Indiferencia y abandono con frecuencia hacen más daño que el total desagrado.

Indiferencia y abandono con frecuencia hacen más daño que el total desagrado.

Cuando estamos incompletos, estamos siempre buscando quien nos complete. Cuando, luego de unos pocos años o unos pocos meses de relación, sentimos que todavía estamos insatisfechos, culpamos a nuestras parejas y nos buscamos a otra persona más prometedora. Esto puede continuar […] hasta que admitimos que mientras nuestra pareja puede añadir una dulce dimensión a nuestras vidas, nosotros, cada uno de nosotros, somos responsables por nuestra propia plenitud. Nadie más nos la puede proveer, y creer lo contrario es engañarnos a nosotros mismos peligrosamente, y predisponer fracasos futuros en cada relación en que entremos.

Siempre te amaré. Cuando este pelo rojo sea blanco, todavía te amaré. Cuando la tierna suavidad de la juventud sea reemplazada por la delicada suavidad de la vejez, todavía querré tocar tu piel. Cuando tu rostro esté lleno de líneas de cada sonrisa que hayas sonreído, de cada sorpresa que haya visto destellar a través de tus ojos, cuando cada lágrima que hayas llorado haya dejado su marca en tu cara, te atesoraré más, porque estuve ahí para verlo todo. Compartiré la vida contigo, Meredith, y te amaré hasta que el último suspiro deje tu cuerpo o el mío.

La cosa más dolorosa es perderte a ti mismo en el proceso de amar a alguien demasiado y olvidar que tú también eres especial.

Hay una grandeza en hacer algo que odias por el bienestar de alguien que amas.

Cuando pares de esperar que las personas sean perfectas, entonces te podrán gustar por quienes realmente son.

Bueno, me parece que las mejores relaciones –aquellas que perduran– son frecuentemente aquellas que están enraizadas en la amistad. ¿Sabes? Un día miras a la persona y ves algo más que lo que viste la noche anterior. Como si un interruptor se hubiese movido en alguna parte. Y la persona que era solo un amigo, es de repente la única persona con quien te puedes imaginar.

Para nosotros, la casa no es un lugar. Es una persona. Y estamos finalmente en casa.

El encuentro de dos personalidades es como el contacto de dos substancias químicas: si hay una reacción, ambas se transforman.
