Pregunta
P
He estado separada de mi esposo por más de un año. Estuvimos casados siete años y, durante los últimos cinco, yo sostuve económicamente a ambos. Fui a terapia matrimonial sola la mayor parte de ese tiempo; él asistió a algunas sesiones.
Recientemente él robó casi $4,000 de mí usando el número de mi cuenta bancaria para pagar sus cuentas en línea. Tengo a nuestro hijo el 85% del tiempo. Él podría perder su empleo y me dijo que no recibiré manutención, y sé que no puedo hacer nada. Apenas puedo cubrir mis gastos ahora mismo.
Su familia está de su lado. Tengo razones para creer que piensan que soy “el demonio”. ¿Cómo pueden estar bien con que él me robe y casi no vea a su hijo?
También me siento muy herida y engañada, y siento que quizá debí haber hecho un mejor trabajo al no haber elegido a alguien como él para casarme. Me duele y es difícil lidiar con todo esto. Ojalá tuviera más apoyo emocional en mi vida del que realmente tengo. ¿Cómo puedo sobrellevar estas cosas?
Respuesta del Psicólogo
R
Querida lectora, todo lo que compartes transmite un nivel de dolor, desgaste y soledad emocional que merecen ser reconocidos con mucha compasión. Lo que estás viviendo no es simplemente una separación difícil; es una acumulación de traiciones, responsabilidades desiguales, falta de apoyo y un profundo sentimiento de abandono tanto por parte de tu expareja como de su familia.
La situación que describes —apoyo financiero desbalanceado, robo, ausencia parental, apoyo familiar nulo, miedo económico y soledad emocional— no habla de un fracaso personal de tu parte, sino de un patrón dañino en tu exmarido y de una familia que prefiere justificar lo injustificable antes que confrontar la realidad.
Una parte de ti se culpa por “elegirlo”, pero esa culpa es injusta. Nadie puede prever cómo alguien cambiará, y mucho menos cómo reaccionará ante la responsabilidad, la paternidad o el estrés. Tú actuaste con amor, compromiso y responsabilidad; él actuó desde la evasión y el abuso económico. Tus reacciones —dolor, confusión, enojo, cansancio— no son señales de debilidad: son señales humanas ante un trato injusto.
La soledad emocional que mencionas es quizá la carga más pesada. Cuando la pareja falla, cuando la familia política ataca y cuando las responsabilidades económicas y parentales recaen sobre una sola persona, es normal sentir que el mundo se vuelve demasiado grande para cargarlo sola.
Recomendaciones para manejar la situación
- Fortalece tu red de apoyo, aunque sea pequeña: puede ser un amigo, un familiar, un grupo de apoyo de madres solas, una comunidad religiosa, o incluso apoyo terapéutico. No necesitas muchas personas; necesitas personas seguras.
- Busca orientación legal (aunque creas que “no hay nada que puedas hacer”): la manutención de menores no depende de lo que él “decida”. Aunque pierda su empleo, existen procesos, ajustes y obligaciones legales que un tribunal toma en consideración. Infórmate con un abogado o una oficina de asistencia legal gratuita.
- Reconoce que lo que él hizo es abuso financiero: ponerle nombre a lo que ocurrió no te hace víctima; te devuelve claridad. Puede ayudarte a dejar de responsabilizarte por su conducta.
- Trabaja la culpa y la autovaloración con apoyo terapéutico: lo que viviste no es un reflejo de tu valor como mujer ni de tu capacidad para elegir. Es el resultado de una dinámica desigual donde tú pusiste más de lo que recibiste.
- Protege tu bienestar emocional: aunque él no cumpla su rol, tu hijo sí necesita una madre emocionalmente cuidada. Tu autocuidado no es un lujo; es una necesidad.
- Escribe sobre lo que sientes: a veces, verbalizar la injusticia ayuda a liberar lo que se queda atrapado en el pecho. Escribir también disminuye la sensación de estar sola con tu historia.
- Revisa tus límites personales: esta experiencia puede ayudarte a identificar señales de alerta, límites sanos y lo que realmente mereces en futuras relaciones.
En síntesis, no estás lidiando únicamente con una separación: estás lidiando con una estructura completa de falta de responsabilidad por parte de tu exmarido y de su familia. Y aún así, sigues aquí, cuidando a tu hijo, trabajando, sosteniendo tu hogar y buscando orientación. Eso habla de una fortaleza que quizá tú misma no ves.
“Lo que te hicieron no define quién eres; el cómo sigues adelante sí.”
No estás sola, aunque a veces lo parezca. Lo que sientes es válido, y lo que has hecho hasta ahora ha sido admirable dadas las circunstancias. Con el apoyo adecuado, puedes transformar este dolor en claridad, en fuerza y en un camino emocional mucho más sano para ti y para tu hijo.
Con aprecio y respeto,
Dr. González
Por favor, lea nuestro Relevo de Responsabilidad.



