La desilusión en las relaciones de pareja | Parte II

Como mencionáramos en la primera parte de este artículo, la desilusión en las relaciones es normal. No es una experiencia única, sino compartida. Esto se debe a que cada persona tiene su propia manera de pensar, actuar y ser, pero al mismo tiempo, existen patrones de conducta que son comunes en la humanidad, y éste es uno de ellos. Incluso en la mejor de las historias de amor, habrá momentos de ira y desilusión. Examinemos cómo lidiar con la desilusión en las relaciones, qué podemos hacer para manejarla y recuperarnos de ella.

Lidiando con la desilusión
  • Identifica qué tan crítica es la desilusión.  Pregúntate:  ¿es algo que te importará o que recordarás en una semana/mes/año? En un extremo, podría ser alguien que rompe tu confianza o hace algo tan hiriente que la relación se rompa permanentemente, o, en el otro extremo, podría ser una persona que a lo mejor no es tan higiénica como tú esperabas. Sólo tú puedes decidir qué hacer y en qué lugar de esa escala posisionarte.
  • Reconoce que ni tú ni tu pareja son expertos en tener una relación. Es un proceso de aprendizaje. Ambos llegan a la relación con una serie de buenos y malos ejemplos, comportamientos y creencias que, tal vez, adquirieron de su familia de origen, relaciones anteriores y otras fuentes de influencia y/o modelaje.
  • Presta atención a tus expectativas y reconsidéralas por completo. Ten en cuenta que las expectativas poco razonables incluyen cosas como querer que tu pareja cambie sus valores, sea la fuente de toda tu felicidad o vaya en contra de su polaridad natural masculina o femenina. No esperes que tu pareja piense, reacciona o sienta lo mismo que tú. Y nunca esperes la perfección.
  • Identifica el origen de tus expectativas. Analiza si tu patrón de referencia referente a lo que esperas en una relación se relaciona con ejercer control de tu pareja o con los valores personales de cómo te criaron, con traumas de relaciones anteriores o con aprendizajes de vida, con el modelaje observado en películas de Hollywood o con enseñanzas religiosas, o con cualquier otra fuente que haya ayudado a formar tu posición con respecto a un asunto.
  • Entender las implicaciones de los «debería», los «tiene» y los «se supone». El «debería», el «tiene» y el «se supone» son  un tipo de pensamiento irracional que funciona de forma unipolar, o es blanco o negro. No hay zona gris ni margen de negociación. Son palabras que te exigen un estándar muy alto y te ponen bajo mucha presión a ti, a tu pareja y a la relación. Esto puede resultar ser agotador y podría alejarte de concentrarte en lo que realmente quieres en la vida. Las sobredosis de los «debe», los «tiene» y los «se supone» nos roban el sentido de elección, libertad y autonomía. Precaución.
  • Agradece ver la realidad tal como es.  Ver la realidad tal como es, es aceptar que las cosas no siempre son como quieres que sean. Ése es un hecho que es necesario aceptar y no resistir. Así que cuanto antes salga a la luz la verdad, mejor.
  • Acepta la humanidad de tu pareja y que las personas no siempre son la mejor versión de sí mismas.  Todos tenemos nuestros fallos, deseos, necesidades, traumas y heridas. Todos somos seres humanos con grandes historias de vida. Esperar que otros sean perfectos es simplemente poco realista. La gente inevitablemente tiene defectos, al igual que nosotros. Del mismo modo que podríamos haber desilusionado a las personas que nos rodean, probablemente sin siquiera darnos cuenta.
  • Verbaliza cuáles son tus expectativas.  Nadie puede leer la mente. Tu pareja no puede saber lo que esperas de ella a menos que se lo digas. Habla con tu pareja sobre tus ideales en una relación.
  • Nunca esperes que tu pareja lea tu mente. A menudo esperamos que nuestra pareja haga mágicamente las cosas que queremos que haga o sepa mágicamente lo que estamos pensando. Cuando esto no sucede, nos sentimos desilusionados. Si quieres más sexo y conexión, foméntalo. Vuelve a lo básico, tal como lo hiciste cuando tu relación apenas estaba en ciernes. Vístete elegante, presta atención, sé amable, invita, comparte tus pensamientos, ideas y sueños, etc. En mi práctica como psicólogo de pareja he notado que a las personas simplemente les aterra hablarle a su pareja acerca de sus ideales en una relación.  Lo cierto es que si no lo haces, podrías estar, tal vez inconscientemente, aspirando a que tu pareja lea tu mente.
  • El tiempo y lugar oportunos es fundamental.  Una conversación sobre la desilusión en las relaciones debe llevarse a cabo en un momento y lugar en el que ambos estén tranquilos, descansados, alimentados y sintiéndose en su mejor momento. Si bien es posible que sientas que quieres tener la conversación en el momento preciso en que tu pareja hizo algo que te desilusionó, evítalo. No querrás que un estallido emocional y dramático interrumpa lo que podría ser una conversación significativa y productiva sobre los efectos de la desilusión en tu relación.
  • Presta atención al esfuerzo, no la perfección.  Tu cónyuge puede cometer un error de vez en cuando. Cuando se olvide de sacar la basura, en lugar de un suspiro de exasperación, recuerda: nadie es perfecto. Mientras haya un esfuerzo y compromiso constantes, estarás en el camino correcto.
  • No asumas que su visión de mundo es similar a la tuya.  Muchas veces experimentamos desilusión en las relaciones porque pensamos que la otra persona ve las cosas y se preocupa por ellas como nosotros. Esta es una suposición que seguramente provocará ira y desilusión. Recuerda, cada persona tiene su propia manera de interpretar las cosas. Pregúntale cuál es el suyo.
  • No asumas que tu visión de mundo es similar a la del resto de las personas.  Este punto se relaciona con el anterior, aunque no se refiere a lo mismo. Con frecuencia la persona juzgan la conducta de sus parejas tomando en consideración su propio sistema de valores o visión de mundo. Esto es particularmente importante porque la misma situación objeto de la desilusión puede que no lo sea para otra persona o, incluso, que le haya funcionado adecuadamente en otros contextos. Por lo tanto, es imporante entender cuando el asunto se relacione con expectativas personales y no con verdades universales.  En ocasiones suponemos que nuestras creencias representan verdades universales.
  • Deja de esperar que tu felicidad venga de tu pareja.  Si confías en tu pareja para que te haga feliz, para validar tu autoestima y para darte aprobación, es posible que experimentes una gran desilusión. La felicidad es un asunto personal y no es algo que quieras poner en manos de tu pareja o cónyuge, o de otra persona.  Date lo que necesites: compasión, cariño, admiración, amor propio. Cuando asumes la responsabilidad de crear tu propia vida enriquecedora, descubrirás que las cosas son mucho menos dramáticas cuando la gente te desilusiona. Sí, una relación debe aumentar tu felicidad, pero no ser la fuente exclusiva de ésta.
  • Acepta que tu pareja podría estar pasando por el mismo proceso. Con frecuencia la experiencia de desilusión es compartida. Mientras que uno de los cónyuges se pueda estar sintiendo desilusionado, con frecuencia el otro estará pasando por lo mismo, aunque no lo exprese. La desilusión es un fenómeno compartido y llegará tarde o temprano a la relación. Todas las personas poseen expectativas personales con respecto a la relación y con respecto a sus parejas, la cuales díficilmente podrán ser llenadas a cabalidad. Si miramos las cosas desde esta perspectiva, vemos que lidiar con la desilusión en una relación es una vía de doble sentido. No se trata únicamente de «arreglar» a la otra persona.  Probablemente haya otra persona que también necesite ser «arreglada», ¿te imaginas quién podría ser?
  • Sé la persona de la que te gustaría estar enamorado.  Similar al punto anterior, conviértete en la persona que no te desilusionará. No puedes controlar las acciones de tu pareja, pero puedes controlar las tuyas. Así que sé esa persona segura, confiable, amorosa, comunicativa y responsable. Descubrirás que esto atrae a otros con esas mismas características a tu universo.
  • Entiende que las personas cambian con el tiempo. Las relaciones a largo plazo pasan por distintas etapas y el amor se transforma. Asimismo, las personas mismas sufren transformaciones a lo largo del tiempo. No existe nada más permanente que el cambio. Esta es una verdad fundamental que es necesario aceptar.
  • Es necesario entender y reconocer la humanidad del otro. Nuestra incapacidad para reconocer la humanidad en los demás sienta las bases del egoísmo. Una relación que le dé espacio al reconocimiento de las vulnerabilidades de sus integrantes será un lugar mucho más pacífico, habitable y feliz.
  • Practica la compasión. Mostrar empatía, gracia y compasión genuinas en la relación ayuda a darnos cuenta de que somos seres humanos complejos con una disposición de lidiar mejor con las expectativas autoimpuestas, y a darle paso a la práctica de la flexibilidad y la generosidad.
  • Prepárate para salir de la relación si las desilusiones son la fuente de su infelicidad.  A veces las relaciones son decepcionantes y no hay mucho que puedas hacer para cambiar las cosas. Si has intentado varias opciones y aún te encuentras en ese punto de una relación donde las desilusiones son frecuentes, dejar la misma puede ser lo correcto. No es saludable permanecer en una situación en la que aceptas la decepción todos los días. Te chupará la alegría.  Te quebrantará el espíritu.
Concluyendo

La vida ciertamente contiene desilusiones. Principalmente en el contexto de una relación. Pero con algunos ajustes a nuestras expectativas personales y respeto por los orígenes, culturas y experiencias individuales de las otras personas, podemos disminuir la cantidad de desilusiones que sentimos. Recuerda, uno de los principales influyentes para cambiar la relación es primero cambiarte a ti mismo. Todo lo que se necesita son algunos cambios o ajustes en la forma en que percibimos las cosas y podemos evitar que la desilusión en la relación llame constantemente a nuestra puerta.

La desilusión en las relaciones de pareja | Parte I

El amor y las relaciones en sus primeras etapas están basados en ilusiones. Las ilusiones pueden considerarse distorsiones en la percepción de la realidad. Cuando se enamoran, las personas parecen saber – y tienen el convencimiento– rápidamente que acaban de conocer a «la persona indicada». Al principio, estamos sumamente entusiasmados con nuestras nuevas relaciones y creemos que nos hemos enamorado. Algunos de nosotros nos «enfermamos de amor» e idealizamos a nuestra nueva pareja.

Entonces, comienza la lucha. Estamos descubriendo los hábitos de nuestra pareja y aprendiendo sus imperfecciones. Comenzamos a discutir y a sentir los efectos del conflicto y el estrés. Intentamos lidiar con el espacio que dedicamos a compartir con nuestras amistades, y con la línea entre ser independiente y pasar tiempo en pareja. Al mismo tiempo, aprendemos sobre las relaciones pasadas de esta persona, sus intereses actuales y lo que quiere para su futuro, si es que desea algo.

A medida que las relaciones progresan, pueden surgir conflictos sobre finanzas o valores personales. Con frecuencia existen diferencias basadas en los antecedentes culturales y socioeconómicos de dos personas diferentes. Entonces aparecen conflictos sobre cuánto sexo desea cada persona, entre otros. Con el tiempo, una persona podrá tener que lidiar con la traición de la otra y puede aparecer entonces la desilusión.  Lo primero que es importante considerar es que la desilusión en una relación es inevitable. Por supuesto, existe una diferencia entre desilusiones pequeñas o menores y desilusiones a gran escala. Pero con el tiempo son inevitables las desilusiones incluso de mayor escala. La desilusión es una parte normal y natural de toda relación, así que, primeramente, trate de no entrar en pánico cuando se sienta desilusionado. La desilusión no significa necesariamente que esté con la pareja equivocada o que deba tomar medidas drásticas o dramáticas.

De hecho, una de las preguntas que siempre hago en la etapa de evaluación del tratamiento con parejas es «¿Cuáles fueron tus primeras desilusiones con tu pareja?» Esto presupone que hay algunas. A veces, ocurren años después de la relación y, a veces, suceden en las primeras etapas de la misma. Un terapeuta de parejas cualificado te puede orientar acerca de las implicaciones que supone para la salud de la relación de pareja el que las desilusiones surjan al principio o inmediatamente después de iniciada la misma.

Toda desilusión, especialmente la desilusión en las relaciones, se origina en nuestras expectativas. Cómo creemos que alguien debería sentir por nosotros, cómo debería tratarnos o incluso cómo debería comportarse en el mundo. Y cuanto más estrecha es la relación, mayores son las expectativas de comportamiento y más fuerte la frustración. Pero si estás dispuesto a volverte susceptible a las alegrías de la vida con otros seres humanos, te estás volviendo vulnerable a cierto grado de frustración de igual forma. Entonces, analicemos algunas de las razones por las que nos desilusionamos en nuestras relaciones.  La desilusión puede surgir en cualquier relación significativa. Ya sea una relación romántica, una amistad o una relación familiar, toda relación conlleva expectativas. Valorar una relación y tener expectativas para esa relación van de la mano. Las palabras clave aquí son, como probablemente habrás notado: “debería”, “tendría” y “suponer”. Creamos un montón de «deberes» en nuestra mente sobre cómo “deberían” ser nuestras vidas. Y cómo “deben” comportarse las personas que nos rodean para que seamos felices. Pero, si bien es bueno tener algunos valores básicos sobre la vida, aferrarse a los «debes de», “tienes que” y los «se supone que» fácilmente puede resultar contraproducente.

Para concluir esta primera parte de este artículo, es necesario resaltar que ninguna relación es perfecta. A veces la voz en tu cabeza comienza a decir cosas como: «¿Es así realmente como ‘se supone’ que ‘debe’ ser?» o «No es quien pensaba que era». Al abordar el tema con tu pareja, ten en cuenta las siguientes dos recomendaciones fundamentales:

  • No hagas sentir a tu pareja criticada y asegúrate de hablar sobre tu propia experiencia en lugar de sólo hablar de su comportamiento. Cuéntale a tu pareja por qué esto en particular tiene tanto impacto para ti y cuál fue el significado que le diste.
  • Cada cónyuge que reciba esta retroalimentación debe esforzarse en escuchar sin ponerse a la defensiva. No inviertas los papeles en ese momento al presentar tus propias quejas ni plantees tus justificaciones. Resume a tu compañero lo que te está diciendo. Sé curioso e investigador. Realiza cualquier pregunta que te ayude a comprender mejor su punto de vista, incluso si en última instancia no estás de acuerdo con él. Adopta la postura de un periodista de investigación:  estás preguntando amablemente qué pasó y cómo se siente, y haciéndolo desde un lugar lo más neutral posible. Recuerda, no es necesario que estés de acuerdo.

Puede leer la segunda parte de este artículo Aquí. (Programada para 12/31/2023).

El balance entre la vida profesional y las relaciones de pareja

Dicen que sólo puedes amar tu carrera o tu cónyuge; no a ambos. O uno eventualmente te dejará. Algunas personas creen fielmente en esta afirmación.

Cuando se forma una nueva relación, tanto hombres como mujeres tienen que asumir nuevas responsabilidades sin dejar de cumplir con las antiguas. Entonces, ¿las relaciones de pareja afectan la vida profesional?

Socioculturalmente, se espera que las mujeres estén más disponibles en los hogares y realicen solas las tareas domésticas, como cocinar, limpiar, lavar la ropa, etc. De manera similar, se espera que los hombres ganen más dinero después de entrar en una relación de pareja. Esto contrasta con el hecho de que una nueva relación necesita atención y esfuerzo por parte de ambas partes, pero a veces, esto puede llegar a ser demasiado difícil de manejar.

Encontrar un equilibrio entre el trabajo y la relación es un desafío crítico que enfrentan muchas parejas. En el mundo acelerado de hoy, donde las demandas profesionales pueden consumirlo todo, mantener este equilibrio es esencial para una relación sana y feliz. Al mismo tiempo, la presión por tener éxito profesional a menudo lleva a las personas a pasar muchas horas en el trabajo, dejando poco tiempo para sus parejas. Este desequilibrio puede provocar sentimientos de abandono y soledad en la relación. Es crucial reconocer que si bien las carreras son importantes, no deben realizarse a expensas de la salud conyugal.

Si tu carrera está antes que tu cónyuge, es probable que tu relación lo refleje. Es posible que estés más enamorado de tu trabajo que de tu pareja. O al menos eso es lo que podría parecer en algunos casos. Puede que te lleves trabajo a casa los fines de semana, o trabajes de 10 a 12 horas al día o más, y regreses a casa agotado y con poco tiempo para tu cónyuge. Entonces quizás te preguntes el porqué ustedes dos no parecen llevarse bien.

Definitivamente, uno de los desafíos para los cónyuges es encontrar suficiente tiempo para hacerlo todo. Muchos dicen que se sienten apurados y más de la mitad dicen que tienen dificultades para equilibrar las responsabilidades de su trabajo y su vida sentimental. Si bien dividen su tiempo de manera diferente (los hombres se concentran un poco más en el trabajo remunerado y las mujeres más en el hogar y los niños), es igualmente probable que las mamás y los papás encuentren desafiante el acto de hacer malabarismos.

Reconocer los signos de desequilibrio entre el trabajo y la relación es fundamental. Aquí hay algunas señales interesantes a las que debes prestar atención:

  • Mayor tensión y discusiones. Uno de los signos más obvios de desequilibrio en las relaciones es un aumento de la tensión y las discusiones entre los cónyuges. Si discuten con más frecuencia y por cosas triviales, puede ser una señal de que la relación está bajo tensión.
  • Descuido de la relación. Si notas que tú o tu cónyuge cancelan planes constantemente, trabajan hasta altas horas de la noche o no se esfuerzan por pasar tiempo de calidad juntos, puede ser una señal de que el trabajo está teniendo prioridad sobre tu matrimonio.
  • Síntomas físicos del estrés. Equilibrar el trabajo y el matrimonio puede ser estresante y, si no lo controlas de manera eficaz, puede provocar síntomas físicos como dolores de cabeza, fatiga, agotamiento, mal temperamento o incluso dolor físico.
  • Falta de conexión emocional. Si tú o tu cónyuge se sienten desconectados emocionalmente, puede ser una señal de que la relación está desequilibrada. Esto podría manifestarse como un sentimiento de distanciamiento emocional, dificultad para comunicarse o no sentirse apoyado por la pareja.
  • No hay suficiente tiempo para tu pareja. Si tu pareja te pide continuamente tiempo para compartir juntos podría ser una señal de desequilibrio en el trabajo y la relación. Este podría ser el inicio de una espiral de eventos que conducirán a un debilitamiento progresivo de la relación.
  • Falta de tiempo para trabajos domésticos. Si tus obligaciones domésticas en el hogar están desatendidas, provocando así aumento en las tensiones en la relación, es necesario reexaminar la forma en que tú tiempo está siendo distribuido.
  • Cambios sustanciales en el manejo de la sexualidad. Cuando el sexo es casi inexistente o de muy pobre calidad -ya sea por el agotamiento físico o la falta de tiempo- y la sexualidad empieza a afectarse al punto donde la insatisfacción es evidente en ambas partes, es necesario hacer un análisis de cuáles son las prioridades en la relación.

Al reconocer estos signos de desequilibrio, podrás tomar medidas para controlar el estrés y mejorar el balance entre tu trabajo y tu relación. Es esencial abordar estos problemas desde el principio para evitar una mayor tensión en tu relación y promover su bienestar general.

A continuación algunas sugerencias útiles:

  • Priorizar el tiempo de calidad. El tiempo de calidad es esencial en cualquier relación, pero es especialmente crítico cuando se equilibra con el trabajo. Haz que sea una prioridad pasar tiempo juntos, aunque sea solo unos minutos cada día. Considera reservar citas nocturnas regulares o planificar actividades que puedan hacer juntos. Utiliza este tiempo para ponerse al día, relajarse y reconectarse. Priorizar el tiempo de calidad ayuda a reducir el estrés y fortalecer tu relación.
  • Establecer límites. Establecer límites es importante en cualquier relación, pero es especialmente crítico cuando se equilibra con el trabajo. Establece límites claros en torno al trabajo y la vida de pareja. Esto podría significar desconectarse del trabajo durante ciertos momentos del día o de la semana, establecer límites en las horas de trabajo o establecer límites en torno al tiempo personal. Al establecer límites, puedes crear un equilibrio saludable entre el trabajo y la vida personal y reducir el estrés.
  • Crear un calendario compartido. Crear un calendario compartido puede ayudarlos a ambos a realizar un seguimiento de los horarios de cada uno y garantizar que estén en la misma página. Esto puede ayudar a prevenir malentendidos y reducir el estrés. Considera usar un calendario digital al que puedas acceder desde tu teléfono o computadora, y asegúrate de actualizarlo periódicamente. Al crear un calendario compartido, pueden evitar conflictos de programación y asegurarse de dedicar tiempo el uno al otro.
  • Calidad sobre cantidad. En lugar de centrarse únicamente en la cantidad de tiempo que pasan juntos, prioricen la calidad de ese tiempo. Ya sea compartiendo una comida, dando un paseo o simplemente teniendo una conversación sincera; aprovechar al máximo el tiempo que pasan juntos fomenta una fuerte conexión emocional.
  • Apoyar objetivos individuales. Apoyen las aspiraciones profesionales y los objetivos individuales de cada uno. Al animarse mutuamente a perseguir pasiones y sueños personales, pueden crear un entorno en el que ambos cónyuges se sientan valorados y realizados.
  • Crear tiempo exclusivo para ustedes. Así como programas reuniones y citas de trabajo, también puedes programar tiempo dedicado al «nosotros». Ya sea una cita nocturna semanal o una escapada de fin de semana, este tiempo juntos intencionalmente les ayuda a nutrir su relación en medio de agendas ocupadas.
  • Guardar los teléfonos y alejarse de las redes sociales al menos cuando estén en casa. Esto le podría doler a muchos. Tal vez no sea demasiado pedir que guarden sus teléfonos de vez en cuando. Comprométanse a pasar tiempo juntos sin distracciones de teléfonos móviles o redes sociales y verán los resultados.
Conclusión

Los estudios muestran que cuando las parejas tienen acceso a un trabajo desafiante, son más felices,  tienen mejores relaciones, mejor sexo, es menos probable que se depriman y son más productivos. Con frecuencia, el éxito laboral va acompañado de cierta libertad económica que contribuye en gran medida a la consecución de las aspiraciones personales. Pero si las horas de trabajo se vuelven demasiado locas, las recompensas tienden a revertirse. La clave es priorizar tu relación y encontrar un trabajo desafiante en el que tengas cierto control sobre tus horas de trabajo o cierta flexibilidad. Equilibra el trabajo y la relación trabajando en equipo para satisfacer las necesidades de la vida y al mismo tiempo disfrutar de tu pareja. Si no disfrutas de tu cónyuge y no disfrutas de tus hijos, si los tienes, o si disfrutas compartir más con compañeros de trabajo o amigos, es posible que desees reevaluar tus prioridades.

Cambios en la relación con la llegada de hijos e hijas

Al tiempo que la pareja podría estar lidiando con conflictos relacionados a la desilusión, al manejo de las finanzas, a las responsabilidades de las labores domésticas, entre otros, podrían también sobrevenir conflictos relacionados con la llegada de los hijos e hijas a la relación. Aunque muchas veces planificados, la realidad es que numerosas parejas entran a esta etapa a raíz de embarazos inesperados, tratamientos para la infertilidad posiblemente traumáticos o por otras circunstancias fuera de su control.

Aún así, lo cierto es que uno de los sueños más comunes en personas que forman una relación de pareja es el de formar una familia, ya sea por aspiraciones personales o por demandas socioculturales. Sin embargo, la investigación científica nos muestra que la felicidad en la relación de pareja no aumenta con la llegada de los hijos e hijas. De hecho, The Gottman Institute descubrió que dos tercios de los matrimonios experimentan una disminución de la felicidad en los primeros tres años después de tener un bebé. En este sentido es importante reconocer cómo pueden cambiar los roles una vez sobrevienen la paternidad y la maternidad, y cómo esto puede hacer sentir tanto a la madre como al padre.  La llegada de un primer bebé puede significar que dos personas que eran las más importantes en la vida del otro ahora tengan una tercera persona (o más en caso de gemelos o múltiples) muy importante en quien pensar. Algunos padres y madres encuentran difícil esta transición y luchan con el hecho de que ya no están en la mente de su pareja como lo estaban antes. La pareja puede sentirse marginada cuando la madre se concentra en su hijo y, máxime, cuando ésta constantemente exclama “¡Mis hijos son lo primero!” Del mismo modo, algunas mujeres pueden sentir que desaparecen mientras todos se concentran en el nuevo bebé. No importa cuanta satisfacción le pueda proporcionar, la madre puede sentir que su papel es simplemente cuidar y alimentar al bebé en lugar de ser una pareja o una persona por derecho propio.

El cambio de una pareja a una familia de tres, o posiblemente más, puede ser una de las mayores transformaciones a las que te enfrentas cuando te conviertes en padre o madre. Uno de los factores más importantes que provoca tensión y problemas en las relaciones después del parto es el cansancio. La falta de sueño puede tener un gran impacto en la vida cotidiana. Los nuevos padres y madres también suelen tener poco tiempo disponible para cualquier otra actividad que no se relacione con el cuidado de los hijos e hijas. Las horas que antes se dedicaban a socializar, relajarse y realizar tareas domésticas pueden reducirse drásticamente, y esto podría cambiar la dinámica de cualquier relación.

El dinero, o la falta de él, también puede ser una causa de estrés para las parejas. El advenimiento de nuestros miembros en la familia conlleva nuevos gastos, en ocasiones no anticipados.  Para muchos padres y madres primerizos, adaptarse a una vida con ingresos reducidos o un solo salario puede resultar especialmente difícil. A menudo, hay problemas emocionales que se añaden a las disputas monetarias, como la pérdida de independencia financiera o sentir la presión de tener que mantener a la familia. Por otro lado, a raíz de la situación financiera, las mamás y los papás pueden experimentar problemas de salud mental, como depresión o ansiedad, que pueden tener un gran impacto en el bienestar de la relación.

El lado físico de una relación también puede cambiar dramáticamente debido al agotamiento físico que mencionáramos antes, al tener que lidiar con las exigencias de la vida con un recién nacido. Puede llevar tiempo volver a tener ganas de tener relaciones sexuales después del nacimiento, sobre todo en el caso de las madres. Luego, sobreviene el asunto de los estilos de crianza. Algunos padres descubren que tienen puntos de vista diferentes sobre la crianza de los hijos, lo que puede causar conflictos agregados. Puede resultar fácil para uno de los padres convertirse en el «experto» en asuntos de crianza y socavar la confianza del otro.

El conflicto entre padres y madres ocurre en todas las relaciones y, a veces, puede provocar sentimientos de ira, incluso ira extrema, en la pareja. El conflicto entre padres y madres puede significar muchas cosas y, a menudo, puede tomar la forma de discusiones ruidosas que escalan con gran facilidad. Una característica común del conflicto entre padres y  madres es que cada persona culpa a la otra por lo que sucede. Y, como si eso fuera poco, a veces puede desarrollarse rivalidad entre ellos por la atención y el amor de sus hijos.

En las relaciones heterosexuales, los roles de género tradicionales pueden entrar en juego de forma consciente e inconsciente. Las mujeres pueden verse sobrecargadas con las tareas domésticas y el cuidado de los niños cuando habían imaginado una división del trabajo más equitativa. Si su pareja está amamantando, los hombres pueden sentirse inseguros de cómo participar y podrían aceptar rápidamente que ser el sostén económico de la familia es la mejor o quizás la única forma efectiva en que puede contribuir. Si esta mentalidad no se cuestiona, puede evolucionar y moldear la vida familiar a largo plazo.

Las parejas también pueden sentirse tan cautivadas por sus hijos e hijas que hasta suspenden el cuidado de su relación y se dicen a sí mismos que eso está bien por el bien de sus pequeños. Con frecuencia ni tan siquiera aceptan ponerlos al cuidado de otras personas mientras asisten a sus trabajos o a otros compromisos donde no es adecuado llevar a la criatura; temen que los vayan a dañar, que se vayan a criar con valores ajenos o simplemente no toleran alejarse de ellos por algunas horas. Podrían pasar meses o incluso años sin citas nocturnas, vida sexual o dormir en la misma cama, o peor aún, con el infante durmiendo en la cama en medio de ellos. Los problemas y resentimientos pueden quedar en “status quo” cuando deberían ventilarse y resolverse. Pueden decirse que las cosas mejorarán cuando los niños sean mayores o cuando comiencen la escuela, pero si tienen más de un hijo, esto podría significar que los problemas no se abordarán durante muchos años, y se agravarán con el tiempo, y la pasión se mudará de casa.

Estas tres recomendaciones podrían ponerte en posición de afrontar esta situación adecuadamente:

  • Nutre tu relación pasando tiempo juntos. Aunque puede ser más fácil decirlo que hacerlo, no hagas que todo en tu relación gire en torno a la maternidad y la paternidad. Necesitan tener tiempo para volver a conectarse con el motivo por el que están juntos y lo que tiene de especial y diferente su relación. El tiempo juntos puede ser tan simple como una cita nocturna en el sofá una vez a la semana, siempre y cuando uses ese tiempo para hablar de cualquier cosa menos de los niños, esto será un buen ancla en tu relación.
  • Respétense unos a otros en sus nuevos roles. Informarse periódicamente sobre el aprendizaje, las diferentes ideas y los enfoques de la crianza de los hijos e hijas es una parte saludable de desarrollar juntos sus habilidades de crianza. Intenta ser flexible y ofrézcanse mutuamente ideas para considerar en lugar de reglas a seguir. Reconozcan que uno de los dos podría tener más conocimiento sobre lo que funciona para los niños debido al papel que desempeña con ellos. Es importante ser respetuoso con esa información por el bien de los propios niños. Sin embargo, el portador de ese conocimiento debe permitir que el otro padre encuentre también su propio estilo y enfoque de crianza. Quizás surjan nuevos conocimientos e ideas que podrían ser útiles para todos. Los niños son bastante adaptables siempre que no reciban mensajes contradictorios ni vean una lucha de poder entre sus padres y madre.
  • Céntrate también en tu cuidado personal. A menudo, el cuidado personal es lo último en la lista de los padres y madres ocupados. Los niños y el trabajo son la primera prioridad, seguido por las obligaciones domésticas, y luego, tal vez, vendría el cuidado personal. Sin embargo, si dedicas un poco de tiempo a ti mismo, te irá mejor en todas las demás áreas. Mantenerse en contacto con amigos, darse un baño largo o una visita rápida al gimnasio son formas eficientes de tiempo que podrían marcar una diferencia sustancial en tu moral. Para ello obtén ayuda si es necesario. Este es un momento en el que amigos y familiares estarán dispuestos a ayudar, así que comunícate. También es importante incorporar una niñera confiable a tus recursos de apoyo.
Concluyendo, los adultos de las familias más exitosas no descuidan los problemas matrimoniales. Se comprometen a pasar tiempo juntos como pareja y a trabajar juntos para resolver cualquier malentendido, celos o conflicto. Se comprometen a comunicarse, elogiarse y perdonarse unos a otros; intentan entenderse; y examinan rutinariamente su relación y cómo se puede mejorar. A veces los niños son una excusa conveniente para no afrontar dificultades matrimoniales graves. Los padres pueden pensar: «Los niños requieren mucha de nuestra atención ahora; una vez que crezcan, tendremos mucho tiempo para hablar sobre los problemas que tenemos en nuestra propia relación». Pero esa es una receta para el desastre matrimonial y parental. Los problemas tienden a empeorar con el tiempo, y una vez que sus hijos crezcan, es posible que no tengan muchos cimientos sobre los cuales construir, si es que todavía están juntos. Así que no permanezcas en la zona de confort al permitir que los problemas persistan sin intentar resolverlos.

Acerca del sexo

Históricamente, el pene ha sido representado como una fuente de gran poder, mientras que la vulva ha sido representada como el órgano que tiene el poder tanto de «dar vida» como de dar placer sexual a la humanidad. La genitalia humana, por lo tanto, ha sido investida de ese «gran poder», y un «gran poder» conlleva una «gran responsabilidad». La responsabilidad sexual es un concepto amplio que será objeto de otra discusión.

La genitalia humana también tiende a ser el foco de la actividad sexual, infortunadamente ignorando otros órganos sexuales de más trascendencia. La actividad sexual en los mamíferos heterosexuales se produce cuando el pene del macho se vuelve erecto y rígido a medida que sus tejidos se llenan de sangre, lo que permite insertarlo en la vagina de la hembra. Los movimientos de empuje del pene provocan la eyaculación, en la que el semen, que contiene espermatozoides, se deposita en la vagina. Este acto, aparentemente mecánico e instintivo, tiende a obsesionar a los seres humanos a tal punto que ha dado inicio a múltiples tragedias a lo largo de la historia, y no en balde es uno de los más conflictivos en el contexto de las relaciones de pareja.

El género de las personas explica el porqué el sexo tiende a experimentarse e interpretarse de manera distintiva por hombres y por mujeres. El conocimiento formal de parte de los cónyuges en materia de sexualidad y su conexión con los asuntos de género podría ser la clave para mejorar la satisfacción sexual en la relación. En un mundo ideal, cada vez que tuvieras relaciones sexuales transcurriría sin problemas. La realidad no es esa. Como podría decirte cualquier terapeuta de pareja, pueden surgir una variedad de problemas cuando se pone manos a la obra en materia sexual.

Veamos algunos de los problemas sexuales que, como psicólogo de parejas, he encontrado que enfrentan las relaciones, junto con algunas alternativas de manejo:

  • “No siento nada. Eso está muerto ahí abajo. Es como un desierto”. Esta es una expresión muy recurrente en mujeres, sobre todo luego que han sobrepasado los 50 años de edad, pero podría ocurrir antes. Es importante que se tenga claro que la ausencia de deseo sexual no forma parte de una sexualidad saludable en las personas a cualquier edad. La falta de deseo sexual podría tener sus raíces en problemas psicológicos, problemas de relaciones de parejas y problemas fisiológicos de consideración. Es importante empezar por hacerse examinar por un médico si este es el caso. Otras condiciones que comúnmente sobrevienen con la edad, y que pueden afectar el deseo sexual, se relacionan con la ausencia o inconsistencia en la lubricación femenina, lo cual podría tornar la actividad sexual en dolorosa para muchas mujeres. Existen estrategias de manejo que un sexólogo o sexóloga o psicólogo de pareja calificados podrían sugerirte. Anímate a buscar ayuda.
  • «Mi mente no deja de divagar durante el acto». Una situación muy frecuente en mujeres, quienes tienden a referir que están demasiado distraídas para estar mentalmente presentes en el momento. Esto es especialmente cierto para muchas madres, ya que la presión de la maternidad puede obstruir cualquier pensamiento sexual que se pueda tener. Podría parecer contradictorio, pero programar relaciones sexuales podría ayudar toda vez que se puede adaptar la situación para eliminar cualquier fuente de distracción que pueda tener el efecto de redirigir tu atención a otras cosas: contratar una niñera, pedirle a tus padres que cuiden de los niños o establecer el escenario adecuado. Sin embargo, preocupaciones económicas, problemas de salud mental como la depresión y la ansiedad, problemas de autoestima e inconformidad con el cuerpo, problemas de higiene en la pareja u olores poco agradables como el alcohol o la nicotina, problemas con la pareja y falta de intimidad en la relación, entre otros, tienden a ocupar los pensamientos al momento del acto sexual y necesitan ser atendidos de forma puntual con un profesional.
  • «Como soy hombre, no puedo ser tan sentimental como ella quiere». Ese rumor sobre cómo los chicos deben ser pocos sensibles y muy obsesionados con el sexo no les hace ningún favor. La realidad es que algunos hombres revelan que en realidad les gustaría sentirse más cerca de su pareja en el plano sentimental dentro y fuera del dormitorio, pero simplemente no saben cómo. En este punto, puedes, tal vez, hacerlo más fácil para él siendo tú misma un tanto más vulnerable con tus propios sentimientos y utiliza la estrategia del refuerzo positivo cuando notes que él está realizando avances en esta área.
  • «Siempre tengo que iniciar; ella no toma la iniciativa ni me busca». Si una persona piensa que la otra no disfruta lo suficiente de los buenos momentos, el resentimiento puede surgir. En lugar de esperar a que tu pareja tome la iniciativa para luego sentirte decepcionado cuando no sucede, puedes empezar por auscultar el porqué tu pareja no asume ese tipo de rol, y luego comenzar un diálogo al respecto. Te puede sorprender lo que podrías encontrar. Traumas, roles de género, decepciones, historial, falta de deseo, entre otros, podrían ser la razón. Al mismo tiempo, ella podría estarse preguntando “¿Pero qué hay de mí, y si es que simplemente no quiero?” Evita que el egoísmo arruine tu relación. Si estás en el otro extremo de la ecuación, comprende que la petición de tu pareja de que tomes iniciativas sexuales con más frecuencia en realidad se trata de sentirse deseado, por lo que dar ese paso puede mejorar tu vínculo en gran medida.
  • «¿Qué pasó con los preliminares? Simplemente no existen». Es posible que hayas escuchado esto constantemente y, si se aplica a ti, sabes lo frustrante que puede ser. Si estás en el calor del momento, lo mejor es mostrarle físicamente a tu pareja lo que te hace sentir bien, por ejemplo, colocando su mano en los lugares correctos. Es útil enmarcar lo que quieres en el sexo de manera positiva, como por ejemplo, «Me encanta cuando haces XYZ». De esa manera parece menos una crítica y más un estímulo de algo que ya hacen. No olvides que hombres y mujeres tienden a ver la sexualidad de formas distintivamente distintas, y disfrutan de la sexualidad de forma distinta, mientras asumen que su pareja, al mismo tiempo, le da el mismo significado que ellos.
  • «Ojalá fuéramos más cariñosos en nuestra vida diaria; eso ayudaría en el sexo». Por suerte, esto tiene solución. Comiencen por cada día decirse algo que aprecian de la otra persona. Si eso es demasiado rutinario para sus gustos, pueden reincorporar prácticas que probablemente realizaban para mostrar afecto cuando comenzaron a salir: tomarse de la mano, rodearse con los brazos cuando estaban sentados juntos, y cosas por el estilo.
  • «Languidece nuestra conexión emocional». Si bien está bien si ambas personas solo buscan el desahogo físico cuando tienen sexo, las aguas se vuelven más turbias si uno quiere una conexión emocional, pero no la siente. Esto es lo que algunos teorizantes llaman «sexo vacío», lo cual no suena especialmente atractivo. Para ayudar a erradicar este sentimiento, esfuérzase por fomentar la intimidad fuera del dormitorio: pasen más tiempo juntos, encuentren actividades nuevas y comunes que puedan fomentar un vínculo más fuerte y exploren lo que les brinda placer fuera del dormitorio.
  • «La presión para tener un bebé es una locura; no puedo tener sexo bajo presión». Cuando una pareja heterosexual intenta concebir, el hombre puede sentir que está actuando según se le exige, y podría sobrevenir lo que se conoce como ansiedad por desempeño. Es importante que exista un equilibrio entre expresarse sexualmente cuando estás ovulando y la espontaneidad del sexo relajado que tiene como objetivo el disfrute de los cónyuges. La comunicación es clave para determinar cómo seguir esa línea, ya que algunas parejas masculinas quieren saber cada detalle sobre el ciclo de sus parejas, mientras que otros prefieren estar menos al tanto de los detalles. No importa dónde se ubiquen en este punto, ambos pueden devolverle la sensación de excitación al sexo, incluso si el objetivo final es concebir. Hacer cosas como usar lencería y enviar mensajes de texto sexys puede ayudar a que el objetivo de tener un bebé parezca divertido en lugar de una tarea ardua.
  • «Mi pareja no practica sexo oral». Una queja muy común entre hombres y en algunas mujeres. Si te encanta el sexo oral, pero tu pareja se niega a hacerlo, es posible que te sientas rechazado. Entonces te enojas y te decepcionas, y probablemente pierdes el interés en tener sexo. Si tu pareja no es una gran fanática del sexo oral, pero tú realmente lo valoras, pídele que lo piense como algo que puede hacer de vez en cuando para demostrar que está interesada en tu disfrute. Cuando alguien da aunque sea un poco de algo, contribuye en gran medida a que su pareja se sienta atendida.
  • «Haber formado una familia ha arruinado completamente nuestra vida sexual». Sí, suele suceder. Aunque la falta de sueño, de tiempo y aumento del estrés pueden darle un verdadero golpe a tu deseo sexual, no todo está perdido. Averigua si la logística de las obligaciones familiares te impide sentirse satisfecho en el manejo de la sexualidad con tu pareja o si, en primer lugar, el problema es físico. Esto a menudo tiene más que ver con necesidades no expresadas o insatisfechas de conexión emocional e intimidad, que son a su vez el producto del trajín diario. También pregúntate de qué manera se ha afectado tu cuidado y arreglo personales que podría estar influenciando en la falta de deseo de tu pareja, o incluso, en la tuya. Una forma de descubrir el problema real es programar una cita con un terapeuta que pueda evaluar la situación.
  • «Creo que mi pareja me da por sentado/a y no me valora». Sentir que tu pareja no te aprecia daña la conexión mutua, lo que sólo agrava el problema. Este tipo de sentimiento debe ser expresado sin espíritu de crítica. Al expresar este punto no puede haber lugar para la ambigüedad. Las declaraciones en primera persona son esenciales para ayudar a tu pareja a no sentirse atacada, por ejemplo, «Cuando haces X, me siento como Y».
  • «Es que él termina bien rapidito, a veces en cuestión de segundos; no vale la pena”. Si alguna vez hubiera un momento para actuar con cuidado, sería éste. Si sucede la primera vez que tienen relaciones sexuales, que podría ser por nerviosismo, se recomienda restarle importancia al asunto y seguir adelante ya sea con otros actos si él está dispuesto a hacerlo o con algo no sexual. Si vuelve a suceder, probablemente será un problema que no desaparecerá. En casos como estos, anímalo gentilmente a que consulte a un médico para asegurarse de que no haya una causa médica y obtenga tratamiento y algunos consejos profesionales al respecto. Recuerden que ambos tienen derecho a disfrutar de la sexualidad en igualdad de condiciones.
  • “Simplemente no tenemos suficiente sexo, es más, casi nunca». Este problema a menudo se abre camino en las relaciones después de que el período de luna de miel ha pasado. Cuando esto ocurre, la persona que más desea tener sexo puede sentirse privada, pero es posible que su pareja no se dé cuenta si no lo habla. Discute abiertamente con tu pareja con qué frecuencia a cada uno le gustaría ser sexualmente activo y luego elaboren plan al respecto. Aunque a veces podría resultar impersonal, establezcan horarios en los que ambos hayan acordado tener sexo y tengan preparada una lista actualizada de las cosas que a ambos les gustaría probar. Experimentar con lo que les excita mutuamente puede ayudarles a desear volver a tener buen sexo.
Conclusión

El sexo es una actividad física que puede ser una parte importante de muchos tipos de relaciones (incluidas las monógamas, poliamorosas y abiertas) porque puede ofrecer intimidad emocional, una autoimagen más fuerte para cada cónyuge y alivio del estrés. Es importante evitar buscar una solución única para los problemas sexuales en una relación; puedes tener una relación fuerte y saludable independientemente de la cantidad de actividad sexual. Si bien muchas personas requieren actividad sexual frecuente para tener una relación romántica sólida, muchas otras, incluidas las personas asexuales y las que tienen libidos bajos, disfrutan de relaciones profundas y significativas sin utilizar el sexo como componente clave. Sin embargo, aunque el sexo puede ser una parte beneficiosa en una relación sana, las investigaciones sugieren que la frecuencia tiende a disminuir con la edad y otros factores, como el estrés, los niños y la salud en general, también estos elementos pueden afectar el deseo sexual de una persona. Las parejas sexuales que quieran aumentar su frecuencia e intimidad deben centrarse en comunicar sus necesidades y trabajar juntos para alcanzar sus objetivos.

Cómo una división injusta del trabajo doméstico daña su relación

Los conflictos que surgen sobre las tareas del hogar son de los más comunes y molestos en una relación. Cuando usted o su pareja no están contentos con la asignación de las tareas del hogar, el nivel de estrés puede aumentar enormemente. Los investigadores han descubierto que la distribución desigual de las tareas domésticas es uno de los principales factores estresantes en muchas relaciones.

Por ejemplo, un estudio encontró que las esposas informaron que una de sus principales fuentes de estrés era el hecho de que sus maridos no quieren hacer su parte del trabajo en la casa. Si bien estas investigaciones a menudo reflejan cómo los roles tradicionales de género influyen en las tareas domésticas, la distribución desigual no se limita exclusivamente a las parejas casadas heterosexuales. Las parejas que cohabitan como parejas románticas suelen ser propensas a sufrir los mismos problemas.

Mientras tanto, en la mayoría de los matrimonios heterosexuales, la carga del trabajo doméstico y el cuidado de los niños todavía recae de manera desigual en la pareja femenina, una situación que no ha cambiado mucho en tres décadas. En las familias en las que ambos padres trabajan fuera del hogar, las madres dedican 13.5 horas a las tareas domésticas, mientras que los padres realizan 9.5 horas. Esta asimetría se amplificó durante la pandemia del COVID-19, cuando muchas mujeres tomaron la decisión de abandonar el empleo remunerado debido al aumento de las demandas en el hogar.

Sin embargo, las investigaciones realizadas en el área sugieren que las percepciones individuales sobre la justicia de cómo se dividen las tareas domésticas son más importantes que tener una división real del 50/50.

Equidad sobre igualdad

Cuando se habla de equidad en la distribución del trabajo doméstico significa que se logra un equilibrio basado en que ambos cónyuges acordaron ajustes justos tomando en consideración las responsabilidades de cada uno y las contribuciones netas dentro y fuera del hogar. Esta idea parece tener cierto apoyo también en la investigación científica.

Entonces, ¿qué sucede cuando las tareas domésticas no se distribuyen de manera justa y equitativa? En casos como estos, el alto el potencial de disminución de la satisfacción conyugal, aumento de la angustia, peor salud mental y aumento del riesgo de divorcio.

Cómo compartir las tareas del hogar de manera justa y equitativa

El mayor error que puedes cometer en tu búsqueda de que tu pareja haga más tareas del hogar es pedir ayuda. Pedir ayuda implica que la responsabilidad de las tareas del hogar es sólo tuya. Como mencionamos, la división del trabajo en el hogar ha sido un factor de inicio de peleas matrimoniales durante años, sin embargo, las parejas han estado analizando esto de manera errónea. El concepto de división de tareas es adecuado en las fábricas. Compartir tareas es un concepto más adecuado para parejas. Esto no significa que los cónyuges deban realizar una tarea determinada al mismo tiempo. La clave es el hecho de que ambos estén haciendo el mismo tipo de trabajo de forma compartida. Así las cosas, mientras mayores son sus sentimientos de equidad, más satisfechas están las parejas con sus relaciones.

1. Comienza por crear una lista de todas las tareas del hogar que deben realizarse. Sé específico y detallado con tu lista. Esta debe ser una actividad colaborativa entre tú y tu pareja, ambos contribuyendo con tareas a la lista. En este punto, no delegues ni asignes ninguna tarea. Simplemente escribe y acuerden qué tareas domésticas deben realizarse.

2. Realiza una distribución inicial basada en los intereses de cada cual. Tal vez uno disfrute más lavar los platos mientras que el otro disfrute más lavar la ropa. En esta distribución inicial tomen en consideración las responsabilidades de cada cual fuera del hogar. Mientras mayores sean las responsabilidades fuera del hogar de cada uno de los cónyuges, más igualitaria será la distribución de tareas en el hogar. Mientras más desiguales sean las responsabilidades de los cónyuges fuera del hogar, más equitativa debe ser la distribución de tareas. Por ejemplo, si uno de ustedes trabaja a tiempo parcial mientras que el otro trabaja a tiempo completo, la persona que trabaja menos horas podría asumir tareas adicionales en la casa. O, si el trabajo diario de uno de los socios es muy extenuante y requiere mucho esfuerzo físico, es posible que desee realizar tareas que estén más relacionadas con la planificación, el pago y la organización que con el trabajo físico.

3. Acuerden un horario para la realización de tareas y decidan cuándo alternarlas. También es importante ser considerados con los relojes biológicos de los demás. Algunas personas son madrugadoras y otras son noctámbulas. Obligarse unos a otros a realizar un proyecto o una tarea cuando en realidad no están preparados para hacerlo sólo crea tensión. La adecuacidad del horario es importante.

4. Toquen base en su plan cada semana. Háganse saber unos a otros cómo será la próxima semana: reuniones, recados, ocasiones especiales, etc. Luego decidan quién hará qué, hagan una lista y publíquenla.

Se recomienda la adquisición de algún instrumento que les ayude a documentar los acuerdos sobre la distribución de tareas, como una pizarra o una hoja de Excel. Asimismo, se recomienda la inclusión en el plan de distribución de tareas de todos los miembros de la familia que tengan la edad para contribuir, la incorporación de incentivos y recompensas por labor realizada y contratar ayuda externa si el presupuesto lo permite.

Mientras tanto, al menos la investigación científica es clara: la equidad importa. Y, a medida que cambian los roles de género y las realidades económicas de las personas, las parejas necesitarán tener más conversaciones sobre cómo organizan juntos su vida diaria, si quieren seguir siendo felices. Recuerden que no todo tiene que ser igual, pero las parejas tienen que tener la sensación de que existe una división justa del trabajo. La realidad es que ambas partes se benefician al sentir que están haciendo lo que les corresponde.

La infertilidad en las relaciones de pareja

Bienvenidos/as a esta difícil pero importante conversación. Si estás leyendo esto, me alegra que estés aquí. Si tienes problemas de infertilidad, sé amable contigo mismo/a mientras lees. La infertilidad afecta a las personas de muchas maneras y cada uno tiene su propio camino que recorrer.

Las parejas, no los individuos, cumplen con la definición de infertilidad (incapacidad para concebir después de 12 meses de intentarlo), por lo que un individuo puede enfrentar la infertilidad con una pareja, pero no con otra diferente. Si después de tener relaciones sexuales sin protección una mujer no puede concebir o tener un bebé a término y la condición permanece sin cambios durante al menos un año, es probable que exista un problema de infertilidad. En Estados Unidos, alrededor del 12 porciento de las mujeres entre 15 y 44 años encajan en esta etiqueta. Sin embargo, las mujeres no siempre son la fuente de la infertilidad de una pareja. En aproximadamente un tercio de los casos, los hombres pueden tener dificultades para concebir. En otro tercio de los casos, los hombres son un factor contribuyente. Los hombres deben ser evaluados por un médico si hay antecedentes familiares de infertilidad, si se han sometido a un tratamiento contra el cáncer, si tienen testículos pequeños, escroto inflamado o un conteo bajo de espermatozoides, o si tienen cualquier otra enfermedad testicular, prostática o problemas sexuales.

Cómo la infertilidad afecta la salud mental

Lo cierto es que la maternidad y paternidad tienden a formar parte de los sueños y aspiraciones de la mayoría de las parejas cuando deciden formalizarse. La formación de familias todavía continúa siendo una de las razones principales del porqué las personas forman relaciones de pareja. Es por eso que la infertilidad puede tener un profundo impacto en la salud mental. Cuando hombres y mujeres descubren que no pueden concebir, pueden experimentar las mismas emociones dolorosas que cualquiera que afronta un duelo o una pérdida profunda. Las reacciones comunes incluyen conmoción, frustración, pena, ira, disminución de la autoestima, ansiedad y depresión; pero los sentimientos sobre la infertilidad pueden variar mucho según la fuente de los problemas.

En ocasiones la infertilidad reta las disposiciones socio-culturales acerca de la naturaleza misma de ser mujer o de ser hombre y del propósito fundamental de las relaciones de pareja. Socio-culturalmente se espera no sólo que las mujeres sean capaces de concebir y de parir, sino también que los hombres deben ser capaces de preñarlas. Por lo tanto, la infertilidad tiende a trastocar la percepción personal de feminidad y masculinidad. Asimismo, una pareja sin hijos tiende a verse como una que no ha cumplido su “misión” y podrían ser objeto de burla y trato discriminatorio. En ocasiones hasta se escucha a gobernantes exhortar a la población a que tengan hijos e hijas para resolver un alegado problema de disminución poblacional, sugiriendo de alguna manera que la función fundamental de los seres humanos es fungir como agentes reproductivos. Así que culparse a uno mismo y sentirse fracasado tiende a ser parte del perfil psicológico de las personas que atraviesan esta situación.

Cómo afecta la infertilidad a la relación con tu pareja

1.   El sexo se convierte en un acto desagradable, no en una conexión íntima. El sexo cumple funciones importantes en una relación romántica, incluidos servir como un vehículo para el placer, pasar tiempo de calidad juntos, relajación, lograr más intimidad y fortalecer el sentido de conexión emocional, y sirve como amortiguador contra el estrés. Cuando se trata de problemas de infertilidad, el sexo puede convertirse en un intercambio de presión, ansiedad, frustración y miedo. El cónyuge con pene puede sentir tanta presión y estrés que no puede lograr o mantener una erección, y mucho menos eyacular. Ambos miembros de la pareja pueden estar tan preocupados sobre si las relaciones sexuales resultarán en un embarazo que el sexo se siente como un trabajo desagradable. Cuando el sexo se vuelve estresante, la pareja pierde los importantes beneficios del mismo y, para echarle un poco más de sal a la herida, esto sucede precisamente en el momento en que la pareja más necesita de esta actividad.

2.  La infertilidad puede apoderarse de la relación. Cuando una pareja se enfrenta a un factor estresante tan grande como la infertilidad, puede parecer que éste se está apoderando de la relación. El dolor y el miedo pueden sentirse como una nube obscura que se cierne sobre la relación. Rastrear la ovulación y navegar en un campo minado de dolorosos recordatorios diarios de que aún no tienes el hijo que deseas puede hacerte sentir como si en lo único que piensas o hablas es sobre fertilidad. . Los tratamientos para la infertilidad tienen una desventaja: además del estrés, pueden estancar a la pareja y alejarla de hacer otras cosas que son divertidas, relajantes o que distraen. Esto es importante porque la diversión, la relajación y la distracción nos ayudan a afrontar el estrés, por lo que cuando no hacemos estas cosas, nos volvemos más vulnerables a sentir emociones intensas.

Cómo lidiar con la situación

Si estás pasando por una situación de infertilidad, es importante que encuentres las prácticas de afrontamiento que mejor se adapten a tus necesidades. Recuerda que tu historia de infertilidad es única y tus necesidades también. Aquí algunas sugerencias:

1. Date permiso para estar enojada. Lidiar con la infertilidad tiende a ser profundamente doloroso, por eso se permítete estar enojada. La ira es parte del proceso de duelo. Aprende a expresar ese enojo de manera saludable y permítete sentirlo plenamente.

2. No descuides el autocuidado. El autocuidado físico puede incluir dormir lo suficiente, llevar una dieta saludable y hacer ejercicio con regularidad. El autocuidado mental puede incluir mantener tus pensamientos en el aquí y el ahora, en lugar de perderse en pensamientos sobre el pasado o el futuro.

3. No asistas a actividades relacionadas con bebés. Está bien que te cuides y digas “no” a esas actividades, incluso si quisieras ir. Puede resultar útil para algunos, pero para muchos, estos eventos pueden ser perjudiciales.

4. Crea significado personal. Una de las partes más desgarradoras de la infertilidad es la incertidumbre del futuro. Encontrar significado a tu experiencia más allá de la maternidad o la paternidad puede mantenerte firme en el presente y ayudarte a neutralizar las emociones negativas. También puede proporcionarte un camino a seguir para que no te quedes atrapada en el dolor.

5. Crea significado compartido. Vivir la experiencia traumática de una infertilidad puede acercar a la pareja y motivarlos a crear significados compartidos. Encuentren, como pareja, aquello que les apasione y conviértanlo en su proyecto de vida.

6. Busca la ayuda de un terapeuta. Un terapeuta puede ser una excelente fuente de apoyo. La terapia individual se centra en las inquietudes personales. Es un ambiente cómodo donde puedes compartir tus pensamientos más profundos y el terapeuta te atiende sólo a ti.

7. Asiste a terapia grupal o grupos de apoyo. Este tipo de proceso se realiza con otras personas o parejas de tu área que se han visto afectadas por la infertilidad. Es una plataforma para que otros compartan sus historias y encuentren apoyo unos en otros. Estos procesos aumentan la conexión y las vías de apoyo social, lo que ayuda a muchas personas a sentirse menos aisladas en su experiencia y dolor.

8. Establece un límite de por cuánto tiempo vas a intentar concebir. Cuando se trata de infertilidad, puede resultar difícil seguir intentándolo una y otra vez. Ponte algunos límites para no exponerte a más dolor en el futuro. Decide con tu pareja cuál es el límite y recuerda mantener viva la esperanza durante ese tiempo.

9. Dale permiso a tu pareja para afrontar la situación a su manera. Todos somos diferentes en cómo manejamos el estrés y afrontamos las dificultades. Si manejas las cosas de una manera, no significa que tu pareja tenga que hacer las cosas de esa manera también. Es posible que tengan diferentes mecanismos de afrontamiento, por lo que es importante darse permiso unos a otros para afrontar la situación de la forma que les resulte más cómoda.

10. Restablece la intimidad con tu pareja. Es importante considerar el impacto de la intimidad en la forma en que ambos se enfrentan y se relacionan entre sí. Es importante tener intimidad en cualquier relación, especialmente durante algo tan doloroso como procesar y resolver problemas de infertilidad.

11. Recurre a la lectura de temas puntuales. Esta actividad te ayudará a redefinir principios como la feminidad/masculinidad, la paternidad, la maternidad y la familia; o crear una visión de vida o un legado que no se base en tener un hijo o hija.

En conclusión, el estrés de una infertilidad prolongada conduce a tensiones en las relaciones, insatisfacción e incluso disolución. La infertilidad es un problema de gran importancia entre millones de parejas. En nuestra sociedad, tener un hijo significa vivir una vida plena. Así, las parejas que no pueden hacerlo se sienten estériles e incompletas. Por tanto, la infertilidad es más que un simple problema médico. Afecta a todos los aspectos de la vida, siendo el más importante la salud mental. Una persona puede experimentar una gran variedad de problemas psicológicos, uno de los cuales es el estrés durante períodos prolongados. Además, puede provocar sentimientos de culpa, vacío, ansiedad y depresión.

Terapia de parejas, Dr. Ismael González, proparejas.com, Puerto Rico, Consejería de Parejas

El uso de la pornografía en la relación

Es difícil llegar a una conclusión firme sobre los verdaderos efectos de la pornografía en las relaciones. El uso y el impacto de la pornografía dentro de las relaciones románticas es bastante complejo. Algunas personas están convencidas de que la pornografía les ha perjudicado irreparablemente, al igual que a sus relaciones, mientras que otras se sienten muy beneficiadas por su consumo.

Hoy en día, las recomendaciones profesionales sobre cómo administrar el uso de la pornografía varían ampliamente. Muchos especialistas recomiendan simplemente aceptar el uso del porno, especialmente por parte de los hombres, como uno natural e inofensivo.

La literatura científica nos dice que entre el 10% y el 98% de los hombres, y entre el 2% y el 88% de las mujeres, usa este tipo de material. Realmente, no tenemos idea de cuántas personas consumen pornografía o con qué frecuencia. Investigaciones de carácter exploratorio llevadas a cabo en esta área revelan que muchos hombres y mujeres reconocen efectos negativos y positivos al llevar a cabo esta práctica. No obstante ello, la opción “sin efectos negativos” parece sobresalir de estos estudios.

Hoy en día, las recomendaciones profesionales sobre cómo administrar el uso de la pornografía varían ampliamente. Muchos especialistas recomiendan simplemente aceptar el uso del porno, especialmente por parte de los hombres, como uno natural e inofensivo. A pesar de que esto podría ser considerado como una visión extrema por parte de algunos, muchos clínicos han sugerido que si una pareja usa la pornografía como un estímulo para la intimidad, o si ambos acceden a leer o ver material pornográfico juntos, entonces su uso está bien. De hecho, muchos profesionales han pensado que podría aumentar la conexión e intimidad en las relaciones de pareja.

Lo cierto es que una gran parte de la investigación científica indica que los efectos del uso de la pornografía, especialmente en una persona que ve con frecuencia estas imágenes en Internet, están relacionados al deterioro de las relaciones en una pareja. Este efecto podría ser, en parte, debido a que la pornografía podría estar actuando como un estímulo súper-normal, esto es, con el tiempo se puede necesitar mucho más de un estímulo normal para lograr la respuesta que evoca un estímulo súper-normal. O sea, los niveles ordinarios del estímulo ya no son interesantes. En otras palabras, el sexo normal y ordinario podría tornarse mucho menos interesante para los usuarios de pornografía. Algunas investigaciones señalan que el uso de pornografía por parte de un cónyuge lleva a la pareja a tener mucho menos sexo y, en última instancia, a reducir la satisfacción en la relación.

Hay muchos otros factores sobre el uso del porno que podrían amenazar la intimidad en una relación. Cuando se mira pornografía, el usuario tiene el control total de la experiencia sexual, a diferencia del sexo normal en el que las personas comparten el control del acto. Por lo tanto, un usuario del porno puede formar la expectativa poco realista de que el sexo en la vida real estará bajo el control de una sola persona. Asimismo, el usuario podría tener la expectativa de que su pareja siempre esté lista y disponible para el coito, y eso también es poco realista. La investigación ha revelado que la congestión genital producida por el consumo de pornografía conduce a un deseo sexual solo el 10% del tiempo en las mujeres y el 59% del tiempo en los hombres.  Es necesario mencionar también que muchos sitios porno incluyen violencia hacia las mujeres, las cuáles tienden a ser objetizadas, degradadas, abusadas o simplemente usadas por los hombres, y quienes, a pesar de las vejaciones, se muestran en un supuesto estado de éxtasis extremo que las conduce a múltiples orgasmos. Esta dinámica es la antítesis de la conexión íntima que se persigue en la sexualidad entre las parejas, sin embargo, muchos hombres admiten que gustan de ver a las mujeres bajo estas condiciones. El efecto real que causa en el aparato psíquico de los hombres el mostrar a las mujeres de esta forma está siendo objeto de estudio en la actualidad.

Por otro lado, cuando las parejas usan el porno para estimularse mutuamente, éste podría ser beneficioso para las relaciones. Investigadores de la Universidad Brigham Young completaron un estudio de 813 estudiantes universitarios y encontraron que el 87% de los hombres y el 31% de las mujeres usa pornografía, y que el 67% de los hombres y el 49% de las mujeres considera que su consumo es aceptable. El uso de la pornografía puede llevar a las parejas a hablar sobre sus preferencias sexuales, y las investigaciones demuestran que hablar sobre el sexo mejora la vida sexual de la pareja y conduce a más orgasmos para las mujeres. Esto definitivamente es bueno.

El uso del porno puede ser un medio para que las parejas discutan abiertamente el sexo y mejoren su vida sexual.

En cuanto a la influencia de la pornografía en las actitudes y deseos sexuales de los hombres, no hay evidencia empírica que muestre un vínculo entre la violencia hacia las mujeres y el uso de la pornografía. Sin embargo, un metanálisis de 2010 de varios estudios encontró una correlación positiva entre el uso de la pornografía y las actitudes apoyando la violencia contra las mujeres.

Podemos entonces concluir que hay alguna evidencia científica que indica que el consumo frecuente de pornografía, especialmente junto con la masturbación –al menos por parte de los hombres– puede reducir la calidad y la cantidad del sexo en una relación de pareja. Por otro lado, el uso del porno puede ser un medio para que las parejas discutan abiertamente el sexo y mejoren su vida sexual. Sin embargo, el consumo excesivo del porno podría conducir a cierto condicionamiento para excitarse sexualmente o alcanzar el orgasmo. Realmente, no existe lo «normal» cuando se trata de cómo el sexo y el uso de la pornografía debe desarrollarse en las relaciones. Si su uso parece estar causando problemas en su relación, entonces debe abordarse y discutirse. Por el contrario, si el uso de la pornografía no parece estar causando problemas, puede que no hayan motivos para preocuparse por ello. De hecho, su relación podría beneficiarse de alguna manera.

Lo tuyo, lo mío y lo nuestro: el dilema del manejo del dinero en las relaciones

Diferentes sondeos –incluyendo aquellos realizados con asesores financieros– señalan el manejo del dinero como una de las fuentes principales que producen conflictos y divorcios en las relaciones de pareja, ya sea debido a diferentes estilos en la administración de las finanzas, mentiras sobre los gastos, el que un cónyuge gane más que el otro, la división del pago de deudas, entre otros. De hecho, esto lo afirma un estudio realizado por Jeffrey Dew, Sonya Britt y Sandra Huston, publicado en la revista Family Relations, que concluyó que los desacuerdos financieros en la pareja representan el predictor de divorcio más importante en comparación con otros desacuerdos maritales. A pesar de esto, las personas se inclinan a escoger como pareja a quienes tienen estilos opuestos en el manejo de las finanzas. Si uno de los cónyuges tiende al despilfarro y el otro a la tacañería, las tensiones y conflictos serán obvios. Si, por el otro lado, ambos son extremadamente ahorrativos, podrán cohibirse de algunas comodidades y actividades de recreación, y llevarán una vida caracterizada por la carencia y las necesidades. Un estudio realizado por Scott Rick, de University of Michigan, mostró que quienes tienen estilos similares en este aspecto muestran menores conflictos y más satisfacción marital.

El asunto del dinero está frecuentemente atado al control y al poder en la relación

Veamos cuáles son los estilos que podrían tener las personas cuando de gastar el dinero se trata: el utilitario describe a la persona que compra esencialmente lo que necesita y nada más; el laissez-faire es quien ve algo que le gusta y lo compra sin mayores contemplaciones; mientras que el perseguidor de gangas es aquel que está al pendiente de los especiales para comprar lo que entienda que es una buena oferta; asimismo, el que compra como medio de recreación es uno que disfruta el famoso “window-shopping” y puede invertir largos períodos de tiempo en esta actividad; por último, tenemos al que compra como una actividad terapéutica, o sea, aquel que siente que su estado de ánimo mejora si sale a comprar algo o el que compra de manera emocional.

Una particularidad que incide grandemente en esta problemática es que el asunto del dinero está frecuentemente atado al control y al poder en la relación, áreas en las cuales los cónyuges suelen estar en un pulseo constante. Comúnmente, encontramos que aquel que genera más ingresos tiene mayor influencia en las decisiones que se toman en el hogar, incluyendo las financieras. Ahora bien, los problemas financieros tienen mucho que ver con la forma en que pensamos acerca del dinero y de cómo éste debe invertirse. Esto quedó confirmado en un estudio realizado por Jason Carroll, de Brigham Young University. En esta investigación también se encontró que cuando uno de los cónyuges es altamente materialista, la relación tiene un 40% más de probabilidad de enfrentar problemas financieros.

Las discusiones o conflictos por motivos de dinero rara vez se relacionan con el dinero propiamente

Entonces podríamos concluir que las discusiones o conflictos por motivos de dinero rara vez se relacionan con el dinero propiamente, sino más bien con los miedos que pueden resultar del mal manejo del mismo, esto es, miedo a no tener influencia en asuntos importantes en la vida, miedo a no tener seguridad económica en el futuro, miedo de no tener respeto por las posesiones, miedo a no poder realizar los sueños…

Para ilustrar lo anterior, veamos el siguiente caso:

Lidia acaba de recibir una herencia de un pariente cercano y le sugiere a Alberto, su esposo, poner esta cantidad en una cuenta de ahorros. Alberto está en desacuerdo.  Piensa que el dinero debe ser invertido en unas muy merecidas vacaciones familiares.  Los ahorros de la pareja se habían visto afectados por gastos imprevistos y necesarios en los que habían tenido que incurrir recientemente. Lidia veía esta herencia como una garantía en caso de futuras emergencias. Lo veía como una fuente de seguridad debido a que creció en un hogar donde el dinero era escaso y, debido a eso, pasó por momentos difíciles y de estrechez económica. Desde entonces el no contar con suficiente dinero para su futuro es una de sus preocupaciones principales. Desea que su familia actual no pase por lo que ella pasó. Alberto, por su lado, proviene de una familia donde el dinero nunca fue una fuente de preocupación, por lo que no tuvo carencias en ese sentido. Veía el dinero como un recurso a ser invertido en actividades y posesiones que le proporcionaran una vida llena de satisfacciones. Como podemos notar, Lidia ve el dinero como medio de seguridad mientras que Alberto lo ve a la luz del disfrute. Otras personas podrán verlo como necesario para obtener estatus, éxito e independencia.

Por lo tanto, el desarrollo de estilos adecuados del manejo del dinero es crucial para la buena salud de la relación. Si la pareja no puede trabajar junta en esta dirección, la relación podría enfrentar problemas de desconfianza, resentimientos e inseguridades.

Las finanzas importan en el matrimonio

A continuación algunas sugerencias para atender esta situación:

  • Cada cónyuge debe conocer su estilo de administración de finanzas y el de su pareja.
  • Los cónyuges, antes de formalizar la relación, deben analizar las aportaciones y los compromisos económicos que cada cual llevará a la misma.
  • La pareja debe trabajar en dirección a establecer un balance entre sus estilos de administración y los usos que se le da el dinero con el fin de lograr crear un sentido de éxito, seguridad, disfrute y bienestar.
  • La pareja debe evitar tomar decisiones unilaterales con respecto del uso del dinero.
  • La pareja debe recordar que en la mayoría de los casos los bienes de uno son los bienes del otro, por lo que el mal o el buen uso de los recursos le afecta a ambos.
  • La pareja debe realizar un presupuesto y adherirse a él.
  • La pareja debe evitar la sobrecarga de deudas, fomentar el ahorro y vivir de acuerdo a sus posibilidades.
  • La pareja debe recordar que todo debe ser presupuestado, incluyendo las donaciones a obras de caridad y a la iglesia.
  • Los miembros de la pareja deben convertirse en administradores informados. Se recomienda leer libros sobre la materia, asesorarse con su contador, contratar asesores financieros profesionales, asistir a seminarios, entre otros.

Las finanzas importan en el matrimonio. Cuando los cónyuges toman tiempo para entender y honrar las perspectivas de cada cual sobre los recursos económicos y realizar decisiones financieras sabias, el dinero se convierte en un agente vinculante y no de división en la relación.

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