Esta pregunta es acerca de sus esperanzas para el futuro. ¿Se toman usted y su cónyuge tiempo para reflexionar sobre el año que les espera?

Esta pregunta es acerca de sus esperanzas para el futuro. ¿Se toman usted y su cónyuge tiempo para reflexionar sobre el año que les espera?

¡Dios mío! Esta gente no sabe cómo amar – por eso se enamoran tan fácilmente.

El amor es más acerca de ser la persona correcta que de encontrar la persona correcta.

Al tiempo que la pareja podría estar lidiando con conflictos relacionados a la desilusión, al manejo de las finanzas, a las responsabilidades de las labores domésticas, entre otros, podrían también sobrevenir conflictos relacionados con la llegada de los hijos e hijas a la relación. Aunque muchas veces planificados, la realidad es que numerosas parejas entran a esta etapa a raíz de embarazos inesperados, tratamientos para la infertilidad posiblemente traumáticos o por otras circunstancias fuera de su control.
Aún así, lo cierto es que uno de los sueños más comunes en personas que forman una relación de pareja es el de formar una familia, ya sea por aspiraciones personales o por demandas socioculturales. Sin embargo, la investigación científica nos muestra que la felicidad en la relación de pareja no aumenta con la llegada de los hijos e hijas. De hecho, The Gottman Institute descubrió que dos tercios de los matrimonios experimentan una disminución de la felicidad en los primeros tres años después de tener un bebé. En este sentido es importante reconocer cómo pueden cambiar los roles una vez sobrevienen la paternidad y la maternidad, y cómo esto puede hacer sentir tanto a la madre como al padre. La llegada de un primer bebé puede significar que dos personas que eran las más importantes en la vida del otro ahora tengan una tercera persona (o más en caso de gemelos o múltiples) muy importante en quien pensar. Algunos padres y madres encuentran difícil esta transición y luchan con el hecho de que ya no están en la mente de su pareja como lo estaban antes. La pareja puede sentirse marginada cuando la madre se concentra en su hijo y, máxime, cuando ésta constantemente exclama “¡Mis hijos son lo primero!” Del mismo modo, algunas mujeres pueden sentir que desaparecen mientras todos se concentran en el nuevo bebé. No importa cuanta satisfacción le pueda proporcionar, la madre puede sentir que su papel es simplemente cuidar y alimentar al bebé en lugar de ser una pareja o una persona por derecho propio.
El cambio de una pareja a una familia de tres, o posiblemente más, puede ser una de las mayores transformaciones a las que te enfrentas cuando te conviertes en padre o madre. Uno de los factores más importantes que provoca tensión y problemas en las relaciones después del parto es el cansancio. La falta de sueño puede tener un gran impacto en la vida cotidiana. Los nuevos padres y madres también suelen tener poco tiempo disponible para cualquier otra actividad que no se relacione con el cuidado de los hijos e hijas. Las horas que antes se dedicaban a socializar, relajarse y realizar tareas domésticas pueden reducirse drásticamente, y esto podría cambiar la dinámica de cualquier relación.
El dinero, o la falta de él, también puede ser una causa de estrés para las parejas. El advenimiento de nuestros miembros en la familia conlleva nuevos gastos, en ocasiones no anticipados. Para muchos padres y madres primerizos, adaptarse a una vida con ingresos reducidos o un solo salario puede resultar especialmente difícil. A menudo, hay problemas emocionales que se añaden a las disputas monetarias, como la pérdida de independencia financiera o sentir la presión de tener que mantener a la familia. Por otro lado, a raíz de la situación financiera, las mamás y los papás pueden experimentar problemas de salud mental, como depresión o ansiedad, que pueden tener un gran impacto en el bienestar de la relación.
El lado físico de una relación también puede cambiar dramáticamente debido al agotamiento físico que mencionáramos antes, al tener que lidiar con las exigencias de la vida con un recién nacido. Puede llevar tiempo volver a tener ganas de tener relaciones sexuales después del nacimiento, sobre todo en el caso de las madres. Luego, sobreviene el asunto de los estilos de crianza. Algunos padres descubren que tienen puntos de vista diferentes sobre la crianza de los hijos, lo que puede causar conflictos agregados. Puede resultar fácil para uno de los padres convertirse en el «experto» en asuntos de crianza y socavar la confianza del otro.
El conflicto entre padres y madres ocurre en todas las relaciones y, a veces, puede provocar sentimientos de ira, incluso ira extrema, en la pareja. El conflicto entre padres y madres puede significar muchas cosas y, a menudo, puede tomar la forma de discusiones ruidosas que escalan con gran facilidad. Una característica común del conflicto entre padres y madres es que cada persona culpa a la otra por lo que sucede. Y, como si eso fuera poco, a veces puede desarrollarse rivalidad entre ellos por la atención y el amor de sus hijos.
En las relaciones heterosexuales, los roles de género tradicionales pueden entrar en juego de forma consciente e inconsciente. Las mujeres pueden verse sobrecargadas con las tareas domésticas y el cuidado de los niños cuando habían imaginado una división del trabajo más equitativa. Si su pareja está amamantando, los hombres pueden sentirse inseguros de cómo participar y podrían aceptar rápidamente que ser el sostén económico de la familia es la mejor o quizás la única forma efectiva en que puede contribuir. Si esta mentalidad no se cuestiona, puede evolucionar y moldear la vida familiar a largo plazo.
Las parejas también pueden sentirse tan cautivadas por sus hijos e hijas que hasta suspenden el cuidado de su relación y se dicen a sí mismos que eso está bien por el bien de sus pequeños. Con frecuencia ni tan siquiera aceptan ponerlos al cuidado de otras personas mientras asisten a sus trabajos o a otros compromisos donde no es adecuado llevar a la criatura; temen que los vayan a dañar, que se vayan a criar con valores ajenos o simplemente no toleran alejarse de ellos por algunas horas. Podrían pasar meses o incluso años sin citas nocturnas, vida sexual o dormir en la misma cama, o peor aún, con el infante durmiendo en la cama en medio de ellos. Los problemas y resentimientos pueden quedar en “status quo” cuando deberían ventilarse y resolverse. Pueden decirse que las cosas mejorarán cuando los niños sean mayores o cuando comiencen la escuela, pero si tienen más de un hijo, esto podría significar que los problemas no se abordarán durante muchos años, y se agravarán con el tiempo, y la pasión se mudará de casa.
Estas tres recomendaciones podrían ponerte en posición de afrontar esta situación adecuadamente:

Las mujeres entran en una relación con la esperanza de que el hombre cambiará, y nunca lo hace; los hombres entran en una relación con la esperanza de que la mujer no cambie, pero ella siempre lo hace.

Históricamente, el pene ha sido representado como una fuente de gran poder, mientras que la vulva ha sido representada como el órgano que tiene el poder tanto de «dar vida» como de dar placer sexual a la humanidad. La genitalia humana, por lo tanto, ha sido investida de ese «gran poder», y un «gran poder» conlleva una «gran responsabilidad». La responsabilidad sexual es un concepto amplio que será objeto de otra discusión.
La genitalia humana también tiende a ser el foco de la actividad sexual, infortunadamente ignorando otros órganos sexuales de más trascendencia. La actividad sexual en los mamíferos heterosexuales se produce cuando el pene del macho se vuelve erecto y rígido a medida que sus tejidos se llenan de sangre, lo que permite insertarlo en la vagina de la hembra. Los movimientos de empuje del pene provocan la eyaculación, en la que el semen, que contiene espermatozoides, se deposita en la vagina. Este acto, aparentemente mecánico e instintivo, tiende a obsesionar a los seres humanos a tal punto que ha dado inicio a múltiples tragedias a lo largo de la historia, y no en balde es uno de los más conflictivos en el contexto de las relaciones de pareja.
El género de las personas explica el porqué el sexo tiende a experimentarse e interpretarse de manera distintiva por hombres y por mujeres. El conocimiento formal de parte de los cónyuges en materia de sexualidad y su conexión con los asuntos de género podría ser la clave para mejorar la satisfacción sexual en la relación. En un mundo ideal, cada vez que tuvieras relaciones sexuales transcurriría sin problemas. La realidad no es esa. Como podría decirte cualquier terapeuta de pareja, pueden surgir una variedad de problemas cuando se pone manos a la obra en materia sexual.
Veamos algunos de los problemas sexuales que, como psicólogo de parejas, he encontrado que enfrentan las relaciones, junto con algunas alternativas de manejo:
El sexo es una actividad física que puede ser una parte importante de muchos tipos de relaciones (incluidas las monógamas, poliamorosas y abiertas) porque puede ofrecer intimidad emocional, una autoimagen más fuerte para cada cónyuge y alivio del estrés. Es importante evitar buscar una solución única para los problemas sexuales en una relación; puedes tener una relación fuerte y saludable independientemente de la cantidad de actividad sexual. Si bien muchas personas requieren actividad sexual frecuente para tener una relación romántica sólida, muchas otras, incluidas las personas asexuales y las que tienen libidos bajos, disfrutan de relaciones profundas y significativas sin utilizar el sexo como componente clave. Sin embargo, aunque el sexo puede ser una parte beneficiosa en una relación sana, las investigaciones sugieren que la frecuencia tiende a disminuir con la edad y otros factores, como el estrés, los niños y la salud en general, también estos elementos pueden afectar el deseo sexual de una persona. Las parejas sexuales que quieran aumentar su frecuencia e intimidad deben centrarse en comunicar sus necesidades y trabajar juntos para alcanzar sus objetivos.

‘Ese es el problemas con las relaciones’, George estaba diciendo, ‘Es un contrato. Acuerdas ser una caricatura inalterable de ti mismo. Actuar de la misma forma todo el tiempo. Nunca cambiar. Es contrario a la evolución. ¿Cómo puede algo nuevo y bueno llegar a tu vida si estás aguantando algo que ya no existe?’

Las mujeres casadas están mucho más deprimidas que los hombres casados – en matrimonio infelices, tres veces más e, interesantemente, en matrimonio felices, cinco veces más –. La verdad es que son los hombres los que están desarrollándose en el matrimonio, ahora como siempre, y los que muestran síntomas de distrés físico y emocional si están fuera de él. No sólo su bienestar emocional, sino también sus propias vidas, dicen algunos estudios, dependen de el hecho de estar casados.

Por primera vez en la historia, las mujeres de clase media no necesitan a los hombres de la forma tradicional – para seguridad, para dinero, para una vida. En lugar de eso, éstas demandan lo que siempre quisieron, pero que no podían exigir: conexión emocional, presencia, intimidad, sexo con preliminares adecuados, suficiente seducción y cercanía suficiente como para complacerlas. Los hombres están perplejos no sólo porque las necesidades que se les están requiriendo llenar difieren de lo que sus padres y abuelos entendían que era su trabajo, sino también porque una verdadera intimidad requiere fortalezas y destrezas que nunca aprendieron. Todavía más… son fortalezas y destrezas que en un tiempo eran exclusivas de las mujeres: los hombres no tenían que desarrollarlas. Este desequilibrio producto de la maduración podría estar contribuyendo a la desconfianza entre los amantes de todas las edades.
