Pregunta
P
He estado casada por más de 23 años con un hombre que, según descubrí investigando temas de relaciones en internet, tiene un patrón pasivo-agresivo. Esto fue un choque para mí, pero también un alivio, porque finalmente entendí por qué mi matrimonio ha estado fallando.
Hicimos terapia tanto de pareja como individual. Hubo mejoría, mucha mejoría, y pensé que ese sería el final de esos problemas en nuestro matrimonio. Sin embargo, no fue así, y he intentado irme. Pero cada vez que lo hago, él logra “manipularme” para que me quede o me “convence” de que fue solo un episodio menor y que va a “intentar” cambiar.
El problema es que no estoy convencida, estoy eternamente molesta y ya no confío en él. Entonces mi pregunta es: ¿qué demonios sigo haciendo con él? ¿Hay algo mal en mí? Necesito ayuda porque sinceramente no puedo moverme ni un paso en ninguna dirección.
Respuesta del Psicólogo
R
Querida lectora, lo primero que quiero decirte es esto: no hay nada “mal” contigo. Lo que estás sintiendo —el cansancio, la confusión, la frustración, la parálisis emocional— no solo es comprensible, es humano. Has cargado con una dinámica desgastante por más de dos décadas, y tu estructura emocional está tratando de protegerte del dolor y de la incertidumbre al mismo tiempo.
Las relaciones con alguien que tiene patrones pasivo-agresivos pueden ser profundamente desconcertantes. Por un lado, existe la esperanza: ves pequeños cambios, momentos positivos, avances que te hacen creer que esta vez sí será diferente. Por el otro, los ciclos regresan: manipulación sutil, promesas sin acciones sostenidas, invalidación emocional, y un esfuerzo que siempre recae más sobre ti que sobre él.
Tu esfuerzo no ha sido pequeño: buscaste información, hiciste terapia individual, hiciste terapia de pareja, intentaste reconstruir el vínculo… y aun así las viejas dinámicas regresan. Este cansancio emocional acumulado explica por qué hoy te sientes atrapada entre dos caminos: quedarte y seguir sufriendo, o irte y enfrentar un miedo enorme a lo desconocido.
La verdad es que no estás atrapada porque no sepas qué hacer; estás atrapada porque estás desgastada. Y cuando una persona está emocionalmente agotada, tomar decisiones se vuelve casi imposible.
Recomendaciones para manejar esta situación
- Reconoce que tu “parálisis” es un síntoma, no una falla personal: cuando una relación te ha drenado emocionalmente durante años, tu sistema se protege quedándose inmóvil. Esa inmovilidad no es debilidad; es agotamiento.
- Evalúa el patrón, no las promesas: prometer cambiar no es lo mismo que cambiar. Pregúntate: ¿sus cambios han sido constantes, profundos y sostenidos? ¿O son periodos breves que duran hasta que tú bajas la guardia?
- Trabaja en recuperar tu claridad emocional sin presionarte a decidir ya: puede ser a través de terapia individual, grupos de apoyo o espacios de autocuidado. Necesitas reconstruirte un poco antes de poder tomar decisiones grandes.
- Explora tus miedos con honestidad: ¿qué te detiene? ¿Miedo a lastimarlo? ¿Miedo a estar sola? ¿Miedo a equivocarte? Nombrar estos miedos te permite empezar a separarlos de tu identidad.
- Revisa tu historia interna: muchas personas que permanecen en relaciones de este tipo no lo hacen por debilidad, sino por lealtad, responsabilidad excesiva o patrones aprendidos de infancia donde “aguantar” parecía normal.
- Considera un plan de claridad, no un plan de ruptura: en vez de preguntarte “¿me voy o me quedo?”, cambia la pregunta a: “¿qué necesito para sentirme fuerte otra vez?” Las decisiones vendrán después.
- Recupera tu sentido de autovalía y autosuficiencia: no eres responsable de repararlo a él. No tienes que seguir en una relación que te drena para demostrar nada. Tú mereces paz, confianza y reciprocidad emocional.
En resumen, tu confusión no es falta de capacidad; es agotamiento emocional tras muchos años de lucha interna. Y aunque hoy sientas que no puedes dar un paso, eso no define tu futuro. Las decisiones más importantes no se toman desde la desesperación, sino desde la claridad. Con apoyo adecuado, recuperarás esa claridad.
“A veces no estás atrapada: estás cansada. Y cuando descansas emocionalmente, los caminos vuelven a aparecer.”
Todavía puedes encontrar dirección, fuerza y serenidad. Estoy contigo en este proceso, y mereces una vida emocional donde no tengas que mendigar tranquilidad.
Con aprecio y respeto,
Dr. González
Por favor, lea nuestro Relevo de Responsabilidad.


Mi esposa y yo tenemos unos 30 años de edad. Cuando nos conocimos, ambos teníamos dudas sobre el matrimonio, pero nuestras respectivas familias nos empujaron a hacerlo. Llevamos casi tres años casados. Cuando la conocí por primera vez, ya llegaba tarde al matrimonio y tener hijos era mi máxima prioridad. Durante nuestro noviazgo, aunque no la encontraba muy atractiva físicamente, teníamos una buena comprensión y química mental. Cada vez que la veía, sentía que había un problema con su físico, pero no podía identificarlo.
Se podría decir que la mayoría de las personas en las culturas occidentales se casan por amor romántico, que a menudo se basa en la atracción y la pasión sexual. Se ha escrito mucho sobre cómo la pasión sexual suele desvanecerse con el tiempo, y no faltan artículos y libros que ofrecen consejos sobre cómo «mantener viva la chispa sexual» dentro de una relación. En culturas con matrimonios arreglados, se le da mucha menos importancia al amor romántico y la atracción sexual, y los cónyuges se emparejan según lo dispuesto por la familia. En cierto modo, parece como si estuvieras atrapado, tú familia impulsó el matrimonio, pero valoras la atracción y la pasión sexual como pilares de la relación.