Sé lo suficiente para saber que ninguna mujer debería casarse con un hombre que odia a su propia madre.

Sé lo suficiente para saber que ninguna mujer debería casarse con un hombre que odia a su propia madre.

A pesar de que te gustaría seguir adelante en la vida, tal vez tengas un pie puesto en los frenos. Para poder ser libre, debemos aprender a dejar ir. Liberar el dolor. Liberar el miedo. Negarnos a entretener viejos sufrimientos. La energía que consume aferrarse al pasado te está atrasando en la nueva vida. ¿Qué es eso que deseas soltar hoy?

Cada pareja necesita discutir de vez en cuando sólo para probar que su relación es lo suficientemente fuerte para sobrevivir. Las relaciones a largo plazo, las que realmente importan, se tratan de salir adelante a pesar de los altibajos.

Si la conversación fuera la lírica y la risa la música, hacer del tiempo juntos una melodía que pueda ser tocada una y otra vez sin que pierda su encanto.

Indiferencia y abandono con frecuencia hacen más daño que el total desagrado.

Ven, duerme conmigo y no hagamos el amor. Dejemos que el amor nos haga.

Tal vez, nuestras amigas son nuestras almas gemelas y los hombres son sólo personas con quienes divertirse.

Cuando estamos incompletos, estamos siempre buscando quien nos complete. Cuando, luego de unos pocos años o unos pocos meses de relación, sentimos que todavía estamos insatisfechos, culpamos a nuestras parejas y nos buscamos a otra persona más prometedora. Esto puede continuar […] hasta que admitimos que mientras nuestra pareja puede añadir una dulce dimensión a nuestras vidas, nosotros, cada uno de nosotros, somos responsables por nuestra propia plenitud. Nadie más nos la puede proveer, y creer lo contrario es engañarnos a nosotros mismos peligrosamente, y predisponer fracasos futuros en cada relación en que entremos.

Siempre te amaré. Cuando este pelo rojo sea blanco, todavía te amaré. Cuando la tierna suavidad de la juventud sea reemplazada por la delicada suavidad de la vejez, todavía querré tocar tu piel. Cuando tu rostro esté lleno de líneas de cada sonrisa que hayas sonreído, de cada sorpresa que haya visto destellar a través de tus ojos, cuando cada lágrima que hayas llorado haya dejado su marca en tu cara, te atesoraré más, porque estuve ahí para verlo todo. Compartiré la vida contigo, Meredith, y te amaré hasta que el último suspiro deje tu cuerpo o el mío.
