectiva individualista, el bienestar y la satisfacción de cada cónyuge es la prioridad, mientras que en las relaciones colectivistas los intereses individuales de los cónyuges son secundarios a los intereses de la relación en su conjunto. En las relaciones colectivistas los individuos están dispuestos a sacrificar sus propias necesidades, expectativas y deseos personales por el bien de la relación. Es de destacar que aquellos cónyuges que tienen valores colectivistas tienen niveles más altos de compromiso, disposición al sacrificio y ajuste positivo de la relación. Así las cosas, el grado de «disposición al sacrificio» tiene un efecto positivo en una relación de sexualidad mixta.

Compromiso.  Comúnmente se entiende que una de las piedras angulares de cualquier relación íntima es el compromiso. Se ha definido el compromiso relacional como «el grado en que un individuo trabaja y experimenta una orientación a largo plazo hacia una relación, incluido el deseo de mantener la misma para bien o para mal». La relación entre compromiso y satisfacción en la relación parece ser similar para las parejas de sexualidad mixta, ya que el primero, como predictor de la calidad de la relación, es un factor importante para mantener la estabilidad de la misma.

Conclusión

Una relación de sexualidad mixta es aquella en el que uno de los cónyuges es heterosexual mientras que el otro cónyuge del sexo opuesto se siente atraído por personas de su mismo sexo. La historia ha visto muchas relaciones de este tipo terminar en mucho dolor y confusión, especialmente si hay niños y niñas involucrados. Dado su potencial destructivo, las relaciones de sexualidad mixta rara vez se consideran una opción para quienes que se sienten atraídos por personas de su mismo sexo. Como psicólogo de parejas, he visto muchos de estos casos a través de los años. Muchas relaciones se han disuelto porque uno de los cónyuges no fue franco y honesto con el otro acerca de su sexualidad. Cuando se rompe la confianza, muchas veces es imposible restablecer una buena comunicación. Este tipo de relación tal vez no será adecuado para muchos, pero puede que lo sea para algunos. Una orientación no heterosexual dentro de una relación considerada heterosexual puede hacer que las cosas sean algo más desafiantes, sin embargo, siempre y cuando el individuo atraído por el mismo sexo sea honesto, y realmente ame y esté comprometido con su pareja del sexo opuesto, y ninguno espere que el matrimonio sea una especie de ‘solución milagrosa’, tal vez tengan una oportunidad.

La infidelidad, ¿qué es y por qué ocurre? | Parte II

La infidelidad a menudo resulta en un daño emocional profundo y es una violación de un acuerdo previo hecho entre la pareja con respecto a su exclusividad sexual y/o emocional. La infidelidad resulta porque uno de los cónyuges no está informado ni consiente en la relación extramarital. Lo que determina si una persona ha sido infiel o no depende de si se han respetado los acuerdos de exclusividad predeterminados, y no necesariamente de si la relación es monógama o no monógama.

¿Por qué las personas son infieles?

Este artículo sobre la monogamia puede ofrecer algunas respuestas. Según una investigación realizada por General Social Survey, los hombres tienen más probabilidades de ser infieles que las mujeres: el 20% de los hombres y el 13% de las mujeres, según esta encuesta, afirman haber tenido relaciones sexuales con alguien que no es su pareja en la relación primaria. Existe una escuela de pensamiento en psicología que dice que si una mujer es infiel es más probable que sea una señal del fin de su relación primaria opuesto a cuando es el hombre el que lleva a cabo la conducta. Y, de hecho, este puede ser un dato certero puesto que hombres y mujeres tienden a pensar y sentir de manera diferente sobre el sexo y las relaciones en general.

En general, los hombres tienen más probabilidades que las mujeres de poder compartimentar o aislar el sexo de las conexiones íntimas. Para muchos hombres, el sexo es sólo sexo y las relaciones son las relaciones, y ambas no necesariamente se superponen. Por lo tanto, un hombre que es infiel casualmente puede hacerlo sin sentir un grado significativo de conexión emocional con una amante, mientras que una mujer que es infiel podría ver las cosas de manera diferente, esto es, el sexo y la conexión emocional entremezclados, de manera que para ellas la compartimentación es más difícil.

Dicho de otra manera, cuando las mujeres son infieles, generalmente hay un elemento de déficit en su relación principal, también hay un elemento de romance, intimidad, conexión o amor con otra persona. Los hombres, por otro lado, son más propensos a ser infieles para satisfacer sus impulsos o urgencias sexuales, con menos pensamientos de intimidad. Por supuesto, algunos hombres son infieles porque sienten amor además de atracción sexual por una persona externa a la relación primaria, pero éste no es el caso de muchos otros: para ellos, la infidelidad puede ser una acción oportunista, principalmente sexual, que, en sus mentes, no afecta su relación primaria. De hecho, cuando se les pregunta, muchos de estos hombres dirán que son muy felices en su relación primaria, que aman a su pareja, que su vida sexual es estupenda y que, a pesar de haber sido infieles, no tienen intención de poner fin a su relación.

Por lo general, los hombres no necesitan estar enamorados para disfrutar del sexo. De hecho, ni siquiera necesitan que les guste mucho la persona; sólo tienen que estar sexualmente excitados. Mientras que para las mujeres el panorama es distinto. Generalmente, es más difícil que una mujer se interese sólo en el sexo porque lo que éstas principalmente buscan es una voz profunda, grandes bíceps, mirada y gesticulaciones rudas, sentido del humor, un chico que les escuche y que tenga el deseo de tener hijos y de formar un hogar juntos. Lo más probable es que esto sea el producto de miles de años de evolución.

Es menos probable que las mujeres actúen como lo hacen los hombres en materia de sexualidad y de aventuras sexuales extramaritales. Para la mayoría de las mujeres, un sentido de intimidad es tan importante como el sexo; muchas veces más importante. Como tal, las mujeres tienden a no ser infieles a menos que sientan una profunda infelicidad en su relación primaria o una conexión íntima fuerte con su pareja extracurricular, y cualquiera de estas dos cosas podría hacer que una mujer abandone su relación.

Consecuencias de la infidelidad

La infidelidad es uno de los temas más estudiados en psicología y está asociada con consecuencias negativas para las relaciones, y la salud mental y física individuales. Múltiples estudios han encontrado que la infidelidad es un predictor importante e independiente del divorcio y la disolución de la relación. La infidelidad también se ha asociado con conflictos y desconfianza en las relaciones de pareja y con una disminución progresiva de la felicidad conyugal. Los terapeutas de pareja han calificado la infidelidad como el tercer problema más difícil para las parejas en terapia, así como el segundo problema más dañino para las relaciones de pareja, sólo detrás del abuso físico.

La infidelidad también se ha asociado con consecuencias psicológicas para los cónyuges individualmente. El descubrimiento de la infidelidad del marido o el inicio de la separación matrimonial por este motivo se asocia con un mayor riesgo de episodios depresivos mayores en las mujeres, problemas de confianza, baja autoestima, ansiedad, ira extrema, inseguridad, sensación de traición, rabia, trastorno de estrés postraumático y dificultad para formar vínculos afectivos en relaciones subsiguientes. La infidelidad está también asociada a trastornos del sueño, trastornos de la alimentación, pérdida de energía, estrés crónico y dolores de cabeza.

Por otro lado, la actividad sexual extramarital se asocia con bajas tasas de uso de condones: sólo entre el 8% y el 12% de las personas que mantienen relaciones sexuales extramatrimoniales son usuarios constantes de condones. Las personas que participan en relaciones sexuales extradiádicas tienen menos probabilidades de adoptar conductas protectoras de salud sexual tanto en sus relaciones sexuales primarias como extradiádicas, en comparación con las personas abiertamente no monógamas. La participación sexual extradiádica también se ha relacionado con una menor probabilidad de realizarse pruebas de enfermedades de transmisión sexual y de sostener discusiones sobre sexo seguro con nuevas parejas sexuales, lo que sugiere que la infidelidad se asocia con mayores conductas sexuales de riesgo más allá de las asociadas con tener múltiples parejas sexuales concurrentes. Hoy en día que los hombres informan involucrarse más que las mujeres en actividades sexuales extradiáticas, combinado con el bajo uso en el uso del condón y la pobre realización de pruebas médicas de enfermedades de transmisión sexual, el potencial de infectar a múltiples mujeres al mismo tiempo, incluyendo a la pareja primaria, es mucho mayor. Esta podría ser la razón por la cual las estadísticas con frecuencia reflejan un mayor número de contagios en mujeres producto de las enfermedades de transmisión sexual.

Recomendaciones

Descubrir la infidelidad de una pareja puede suponer un gran golpe. Es natural sentir emociones intensas o confusas. Algunas personas optan por hablar con un terapeuta sobre estos sentimientos. La terapia individual puede ayudar a alguien que se ha visto afectado por la infidelidad. La terapia también puede ayudar a explicar la respuesta de una persona a la aventura sexual de su pareja. De igual forma, puede centrarse en perdonar, dejar ir o seguir adelante fuera de la relación. Hay muchas maneras de manejar los sentimientos que conlleva la infidelidad. Un terapeuta puede ayudarle a analizar sus opciones.

Aquí algunas otras recomendaciones:

  • Resiste la tentación de confrontar a la tercera persona. Desconociendo lo que llevó a esta tercera persona a involucrarse en la situación, está de más decir que lo que hizo o está haciendo probablemente es moralmente inaceptable. Es importante indicar que este tipo de confrontación puede desembocar en violencia y problemas legales. Ahora bien, debes estar consciente de que esta persona no te debe nada. Esta persona no es tu amiga (¡en la mayoría de los casos!), prima, hermana o hija y, por lo tanto, NO te debe lealtad. En cambio, todo lo que harías al confrontarla es darle poder y tú no quieres hacer eso. Con no reconocer su existencia te proyectas como la persona que eres, la de mayor grandeza en esta situación. Si alguien debe ser confrontada es tu pareja. Está persona fue la que se comprometió contigo a una exclusividad sexual y, por lo tanto, es quien te debe lealtad.
  • Resiste la tentación de conocer los detalles sexuales. Interrogar a tu pareja sobre lo que le hizo a la otra persona sexualmente o lo que la otra persona le hizo a él no ayudará a que te sientas mejor, y sólo lograrás revisitar el trauma una y otra vez.
  • Aborda el problema. Aquí es cuando comienza el verdadero trabajo. Los cónyuges pueden comenzar a trabajar en los problemas que llevaron a la aventura sexual. Habrá altibajos en este proceso. La culpa de uno y la ira de otra pueden mezclarse con el anhelo de que la relación sea como antes. Pero no va a ser como antes. Las parejas pueden beneficiarse si perseveran en esta fase. A menudo son capaces de abordar los problemas desde la raíz de su descontento.
  • Sé paciente. Si tuviste una aventura, ten paciencia con las reacciones de tu pareja, las cuales serán impredecibles e inconsistentes por un tiempo relativamente prolongado. Recuerda que cada persona sana y supera los traumas a su propio tiempo.
  • Sé responsable. Si tuviste una aventura, tu pareja puede tener emociones fuertes, incluida la ira. Evita culpar a tu pareja por tus acciones. No minimices el impacto de tus acciones, de las cuales eres únicamente tú el o la responsable.
  • No decidas de inmediato. Antes de elegir continuar o terminar una relación, tómate el tiempo para sanar, poner en orden tus emociones y comprender qué había detrás de la aventura sexual.
  • Pide perdón y perdona. Esto debe suceder si una pareja desea reconstruir su relación. La persona que tuvo una aventura debe pedir perdón de forma sincera sin justificar sus acciones. La persona que fue engañada debe en algún punto del camino perdonar en términos sólidos. Este proceso no se puede apresurar, pero es necesario para reconstruir una relación.
  • Restaura la confianza. Realiza un plan para restaurar la confianza que pueda conducir a la reconciliación. Esta es una labor de ambos cónyuges. Si eres la persona que fue engañada, exprésale a tu pareja cuáles son tus necesidades que te ayudarán a volver a confiar. Acuerden un cronograma y un proceso para lograrlo.
  • Sigan adelante de forma saludable. De no ser posible la reconciliación, acuerden una disolución en buenos términos, y propónganse la sanación personal. Recurran a la ayuda psicológica profesional de ser necesario.

Conclusión

Como psicólogo, he encontrado que la infidelidad tal vez sea una de las razones más traumáticas que trae a las parejas al consultorio. La infidelidad es un fenómeno difícil de definir puesto que tiene unas implicaciones evolutivas y de género que son de consideración. La definición de infidelidad varía de persona en persona y las parejas comúnmente nunca han hecho el ejercicio de adoptar una definición que funcione para ambos y que sirva como estándar en su relación. Pareciera ser, tal vez, por las implicaciones religiosas que tiene el concepto, que existe la percepción general de que infidelidad significa lo mismo para todo el mundo.

Los hombres tienden a tener menos necesidad de protegerse contra los peligros del sexo casual por parte de sus parejas, por lo que no han desarrollado este detective interior; detective que las mujeres sí han desarrollado y perfeccionado con el tiempo. Los hombres a veces son infieles sólo por tener sexo, incluso cuando están perfectamente felices con su relación primaria. Esta es la razón por la que una relación dañada por la infidelidad de un hombre podría tener más probabilidades de sobrevivir después de que se descubre el acto, a diferencia de cuando es la mujer la que ha sido infiel. Los hombres pueden ser infieles, y de hecho lo son con frecuencia, en una buena relación, y vale la pena salvar las buenas relaciones. Mientras tanto, es más probable que las mujeres sean infieles cuando su relación primaria no va bien, y ese tipo de situación ya problemática de por sí podría no valer el dolor y el esfuerzo necesarios para reconstruir la confianza en la relación, la intimidad emocional y la armonía a largo plazo.

La infidelidad, ¿qué es y por qué ocurre? | Parte I

La mayoría de la gente considera que la monogamia es la norma: casi el 99% de los participantes en un estudio representativo a gran escala informó que tenía la expectativa de que su cónyuge fuera sexualmente monógamo y el 99% de los participantes de esta misma investigación creía que su pareja esperaba exclusividad sexual en la relación. Podemos ver que las expectativas de exclusividad sexual en el matrimonio, la relación o la convivencia rara vez cambian; menos del 1% de las parejas heterosexuales que participó en este estudio informó que su pareja o cónyuge había cambiado sus creencias sobre la exclusividad sexual luego de establecida la relación. Además de creer que la monogamia es la norma, la mayoría de la gente ve la infidelidad de forma negativa. Según una encuesta de Gallup de 2017, el 88% de los estadounidenses cree que es moralmente inaceptable que hombres y mujeres casados tengan una aventura fuera de la relación.

A pesar de la visión negativa generalizada en la población sobre la infidelidad, ésta es común entre las personas y se ha asociado con la disolución de las relaciones y la tensión entre los cónyuges. Este fenómeno en psicología se conoce como hipocresía moral: defender algunos valores morales como correctos, pero no seguirlos en la práctica, sobre todo cuando se aplica a la propia persona. Un estudio representativo a nivel nacional encontró que el 23% de los hombres y el 11% de las mujeres en general, y el 34% de los hombres y el 19% de las mujeres en cohortes de mayor edad, informan haber tenido alguna vez relaciones sexuales extramatrimoniales. Estas cifras tienden a ser aproximaciones someras puesto que los estudios en materia de sexualidad tienden a proporcionar resultados o respuestas inexactas. Este tipo de investigación habitualmente se realiza utilizando cuestionarios autoreportados y, dado que la sexualidad humana tiende a intimidar a las personas por múltiples razones, la veracidad de lo que auto-informan podría ser altamente cuestionable. En lo referente a infidelidad, la forma en que los investigadores la definen vs. cómo los participantes la entienden puede influir en los resultados de un estudio. Asimismo, comúnmente no se mide el nivel de religiosidad de las personas que participan en estas investigaciones y esto es particularmente importante porque las personas religiosas tienden a tener dificultades para expresarse en materia de sexualidad de manera abierta, además tienen más probabilidades que las no-religiosas de creer que los actos ambiguos de sus parejas constituyen infidelidad, mientras que esos mismos actos realizados por ellos mismos no lo son. Por ejemplo, es más probable que las personas religiosas crean que el uso de pornografía siempre es moralmente incorrecto, y muchos de ellos pueden percibir el uso de pornografía en la relación como infidelidad.

Pero ¿cuál es la diferencia entre infidelidad, actividad sexual extramarital, participación sexual extradiádica, aventura sexual fuera de la relación y otros conceptos utilizados para describir este fenómeno?

El concepto “infidelidad” tiene sus raíces en la religión. La mayoría de las religiones enseñan que la infidelidad es dañina y moralmente incorrecta. Además, es más probable que las personas más religiosas experimenten fuertes sanciones contra la infidelidad en sus comunidades de fe. Los textos religiosos que son fundamentales para el judaísmo, el cristianismo, el islam y el hinduismo contienen pasajes que condenan la infidelidad. La Biblia hebrea proclama en sus Diez Mandamientos: «no cometerás adulterio». El Nuevo Testamento enseña contra la infidelidad tanto física como emocional, con las palabras de Jesús: «Todo el que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón», y la enseñanza de Pablo de que «los fornicarios […] adúlteros, ninguno de ellos heredará el reino de Dios». La palabra «infidelidad» se utiliza 25 veces en el Corán, que insta a «no te acerques al adulterio, porque en verdad es un gran pecado y un mal camino». El Vishnu Purana, un texto sagrado del hinduismo, afirma: «Aquel que comete adulterio es castigado aquí y en el más allá; porque sus días en este mundo se acortan, y muerto cae en el infierno». Además de las enseñanzas bíblicas contra la infidelidad y a favor de los matrimonios sexualmente exclusivos, los líderes religiosos generalmente enseñan públicamente sobre lo incorrecto de esta conducta de acuerdo con sus convicciones de fe. Sin embargo, las diferentes denominaciones religiosas varían en el grado en que condenan y castigan la infidelidad entre sus seguidores.

La psicología, como disciplina científica, trata este asunto desde una perspectiva enteramente laica. El empleo del concepto “infidelidad” en este artículo obedece al hecho de que es más entendible por las personas en general debido a su cercanía con la religiosidad.

¿Qué constituye una infidelidad?

Como mencionáramos, la psicología procura adherirse estrictamente a los principios científicos y observar la conducta desde una perspectiva laica, a menos que el dogma religioso sea lo que motive una investigación específica. Así las cosas, los investigadores científicos han utilizado múltiples términos para describir la infidelidad, a veces indistintamente, como: infidelidad, engaño, aventura sexual, sexo extramarital o extradiádico e involucramiento o participación extradiádica. Entonces existe un consenso en las ciencias en darle énfasis al aspecto físico y utilizar el concepto de sexo extramarital o extradiádico para referirse al fenómeno de la infidelidad.

Las definiciones conductuales de infidelidad varían ampliamente en la literatura y pueden incluir cualquier cosa, desde «relaciones sexuales», «sexo oral» y «besos» hasta «conexiones emocionales» fuera de una relación monógama. Aunque los comportamientos que se consideran infidelidad pueden variar, la infidelidad puede conceptualizarse ampliamente como comportamientos sexuales con una pareja extradiádica que, si la pareja en la relación primaria se entera de ellos, es probable que causen angustia o daño severos.

La infidelidad ha sido conceptualizada como «física» o «emocional», donde la física involucra relaciones sexuales o coito, besos u otros actos físicos, y la emocional que involucra sentimientos románticos, citas románticas, dar regalos y otros actos que no involucran contacto físico. Algunos científicos definen la infidelidad exclusivamente como comportamientos físicos sexuales con alguien que no sea la pareja primaria, como el coito, el sexo oral o los besos. A lo largo del estudio de la infidelidad, las definiciones y conceptualizaciones de este concepto han cambiado. Los primeros estudios sobre la infidelidad sólo tendían a enfatizar el aspecto físico al conceptualizarla como relaciones sexuales extramatrimoniales. En otras palabras, originalmente, para la ciencia una infidelidad era una conducta que involucraba una interacción físico-sexual entre dos personas fuera de su relación primaria. Aunque se reconoce en cierta forma la infidelidad emocional, en gran medida todavía se conserva la visión original por lo impreciso que resulta ser este concepto.

Incluso con respecto a los comportamientos físicos, no está tan claro qué comportamientos constituyen infidelidad. Algunas conductas físicas, como abrazar, pueden considerarse «ambiguas» toda vez que algunas personas perciben los abrazos como infidelidad, mientras que otras no. Generalmente, las conductas sexuales extradiádicas se consideran el indicativo más universal de infidelidad. Que un comportamiento se perciba como infidelidad puede depender de las personas involucradas y de la situación. En algunas ocasiones, la pareja no está de acuerdo sobre qué constituye una infidelidad. Uno de los miembros de la pareja puede creer que no ha cometido ninguna infracción, mientras que el otro puede percibir que sí se ha producido una falta. Varias investigaciones señalan que es más probable que las personas etiqueten el comportamiento de su pareja como de infidelidad y menos probable que etiqueten el propio en la misma situación de la misma forma.

Así que la pregunta de qué constituye una infidelidad es sumamente difícil de contestar. Desde el “like” en Facebook o el “fueguito” en Instagram a una dama en bikinis por parte de un hombre hasta el consumo de pornografía o la mirada indiscreta a las nalgas de una mujer que le pasa por el lado, han sido acciones catalogadas por muchas mujeres como infidelidad. Y muchas de las que estarán leyendo este artículo exclamarán casi al unísono “¡Pues claro!” Sin embargo, un hombre dificilmente catalogará como infiel a una mujer que observe pornografía o que le mire las nalgas a un hombre que le pase por el lado (¡Sí, las mujeres también le miran las nalgas a los hombres!). Y, otra vez, muchas mujeres que estén leyendo este artículo tal vez exclamarán “¡Pues claro, si de seguro él está haciendo lo mismo!” La realidad es que el género de la persona influye grandemente en lo que se percibe o no como infidelidad.

La infidelidad emocional es un concepto sujeto a múltiples interpretaciones. En teoría, un individuo podría cometer infidelidad emocional al enamorarse, salir a una cena romántica o darle regalos románticos a alguien fuera de su relación primaria, sin nunca tener contacto físico-sexual con esta persona. La infidelidad emocional, especialmente los comportamientos románticos, y el apoyo financiero, pueden ser más ambiguos que la infidelidad física, con opiniones más divididas de si se considera o no infidelidad. No sólo son ambiguos los actos específicos que comprenden la infidelidad emocional, sino que las personas también juzgan si un comportamiento es infiel desde la perspectiva emocional de manera diferente en función de si fueron ellas o sus parejas quienes llevaron a cabo esa acción. O sea, las personas tienden a juzgar sus propios comportamientos potencialmente infieles desde la perspectiva emocional con menos dureza que los de sus parejas, y las personas religiosas en particular son más propensas a creer que ciertos actos de sus parejas constituyen infidelidad emocional cuando esas mismas conductas realizadas por ellas mismas no lo son.

Como mencionáramos antes, la distinción entre infidelidad física y emocional puede tener una relación directa con el género de la persona. Según la teoría evolutiva, los hombres tienden a sentirse profundamente perturbados ante el hecho de que otro macho pudo haber «plantado» bandera y «marcado» su «territorio» a raíz de la infidelidad físico-sexual de su pareja. Mientras que las mujeres se sienten más molestas por la infidelidad emocional de su pareja, los hombres lo están más por los comportamientos físico-sexuales de éstas con otros hombres. Evolutivamente, se cree que esta diferencia está impulsada por las diferentes amenazas reproductivas y de inversión de recursos que plantean la infidelidad física y emocional. Teóricamente, un hombre tendría más miedo a la infidelidad físico-sexual por parte de su pareja porque esto podría dar lugar a que ella dé a luz a un niño que no es biológicamente suyo, lo que puede resultar en que él invierta recursos valiosos en una criatura que no lleva su propio ADN. Una mujer tendría más miedo a la infidelidad emocional por parte de su pareja porque esto podría hacer que sea menos probable que éste invierta recursos con ella y sus hijos. Esta diferencia está respaldada por múltiples estudios que encuentran que, cuando se ven obligadas a elegir, las mujeres generalmente consideran más perturbadora la infidelidad emocional de su pareja, mientras que los hombres generalmente consideran más perturbadora la infidelidad físico-sexual.

Las relaciones a larga distancia

La humanidad está pasando por un período de globalización sin precedentes gracias a la aparición de la Internet. La globalización ha cambiado la forma en que las personas establecen conexiones. Este fenómeno, que no ocurre por primera vez en la historia, se distingue por la casi eliminación de fronteras entre los pueblos, culturas y personas. La globalización está introduciendo y afectando conceptos tales como el romance, el amor y las relaciones íntimas. La tecnología facilita estos intercambios y fomenta y estimula una hibridación en las relaciones de pareja y es una parte crítica de este proceso. En un mundo móvil e interconectado, tenemos oportunidades de conocer y aprender de personas de todo el mundo. Y estas oportunidades conllevan más posibilidades de encontrar el amor, a veces a miles de kilómetros de casa.

Entonces procede que nos preguntemos qué es una relación romántica y cómo la distancia puede afectarla. Una relación es una interacción entre dos personas que deciden compartir su tiempo y espacio. Una relación romántica es una interacción entre dos personas que implica intimidad sexual. Por lo tanto, una relación romántica a larga distancia es una interacción entre dos personas que, entre otras cosas, debería implicar intimidad sexual pero no ocurre o no ocurre satisfactoriamente debido a la distancia. A pesar de eso, en las ciencias de la conducta hay formas diferentes de definir una relación a distancia. A veces se definen como relaciones en las que los cónyuges pasan varias noches a la semana separados o pasan largos períodos de tiempo sin verse. Tal vez una de las definiciones más útiles se refiere al tiempo de viaje o la distancia física: las parejas que tienen sus propias residencias, que están ubicadas lo suficientemente separadas como para dificultar verse regularmente.

Según estas definiciones, las relaciones a distancia pueden verse bastante diferentes de una pareja a otra. Dos personas, por ejemplo, que viven en San Juan y Cabo Rojo podrían llamarse a sí mismas de larga distancia; en casos como éste hay abundantes formas de llegar de una ciudad a otra, pero ninguna es lo suficientemente cómoda o rápida en comparación a cuando se vive en el mismo lugar. Al mismo tiempo, dos personas que viven a 90 millas de distancia a lo largo de una carretera podrían no considerar su relación como de larga distancia, porque ya están acostumbradas a conducir largos tramos y este viaje les parece sencillo. El punto es que en las relaciones a distancia, la distancia hace que sea difícil tener lo que la mayoría de las parejas tienen: la capacidad de verse fácilmente en un día determinado o en cualquier momento si es necesario.

Dicho esto, es importante señalar que una relación a larga distancia no es sostenible por mucho tiempo ni es una solución a largo plazo para mantener una relación romántica. Cuando pasamos tiempo con nuestra pareja todos los días, o al menos con regularidad, las interacciones contienen muchas cosas mundanas y cotidianas, como, por ejemplo, estar enfermos, hacer la compra, lavarse los dientes o simplemente sentarse exhaustos frente al televisor. Sin embargo, en las relaciones a distancia, las expectativas de que los encuentros cara a cara serán mágicos, llenos de sexo fantástico y románticos a menudo chocan contra la pared de cómo funciona realmente la vida.

Las personas en relaciones a larga distancia tienen el estrés de estar separadas, de tener que viajar más y más frecuente, de tener carreras que los mantienen separados y, a menudo, de tener que tomar decisiones importantes sin saber cómo sería vivir más cerca el uno del otro. Las personas en este tipo de relación parecen tener mayor estrés, menos satisfacción sexual y más dificultades para mantener sus relaciones saludables que las personas que viven cerca unas de otras.

Por otro lado, los celos pueden ser un elemento común en las relaciones a distancia. Generalmente, a las personas involucradas en este tipo de relación les resulta difícil sobrellevar el hecho de que la pareja pueda interactuar libremente con otras personas cuando no está cerca, y que la pareja podría verse tentada a tener una mayor intimidad con otras personas de la que le gustaría. Esto hace que tener expectativas y límites claros sea aún más importante.

En la medida en que las relaciones a distancia fracasan, suele tener que ver con la enorme distancia y la dificultad de mantenerse conectados. Cuanto más lejos y con más frecuencia tienen que viajar las personas, más difícil es permanecer juntas a largo plazo. También es probable que las relaciones a larga distancia terminen si los cónyuges no pueden resolver las inseguridades sobre la relación o si uno o ambos experimentan altos niveles de emociones negativas.

Recomendaciones sobre relaciones a larga distancia
  • Hablar del futuro… continuamente. Las relaciones a distancia pueden resultar desafiantes, pero tener en cuenta y proyectarse en el futuro puede resultar útil. Se recomienda hablar periódicamente sobre lo que les depara el futuro. Los cónyuges deben saber y estar convencidos de que la situación actual es transitoria y no permanente. Hablar sobre el futuro es importante para la relación, además de fomentar la confianza y establecer límites.
  • Seguir aplicando las reglas normales de una relación. En las relaciones a larga distancia se aplican las mismas reglas generales para las relaciones románticas: comunicación abierta, dejar claras las expectativas y necesidades, esforzarse por lograr intimidad y confianza, ser merecedor de confianza y negociar claramente la exclusividad sexual.
  • Es importante cumplir las promesas y mantener los compromisos. Si planeas hablar por teléfono una vez al día, por ejemplo, considéralo una parte esencial para mantener tu relación. No es opcional ni «sólo cuando tengas tiempo».
  • Planificar con anticipación. Planificar tus próximos puntos de contacto significativo, tanto de forma remota como en persona, puede ayudar a que el tiempo de separación sea más tolerable y proporcionar una estructura a tu relación. A veces las personas tienen citas telefónicas regulares con su pareja, a pesar de la enorme diferencia de horarios, y esta regularidad les mantiene emocionalmente conectadas.
  • Prestar atención a las interacciones sexuales. Curiosamente, algunas investigaciones sugieren que las parejas no tienen que ser sexuales de una forma específica para mantener la satisfacción sexual. Es importante que las parejas en relaciones a larga distancia sean creativas y utilicen las herramientas que tengan a su disposición para mantenerse sexualmente conectadas. No es necesario adoptar estos comportamientos a menos que claramente funcionen para la pareja.
  • Centrarse en la salud de la relación. Quizás, por encima de todo, las parejas a larga distancia se beneficien al centrarse en comportamientos que saben que ayudan a mantener su relación saludable. Estos pueden verse diferentes de una pareja a otra, pero tener esto en cuenta, especialmente durante las transiciones, como justo antes y después de verse, ayudará a suavizar algunas de las dificultades de estar en una relación a larga distancia.

En resumidas cuentas podemos decir que las relaciones a distancia son extremadamente desafiantes. A pesar de eso, la forma en que las parejas imaginan el futuro importa. Las personas se sentirían mejor con sus relaciones a distancia si estuvieran bastante seguras de que eventualmente vivirán en la misma ciudad. Toda relación, ya sea cercana a casa o alrededor de todo el mundo, se beneficia del respeto mutuo, la generosidad y una comunicación sólida. Ya sea que estés enviando mensajes de texto, hablando por Skype o compartiendo una cena romántica en la misma mesa, trata a tu ser querido cercano o lejano con amor, amabilidad y… te deseo buena suerte.

La desilusión en las relaciones de pareja | Parte II

Como mencionáramos en la primera parte de este artículo, la desilusión en las relaciones es normal. No es una experiencia única, sino compartida. Esto se debe a que cada persona tiene su propia manera de pensar, actuar y ser, pero al mismo tiempo, existen patrones de conducta que son comunes en la humanidad, y éste es uno de ellos. Incluso en la mejor de las historias de amor, habrá momentos de ira y desilusión. Examinemos cómo lidiar con la desilusión en las relaciones, qué podemos hacer para manejarla y recuperarnos de ella.

Lidiando con la desilusión
  • Identifica qué tan crítica es la desilusión.  Pregúntate:  ¿es algo que te importará o que recordarás en una semana/mes/año? En un extremo, podría ser alguien que rompe tu confianza o hace algo tan hiriente que la relación se rompa permanentemente, o, en el otro extremo, podría ser una persona que a lo mejor no es tan higiénica como tú esperabas. Sólo tú puedes decidir qué hacer y en qué lugar de esa escala posisionarte.
  • Reconoce que ni tú ni tu pareja son expertos en tener una relación. Es un proceso de aprendizaje. Ambos llegan a la relación con una serie de buenos y malos ejemplos, comportamientos y creencias que, tal vez, adquirieron de su familia de origen, relaciones anteriores y otras fuentes de influencia y/o modelaje.
  • Presta atención a tus expectativas y reconsidéralas por completo. Ten en cuenta que las expectativas poco razonables incluyen cosas como querer que tu pareja cambie sus valores, sea la fuente de toda tu felicidad o vaya en contra de su polaridad natural masculina o femenina. No esperes que tu pareja piense, reacciona o sienta lo mismo que tú. Y nunca esperes la perfección.
  • Identifica el origen de tus expectativas. Analiza si tu patrón de referencia referente a lo que esperas en una relación se relaciona con ejercer control de tu pareja o con los valores personales de cómo te criaron, con traumas de relaciones anteriores o con aprendizajes de vida, con el modelaje observado en películas de Hollywood o con enseñanzas religiosas, o con cualquier otra fuente que haya ayudado a formar tu posición con respecto a un asunto.
  • Entender las implicaciones de los «debería», los «tiene» y los «se supone». El «debería», el «tiene» y el «se supone» son  un tipo de pensamiento irracional que funciona de forma unipolar, o es blanco o negro. No hay zona gris ni margen de negociación. Son palabras que te exigen un estándar muy alto y te ponen bajo mucha presión a ti, a tu pareja y a la relación. Esto puede resultar ser agotador y podría alejarte de concentrarte en lo que realmente quieres en la vida. Las sobredosis de los «debe», los «tiene» y los «se supone» nos roban el sentido de elección, libertad y autonomía. Precaución.
  • Agradece ver la realidad tal como es.  Ver la realidad tal como es, es aceptar que las cosas no siempre son como quieres que sean. Ése es un hecho que es necesario aceptar y no resistir. Así que cuanto antes salga a la luz la verdad, mejor.
  • Acepta la humanidad de tu pareja y que las personas no siempre son la mejor versión de sí mismas.  Todos tenemos nuestros fallos, deseos, necesidades, traumas y heridas. Todos somos seres humanos con grandes historias de vida. Esperar que otros sean perfectos es simplemente poco realista. La gente inevitablemente tiene defectos, al igual que nosotros. Del mismo modo que podríamos haber desilusionado a las personas que nos rodean, probablemente sin siquiera darnos cuenta.
  • Verbaliza cuáles son tus expectativas.  Nadie puede leer la mente. Tu pareja no puede saber lo que esperas de ella a menos que se lo digas. Habla con tu pareja sobre tus ideales en una relación.
  • Nunca esperes que tu pareja lea tu mente. A menudo esperamos que nuestra pareja haga mágicamente las cosas que queremos que haga o sepa mágicamente lo que estamos pensando. Cuando esto no sucede, nos sentimos desilusionados. Si quieres más sexo y conexión, foméntalo. Vuelve a lo básico, tal como lo hiciste cuando tu relación apenas estaba en ciernes. Vístete elegante, presta atención, sé amable, invita, comparte tus pensamientos, ideas y sueños, etc. En mi práctica como psicólogo de pareja he notado que a las personas simplemente les aterra hablarle a su pareja acerca de sus ideales en una relación.  Lo cierto es que si no lo haces, podrías estar, tal vez inconscientemente, aspirando a que tu pareja lea tu mente.
  • El tiempo y lugar oportunos es fundamental.  Una conversación sobre la desilusión en las relaciones debe llevarse a cabo en un momento y lugar en el que ambos estén tranquilos, descansados, alimentados y sintiéndose en su mejor momento. Si bien es posible que sientas que quieres tener la conversación en el momento preciso en que tu pareja hizo algo que te desilusionó, evítalo. No querrás que un estallido emocional y dramático interrumpa lo que podría ser una conversación significativa y productiva sobre los efectos de la desilusión en tu relación.
  • Presta atención al esfuerzo, no la perfección.  Tu cónyuge puede cometer un error de vez en cuando. Cuando se olvide de sacar la basura, en lugar de un suspiro de exasperación, recuerda: nadie es perfecto. Mientras haya un esfuerzo y compromiso constantes, estarás en el camino correcto.
  • No asumas que su visión de mundo es similar a la tuya.  Muchas veces experimentamos desilusión en las relaciones porque pensamos que la otra persona ve las cosas y se preocupa por ellas como nosotros. Esta es una suposición que seguramente provocará ira y desilusión. Recuerda, cada persona tiene su propia manera de interpretar las cosas. Pregúntale cuál es el suyo.
  • No asumas que tu visión de mundo es similar a la del resto de las personas.  Este punto se relaciona con el anterior, aunque no se refiere a lo mismo. Con frecuencia la persona juzgan la conducta de sus parejas tomando en consideración su propio sistema de valores o visión de mundo. Esto es particularmente importante porque la misma situación objeto de la desilusión puede que no lo sea para otra persona o, incluso, que le haya funcionado adecuadamente en otros contextos. Por lo tanto, es imporante entender cuando el asunto se relacione con expectativas personales y no con verdades universales.  En ocasiones suponemos que nuestras creencias representan verdades universales.
  • Deja de esperar que tu felicidad venga de tu pareja.  Si confías en tu pareja para que te haga feliz, para validar tu autoestima y para darte aprobación, es posible que experimentes una gran desilusión. La felicidad es un asunto personal y no es algo que quieras poner en manos de tu pareja o cónyuge, o de otra persona.  Date lo que necesites: compasión, cariño, admiración, amor propio. Cuando asumes la responsabilidad de crear tu propia vida enriquecedora, descubrirás que las cosas son mucho menos dramáticas cuando la gente te desilusiona. Sí, una relación debe aumentar tu felicidad, pero no ser la fuente exclusiva de ésta.
  • Acepta que tu pareja podría estar pasando por el mismo proceso. Con frecuencia la experiencia de desilusión es compartida. Mientras que uno de los cónyuges se pueda estar sintiendo desilusionado, con frecuencia el otro estará pasando por lo mismo, aunque no lo exprese. La desilusión es un fenómeno compartido y llegará tarde o temprano a la relación. Todas las personas poseen expectativas personales con respecto a la relación y con respecto a sus parejas, la cuales díficilmente podrán ser llenadas a cabalidad. Si miramos las cosas desde esta perspectiva, vemos que lidiar con la desilusión en una relación es una vía de doble sentido. No se trata únicamente de «arreglar» a la otra persona.  Probablemente haya otra persona que también necesite ser «arreglada», ¿te imaginas quién podría ser?
  • Sé la persona de la que te gustaría estar enamorado.  Similar al punto anterior, conviértete en la persona que no te desilusionará. No puedes controlar las acciones de tu pareja, pero puedes controlar las tuyas. Así que sé esa persona segura, confiable, amorosa, comunicativa y responsable. Descubrirás que esto atrae a otros con esas mismas características a tu universo.
  • Entiende que las personas cambian con el tiempo. Las relaciones a largo plazo pasan por distintas etapas y el amor se transforma. Asimismo, las personas mismas sufren transformaciones a lo largo del tiempo. No existe nada más permanente que el cambio. Esta es una verdad fundamental que es necesario aceptar.
  • Es necesario entender y reconocer la humanidad del otro. Nuestra incapacidad para reconocer la humanidad en los demás sienta las bases del egoísmo. Una relación que le dé espacio al reconocimiento de las vulnerabilidades de sus integrantes será un lugar mucho más pacífico, habitable y feliz.
  • Practica la compasión. Mostrar empatía, gracia y compasión genuinas en la relación ayuda a darnos cuenta de que somos seres humanos complejos con una disposición de lidiar mejor con las expectativas autoimpuestas, y a darle paso a la práctica de la flexibilidad y la generosidad.
  • Prepárate para salir de la relación si las desilusiones son la fuente de su infelicidad.  A veces las relaciones son decepcionantes y no hay mucho que puedas hacer para cambiar las cosas. Si has intentado varias opciones y aún te encuentras en ese punto de una relación donde las desilusiones son frecuentes, dejar la misma puede ser lo correcto. No es saludable permanecer en una situación en la que aceptas la decepción todos los días. Te chupará la alegría.  Te quebrantará el espíritu.
Concluyendo

La vida ciertamente contiene desilusiones. Principalmente en el contexto de una relación. Pero con algunos ajustes a nuestras expectativas personales y respeto por los orígenes, culturas y experiencias individuales de las otras personas, podemos disminuir la cantidad de desilusiones que sentimos. Recuerda, uno de los principales influyentes para cambiar la relación es primero cambiarte a ti mismo. Todo lo que se necesita son algunos cambios o ajustes en la forma en que percibimos las cosas y podemos evitar que la desilusión en la relación llame constantemente a nuestra puerta.

La desilusión en las relaciones de pareja | Parte I

El amor y las relaciones en sus primeras etapas están basados en ilusiones. Las ilusiones pueden considerarse distorsiones en la percepción de la realidad. Cuando se enamoran, las personas parecen saber – y tienen el convencimiento– rápidamente que acaban de conocer a «la persona indicada». Al principio, estamos sumamente entusiasmados con nuestras nuevas relaciones y creemos que nos hemos enamorado. Algunos de nosotros nos «enfermamos de amor» e idealizamos a nuestra nueva pareja.

Entonces, comienza la lucha. Estamos descubriendo los hábitos de nuestra pareja y aprendiendo sus imperfecciones. Comenzamos a discutir y a sentir los efectos del conflicto y el estrés. Intentamos lidiar con el espacio que dedicamos a compartir con nuestras amistades, y con la línea entre ser independiente y pasar tiempo en pareja. Al mismo tiempo, aprendemos sobre las relaciones pasadas de esta persona, sus intereses actuales y lo que quiere para su futuro, si es que desea algo.

A medida que las relaciones progresan, pueden surgir conflictos sobre finanzas o valores personales. Con frecuencia existen diferencias basadas en los antecedentes culturales y socioeconómicos de dos personas diferentes. Entonces aparecen conflictos sobre cuánto sexo desea cada persona, entre otros. Con el tiempo, una persona podrá tener que lidiar con la traición de la otra y puede aparecer entonces la desilusión.  Lo primero que es importante considerar es que la desilusión en una relación es inevitable. Por supuesto, existe una diferencia entre desilusiones pequeñas o menores y desilusiones a gran escala. Pero con el tiempo son inevitables las desilusiones incluso de mayor escala. La desilusión es una parte normal y natural de toda relación, así que, primeramente, trate de no entrar en pánico cuando se sienta desilusionado. La desilusión no significa necesariamente que esté con la pareja equivocada o que deba tomar medidas drásticas o dramáticas.

De hecho, una de las preguntas que siempre hago en la etapa de evaluación del tratamiento con parejas es «¿Cuáles fueron tus primeras desilusiones con tu pareja?» Esto presupone que hay algunas. A veces, ocurren años después de la relación y, a veces, suceden en las primeras etapas de la misma. Un terapeuta de parejas cualificado te puede orientar acerca de las implicaciones que supone para la salud de la relación de pareja el que las desilusiones surjan al principio o inmediatamente después de iniciada la misma.

Toda desilusión, especialmente la desilusión en las relaciones, se origina en nuestras expectativas. Cómo creemos que alguien debería sentir por nosotros, cómo debería tratarnos o incluso cómo debería comportarse en el mundo. Y cuanto más estrecha es la relación, mayores son las expectativas de comportamiento y más fuerte la frustración. Pero si estás dispuesto a volverte susceptible a las alegrías de la vida con otros seres humanos, te estás volviendo vulnerable a cierto grado de frustración de igual forma. Entonces, analicemos algunas de las razones por las que nos desilusionamos en nuestras relaciones.  La desilusión puede surgir en cualquier relación significativa. Ya sea una relación romántica, una amistad o una relación familiar, toda relación conlleva expectativas. Valorar una relación y tener expectativas para esa relación van de la mano. Las palabras clave aquí son, como probablemente habrás notado: “debería”, “tendría” y “suponer”. Creamos un montón de «deberes» en nuestra mente sobre cómo “deberían” ser nuestras vidas. Y cómo “deben” comportarse las personas que nos rodean para que seamos felices. Pero, si bien es bueno tener algunos valores básicos sobre la vida, aferrarse a los «debes de», “tienes que” y los «se supone que» fácilmente puede resultar contraproducente.

Para concluir esta primera parte de este artículo, es necesario resaltar que ninguna relación es perfecta. A veces la voz en tu cabeza comienza a decir cosas como: «¿Es así realmente como ‘se supone’ que ‘debe’ ser?» o «No es quien pensaba que era». Al abordar el tema con tu pareja, ten en cuenta las siguientes dos recomendaciones fundamentales:

  • No hagas sentir a tu pareja criticada y asegúrate de hablar sobre tu propia experiencia en lugar de sólo hablar de su comportamiento. Cuéntale a tu pareja por qué esto en particular tiene tanto impacto para ti y cuál fue el significado que le diste.
  • Cada cónyuge que reciba esta retroalimentación debe esforzarse en escuchar sin ponerse a la defensiva. No inviertas los papeles en ese momento al presentar tus propias quejas ni plantees tus justificaciones. Resume a tu compañero lo que te está diciendo. Sé curioso e investigador. Realiza cualquier pregunta que te ayude a comprender mejor su punto de vista, incluso si en última instancia no estás de acuerdo con él. Adopta la postura de un periodista de investigación:  estás preguntando amablemente qué pasó y cómo se siente, y haciéndolo desde un lugar lo más neutral posible. Recuerda, no es necesario que estés de acuerdo.

Puede leer la segunda parte de este artículo Aquí. (Programada para 12/31/2023).

El balance entre la vida profesional y las relaciones de pareja

Dicen que sólo puedes amar tu carrera o tu cónyuge; no a ambos. O uno eventualmente te dejará. Algunas personas creen fielmente en esta afirmación.

Cuando se forma una nueva relación, tanto hombres como mujeres tienen que asumir nuevas responsabilidades sin dejar de cumplir con las antiguas. Entonces, ¿las relaciones de pareja afectan la vida profesional?

Socioculturalmente, se espera que las mujeres estén más disponibles en los hogares y realicen solas las tareas domésticas, como cocinar, limpiar, lavar la ropa, etc. De manera similar, se espera que los hombres ganen más dinero después de entrar en una relación de pareja. Esto contrasta con el hecho de que una nueva relación necesita atención y esfuerzo por parte de ambas partes, pero a veces, esto puede llegar a ser demasiado difícil de manejar.

Encontrar un equilibrio entre el trabajo y la relación es un desafío crítico que enfrentan muchas parejas. En el mundo acelerado de hoy, donde las demandas profesionales pueden consumirlo todo, mantener este equilibrio es esencial para una relación sana y feliz. Al mismo tiempo, la presión por tener éxito profesional a menudo lleva a las personas a pasar muchas horas en el trabajo, dejando poco tiempo para sus parejas. Este desequilibrio puede provocar sentimientos de abandono y soledad en la relación. Es crucial reconocer que si bien las carreras son importantes, no deben realizarse a expensas de la salud conyugal.

Si tu carrera está antes que tu cónyuge, es probable que tu relación lo refleje. Es posible que estés más enamorado de tu trabajo que de tu pareja. O al menos eso es lo que podría parecer en algunos casos. Puede que te lleves trabajo a casa los fines de semana, o trabajes de 10 a 12 horas al día o más, y regreses a casa agotado y con poco tiempo para tu cónyuge. Entonces quizás te preguntes el porqué ustedes dos no parecen llevarse bien.

Definitivamente, uno de los desafíos para los cónyuges es encontrar suficiente tiempo para hacerlo todo. Muchos dicen que se sienten apurados y más de la mitad dicen que tienen dificultades para equilibrar las responsabilidades de su trabajo y su vida sentimental. Si bien dividen su tiempo de manera diferente (los hombres se concentran un poco más en el trabajo remunerado y las mujeres más en el hogar y los niños), es igualmente probable que las mamás y los papás encuentren desafiante el acto de hacer malabarismos.

Reconocer los signos de desequilibrio entre el trabajo y la relación es fundamental. Aquí hay algunas señales interesantes a las que debes prestar atención:

  • Mayor tensión y discusiones. Uno de los signos más obvios de desequilibrio en las relaciones es un aumento de la tensión y las discusiones entre los cónyuges. Si discuten con más frecuencia y por cosas triviales, puede ser una señal de que la relación está bajo tensión.
  • Descuido de la relación. Si notas que tú o tu cónyuge cancelan planes constantemente, trabajan hasta altas horas de la noche o no se esfuerzan por pasar tiempo de calidad juntos, puede ser una señal de que el trabajo está teniendo prioridad sobre tu matrimonio.
  • Síntomas físicos del estrés. Equilibrar el trabajo y el matrimonio puede ser estresante y, si no lo controlas de manera eficaz, puede provocar síntomas físicos como dolores de cabeza, fatiga, agotamiento, mal temperamento o incluso dolor físico.
  • Falta de conexión emocional. Si tú o tu cónyuge se sienten desconectados emocionalmente, puede ser una señal de que la relación está desequilibrada. Esto podría manifestarse como un sentimiento de distanciamiento emocional, dificultad para comunicarse o no sentirse apoyado por la pareja.
  • No hay suficiente tiempo para tu pareja. Si tu pareja te pide continuamente tiempo para compartir juntos podría ser una señal de desequilibrio en el trabajo y la relación. Este podría ser el inicio de una espiral de eventos que conducirán a un debilitamiento progresivo de la relación.
  • Falta de tiempo para trabajos domésticos. Si tus obligaciones domésticas en el hogar están desatendidas, provocando así aumento en las tensiones en la relación, es necesario reexaminar la forma en que tú tiempo está siendo distribuido.
  • Cambios sustanciales en el manejo de la sexualidad. Cuando el sexo es casi inexistente o de muy pobre calidad -ya sea por el agotamiento físico o la falta de tiempo- y la sexualidad empieza a afectarse al punto donde la insatisfacción es evidente en ambas partes, es necesario hacer un análisis de cuáles son las prioridades en la relación.

Al reconocer estos signos de desequilibrio, podrás tomar medidas para controlar el estrés y mejorar el balance entre tu trabajo y tu relación. Es esencial abordar estos problemas desde el principio para evitar una mayor tensión en tu relación y promover su bienestar general.

A continuación algunas sugerencias útiles:

  • Priorizar el tiempo de calidad. El tiempo de calidad es esencial en cualquier relación, pero es especialmente crítico cuando se equilibra con el trabajo. Haz que sea una prioridad pasar tiempo juntos, aunque sea solo unos minutos cada día. Considera reservar citas nocturnas regulares o planificar actividades que puedan hacer juntos. Utiliza este tiempo para ponerse al día, relajarse y reconectarse. Priorizar el tiempo de calidad ayuda a reducir el estrés y fortalecer tu relación.
  • Establecer límites. Establecer límites es importante en cualquier relación, pero es especialmente crítico cuando se equilibra con el trabajo. Establece límites claros en torno al trabajo y la vida de pareja. Esto podría significar desconectarse del trabajo durante ciertos momentos del día o de la semana, establecer límites en las horas de trabajo o establecer límites en torno al tiempo personal. Al establecer límites, puedes crear un equilibrio saludable entre el trabajo y la vida personal y reducir el estrés.
  • Crear un calendario compartido. Crear un calendario compartido puede ayudarlos a ambos a realizar un seguimiento de los horarios de cada uno y garantizar que estén en la misma página. Esto puede ayudar a prevenir malentendidos y reducir el estrés. Considera usar un calendario digital al que puedas acceder desde tu teléfono o computadora, y asegúrate de actualizarlo periódicamente. Al crear un calendario compartido, pueden evitar conflictos de programación y asegurarse de dedicar tiempo el uno al otro.
  • Calidad sobre cantidad. En lugar de centrarse únicamente en la cantidad de tiempo que pasan juntos, prioricen la calidad de ese tiempo. Ya sea compartiendo una comida, dando un paseo o simplemente teniendo una conversación sincera; aprovechar al máximo el tiempo que pasan juntos fomenta una fuerte conexión emocional.
  • Apoyar objetivos individuales. Apoyen las aspiraciones profesionales y los objetivos individuales de cada uno. Al animarse mutuamente a perseguir pasiones y sueños personales, pueden crear un entorno en el que ambos cónyuges se sientan valorados y realizados.
  • Crear tiempo exclusivo para ustedes. Así como programas reuniones y citas de trabajo, también puedes programar tiempo dedicado al «nosotros». Ya sea una cita nocturna semanal o una escapada de fin de semana, este tiempo juntos intencionalmente les ayuda a nutrir su relación en medio de agendas ocupadas.
  • Guardar los teléfonos y alejarse de las redes sociales al menos cuando estén en casa. Esto le podría doler a muchos. Tal vez no sea demasiado pedir que guarden sus teléfonos de vez en cuando. Comprométanse a pasar tiempo juntos sin distracciones de teléfonos móviles o redes sociales y verán los resultados.
Conclusión

Los estudios muestran que cuando las parejas tienen acceso a un trabajo desafiante, son más felices,  tienen mejores relaciones, mejor sexo, es menos probable que se depriman y son más productivos. Con frecuencia, el éxito laboral va acompañado de cierta libertad económica que contribuye en gran medida a la consecución de las aspiraciones personales. Pero si las horas de trabajo se vuelven demasiado locas, las recompensas tienden a revertirse. La clave es priorizar tu relación y encontrar un trabajo desafiante en el que tengas cierto control sobre tus horas de trabajo o cierta flexibilidad. Equilibra el trabajo y la relación trabajando en equipo para satisfacer las necesidades de la vida y al mismo tiempo disfrutar de tu pareja. Si no disfrutas de tu cónyuge y no disfrutas de tus hijos, si los tienes, o si disfrutas compartir más con compañeros de trabajo o amigos, es posible que desees reevaluar tus prioridades.