La discusión constructiva

Puede parecer contradictorio, pero una relación feliz no es necesariamente una relación totalmente libre de conflictos.  La forma en que usted y su cónyuge discuten puede tener un impacto significativo en el futuro de su relación.

Los investigadores en el área han encontrado que las parejas que muestran «comportamientos destructivos» (gritar, insultar y criticar) tienen más probabilidades de separarse. Pero cuando ambos miembros de la pareja muestran «comportamientos constructivos» durante el conflicto, tienen mayores posibilidades de permanecer juntos. Ejemplos de este tipo de comportamientos incluyen decir cosas agradables, discutir los problemas con calma y escuchar activamente.

La ciencia respalda esto. Un estudio encontró que las parejas felices no discuten menos que las parejas en dificultades, pero sí discuten de manera diferente y constructiva. Las parejas felices tienden a ser buenas resolviendo problemas en sus disputas, evitando al mismo tiempo los «intercambios negativos y coercitivos». En otras palabras, el problema no es discutir, el problema es que la mayoría de nosotros no sabemos cómo «hacerlo bien».

La auto-concienciación

Una parte significativa en la terapia de parejas es el mejorar la auto-concienciación. Debido a que no puedes resolver un problema sin que estés consciente de su origen, es importante entender qué motiva la conducta en orden de controlar mejor los impulsos. La auto-concienciación es importante para las relaciones, es algo en lo que tú tienes absoluto control y es la clave para mantener una unión amorosa con tu pareja. Así que aprende a monitoriarte y conoce tu propia historia. Toma tiempo para profundizar en tu historia personal y entender mejor cómo los eventos pasados influencian en el presente tus percepciones, expectativas y conductas en conexión con tu relación de pareja. Sé abierto/a y busca de forma activa retro-comunicación. Tu pareja tiene un asiento de primera fila en la forma en que interactúas y podría ser una herramienta efectiva para aumentar tu auto-concienciación. Esto podría requerir la disposición para recibir información que podría ser negativa y dolorosa, y puede que no siempre te guste lo que vayas a escuchar. Sé vigilante en cuanto a asumir una actitud de justificar o defender las acciones que tu pareja encuentra problemáticas, y trabajen juntos/as para encontrar la forma de alterar las secuencias que ocasionan conflictos.

Duración de las terapias de pareja

No podemos decir que existe un número predeterminado de sesiones de terapia que se necesitarán para atender los conflictos de la relación.  Realmente, depende de cada pareja y los asuntos que les traen al consultorio.  Algunas parejas sólo necesitan pocas sesiones mientras que otras podrían estar mucho tiempo en tratamiento.  En general, se recomienda que la pareja se mantenga asistiendo a terapia hasta que sus metas hayan sido alcanzadas y se sienta confiada de que ha ganado las destrezas necesarias para afrontar los altibajos de una relación.

Relación con el proceso de terapia

  • Es difícil precisar de antemano el número de sesiones porque cada pareja llega con historias, problemas y niveles de conflicto muy distintos.
  • La duración del proceso depende de la complejidad de los temas a trabajar (infidelidad, traumas previos, separaciones, problemas de salud mental, etc.).
  • El ritmo de avance varía según la disposición de cada miembro para implicarse en la terapia, asumir responsabilidades y realizar cambios fuera de sesión.
  • A medida que se van resolviendo ciertos problemas, pueden aparecer otros asuntos que también necesitan atención, lo que puede extender el proceso terapéutico.
  • Algunas parejas buscan objetivos acotados y concretos (por ejemplo, manejar mejor las discusiones), mientras que otras desean un trabajo más profundo y de largo plazo.
  • La frecuencia de las sesiones (semanal, quincenal, mensual) también influye en la duración total: procesos con menor frecuencia suelen extenderse en el tiempo.
  • Factores externos como horarios laborales, responsabilidades familiares, situación económica o crisis imprevistas pueden interrumpir, ralentizar o reactivar la terapia.
  • El proceso es flexible: se revisa periódicamente el progreso y, en función de los avances y necesidades, se decide junto con la pareja continuar, espaciar o finalizar las sesiones.
  • Por todo lo anterior, el terapeuta solo puede ofrecer estimaciones generales, pero no un número fijo de sesiones ni una fecha exacta de término desde el inicio.

Cuándo asistir a terapia

Se recomienda que las parejas no esperen a estar en crisis para asistir a terapia.  Las parejas podrían considerar asistir al psicólogo incluso mucho antes de pensar que lo necesiten.  La mayoría de los expertos creemos que la terapia puede ser una parte importante de la relación.  Muchos de los conflictos en la pareja comienzan pequeños y crecen en tamaño cuando no son resueltos.  Aquí es donde la terapia puede ayudar.  En el consultorio se le provee a las parejas técnicas y herramientas que les asisten en la resolución de conflictos.

Relación con el proceso de terapia

  • Es un buen momento para asistir a terapia de pareja cuando los conflictos comienzan a repetirse con frecuencia y la pareja siente que, por sí sola, ya no logra resolverlos.
  • Cuando la comunicación se ha deteriorado (silencios prolongados, discusiones constantes, críticas, indiferencia) y ambos perciben que “ya no nos entendemos”.
  • Antes de que la relación llegue a una crisis grave: la terapia es más efectiva cuando se busca ayuda temprano, y no solo cuando se está al borde de la ruptura.
  • Cuando han ocurrido eventos que han sacudido la confianza o la estabilidad del vínculo (infidelidad, mentiras, pérdida de empleo, enfermedad, cambios importantes en la vida familiar).
  • Si uno o ambos sienten que el cariño, la complicidad o la vida sexual se han enfriado, pero todavía existe deseo de recuperar la conexión y no rendirse con la relación.
  • Al atravesar transiciones importantes (convivencia, matrimonio, llegada de hijos, jubilación, migración) que generan tensión y para las que la pareja siente que necesita apoyo.
  • Cuando uno de los miembros propone buscar ayuda profesional y el otro, aunque tenga dudas, está dispuesto a explorar la posibilidad de mejorar la relación.
  • Incluso cuando “no hay un gran problema”, pero la pareja desea fortalecer su vínculo, mejorar habilidades de comunicación y prevenir dificultades futuras, la terapia puede ser una opción valiosa.

El significado de la relación perfecta

Cuando las cosas no marchan bien en la relación, un pensamiento frecuente es «Probablemente, estaría mejor con otra persona».    Todas la relaciones atravesarán momentos difíciles o de muchos retos en algún momento.  Salir airosos de estas experiencias de crecimiento fortalezará la relación y a los cónyuges en su carácter individual.  Después de todo una «relación perfecta» se trata sólo de dos «personas imperfectas» que rehúsan darse por vencidas.  Cuando hay dificultades, buscar una estrategia de salida o fantasear con cómo sería la vida con otra persona sólo te robará tiempo, te quitará energía y, al final, tal vez sea un recurso para evadir mirar dentro de nosotros/as mismos/as y descubrir que el problema podría estar justo allí.

La pareja como unidad y el proceso terapéutico

Ninguna terapia psicológica resuelve los conflictos por ti.  La resolución de conflictos proviene de la pareja como unidad.  En terapia te ayudamos y te brindamos destrezas y herramientas que te ayudarán en la consecución de tus metas terapéuticas.

Relación con el proceso terapéutico

  • La terapia de pareja invita a ver la relación como una unidad, ayudando a pasar de la lógica de “yo contra ti” a “nosotros frente al problema”.
  • El terapeuta promueve que ambos miembros identifiquen metas compartidas, reforzando la idea de proyecto en común y no solo de dos historias individuales.
  • A través del trabajo conjunto, la pareja aprende a tomar decisiones considerando el impacto en el “nosotros”, lo cual fortalece el sentido de equipo.
  • La terapia ayuda a reconocer y valorar las fortalezas del vínculo (apoyo mutuo, historia compartida, logros en conjunto), consolidando la identidad como pareja.
  • Al trabajar los conflictos desde una perspectiva sistémica, se comprende cómo las acciones de cada uno afectan al otro y al sistema relacional, reforzando la responsabilidad compartida.
  • La construcción de acuerdos, rituales y normas propias de la relación alimenta la sensación de pertenencia a una unidad única y diferenciada de las familias de origen.
  • La terapia ofrece un lenguaje común para hablar de la relación (“nosotros”, “nuestro vínculo”, “nuestra manera de cuidarnos”), consolidando simbólicamente la unidad de la pareja.
  • Con el tiempo, el proceso terapéutico puede transformar la vivencia de la pareja, pasando de la coexistencia a una experiencia más consciente de colaboración, interdependencia y cuidado recíproco.

Resolución de conflictos y el proceso terapéutico

La clave para la resolución de conflictos en la relación se fundamenta en aprender a escucharse, entender –realmente– el punto de vista del/a otro/a, reconocer el significado emocional que el asunto en cuestión tiene para el/la otro/a y alcanzar como pareja un acuerdo en cuanto a la dirección a seguir para atender la situación.

Relación con el proceso terapéutico

  • La terapia de pareja ofrece un espacio neutral y seguro donde ambos miembros pueden expresar sus puntos de vista sin interrupciones, gritos ni descalificaciones, lo que ya reduce la intensidad del conflicto.
  • El terapeuta ayuda a traducir mensajes cargados de crítica o defensa en expresiones más claras y respetuosas, facilitando que cada uno pueda escuchar y sentirse escuchado.
  • Se enseñan habilidades de comunicación asertiva y escucha activa, que permiten discutir temas difíciles sin caer en ataques personales ni evasión.
  • La terapia ayuda a identificar patrones repetitivos de pelea (culpa, retirada, escalada, silencios prolongados) y a reemplazarlos por formas de interacción más constructivas.
  • A través del proceso terapéutico, la pareja aprende a distinguir entre el problema y la persona, pasando de “tú eres el problema” a “tenemos un problema que podemos resolver juntos”.
  • El terapeuta guía a la pareja a explorar necesidades emocionales subyacentes (reconocimiento, seguridad, afecto) que suelen estar detrás de los conflictos visibles.
  • Se desarrollan estrategias concretas de negociación, acuerdos y reparación después de los conflictos, fortaleciendo la sensación de que los desacuerdos se pueden gestionar sin destruir la relación.
  • La terapia de pareja ayuda a transformar el conflicto en una oportunidad de crecimiento, promoviendo mayor comprensión mutua, empatía y resiliencia en el vínculo.

Experiencias positivas

Los conflictos no están tan relacionados a un divorcio como lo está la ausencia de experiencias positivas en la relación. Comúnmente, las parejas invierten tanto tiempo tratando de evitar o reducir conflictos, que olvidan incluir excitación en el día a día. Mientras más excitación haya en la relación, más fuerte esta última será. El aburrimiento y la falta de experiencias memorables reducen la satisfacción marital. Recuerda que lo placentero y lo excitante no siempre van de la mano. Las experiencias excitantes son aquellas que tienden a ser intensas y memorables. Si los cónyuges se involucran continuamente en este tipo de experiencias, en el futuro, cuando las recuerden, asociarán ese recuerdo a su pareja, lo que le proveerán a la relación un vínculo difícil de romper.

La relación en un pedestal

Todas las relaciones batallan con los conflictos del diario vivir.  Muchas veces esto entra en contradicción con la imagen que se muestra en los medios de comunicación sobre lo que supuestamente debería ser una buena relación.   Con frecuencia, las parejas se ven presionadas a mostrar frente a los demás un modelo de relación perfecta.   Lo cierto es que la relación perfecta es aquella donde los cónyuges aprenden a lidiar saludablemente con las debilidades mutuas y propician las condiciones para que su vínculo se fortalezca día a día.  Así es que no pongas tu relación en un pedestal.  No la idealices ni te niegues a verla tal cual es.  No pretendas proyectar una imagen de la relación que no es real.  Sólo de esta forma podrás tomar las medidas necesarias para manejar las imperfecciones exitosamente y salir adelante.