No puedes perder algo que nunca has tenido.

No puedes perder algo que nunca has tenido.

Sharon Sassler, de Cornell University, afirma que cuando los hombres participan más en las labores domésticas, las mujeres tienen la percepción de estar en una relación justa, lo que aumenta su satisfacción en la misma. Esta aseveración de Sassler es producto de una investigación que realizó y que fue publicada en el Journal of Marriage and Family. Según esta investigación, las parejas que comparten las labores doméstica de forma equitativa, tienen una vida sexual más satisfactoria y más frecuente.

Un amor no correspondido es la maldición infinita de un corazón solitario.

Las relaciones enfrentan tres grandes amenazas: falta de compromiso, demasiados conflictos y discusiones, e infidelidad. Estas a su vez son las tres razones más comunes para un divorcio, rompimiento o separación. Conociendo esto de antemano, las parejas de forma proactiva pueden elaborar un plan de acción que proteja su relación de estos elementos. Se hace necesario, por lo tanto, el desarrollo de destrezas adecuadas de comunicación y resolución de conflictos, de manejo del coraje, de reducción de estrés, y además fomentar la conexión emocional con el cónyuge. Un enfoque preventivo que incluya la terapia de parejas podría ser un recurso valioso que te ayude a alcanzar estos objetivos.

Cuando batallas con tu pareja, estás batallando contigo mismo. Cada falla que vez en ella toca una negada debilidad en ti mismo.

No tengo el derecho de decir o hacer algo que disminuya a un hombre en sus propios ojos. Lo que importa no es lo que yo piense de él, sino lo que él piense de él mismo. Herir a un hombre en su dignidad es un crimen.

Las mejores relaciones en nuestras vidas son las mejores no porque hayan sido las más felices, sino porque han permanecido fuertes a través de las más tormentosas tempestades.

Por eso es que amo estar contigo. Podemos hacer las cosas más simples, como lanzar una estrella de mar en el océano o compartir una hamburguesa y hablar, e incluso, en ese momento sabía que era afortunado. Debido a que eras el primer chico que no estaba constantemente tratando de impresionarme. Aceptabas quien eras, pero más que eso, me aceptabas a mí por mí. Y nada más importaba, no mi familia o tu familia o cualquier otra persona en el mundo. Sólo éramos nosotros.

Es absolutamente una certeza humana que nadie puede conocer su propia belleza o percibir el sentido de su propio valor hasta que estos son reflejados en el espejo de otro ser humano cariñoso y amoroso.
