Cuando los celos aparecen es una indicación de que algo dentro de ti está temeroso. Es una alarma, nada más y nada menos. Trátalo como tal.

Cuando los celos aparecen es una indicación de que algo dentro de ti está temeroso. Es una alarma, nada más y nada menos. Trátalo como tal.

Invertí la mitad de mi infancia tratando de ser como mi papá, como casi todos los muchachos, creo. Esto cambió en la adolescencia. Lo menos que quería era ser como mi papá. Fue al convertirme en un hombre que me di cuenta de cuán suertudo había sido. Valieron unos pocos golpes en mi vida para darme cuenta que lo único que mi papá quiso o para lo que trabajó fue para darme la oportunidad de ser mejor que él.

Si te comportas de una manera que envenena tu relación, no te sorprendas cuando ésta muera.

Hay sólo dos forma de vivir tu vida. Una es como si todo lo que importase fuera tener el amor y la aceptación de alguien. La otra es como si el amar y aceptar a la otra persona fuera todo lo que importase. Con frecuencia, cuando escoges la segunda, obtienes la primera.

Hay algo bello en mirar a dos personas amorosamente actuar juntas de manera tonta; comportarse como si nadie más existiese.

No hay fórmula para las relaciones. Tienen que ser negociadas de formas amorosas, con espacio para ambas partes, lo que desean y necesitan, lo que pueden hacer y de qué se trata sus vidas.

Tal vez, la función del amor es salvarnos de nosotros mismos.

Siempre me ha parecido que el flirteo es la estrategia del hombre para evitar la responsabilidad. Puede decir lo que quiera y sabe que no será tomado seriamente.

Pero sin una reflexión profunda, uno sabe por las experiencias diarias, que uno existe para otra persona – primero que todo para aquellos de cuyas sonrisas y bienestar nuestra propia felicidad es enteramente dependiente, y luego, para los muchos, desconocidos por nosotros, cuyos destinos están unidos por los lazos de la solidaridad.
