La satisfacción sexual

Una peor salud física, una mayor frecuencia de masturbación y un menor nivel educativo se asociaron negativamente con la satisfacción sexual.

¿Estás satisfecho con tu vida sexual? Es una pregunta que a menudo puede suscitar vacilación o incluso vergüenza. Pero comprender qué contribuye a la satisfacción sexual es crucial para el bienestar personal y la felicidad en las relaciones. Un estudio reciente publicado en el International Journal of Sexual Health y realizando por Nantje Fischer explora los factores que afectan la satisfacción sexual entre personas solteras y en pareja.

Investigaciones anteriores sobre la satisfacción sexual se han centrado principalmente en personas en relaciones de compromiso, dejando un vacío en nuestra comprensión de las experiencias de los adultos solteros. Este estudio tuvo como objetivo cerrar esta brecha investigando la satisfacción sexual tanto de solteros como de parejas. Los investigadores estaban interesados en explorar qué factores podrían facilitar u obstaculizar la satisfacción sexual en estos diferentes estados de relación.

Para realizar este estudio, Fischer recopiló datos de una muestra grande y diversa de adultos noruegos de entre 18 y 89 años. La muestra estuvo compuesta por 2,181 hombres (52,6%) y 1,967 mujeres (47,4%), con una edad media de 48,4 años para los hombres y 44,4 años para las mujeres.

El estudio encontró que, en general, la mayoría de los hombres y mujeres informaron estar bastante satisfechos con su vida sexual. Sin embargo, cuando Fischer observó por separado a los adultos solteros y en pareja, descubrió diferencias significativas.

Tanto los hombres como las mujeres solteros tenían más probabilidades de informar que no estaban ni satisfechos ni insatisfechos con su vida sexual. Una parte sustancial de ellos entraba en esta categoría. Además, un número importante de solteros informaron estar algo insatisfechos. Por el contrario, las mujeres y los hombres en pareja informaron niveles mucho más altos de satisfacción sexual, y la mayoría de ellos indicó que estaban bastante satisfechos con su vida sexual.

Fischer descubrió que la evaluación de los individuos del estado de su relación (satisfacción con la soltería para los solteros y satisfacción con la relación para las personas en pareja) también desempeñaba un papel importante en la satisfacción sexual. Esencialmente, cuanto mayor era su satisfacción con su soltería o relación, mayor era su satisfacción sexual.

Entre las mujeres solteras, varios factores influyeron significativamente en su satisfacción sexual. Estos incluyeron una mayor satisfacción con su nivel actual de actividad sexual, una mayor satisfacción con la soltería, una mayor frecuencia de masturbación, mayores niveles de actividad sexual y una mayor edad. Por el contrario, una peor salud física y niveles más altos de dificultades sexuales angustiosas se relacionaron negativamente con la satisfacción sexual.

Para los hombres solteros, los factores más poderosos que predecían la satisfacción sexual eran la satisfacción con su frecuencia sexual actual, la autoimagen genital positiva, la satisfacción con la soltería y los niveles más altos de actividad sexual. Una peor salud física, una mayor frecuencia de masturbación y un menor nivel educativo se asociaron negativamente con la satisfacción sexual.

En el caso de las mujeres en pareja, los predictores más importantes de satisfacción sexual incluyeron satisfacción con su actividad sexual actual, altos niveles de satisfacción en la relación y niveles más altos de actividad sexual. Sin embargo, evitar deliberadamente las relaciones sexuales con una pareja, una imagen corporal negativa, dificultades sexuales angustiosas y un menor nivel educativo también se asociaron negativamente con la satisfacción sexual.

Finalmente, para los hombres en pareja, los factores clave para predecir la satisfacción sexual incluyeron la satisfacción con su actividad sexual, la actividad sexual frecuente y los altos niveles de satisfacción en la relación. Sin embargo, la duración de la relación, evitar la actividad sexual con su pareja, la menor satisfacción con su apariencia genital, la frecuencia de la masturbación y la menor autoestimación general de la salud se relacionaron negativamente con la satisfacción sexual.

Este estudio ofrece información valiosa sobre lo que contribuye a la satisfacción sexual entre solteros y parejas. Destaca la importancia de la satisfacción con la actividad sexual, independientemente del estado civil, y enfatiza la importancia de la evaluación que uno hace de su relación o soltería. Estos hallazgos proporcionan una base para comprender la compleja dinámica de la satisfacción sexual, allanando el camino para un mejor bienestar personal y relaciones más felices.

¿Por qué las mujeres tienen orgasmos?

Los orgasmos en las mujeres, como los pezones en los hombres, simplemente persisten debido al origen biológico común que tienen tanto hombres como mujeres.

La razón del orgasmo femenino ha intrigado durante mucho tiempo a los científicos. Los hombres los necesitan para reproducirse; las mujeres no los necesitan para ese propósito. Entonces, ¿por qué existen los orgasmos femeninos? Los científicos que estudian este tema están divididos. Algunos científicos piensan que los orgasmos femeninos no tienen ningún propósito. Pero la evidencia sugiere que alguna vez pudieron habernos ayudado (y tal vez todavía nos ayuden) a sobrevivir y reproducirnos.

Una teoría sostiene que las mujeres tienen orgasmos porque los hombres los tienen. Algunos investigadores sostienen que los orgasmos femeninos existen porque, como fetos, todos comenzamos con las mismas partes básicas, independientemente del sexo. Los orgasmos en las mujeres, como los pezones en los hombres, simplemente persisten debido al origen biológico común que tienen tanto hombres como mujeres.

Pero hay un problema con el argumento de que los orgasmos no tienen función. Los científicos han concluido que no es adaptativo para nuestros cuerpos dedicar demasiada energía a rasgos, como los pezones, que no son beneficiosos. Estos rasgos tienden a desaparecer o volverse menos pronunciados con el tiempo. Esto está lejos de ser el caso de los orgasmos femeninos. Según el Instituto Kinsey, los orgasmos femeninos, si es que éstas los logran alcanzar, tienden a durar más que los masculinos y, con la estimulación adecuada, podrían ocurrir varias veces seguidas, algo que es raro en los hombres. En otras palabras, los orgasmos femeninos utilizan mucha energía para un rasgo que supuestamente no tiene ninguna función.

El clítoris, una parte muy sensible de los genitales femeninos que tiene un papel clave en los orgasmos, es homólogo al pene. Técnicamente, las mujeres tienen pene. Al igual que los pezones masculinos y femeninos, crecen a partir de la misma estructura anatómica. Pero contrariamente a la creencia popular, «un clítoris no es sólo un mini pene». El clítoris tiene «estructuras tan increíblemente bien desarrolladas como las del pene en propiedad del hombre».

Existen múltiples teorías sobre cómo, exactamente, el orgasmo femenino ayudó a nuestros antepasados a transmitir sus genes. Aunque las mujeres no necesitan tener un orgasmo para concebir, algunas investigaciones sugieren que no siempre fue así. Si los orgasmos femeninos evolucionaron por alguna razón adaptativa, pero ya no son adaptativos, deberían haber desaparecido. Y claramente no han desaparecido. Algunas investigaciones sugieren que los orgasmos femeninos aún crean las condiciones perfectas para la concepción, incluso si no son necesarios para ovular. Un estudio encontró que las mujeres que tuvieron orgasmos cercanos a los de su pareja masculina en realidad «succionaron» más esperma en sus cuerpos en comparación con las mujeres que tuvieron orgasmos mucho antes o después que su pareja. Los científicos incluso han intentado establecer correlaciones entre el número de orgasmos que tiene una mujer y el número de hijos que tiene. Pero la evidencia de estas hipótesis es inestable y no establece un vínculo causal directo entre los orgasmos y la concepción.

Entonces cabe preguntarse, si el orgasmo femenino no tiene nada que ver con la reproducción, ¿qué pasaría si, en cambio, evolucionara sólo por placer? El sexo que hace sentir bien tanto a hombres como a mujeres tiene un papel social importante y beneficios para la salud, además alivia el estrés y ayuda a la pareja a establecer vínculos.

Que el placer por sí solo sea suficiente para hacer que un rasgo sea adaptativo va en contra de las concepciones populares de por qué existen el sexo y los orgasmos. Pero para muchos científicos esto tiene mucho sentido ya que experimentar placer parece, desde el punto de vista evolutivo, una buena idea.

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Los estímulos sexuales hacen que las personas sean más impulsivas, especialmente los hombres

Pensar en sexo o ver imágenes y eventos asociados con el sexo (por ejemplo, imágenes sexuales o estar con una persona que nos atrae sexualmente) inicia una serie de cambios fisiológicos que nos preparan para la actividad sexual.

Los sentimientos están fuertemente asociados con las acciones. Cuando una persona está feliz, tenderá a moverse, acercarse a otras personas, bailar, cantar o realizar otras acciones que asociamos con la felicidad. En cambio, cuando están tristes, las personas tenderán a ser retraídas y mucho menos activas. Esta correlación entre emoción y comportamiento no sólo es evidente en los humanos sino que también se manifiesta en los mamíferos y muchos otros animales, con claras similitudes.

Los estudios han demostrado que pensar en sexo o ver imágenes y eventos asociados con el sexo (por ejemplo, imágenes sexuales o estar con una persona que nos atrae sexualmente) inicia una serie de cambios fisiológicos que nos preparan para la actividad sexual, pero también conduce a emociones fuertes que alteran cómo se comporta la gente. Por ejemplo, tanto hombres como mujeres tienen más probabilidades de participar en actividades sexuales después de ver contenido sexualmente excitante.

El autor de este nuevo estudio, Julian Wiemer, y sus colegas querían explorar los efectos de diversos estímulos emocionales sobre la inhibición o desinhibición del comportamiento humano. Supusieron que los estímulos sexuales probablemente aumentarían la actividad y reducirían las inhibiciones, mientras que los estímulos negativos tendrían el efecto opuesto, lo que resultaría en una mayor inhibición.

Para su experimento, los investigadores utilizaron 48 imágenes diseñadas para provocar respuestas emocionales. Estas imágenes se clasificaron en cuatro grupos: neutrales, sexuales, positivas y negativas. Las imágenes clasificadas como negativas mostraban a personas enfermas o heridas. La categoría positiva incluía imágenes de personas alegres involucradas en actividades altamente excitantes, como andar en trineo en la nieve, montar en carruseles o celebrar en eventos deportivos. Las imágenes sexuales eran de carácter pornográfico y mostraban a un hombre y una mujer en pleno acto sexual con todo el cuerpo visible. Las imágenes neutrales mostraban a individuos involucrados en actividades de baja excitación, como jugar ajedrez, leer, trabajar en una oficina o caminar.

Los resultados indicaron que los participantes incurrieron en conductas más impulsivas cuando había imágenes sexuales presentes, en comparación con imágenes neutrales y negativas. Esta tendencia fue significativamente más fuerte en los hombres que en las mujeres.

«Los hallazgos de una mayor impulsividad en presencia de estímulos sexuales concuerdan con una mayor motivación de aproximación y/o una capacidad inhibidora reducida en los hombres», concluyeron los autores del estudio. El estudio hace una contribución importante a la comprensión científica de los vínculos entre las emociones y el comportamiento.

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El sexo frecuente es bueno para personas hipertensas

La actividad sexual regular puede contribuir a mejorar la salud y una vida más larga para los pacientes de mediana edad con hipertensión.

La actividad sexual regular puede contribuir a mejorar la salud y una vida más larga para los pacientes de mediana edad con hipertensión, según un estudio reciente publicado en el Journal of Sexual Medicine y llevado a cabo por Jiahua Liang. Los investigadores descubrieron que las personas con presión arterial alta que practican actividades sexuales con mayor frecuencia tienden a tener un menor riesgo de mortalidad por todas las causas.

La hipertensión, o presión arterial alta, es un problema de salud mundial asociado con diversas complicaciones cardiovasculares y cerebrovasculares. Controlar esta afección es crucial, ya que a menudo no presenta síntomas evidentes, por lo que también se le conoce como el «asesino silencioso». Estudios anteriores han demostrado que la actividad sexual puede influir en la salud general, incluida la salud cardiovascular, pero el vínculo entre la frecuencia sexual y la supervivencia en personas hipertensas seguía sin estar claro.

Los investigadores se sintieron motivados a realizar este estudio porque reconocieron el importante impacto de la hipertensión en la salud pública y el papel potencial de la actividad sexual en la mejora de los resultados de salud. Comprender esta relación podría proporcionar información valiosa tanto para los profesionales de la salud como para los pacientes.

La pareja sexual, la calidad de la vida sexual, la frecuencia sexual y el interés sexual se asocian positivamente con la salud. La hipertensión es un importante problema de salud pública en todo el mundo. Sin embargo, la relación entre la frecuencia sexual y la mortalidad por todas las causas en pacientes hipertensos aún no está clara.

Este estudio analizó datos de una gran encuesta llamada Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición, realizada en los Estados Unidos entre 2005 y 2014. En la investigación participaron más de 4,500 participantes de 20 años o más a los que se les había diagnosticado hipertensión. Los hallazgos del estudio revelaron una conexión notable entre la frecuencia sexual y la mortalidad por todas las causas en pacientes hipertensos. Las personas que practicaban actividad sexual entre 12 y 51 veces al año, o más de 51 veces al año, tenían un riesgo significativamente menor de mortalidad por todas las causas en comparación con aquellas que tenían actividad sexual menos de 12 veces al año. «Una mayor frecuencia de actividad sexual puede tener efectos protectores sobre la salud general y la calidad de vida en pacientes hipertensos, y este hallazgo tiene una importancia clínica significativa para pacientes jóvenes y de mediana edad con hipertensión», dijo Liang.

Estos hallazgos sugieren que mantener una vida sexual activa podría ser un aspecto beneficioso de un estilo de vida saludable para las personas con hipertensión.

La vagina: datos curiosos

El clítoris tiene 8,000 terminaciones nerviosas destinadas al placer sexual, aproximadamente el mismo número que se encuentra en la punta del pene, pero en el caso de la mujer, por ser el clítoris significativamente más pequeño, la densidad de las terminaciones nerviosas es aproximadamente 50 veces mayor.

Muchos mitos y desinformación rodean a la vagina. Por ejemplo, existe la creencia popular de que el himen, la membrana que cubre parcialmente la abertura de la vagina, sólo puede romperse durante la primera relación sexual. Si bien esto es común, el himen podría romperse en muchas otras circunstancias, como durante el ejercicio vigoroso. Además, en los últimos años se han publicado estudios que confirman la existencia de la eyaculación femenina, según la revista Clinical Anatomy. Esto ha desatado una controversia en la comunidad médica sobre si en efecto existe, esto a pesar de los estudios publicados que sugieren que el fenómeno es real.

Aquí siete datos curiosos que vale la pena conocer sobre la vagina de una mujer que ayudan a separar la realidad de la fantasía:

La vagina es solo una parte interna de la genitalia femenina

A veces, a toda la región genital de una mujer se le denomina vagina. Pero, de hecho, la parte exterior de la genitalia femenina se llama vulva. Eso incluye los labios internos y externos, el clítoris, la capucha del clítoris y la abertura de la uretra y la vagina. La vagina en realidad es una estructura interna, junto con otras partes del sistema reproductor femenino, incluidos el cuello uterino, el útero, los ovarios y las trompas de Falopio (que a veces se denominan oviductos).

Los ejercicios de Kegel fortalecen los músculos del suelo pélvico

Los ejercicios de Kegel pueden ayudar a las mujeres que tienen problemas para alcanzar el orgasmo, según The Journal of Sexual Medicine, pero también fortalecen los músculos del suelo pélvico. Esto puede ayudar a las mujeres que tienen problemas para retener la orina, las heces o los gases. Estos ejercicios se pueden hacer prácticamente en cualquier lugar. Para hacer un ejercicio de Kegel, actúa como si fueras a dejar de orinar y mantenlo así durante un par de segundos, o puedes introducir el dedo en la vagina y tensar los músculos. Existen otras variantes de ejercicios de Kegel y también hay disponible para la venta una variedad de instrumentos que te pueden ayudar en la realización de estos ejercicios. Estos ejercicios también se pueden utilizar para ayudar con el prolapso de órganos pélvicos. El prolapso de órganos pélvicos es una afección en la que los órganos de la pelvis, como la vejiga, descienden y empujan contra la vagina.

Los suplementos probióticos pueden ayudar a mantener el equilibrio de la vagina

Los probióticos, también conocidos como «bacterias amigables», se han convertido en un tratamiento popular contra las bacterias «malas» que pueden causar daño al cuerpo. Alguna evidencia sugiere que ayudan a la digestión y combaten la diarrea y la inflamación intestinal. Algunos estudios también han insinuado que el uso de probióticos podría ayudar contra las infecciones vaginales, como las infecciones por hongos, pero no hay pruebas clínicas suficientes para hacer una recomendación específica en este sentido. Es necesario realizar más investigaciones para decir con seguridad cuándo, cuánto y qué tipo de probióticos son útiles.

Fluidos que deben preocupar a las mujeres

Aunque la vagina se considera un órgano que se limpia solo, y algo de secreción es normal, eso no significa que no sea vulnerable. Cualquier flujo vaginal que parezca excesivo, doloroso, irritante o de mal olor debe ser evaluado por un médico. Algunas mujeres intentan diagnosticar sus propias infecciones vaginales en casa y utilizan medicamentos de venta libre. Infortunadamente, las investigaciones han demostrado que los pacientes no son muy precisos cuando se trata de autodiagnóstico. Se recomienda que las mujeres sean evaluadas por un médico si hay una secreción anormal. Aunque a veces puede ser tan simple como una candidiasis, otras veces la infección puede ser más complicada, o incluso una infección de transmisión sexual.

El sexo puede mantener la vagina sana

A lo largo de las distintas etapas de la vida de las mujeres, incluidos el parto y la lactancia, así como el envejecimiento normal y la menopausia, el cuerpo sufre cambios hormonales que podrían provocar resequedad vaginal. El estrógeno ayuda a mantener la vagina sana y lubricada. Una vez que los niveles de estrógeno bajan, la vagina puede secarse y, a veces, incluso ser una fuente de dolor para la mujer. Los expertos dicen que tener relaciones sexuales puede evitar que la vagina se vuelva delgada y rígida. Las relaciones sexuales vaginales seguras pueden ayudar a mantener la vagina sana y dilatada. A pesar de eso, para ayudar a que las relaciones sexuales sean más cómodas, se sugiere el uso de lubricantes. Y para las mujeres que experimentan resequedad y malestar extremos, el uso de terapias hormonales en forma de pastillas, parches, anillos vaginales o cremas puede ser una opción. Ciertos tipos de terapia hormonal presentan algunos riesgos, por lo que es importante que las mujeres lo hablen con su médico antes de tomar la decisión de usarlas.

Bacterias buenas y malas

Es normal tener bacterias en la vagina. De hecho, existen unas bacterias conocidas como lactobacilos que mantienen la acidez de la vagina en el rango normal. Pero a veces el equilibrio entre las bacterias buenas y malas puede verse alterado. Cuando eso sucede, las mujeres pueden experimentar una secreción que huele mal o tener una sensación de picazón o ardor. Pero hay formas en que las mujeres pueden mantener sus vaginas sanas y mantener presentes las bacterias buenas. Algunos médicos recomiendan evitar las duchas vaginales y evitar lavar la vagina con cualquier cosa que pueda matar a los lactobacilos y provocar un crecimiento excesivo de otros tipos de bacterias problemáticas. También se recomienda usar jabones para limpiar solo las áreas de la piel cubiertas de pelo. Para limpiar las zonas donde no hay pelo es suficiente el agua, afirman profesionales en la materia.

El clítoris es mucho más grande de lo que parece

El clítoris tiene 8,000 terminaciones nerviosas destinadas al placer sexual, aproximadamente el mismo número que se encuentra en la punta del pene, pero en el caso de la mujer, por ser el clítoris significativamente más pequeño, la densidad de las terminaciones nerviosas es aproximadamente 50 veces mayor. El clítoris, que es un pequeño órgano rosado que se encuentra debajo de una capucha, es una fuente inagotable de placer para las mujeres. Aunque se extiende dentro de la vagina entre 3 y 4 pulgadas, el clítoris se considera un órgano «externo».

Cómo los conceptos psicológicos erróneos impiden la satisfacción sexual de las mujeres

Las mujeres tienen muchos menos orgasmos que los hombres de manera significativa. A este fenómeno se le conoce científicamente como la “brecha del orgasmo”. Y está documentado en la literatura científica desde hace más de 20 años a la saciedad.

Imagina una escena de sexo apasionante entre una mujer y un hombre de tu programa de televisión o película favorita. Es probable que ambas partes lleguen al orgasmo. Pero esto no refleja la realidad, porque durante los encuentros sexuales heterosexuales, las mujeres tienen muchos menos orgasmos que los hombres de manera significativa. A este fenómeno se le conoce científicamente como la “brecha del orgasmo”. Y está documentado en la literatura científica desde hace más de 20 años a la saciedad.

En un estudio de más de 50,000 personas, el 95% de los hombres heterosexuales dijeron que usualmente o siempre tenían un orgasmo cuando tenían intimidad sexual, mientras que sólo el 45% de las mujeres heterosexuales dijeron lo mismo. Las investigaciones muestran que algunas personas creen que esta brecha se debe a que los orgasmos de las mujeres son biológicamente difíciles de alcanzar. Sin embargo, si esto fuera cierto, las tasas de orgasmo de las mujeres no diferirían según las circunstancias. De hecho, muchos estudios muestran que las mujeres tienen más orgasmos cuando están solas que con su pareja. Al menos el 92% de las mujeres tienen un orgasmo cuando se dan placer a sí mismas. Las mujeres también tienen más orgasmos cuando están en relaciones de compromiso en comparación con el sexo casual. En un estudio de más de 12,000 estudiantes universitarios, sólo el 10% de las mujeres dijeron que tuvieron un orgasmo durante las relaciones sexuales casuales, mientras que el 68% dijo que tuvieron un orgasmo durante las relaciones sexuales que ocurrieron en el contexto de una relación de compromiso. Las mujeres también tienen más orgasmos cuando tienen relaciones sexuales con otras mujeres. En un estudio realizado, el 64% de las mujeres bisexuales dijeron que generalmente o siempre tienen un orgasmo cuando tienen intimidad sexual con otras mujeres.

¿Por qué ocurre esto? En todos estos escenarios donde las mujeres llegan más al clímax, hay un mayor enfoque en la estimulación del clítoris, ya que muchos científicos afirman que los orgasmos vaginales no existen. La mayoría de las mujeres necesitan estimulación del clítoris para llegar al orgasmo, lo cual tiene sentido dado que el clítoris y el pene se originan del mismo tipo de tejido. Y tanto el clítoris como el pene están repletos de terminaciones nerviosas sensibles al tacto y tejido eréctil.

En mi trabajo como psicólogo de parejas, le he preguntado a muchas mujeres: «¿Cuál es tu ruta más confiable hacia el orgasmo?» Sólo el 4% dice penetración. El otro 96% dice estimulación del clítoris, sola o combinada con penetración. Entonces, la razón principal de la brecha en el orgasmo es que las mujeres no obtienen la estimulación del clítoris que necesitan. Y los mensajes culturales sobre la supremacía del coito o la penetración vaginal alimentan esta noción. De hecho, innumerables películas, programas de televisión, libros y obras de teatro retratan a mujeres que alcanzan el orgasmo únicamente con el coito o penetración vaginal, y a veces llegan al extremo de sugerir lo mismo de la penetración anal.

Las revistas masculinas populares también dan consejos sobre posiciones sexuales para llevar a las mujeres al orgasmo. Y aunque algunas de las posiciones incluyen la estimulación del clítoris, el mensaje sigue siendo que el coito o la penetración vaginal es el acto sexual central y más importante.

El lenguaje utilizado en estas fuentes –y en la sociedad en su conjunto– refleja y perpetúa esta sobrevaloración de las relaciones sexuales. Se usan las palabras «sexo» y «coito» (penetración vaginal) como si fueran lo mismo. Se le resta importancia a la estimulación del clítoris que viene antes del coito como parte de los «juegos previos», implicando que es una forma menor de sexo, y ciertamente para las mujeres no lo es.

Múltiples estudios han demostrado que tales mensajes dan la idea de que el sexo debe desarrollarse de la siguiente manera: juegos previos (sólo para preparar a la mujer para el coito), coito, orgasmo masculino y fin del sexo. En esta versión del sexo, el trabajo del hombre es «darle» a la mujer un orgasmo durando mucho tiempo y empujando con fuerza y energía. No es de extrañar que las investigaciones realizadas en el área encuentren que los hombres se sienten más masculinos o “más hombres” cuando su pareja tiene un orgasmo durante el coito. Y no sorprende que las mujeres finjan orgasmos, principalmente durante el coito, para proteger el ego de su pareja. De hecho, los estudios sugieren que entre el 53% y el 85% de las mujeres admiten fingir orgasmos con regularidad en la relación.

Sin embargo, hay esperanza, porque dado que los factores culturales son responsables de la brecha en el orgasmo, cambiar la forma en que vemos el sexo y las relaciones sexuales ayudará a mejorar las experiencias sexuales de las mujeres. De hecho, es importante educar a la gente sobre el hecho de que las mujeres no tienen una capacidad biológica limitada para alcanzar el orgasmo. Del mismo modo, la educación tanto para hombres como para mujeres sobre el clítoris podría cambiar las reglas del juego.

Aún así, es poco probable que ese conocimiento por sí solo cierre la brecha del orgasmo a nivel personal. Las mujeres también necesitan empoderarse y adquirir habilidades para poner en práctica este conocimiento. Esto significa que se debe alentar a las mujeres a masturbarse para aprender lo que quieren sexualmente. Y esto debe ir acompañado de capacitación en comunicación para que puedan compartir esta información con sus parejas. Las mujeres deben sentirse con derecho a su propio placer y entender que el sexo no es algo que ellas hacen únicamente por el placer de su pareja. Los cónyuges pueden turnarse para tener orgasmos mediante sexo oral o estimulación manual, donde ella tiene un orgasmo seguido del coito. Alternativamente, las mujeres pueden tocarse con las manos o con un vibrador durante el coito. Las investigaciones muestran que las mujeres que usan vibradores tienen más orgasmos.

La igualdad en el orgasmo es mucho más que tener sexo de calidad. Varias mujeres indican que una vez se sintieron empoderadas en el dormitorio, tuvieron más confianza en el resto de su vida.

Es importante destacar que, según un estudio, sentirse con derecho al placer aumenta la seguridad y capacidad de la mujer para decirle a su pareja lo que quiere sexualmente y su disposición para protegerse sexualmente. De hecho, este estudio encontró que sentirse con derecho al placer sexual aumentó la confianza de las mujeres para negarse a realizar actos sexuales con los que no se sentían cómodas y a usar protección contra el embarazo y las infecciones de transmisión sexual.

Según otro estudio sobre educación sexual y placer, cuando los jóvenes aprenden que el sexo debe ser placentero, es menos probable que lo utilicen de forma manipuladora y dañina. Por lo tanto, enseñar que el sexo es un acto de placer para ambas partes, más que algo que se le hace a las mujeres para el placer de los hombres, también podría ayudar a disminuir los niveles de violencia sexual.

La bisexualidad masculina es real

La bisexualidad es una orientación sexual formalmente reconocida por la American Psychiatric Association y la American Psychological Association, entre otras prestigiosas organizaciones.

La bisexualidad es una orientación sexual formalmente reconocida por la American Psychiatric Association y la American Psychological Association, entre otras prestigiosas organizaciones. A pesar de esto, un famoso estudio realizado en 2005 afirmó que la bisexualidad masculina no existía. Durante este estudio, a pesar de que los participantes afirmaron sentirse atraídos por personas de ambos sexos, cuando los sujetos fueron conectados a sensores genitales y se les mostró pornografía masculina y femenina, los individuos sólo se excitaron seriamente con un tipo u otro. Los resultados se tomaron como evidencia de que, en términos de excitación, los hombres son homosexuales, heterosexuales o mentirosos. El investigador principal de este estudio, Michael Bailey, de la Northwestern University, afirmó que «No niego que exista el comportamiento bisexual, pero sí digo que en los hombres no hay ningún indicio de que la verdadera excitación bisexual exista».

En la actualidad, él y sus colegas dicen todo lo contrario. Han realizado un nuevo estudio, publicado en la revista Biological Psychology, llamado «Patrones de excitación sexual de hombres bisexuales revisados», donde encontraron algo más que un indicio de bisexualidad masculina.

Esta vez se utilizaron criterios mucho más estrictos para reclutar participantes masculinos bisexuales en el estudio. Esta vez, en lugar de depender de la autoevaluación de la orientación sexual, los hombres sólo calificaban como bisexuales si habían tenido relaciones sexuales con al menos dos miembros de cada sexo y habían mantenido una relación romántica de al menos tres meses con un miembro de cada sexo.

Los participantes fueron sometidos a la misma prueba de sensores genitales y pornografía que en el estudio de 2005. Los hombres bisexuales en el presente estudio demostraron patrones bisexuales de excitación tanto subjetiva como genital, escribieron los autores. Otro experimento aún no publicado encontró que los hombres bisexuales se excitan significativamente más con la pornografía bisexual que los hombres heterosexuales o homosexuales. Los autores del nuevo estudio entienden que sus nuevos resultados validarán a muchos hombres bisexuales que habían oído hablar de investigaciones anteriores y se sintieron tergiversados o incomprendidos por la ciencia. Sin embargo, los autores creen que los nuevos resultados no invalidan completamente los anteriores. «Creo que ambos estudios son correctos, pero sobre diferentes poblaciones de hombres bisexuales. Confío en lo que se hizo la última vez; la razón por la que tenemos resultados diferentes es que utilizamos diferentes métodos de reclutamiento», dijo el investigador principal. Algunos hombres bisexuales que se declaran bisexuales no se sienten excitados por ambos sexos por los que dicen sentirse atraídos. Otros realmente lo son. La gran pregunta abierta es qué resultados son más representativos del chico bisexual promedio en la calle.

¿Qué significa transgénero?

No existe una única forma de ser transgénero, ni una única manera para que las personas transgénero se vean o sientan bien consigo mismas.

Transgénero es un término general que describe a las personas cuya identidad o expresión de género no coincide con el sexo que les asignaron al nacer. Por ejemplo, una persona transgénero puede identificarse como mujer a pesar de haber nacido con genitales masculinos.

Alrededor de 1,4 millones de adultos en Estados Unidos se identifican como transgénero, según una investigación de 2016 realizada por el Williams Institute de California University. Esta investigación encontró que el 0,8% de los adultos en California, Georgia, Hawaii y Nuevo México se identifican como transgénero, en comparación con el 0,3% de los adultos en Iowa, Montana, Dakota del Norte, Dakota del Sur y Wyoming que se identifican como tales.

Ser transgénero significa cosas diferentes para diferentes personas, según el National Center for Transgender Equality. «No existe una única forma de ser transgénero, ni una única manera para que las personas transgénero se vean o sientan bien consigo mismas», dice esta organización en su sitio “web”.

El sentido interno de una persona de ser hombre, mujer o cualquier otra cosa es su identidad de género. Para las personas cisgénero o no transgénero, su identidad de género coincide con el sexo que le asignaron al nacer. Para las personas transgénero, ambos aspectos no coinciden.
A veces, la identidad de género de una persona no encaja perfectamente entre dos opciones. Las personas que se ven a sí mismas como hombres y mujeres, ni hombres ni mujeres o que quedan completamente fuera de estas categorías pueden identificarse como “genderqueer”, según la Human Rights Campaign (HRC), una organización de defensa de la comunidad LGBTQ (LGBTQ se refiere a la comunidad de personas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero y queer).

La forma en que una persona comunica su identidad de género (a través de la vestimenta, el comportamiento, la voz o las características corporales) es su expresión de género. Según el HRC, la expresión de género de una persona puede o no alinearse con las expectativas de masculinidad o feminidad de la sociedad. El concepto «no conforme con el género» («gender non-conforming») se refiere a personas cuya expresión de género es diferente de las expectativas sociales de masculinidad o feminidad. Sin embargo, no todas las personas no conformes con el género se identifican como transgénero, y no todas las personas transgénero se identifican como no conformes con el género.

Según el HRC, la comprensión del público sobre la identidad y expresión de género está evolucionando a medida que más personas transgénero comparten sus historias. Sexo y género son dos conceptos diferentes. El sexo de una persona se refiere a su condición biológica de hombre o mujer. La determinación del sexo de una persona depende principalmente de diversas características físicas, incluidos los cromosomas, la anatomía reproductiva y las hormonas sexuales, según la American Psychological Association (APA). El género, por otro lado, es una construcción social que focaliza los comportamientos, roles y actividades socialmente esperados y típicamente asociados con los diferentes sexos, dice la APA. Los roles de género, que varían según las culturas, influyen en cómo las personas actúan y se sienten acerca de sí mismas.

Es necesario aclarar que la orientación sexual (gay, lesbiana, bisexual, asexual) es diferente de la identidad de género. La orientación sexual es la atracción física, emocional o romántica de una persona hacia otra, mientras que la identidad de género tiene que ver con el propio sentido de sí mismo y de quien se es. Las personas transgénero pueden ser heterosexuales, lesbianas, gays o bisexuales. Por ejemplo, una persona que nace con genitales masculinos puede pasar a ser mujer, pero puede sentirse atraída por las mujeres. En este caso, la persona puede identificarse como lesbiana aunque haya nacido con genitales masculinos. Esto puede ser difícil de entender y de procesar para muchas personas.

Otra aclaración necesaria es que ser transgénero no es un trastorno mental. No se puede «curar» porque no hay nada que curar. Según el HRC, las personas transgénero pueden experimentar una desconexión persistente entre el sexo asignado y su sentido interno de quiénes son. Los profesionales médicos se refieren a esta desconexión como disforia de género porque puede causar dolor y angustia en la vida de las personas transgénero.

En 2012, la American Psychiatric Association anunció que una nueva versión del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) reemplazaría el término «trastorno de identidad de género» por el término más neutral conocido como «disforia de género». En 2019, la Organización Mundial de la Salud eliminó el término «trastorno de identidad de género» de su lista de enfermedades mentales.

Las investigaciones han demostrado que las personas transgénero corren un alto riesgo de sufrir prejuicios, discrimen y problemas de salud mental. La National Transgender Discrimination Survey de 2015 encontró que el 60% de los proveedores de atención médica rechazan el tratamiento a personas transgénero. Además, la investigación encontró que entre el 64% y el 65% de las personas transgénero encuestadas sufrieron violencia física o sexual en el trabajo, y entre el 63% y el 78% sufrieron violencia física o sexual en la escuela.

En la versión más reciente de esta encuesta, realizada en 2015, los resultados revelaron que incluso los niños están en riesgo: aquellos en los grados K a 12 que se declararon transgénero reportaron haber sido acosados verbalmente (54%), atacados físicamente (24%) y agredidos sexualmente (13%) debido a su identidad sexual.

Las personas transgénero a menudo enfrentan discriminación incluso cuando usan el baño. En una encuesta de estadounidenses de 2016 realizada por CBS y The New York Times, el 46% de los encuestados dijo que aquellos que son transgénero deberían usar los baños asignados a su género de nacimiento, mientras que el 41% dijo que dichas personas deberían poder usar el baño que coincida con sus identidades. En mayo de 2016, los departamentos de Educación y Justicia de EE. UU. intervinieron para aconsejar a los distritos escolares que permitieran a los estudiantes transgénero usar baños y vestuarios que coincidieran con las identidades de género de los estudiantes. En respuesta, varios estados se unieron a una demanda, afirmando que el gobierno federal se había extralimitado en su autoridad.

Debido a la discriminación y otros factores, la tasa de suicidio entre las personas transgénero es alta. El Suicide Prevention Resource Center informa que más del 83% de las personas transgénero habían pensado en el suicidio y el 54% lo habían intentado.

El tamaño del pene no importa: todo está en la mente de los hombres

los hombres se preocupan mucho más que las mujeres por el tamaño del pene.

Al igual que otras formas de insatisfacción corporal, la ansiedad por el tamaño del pene rara vez se relaciona con la realidad. Con frecuencia se puede notar a muchos hombres bien dotados que se avergüenzan de sus penes, mientras que muchos hombres con penes más pequeños se pavonean con confianza, según un estudio publicado en el Journal of Sexual Medicine. Estos hallazgos no son una sorpresa, afirmó el investigador principal de otro estudio, David Veale, del King’s College of London.

Según Veale y sus colegas, los hombres se preocupan mucho más que las mujeres por el tamaño del pene. Este estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, encontró que las mujeres preferían penes más grandes sólo hasta cierto punto (cualquier cosa más grande que una longitud fláccida de 2,99 pulgadas [7,59 centímetros] tampoco impresionaba a las mujeres), y las preferencias también variaban según la altura del hombre.

Sin embargo, los hombres continúan preocupándose por el tamaño de sus penes, y lo incluyen entre sus principales preocupaciones corporales junto con la altura y el peso, según otro estudio de 2008 publicado en el Journal of Health Psychology. Veale y sus colegas querían medir esa ansiedad, un paso importante para poder evaluar tratamientos psicológicos diseñados para mejorar la autoimagen de los hombres. Para ello, los investigadores reclutaron a 173 hombres y les pidieron que completaran una batería de cuestionarios sobre imagen corporal, función eréctil y preocupaciones sobre sus penes. Además, 46 de los hombres aceptaron que un urólogo les midiera el pene tanto en estado flácido como en erección.

Al comparar las respuestas de los hombres a los cuestionarios con sus preocupaciones declaradas sobre sus genitales, Veale y sus colegas pudieron reducir su escala a 10 preguntas que seguramente revelarían los miedos internos de un hombre sobre su pene. Las preguntas seleccionadas miden el miedo de un hombre a ser rechazado por el tamaño de su pene, su terror a que otros se rían de él y su ansiedad por estar desnudo frente a mujeres y otros hombres.

La respuesta más sorprendente, dijo Veale, fue que los hombres estuvieron de acuerdo con la siguiente afirmación: «Otros podrán ver el tamaño o la forma de mi pene incluso cuando tenga puestos los pantalones». Entre los hombres evaluados, el 30 porciento informó insatisfacción con sus genitales. Alrededor del 35 porciento de los hombres estaban muy contentos con el tamaño de su pene, y el resto se encontraba entre satisfecho e insatisfecho. Los investigadores informaron que los hombres mayores y los hombres homosexuales o bisexuales eran más propensos a mostrar una ansiedad alta referente al tamaño del pene. Los hombres homosexuales o bisexuales suelen tener más problemas de imagen corporal que los hombres heterosexuales, concluyeron los investigadores.

Los penes medidos en el estudio oscilaron entre 7 y 18 centímetros (2,75 pulgadas y 7 pulgadas) de largo en estado flácido pero estirado, y entre 10 y 20 cm (3,93 pulgadas y 7,87 pulgadas) cuando estaban erectos. La circunferencia osciló entre 7 y 13 cm (2,75 pulgadas y 5,11 pulgadas) cuando estaba flácido y entre 9 y 17 cm (3,54 pulgadas y 6,69 pulgadas) cuando estaba erecto. Cabe señalar que un estudio reciente del Journal of Sexual Medicine encontró que el pene del hombre estadounidense promedio mide 5,6 pulgadas o 14,2 cm de largo cuando está erecto.

La conclusión de todos estos números, sin embargo, es que no significan nada para las percepciones de los hombres sobre el tamaño de su pene. Grande o pequeño no importaba tanto como los miedos que los hombres llevaban en la cabeza. Algunos de esos temores surgieron de experiencias duras y traumáticas, dijo Veale, «Muchos de ellos han sido objeto de burlas por su tamaño, ya sea por una ex pareja o en las duchas cuando eran adolescentes».