En esta historia yo soy el poeta y tu eres la poesía.

En esta historia yo soy el poeta y tu eres la poesía.

En el matrimonio, cada cónyuge tiene que ser un alentador en lugar de crítico; indulgente en lugar de coleccionista de dolores; facilitador en lugar de reformador.

Las relaciones nunca te lo proveen todo. Te proveen algunas cosas. Tomas todas las cosas que deseas de una persona –química sexual, por ejemplo, o buena conversación, o apoyo financiero, o compatibilidad intelectual, o amabilidad, o lealtad– y sólo tienes la oportunidad de escoger tres de ellas. El resto las tienes que buscar en otro lugar. Sólo en las películas podrás encontrar alguien que te dé todas esas cosas. Pero ésta no es una película. En el mundo real, tienes que identificar con cuáles tres características deseas vivir el resto de tu vida, y luego las buscas en otra persona. Esa es la vida real. ¿No ves que es una trampa? Si continúas tratando de encontrarlo todo, terminarás sin nada.

Para nosotros, tu poder proviene de una simple cosa: eres una mujer, y nosotros los hombres haremos todo lo humanamente posible para impresionarte de forma que, al final, podamos estar contigo. Eres la fuerza detrás del porqué nos despertamos todos los días. Los hombres van y buscan empleo y batallan para hacer dinero debido a las mujeres. Guiamos carros lujosos debido a las mujeres. Vestimos bien, nos ponemos perfume, nos recortamos el cabello y tratamos de lucir inmaculados sólo por ustedes. Hacemos todo esto porque mientras más en orden están nuestros asuntos, más de ustedes obtenemos. Ustedes son el premio más valioso para nosotros.

La verdad construye la confianza.

Te vuelves solitario, es lo que pasa. Una persona no está supuesta a caminar por la vida sin absolutamente nadie. No es normal. Mientras por más tiempo se prolongue esta situación, en un ser más extraño te volverás; y mientras más extraño te vuelvas, más tiempo se prolongará la situación. Es un círculo vicioso y tienes que hacer algo para salir de él.

Cuando fallamos en fijar límites y pedirle rendición de cuentas a otras personas, nos sentimos usados y maltratados. Es por eso que a veces atacamos la persona, lo que es más doloroso que enfocar en la conducta o el acto.

Amar es ceder control. Es rendir el deseo de controlar a la otra persona. Estos dos –amor y el ejercer control sobre el otro– son mutuamente excluyentes. Si somos serios acerca de amar a alguien, tenemos que rendir todos los deseos dentro de nosotros de manipular la relación.

Pienso en cómo cada persona en un matrimonio le debe al otro el encuentro de la felicidad individual, incluso en una vida en pareja. Es la única forma de crecer juntos y no en direcciones opuestas.
