Muchas veces las palabras que tendríamos que haber dicho no se presentan ante nuestro espíritu hasta que ya es demasiado tarde.

Muchas veces las palabras que tendríamos que haber dicho no se presentan ante nuestro espíritu hasta que ya es demasiado tarde.

Puede usted creer lo que guste. Lo único que yo le digo es que haría bien en comprobarlo.

Para mi corazón basta tu pecho, para tu libertad bastan mis alas.

La desconfianza es la madre de la inseguridad.

Perdonar es el valor de los valientes. Solamente aquel que es bastante fuerte para perdonar una ofensa, sabe amar.

La persona que pierde su intimidad lo pierde todo.

Allí donde habla el corazón, es de mala educación que la razón lo contradiga.

El verdadero secreto de la felicidad consiste en exigir mucho de sí mismo y muy poco de los otros.

El amor sin admiración solo es amistad.
