Las asignaciones y el proceso terapéutico

En terapia de pareja, las asignaciones o tareas terapéuticas funcionan como un puente entre lo que se trabaja en sesión de terapia y la vida cotidiana. No se trata de “deberes escolares”, sino de oportunidades concretas para practicar nuevas formas de comunicarse y relacionarse fuera del consultorio.

¿Qué son las tareas terapéuticas?
Son acuerdos o ejercicios específicos que el psicólogo propone para realizar entre una sesión y otra. Pueden incluir conversaciones guiadas, prácticas de comunicación, rituales de cariño, registros escritos, lecturas o ejercicios de reflexión individual y conjunta.

  • Las tareas terapéuticas ayudan a trasladar los aprendizajes de la sesión a la vida diaria, evitando que la terapia quede solo en “buenas conversaciones” sin cambios concretos en la relación.
  • Permiten que la pareja practique nuevas habilidades de comunicación, negociación y expresión emocional en contextos reales, reforzando lo aprendido en el espacio terapéutico.
  • Facilitan que cada miembro asuma un rol activo en su propio proceso de cambio, en lugar de ver la terapia como algo que “solo sucede en el consultorio” o que depende exclusivamente del terapeuta.
  • Al revisar juntos las tareas en sesión, se pueden identificar avances, dificultades, resistencias y ajustes necesarios, afinando el plan de tratamiento según la experiencia real de la pareja.
  • Las tareas ayudan a mantener el foco terapéutico durante la semana, recordando a la pareja que el trabajo no se limita a una hora de sesión, sino que implica una actitud continua de cuidado del vínculo.
  • Favorecen la creación de nuevos hábitos relacionales (tiempos de calidad, expresiones de gratitud, formas de reparar después del conflicto) que, con el tiempo, se vuelven parte natural de la dinámica de pareja.
  • El compromiso con las tareas terapéuticas suele ser un indicador de la disposición al cambio; cuando ambos se implican en ellas, aumenta la probabilidad de lograr cambios significativos y sostenidos.
  • También permiten respetar ritmos individuales: algunas tareas son más reflexivas y otras más prácticas, de modo que cada persona puede encontrar formas de involucrarse que se ajusten a su estilo y necesidades.
  • En síntesis, las tareas terapéuticas son un componente clave de la terapia de pareja porque conectan la teoría con la práctica, el consultorio con el hogar y la intención de cambio con acciones concretas y consistentes en el tiempo.

 

La historia de la poligamia

La poligamia suele entrar en tensión con marcos legales monógamos y con ideales románticos basados en la exclusividad emocional.

La poligamia es la práctica de estar casado simultáneamente con más de una persona, y por definición involucra al menos a tres individuos dentro de un mismo sistema conyugal. Este modelo relacional contrasta con la monogamia, que establece una unión exclusiva entre dos personas. A lo largo de la historia, la poligamia ha sido una forma legítima y socialmente regulada de organización familiar en numerosas culturas, aunque también ha sido objeto de debate moral, religioso y legal.

En la actualidad, la poligamia suele analizarse desde perspectivas legales, éticas y psicológicas, especialmente en sociedades donde la monogamia es el modelo normativo. Comprender la historia de la poligamia, sus distintas manifestaciones culturales y su relación con las dinámicas afectivas contemporáneas permite abordar el tema con mayor profundidad y sin reduccionismos, particularmente en el contexto de la terapia de pareja.


Los primeros registros históricos de la poligamia

Los registros más antiguos de esta situación se remontan a las primeras civilizaciones organizadas, donde la poligamia —especialmente la poliginia, es decir, un hombre con varias esposas— era una práctica aceptada entre ciertos sectores sociales. En estos contextos, el matrimonio cumplía funciones económicas, reproductivas y políticas. Tener múltiples esposas podía ser un símbolo de estatus, riqueza y poder, así como una estrategia para asegurar descendencia, alianzas familiares y mano de obra doméstica.


La poligamia en la Antigüedad clásica

Mesopotamia y el Cercano Oriente

En Mesopotamia, los códigos legales permitían que un hombre tuviera más de una esposa, especialmente en casos donde la primera no podía tener hijos. Estas uniones estaban reguladas por normas que definían derechos, deberes y jerarquías entre las esposas.

Antiguo Egipto

En Egipto, la poligamia era más común entre las élites y la realeza. Aunque la mayoría de la población practicaba una forma de monogamia, los gobernantes y hombres de alto estatus podían tener varias esposas y concubinas.

Grecia y Roma

En la Grecia y la Roma antiguas, la poligamia formal no era la norma legal. Sin embargo, coexistía una monogamia conyugal con prácticas extramatrimoniales socialmente toleradas para los hombres, lo que reflejaba una doble moral sexual y una organización relacional no estrictamente monógama.


Poligamia y religión

La poligamia ha tenido un lugar significativo en diversas tradiciones religiosas. En textos antiguos de religiones abrahámicas se describen figuras históricas con múltiples esposas, reflejando normas culturales de su tiempo. Con el tiempo, algunas religiones promovieron la monogamia como ideal moral, mientras que otras mantuvieron la poligamia bajo condiciones específicas. Estas posturas religiosas influyeron profundamente en la regulación social y legal del matrimonio.


Manifestaciones culturales de la poligamia

África

En muchas sociedades africanas tradicionales, la poligamia ha sido una práctica culturalmente aceptada, vinculada a la agricultura, la economía familiar y la estructura comunitaria. La poligamia podía fortalecer redes familiares y asegurar apoyo mutuo.

Medio Oriente

En diversas sociedades del Medio Oriente, la poligamia ha estado regulada por normas religiosas y legales. Aunque permitida en ciertos contextos, suele implicar responsabilidades económicas y de trato equitativo hacia las esposas.

Asia

En varias culturas asiáticas, la poligamia fue practicada históricamente, especialmente entre las élites. Con la modernización y los cambios legales, muchas sociedades adoptaron la monogamia como norma jurídica, aunque persisten vestigios culturales de sistemas polígamos.

Europa y América

En Europa y América, la poligamia ha sido mayormente rechazada por sistemas legales y religiosos que promovieron la monogamia. No obstante, en algunos grupos religiosos o comunidades aisladas, la poligamia ha persistido como práctica cultural.


Tipos de poligamia

Desde una perspectiva antropológica, la poligamia adopta distintas formas:

  • Poliginia: un hombre con varias esposas (la forma más común históricamente).
  • Poliandria: una mujer con varios esposos, presente en algunas sociedades específicas.
  • Poligamia grupal: una estructura relacional en la que varios hombres y mujeres forman una unidad conyugal.

En la actualidad

En el mundo actual, la poligamia suele entrar en tensión con marcos legales monógamos y con ideales románticos basados en la exclusividad emocional. Sin embargo, el interés contemporáneo por modelos relacionales alternativos ha reactivado el debate sobre la diversidad de formas de vinculación.

Desde una perspectiva psicológica, uno de los principales desafíos de la poligamia es la cuestión de los celos, la equidad emocional y la distribución de recursos afectivos. Estas dinámicas requieren altos niveles de comunicación y acuerdos explícitos. En contextos contemporáneos, el análisis terapéutico pone énfasis en el consentimiento informado y la autonomía de todas las personas involucradas. La poligamia impuesta o desigual genera sufrimiento psicológico y conflictos relacionales.

La reflexión sobre la poligamia invita a cuestionar la idea de que existe un único modelo válido de relación. No obstante, también resalta la importancia de la coherencia entre valores personales, acuerdos relacionales y contextos culturales.


Conclusión

La historia de la poligamia demuestra que las formas de organización afectiva y conyugal han sido diversas y cambiantes a lo largo del tiempo. Lejos de ser una anomalía, la poligamia ha sido una práctica estructurada y socialmente significativa en muchas culturas.

En las relaciones contemporáneas, comprender este trasfondo histórico permite abordar el tema con mayor apertura y responsabilidad. Desde una perspectiva terapéutica, el valor no reside en el modelo relacional en sí, sino en la calidad del vínculo, el consentimiento mutuo y la capacidad de construir relaciones basadas en el respeto, la equidad y la conciencia emocional.

La locura y el proceso terapéutico

El término «locura» no es un diagnóstico clínico; por lo tanto, no existe como una condición médica o psicológica precisa. Este concepto es muy subjetivo y a menudo se considera ofensivo cuando se aplica a personas que padecen trastornos mentales genuinos. Si bien «locura» no es un término médico o psicológico, existen trastornos de salud mental diagnosticables que presentan síntomas que las personas a menudo etiquetan erróneamente como «locura». Los psicólogos y los médicos utilizamos un lenguaje preciso para describir estos síntomas y afecciones. El término clínico más cercano a este concepto es psicosis. La psicosis es un síntoma de diversas enfermedades mentales o físicas (como la esquizofrenia o el trastorno bipolar) en el que la persona pierde parte del contacto con la realidad.

  • Muchas personas asocian acudir a terapia con “estar loco” o “tener algo muy grave”, lo que genera vergüenza y reticencia a pedir ayuda, incluso cuando la pareja está sufriendo.
  • Estas creencias populares hacen que algunos miembros de la pareja se resistan a la terapia de pareja, por miedo a ser etiquetados como “el problema” o como “el loco” de la relación.
  • La idea de “locura” se usa a veces como arma en el conflicto (“tú estás loco”, “tú necesitas un psiquiatra”), lo que descalifica la experiencia emocional del otro y dificulta la búsqueda conjunta de apoyo profesional.
  • La terapia de pareja ayuda a desmontar este mito, explicando que acudir a consulta no es señal de locura, sino de responsabilidad afectiva y de deseo de cuidar el vínculo.
  • En sesión, el terapeuta puede trabajar el estigma asociado a la salud mental, mostrando que muchas dificultades (estrés, ansiedad, tristeza, problemas de comunicación) son experiencias humanas comunes, no “locura”.
  • Al comprender la terapia como un espacio de aprendizaje y crecimiento, y no como un “hospital para locos”, la pareja se siente más libre para hablar de sus emociones sin miedo a ser juzgada.
  • La intervención terapéutica también ayuda a la pareja a dejar de usar el lenguaje de “estar loco” como insulto, promoviendo un trato más respetuoso y empático hacia el sufrimiento propio y del otro.
  • Cuando se reduce el miedo a “parecer loco”, se abre la puerta a reconocer problemas reales (violencia, adicciones, depresión, ansiedad) y a buscar la ayuda necesaria a tiempo.
  • Replantear la relación entre terapia y “locura” permite que la pareja vea el proceso terapéutico como una inversión en bienestar y en calidad de vida, en lugar de un castigo o un signo de fracaso.
  • En definitiva, trabajar estos mitos culturales es parte del propio proceso de terapia de pareja: al cambiar la forma de pensar sobre la salud mental, se facilita el acceso, el compromiso y la profundidad del trabajo terapéutico.

 

La psicóloga hizo preguntas de otros temas: ¿técnica o distracción?


Pregunta


P
Mi esposa y yo comenzamos recientemente a visitar a una psicóloga para terapia de pareja. Hemos notado que, a veces, hace preguntas completamente aleatorias o fuera de tema que, según nosotros, no tienen nada que ver con lo que estábamos hablando. Me gustaría saber por qué lo hace. ¿Es algún tipo de técnica que está utilizando? ¿Qué está pasando aquí? También hace muchas preguntas, incluso sexuales, y conversaciones ligeras durante el tiempo por el que estamos pagando.


Respuesta del Psicólogo


R
Estimado lector, tu inquietud es muy válida y comprensible. Cuando acudimos a terapia, especialmente en pareja, esperamos que cada minuto sea aprovechado en torno al problema que nos preocupa. Sin embargo, las intervenciones aparentemente “fuera de tema” que hace tu psicóloga pueden tener un propósito terapéutico importante.

Existen diversos estereotipos acerca de los psicólogos y psiquiatras, entre ellos la idea de que ellos mismos tienen problemas psicológicos o están emocionalmente inestables. También persiste la percepción errónea de que la terapia es algo misterioso y que los terapeutas poseen poderes profundos de intuición, de lectura de mente o, incluso, de manipulación. Ninguno de estos estereotipos ayuda a que las personas se acerquen con confianza al tratamiento de salud mental; por el contrario, muchas veces disuaden a quienes más podrían beneficiarse de buscar ayuda o de expresar sus dudas cuando algo en el proceso terapéutico no les resulta claro.

Como psicólogo de pareja, siempre destaco que cada profesional tiene su propio estilo, formación y nivel de efectividad. Por ello, es fundamental que los clientes se sientan cómodos y puedan establecer una relación de confianza con su terapeuta. Mi recomendación inicial es que entrevisten a varios profesionales hasta encontrar a uno con quien se sientan realmente en sintonía.

Y, una vez en proceso, si surgen preguntas o inquietudes sobre lo que ocurre durante las sesiones, no duden en expresarlas abiertamente. La transparencia y el diálogo son pilares esenciales de una terapia saludable y efectiva.

En el proceso de terapia de pareja, los psicólogos no solo escuchamos el contenido literal de lo que se dice, sino también la forma, las emociones subyacentes y la dinámica entre ambos miembros. A veces, las preguntas aparentemente “aleatorias” buscan evaluar u observar aspectos específicos, cómo se comunican o cómo cada uno maneja la temática en cuestión. En otros casos, las preguntas personales o de tipo sexual tienen la función de explorar la intimidad emocional y física, ya que la sexualidad es una parte esencial de la relación y puede ser un reflejo de la comunicación o las tensiones existentes. En fin, todo depende del contexto y de la situación que le fue traída a la psicóloga.

El uso de preguntas aparentemente triviales o “conversaciones ligeras” también puede ser una técnica para generar confianza, promover la apertura, crear armonía, relajar la tensión o permitir que el terapeuta observe sus interacciones naturales fuera de un marco demasiado rígido. En psicoterapia, nada es verdaderamente casual; lo que parece superficial a menudo busca acceder a información que no emerge de forma directa.

Recomendaciones

  • Comunica tus inquietudes abiertamente: puedes hablar con la terapeuta y decirle cómo percibes esas preguntas. Los buenos terapeutas valoran la retroalimentación y pueden explicarte su enfoque.
  • Confía, pero también comprende: parte del proceso terapéutico implica aceptar que algunas técnicas no se explican de inmediato, pero si algo te genera incomodidad, es válido pedir aclaración.
  • Observa el resultado global: más allá de las preguntas específicas, reflexiona si la terapia está ayudando a mejorar la comunicación, comprensión o conexión entre ustedes. Eso suele ser un mejor indicador que los métodos puntuales.
  • Evalúa tu nivel de confort: si, con el tiempo, la sensación de malestar o confusión persiste, es legítimo considerar hablar con otro profesional o pedir una segunda opinión.

Recuerda que la relación con el terapeuta debe basarse en confianza, respeto y claridad. La terapia es un espacio para ustedes, y sentirse cómodos es parte del proceso de sanar y fortalecer el vínculo.

“No todas las preguntas en terapia buscan respuestas; algunas buscan abrir puertas que estaban cerradas”.

Te animo a hablar con tu psicóloga con franqueza, expresar tus dudas y, al mismo tiempo, observar si, detrás de su estilo, hay una intención genuina de comprenderlos mejor como pareja. A veces, las técnicas más efectivas son las que parecen más simples o inesperadas.

Con aprecio y respeto,
Dr. González

Por favor, lea nuestro Relevo de Responsabilidad.

La terapia de parejas inmediatamente después de una infidelidad

Con frecuencia, en los consultorios psicológicos recibimos casos de parejas que acaban de pasar por una situación de infidelidad por parte de uno de sus miembros. Tienden a ir a terapia no teniendo claro el porqué o la finalidad de la ayuda psicológica que solicitan y, en ocasiones, forzando a su pareja a asistir en contra de su voluntad.

¿Por qué ocurre la infidelidad?

Más allá de los motivos científicos y evolutivos que rodean esta situación, las personas son infieles por muchas razones, que varían según el caso, pero principalmente se debe a la falta de amor o conexión emocional, la sensación de abandono, la búsqueda de validación o nuevas experiencias, los roles de género y las expectativas sociales, el aprendizaje vicario, falta de compromiso, falta de apego y de sentido de pertenencia por traumas pasados, o factores externos como el estrés, el alcohol, el uso de sustancias o la presencia de oportunidades fortuitas. Estas últimas son de particular interés porque las oportunidades fortuitas son situaciones inesperadas y casuales, no buscadas directamente, que se presentan de forma repentina y pueden ser aprovechadas para obtener un beneficio o ventaja. Son coyunturas temporales y circunstanciales, que llegan a través de ofertas, sugerencias o solicitudes de terceros, o por sucesos externos, y requieren que la persona reconozca su valor para aceptarlas y sacarles provecho. Los cónyuges, sobre todo aquellos que continúan con estilos de vida propios de la soltería luego de haber entrado en una relación formal de pareja, están más propensos a involucrarse en situaciones que involucran oportunidades fortuitas, como las actividades de socialización sin la presencia de su pareja e interacciones virtuales en redes sociales y aplicaciones de mensajería.

La infidelidad genera un torbellino de emociones, como ira, deseos de venganza y de castigo a la pareja, tristeza, traición y culpa, entre otras. La terapia psicológica brindará un espacio para que ambos miembros de la pareja procesen estas emociones de forma saludable. Aprenderán a expresar sus sentimientos de forma constructiva, así como a escuchar y empatizar con el dolor del otro o de la otra.

¿Está la terapia de pareja indicada inmediatamente después de una infidelidad?

La respuesta es sí y no, pero mayormente no. En términos generales, es muy recomendable buscar terapia inmediatamente después de una infidelidad, ya que cuanto antes se comience un tratamiento, mejor será el resultado potencial. Un terapeuta adiestrado puede brindar un espacio seguro para procesar emociones abrumadoras, ayudar a establecer una comunicación más sana y abordar los problemas subyacentes, fortaleciendo así la posibilidad de sanación, ya sea reconstruyendo la relación o propiciando una separación de forma constructiva.

Sin embargo, no todas las parejas se benefician de la terapia psicológica para parejas inmediatamente después de una infidelidad. La víctima de una infidelidad, siendo distinto para hombres y para mujeres, podría experimentar una variedad de efectos psicológicos y emocionales intensos, como trauma, ansiedad, depresión, ira, vergüenza, culpa y graves problemas de confianza. La pareja traicionada puede experimentar síntomas similares al trastorno de estrés postraumático, como “flashbacks”, pesadillas y dificultad para confiar en los demás, mientras que la pareja infiel puede lidiar con una culpa y una vergüenza abrumadores, pero también, paradójicamente, podría experimentar un rencor sumamente profundo porque, al ser descubierto/a, se vio obligado/a a terminar su «aventura» involuntariamente o a destiempo. Estos efectos pueden ser duraderos y afectar la autoestima, las relaciones futuras y el bienestar emocional en general.

Aunque cada situación es distinta, generalmente, la terapia psicológica para parejas luego de una infidelidad se centra en permitir que la persona infiel exprese sus sentimientos y evalúe lo que sucedía antes de la infidelidad, y el estado en que se encontraba la relación. Esto, por supuesto, no justifica la infidelidad ni invalida los sentimientos de la víctima dado que el hecho innegable es que el contrato marital fue roto y que las relaciones monógamas consisten de la exclusividad sexual entre dos seres humanos.

Sin embargo, para poder progresar, ambos cónyuges necesitan estar en la misma sintonía, necesitan ser capaces de examinar lo que estaba pasando en su relación antes del evento y ser completamente honestos sobre cómo han llegado a este punto. Ambos cónyuges deben poder tomar medidas para acercarse mutuamente y el perdón debe ser una opción inmediata. No importa cuán dolorosa haya sido la situación, ambos cónyuges, deben poder escucharse mutuamente con un espíritu de comprensión. En terapia, surgirá información que podría ser dolorosa y difícil de procesar o entender, pero si los cónyuges no están en la disposición de hacerlo ya sea porque el dolor es muy fuerte o porque el perdón no es una opción inmediata, es preferible que no se involucren de inmediato en un procedimiento terapéutico para parejas ya que podría ser una acción abrasiva que tiene el potencial de actuar de manera contraria a la que se pretende. En casos como estos, la terapia individual podría ser una mejor alternativa. Si alguno de los miembros de la pareja está demasiado abrumado o agitado para participar de manera activa y efectiva en terapia de pareja, las sesiones individuales pueden ser beneficiosas, primero, para procesar sus emociones únicas y, segundo, para ganar conciencia de sí mismo. Una vez que las personas tienen una mejor comprensión de sus emociones, la terapia de pareja puede comenzar a abordar la dinámica de la relación, reconstruir la confianza y trabajar hacia la reconciliación o una separación saludable.

Conclusión

En definitiva, las parejas candidatas a terapia de pareja inmediatamente después de una infidelidad son pocas, y son aquellas que están dispuestas a esforzarse. Son aquellas que asisten a las sesiones incluso si el proceso las agota y las abruma. Son aquellas en las que ambos miembros de la pareja asumen la responsabilidad de ciertos comportamientos y demuestran cambios conductuales activos. Son aquellas en las que los cónyuges trabajan juntos para construir una relación completamente diferente a la que tenían.

La historia de la sortija de compromiso

Sin duda, las sortijas de compromiso siguen siendo una de las formas más poderosas de halagar y emocionar a la pareja: representan que, entre miles de millones de personas en el mundo, alguien te ha elegido para compartir su vida.

Las sortijas de compromiso son uno de los símbolos más reconocidos del amor romántico y del compromiso formal. A lo largo de la historia, han representado la intención de construir una vida en común y la promesa de un matrimonio próximo.

El ritual del compromiso es, a la vez, profundamente simbólico y muy práctico. Ya sea que el matrimonio surja por amor, por acuerdo familiar o por conveniencia social —como ocurrió durante gran parte de la historia—, el compromiso establece una base emocional y, en muchos casos, económica para la pareja. Entregar una sortija envía un mensaje claro: exclusividad, dedicación y deseo de permanencia.

La tradición del compromiso se remonta a miles de años. Muchos historiadores creen que los antiguos egipcios fueron los primeros en utilizar anillos como símbolo de unión. Más adelante, griegos y romanos adoptaron esta costumbre para representar una promesa de matrimonio. En varias religiones precristianas, incluso se usaban coronas de juncos o pequeños anillos tejidos con cabello como señal de compromiso futuro.

En la Antigua Roma, las mujeres utilizaban anillos hechos de marfil, hueso, cobre o hierro para simbolizar el amor mutuo y la obediencia. Aunque no llevaban diamantes, estos anillos ya se colocaban en el dedo anular. Esto se debía a la creencia romana de que ese dedo de la mano izquierda tenía una “vena del amor” que conectaba directamente con el corazón.

No fue hasta el año 850 d. C. que la sortija de compromiso adquirió un significado oficial, cuando el papa Nicolás I declaró que el anillo representaba la intención formal de un hombre de casarse. En ese tiempo, las novias romanas recibían dos anillos: uno sencillo para el uso diario y otro más elaborado para ocasiones públicas. Las mujeres de clase alta solían recibir sortijas más ornamentadas, con grabados o pequeñas piedras.

Durante el Reino Visigodo, el compromiso adquirió un carácter legal. Según el Código Visigodo, una vez que el anillo de compromiso era entregado y aceptado, la promesa de matrimonio no podía romperse bajo ninguna circunstancia.

En el siglo XV, las sortijas comenzaron a representar la unión entre dos personas de una forma más simbólica. Surgieron los llamados anillos “gimmel”, compuestos por dos o tres bandas entrelazadas. Cada miembro de la pareja llevaba una parte, y el día de la boda se unían para formar un solo anillo que usaba la novia.

La primera sortija de compromiso con diamantes registrada en la historia data de 1477, cuando el archiduque Maximiliano de Austria regaló una a María de Borgoña. A partir de ahí, el diamante comenzó poco a poco a asociarse con el compromiso.

En los siglos siguientes, las sortijas fueron evolucionando. En el siglo XVII se popularizaron los anillos de plata con poemas de amor grabados en su interior. En contraste, los puritanos ingleses rechazaron el uso de joyas por considerarlas pecaminosas y optaron por usar dedales como símbolo de compromiso. Curiosamente, muchas novias cortaban la base del dedal y lo usaban luego como anillo de bodas.

Los diamantes llegaron a Estados Unidos en el siglo XIX, pero no se convirtieron en la norma hasta bien entrado el siglo XX. A partir de la década de 1930, y especialmente tras la famosa campaña publicitaria de De Beers en 1947 con el lema “un diamante es para siempre”, las sortijas de compromiso con diamantes se volvieron enormemente populares. Desde entonces, los diamantes no solo simbolizan amor, sino también permanencia y valor.

Con el tiempo, las modas han cambiado. En distintas décadas se han popularizado cortes, tamaños y estilos diferentes: desde diseños exuberantes hasta líneas minimalistas. Sin embargo, el significado central del anillo se ha mantenido.

En la actualidad

Hoy en día, la sortija de compromiso sigue siendo uno de los símbolos románticos más apreciados. Generalmente representa una promesa de matrimonio, pero también expresa devoción, lealtad y deseo de construir un futuro juntos.

La forma circular del anillo —sin principio ni fin— refuerza su significado como símbolo del amor eterno y la fidelidad. En un mundo donde las relaciones pueden ser complejas y desafiantes, la sortija de compromiso ofrece una sensación de seguridad, confianza y estabilidad emocional.

Para muchas personas, no existe gesto de amor más significativo que una sortija de compromiso. Más allá del valor material, su verdadero poder reside en el mensaje que transmite: “te elijo a ti” entre todas las personas del mundo.

La historia de la terapia de pareja

Hoy está claramente establecido que la terapia de pareja y la terapia de familia son modalidades terapéuticas distintas. La terapia de pareja es una disciplina altamente especializada, con sus propios enfoques, métodos y bases científicas.

A lo largo de la historia, las parejas han buscado ayuda para resolver sus conflictos y mejorar su relación. De hecho, ya desde la década de 1930 se observa que las personas acudían a algún tipo de apoyo especializado cuando su relación atravesaba dificultades. Sin embargo, la forma en que se brindaba esa ayuda era muy distinta a la que conocemos hoy.

A comienzos del siglo XX, muchas parejas recurrían principalmente a ministros religiosos o líderes espirituales. En esos espacios, el énfasis estaba en la importancia del matrimonio desde una perspectiva moral o religiosa, más que en la comprensión profunda de los conflictos emocionales o relacionales. Aunque algunas personas todavía buscan este tipo de orientación, con el tiempo surgió la necesidad de enfoques más especializados.

En la década de 1930 comenzaron a aparecer los primeros institutos de “consejería matrimonial”. Estos centros ofrecían orientación a parejas en dificultad, pero las sesiones no eran dirigidas por profesionales entrenados en conducta humana. En muchos casos, quienes ofrecían la ayuda eran médicos, obstetras, ginecólogos o educadores en temas de vida familiar. A pesar de ser un avance importante para su época, este desarrollo se estancó durante varias décadas, probablemente debido a eventos históricos como la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial.

El campo comenzó a avanzar nuevamente en la década de 1970, de la mano del desarrollo de la terapia de familia. En ese momento, las parejas solían ser atendidas como parte de un sistema familiar más amplio, y no necesariamente como una unidad con dinámicas propias. No fue hasta 1986 que la terapia de pareja comenzó a ser reconocida formalmente como una modalidad independiente, lo que permitió que investigadores y clínicos se enfocaran específicamente en el estudio de las relaciones de pareja.

La terapia de pareja en la actualidad

Hoy en día, la terapia de pareja es una forma de intervención ampliamente reconocida y utilizada. Aunque en sus inicios se apoyaba en técnicas tomadas de la terapia individual o de familia, con el tiempo ha desarrollado un cuerpo propio de conocimientos, métodos y estrategias.

Actualmente está claramente establecido que la terapia de pareja no es lo mismo que la terapia de familia. Se trata de una disciplina altamente especializada, con modelos teóricos específicos diseñados para comprender y trabajar las dinámicas emocionales, comunicacionales y vinculares entre dos personas.

Diversos estudios y encuestas sobre el futuro de la psicoterapia han señalado que la terapia de pareja es una de las modalidades con mayor crecimiento proyectado. Esta tendencia se ha confirmado en la práctica clínica, donde cada vez más personas buscan ayuda no solo para “resolver problemas”, sino para mejorar activamente la calidad de su relación.

La terapia de pareja continúa evolucionando. Existen principios fundamentales que se aplican más allá de la orientación teórica específica, así como enfoques ampliamente difundidos que han demostrado ser efectivos para reducir el malestar y fortalecer el vínculo. Estos modelos están respaldados por una sólida base de investigación científica centrada en las relaciones íntimas.

Aunque la terapia de pareja mantiene conexiones con la terapia individual y familiar, hoy cuenta con un marco propio que integra teoría, investigación y práctica clínica. Esto ha dejado claro que una intervención eficaz con parejas requiere conocimientos especializados y métodos diseñados específicamente para el trabajo relacional.

En conclusión, uno de los factores que explica la creciente importancia de la terapia de pareja es el cambio en las expectativas de las personas. En el pasado, muchas parejas simplemente toleraban relaciones insatisfactorias. Hoy, en cambio, se espera bienestar, conexión emocional y crecimiento mutuo. La terapia de pareja se percibe cada vez más como una herramienta para construir relaciones más sanas y una mejor calidad de vida.

Los consejos y el proceso terapéutico

¿Es la profesión de la psicología una acerca de darle consejos a las personas? La contestación a esta pregunta es sencilla y diáfana: no.  Y esto aplica a la terapia de parejas.

Muchos psicólogos y psicólogas hemos tenido que encarar preguntas como: ¿pero y qué edad usted tiene? Comúnmente este tipo de pregunta surge cuando la imagen del psicólogo o psicóloga que la persona tiene ante sí no parea adecuadamente con la imagen mental que podría tener respecto de alguien que sea lo suficientemente competente como para «darle consejos». Una persona visiblemente de edad avanzada, que «aparente haber vivido», tiende a ser la imagen de preferencia en las personas que van al psicólogo en busca de consejos.  Otros asocian la apariencia, la raza, el sexo, el género, identidad de género y la orientación sexual real o percibida del terapeuta con su capacidad o falta de capacidad para «dar consejos».

Lo cierto es que es un hecho innegable que muchas personas acuden a los consultorios psicológicos en busca de consejos y muchas otras se motivan a estudiar la profesión estimuladas también por la creencia de que la práctica de la psicología se basa en la función de «dar consejos».  Estas últimas con frecuencia expresan, al preguntarles qué les motivó a estudiar psicología, que escogieron la profesión porque sus amistades y familiares siempre les piden consejos y que les gusta realizar esa labor.  Como profesional que se dedica a formar psicólogos y psicólogas, consejeros y consejeras, puedo dar fe de que estos casos ocurren con frecuencia. Algunos, incluso, se gradúan de algún grado en psicología convencidos de que la labor del psicólogo o la psicóloga es la de dar consejos, y, como cuestión de hecho, limitan su práctica profesional a realizar este tipo de intervención, que podría ser considerada por muchos profesionales como una simplista.

Dar consejos no es lo que realmente hacen los psicólogos. El papel de un psicólogo es mucho más complejo que eso. Un psicólogo es un científico de la salud cuya función principal, como la de todo profesional de la salud, es diagnosticar y tratar condiciones de salud, en este caso las asociadas a la salud mental. Factores como personalidad del cliente, cultura, religión, creencias, valores, autoestima, identidad sexual, resiliencia, salud física y mental, redes de apoyo, educación, coeficiente intelectual, inteligencia emocional, circunstancias ambientales, sociales y ocupacionales, entre otros, son áreas que forman parte del adiestramiento académico de los psicólogos y son instrumentales en el proceso de diagnóstico y tratamiento.

Por supuesto, para un psicólogo sería lo más fácil del mundo dar un consejo. Sin embargo, tenga en cuenta que un psicólogo profesional podrá en algún momento ofrecerle recomendaciones basadas en sus conocimientos científicos, teóricos y prácticos, pero esto no debe confundirse con la simpleza de ofrecer un mero consejo. Si lo que el cliente desea es un consejo (que le digan qué hacer), entonces no necesita pagar los honorarios de un psicólogo para obtenerlo.

Dar consejos no requiere necesariamente habilidad especial ni conocimientos académicos. Absolutamente cualquiera puede dar consejos, en cualquier momento. Dar consejos es fácil. No requiere una comprensión total de los problemas en cuestión. La mayoría de nosotros somos capaces de dar consejos en cualquier momento. La psicoterapia, por otro lado, requiere habilidades específicas y complejas. Para poder ejercer la psicoterapia, un psicólogo debe pasar por muchos años de formación universitaria y obtener una licencia profesional expedida por la autoridad competente, que en el caso de Puerto Rico es el Departamento de Salud.

Comparativa entre consejos y psicoterapia

Consejos Psicoterapia/Tratamiento
Ofrecidos por cualquier persona Ofrecida sólo por profesionales licenciados
No requiere destrezas ni habilidades especiales Requiere habilidades específicas y complejas que surgen de una formación académica profunda y a largo plazo
Es siempre directivo Es no-directiva y directiva
No se requiere practicar la empatía Requiere del terapeuta empatía y comprensión del cliente
Tiende a ser crítico y juzgador de la persona No juzga y es afectuosa
La autoestima del individuo sigue siendo baja y la confianza está en quien da el consejo Se aumenta la autoestima del cliente y se le desarrolla la confianza en sí mismo
Es poco probable que conduzca a un cambio de comportamiento permanente y consistente Probablemente conduzca a un cambio de comportamiento profundo y duradero
Es particularista Es holística
Conduce sólo a la introspección intelectual Conduce a la introspección emocional e intelectual
El foco es llevar a cabo una conducta o una acción El foco se centra en llevar a cabo una conducta o acción, pero también en las causas y/o las consecuencias del comportamiento
Puede surgir de las necesidades de quien da el consejo (por ejemplo, ayudar, ser amable, tener razón, etc.) Siempre surge de las necesidades del cliente

 

¿Socios de negocios o pareja romántica? Implicaciones para el proceso terapéutico

Para muchas parejas trabajar en estrecha colaboración es un sueño nacido del amor y el entusiasmo. Las parejas que hacen negocios juntas comparten la visión de administrar felizmente un negocio exitoso. Sin embargo, una pareja que trabaja junta en un negocio no tarda mucho en descubrir los pros y los contras de involucrarse en esta actividad, y de que lo último que desea es que la tercera parte de ese triángulo (su negocio) arruine su relación. Ciertamente, hacer negocios con el cónyuge genera desafíos inesperados.

Lo cierto es que por sus características, y desde la perspectiva del proceso terapéutico, se trata de roles mutuamente excluyentes, y, por lo tanto, no se recomienda y se desalienta que parejas románticas se involucren en actividades de negocios juntas si su meta es fomentar una relación de pareja armoniosa. Por mucho que les guste estar juntos todo el día, todos los días y a todas horas, desde hacer ejercicios juntos por la mañana hasta atender llamadas y trabajar en proyectos, esa unión y exposición constante también puede ser un desafío. A la larga o a la corta, las dinámicas propias de este tipo de relación obligarán a la pareja a elegir qué rol desea que prevalezca en sus vidas: el de socios de negocios o el de pareja romántica.

Aun así, el fenómeno de las parejas románticas que trabajan juntas ha desarrollado una nueva piel en las últimas décadas. Históricamente limitado a determinados sectores como el agrícola, el trabajo conjunto entre parejas es hoy mucho más amplio. Actualmente, las parejas que hacen negocios juntas pueden tener una educación universitaria, establecer su negocio como una corporación o una pequeña entidad, trabajar desde casa o desde una oficina y ganar millones o muy poco. Es una forma de hacer negocio muy común y puede verse como un tipo distinto de empresa familiar. Datos provenientes de distintas fuentes muestran que uno de cada cuatro negocios involucra a parejas. Sin embargo, como socios de negocios, las parejas destacan por su posibilidad de llevar tensiones del hogar al trabajo y viceversa.

La literatura utiliza diferentes términos para referirse al fenómeno de las parejas que trabajan juntas. Algunos ejemplos son negocios de pareja, parejas propietarias de empresas familiares, parejas emprendedoras, coemprendedores y empresas dirigidas por parejas. Negocio de pareja, el nombre más común, es «una empesa en el que una pareja romántica posee y/o dirige un negocio juntos». La pareja puede ser conviviente o casada y puede ser mixta o de un solo sexo. Ambos cónyuges pueden ser copropietarios del negocio o participar activamente en la gestión del mismo. Lo más importante es que ambos tienen un sentido de propiedad (psicológica) del negocio. Una pareja que trabaja junta en un negocio se diferencia de otros equipos de negocios porque tienen normas de comportamiento y expectativas particulares asociadas con las identidades de roles; compartir el negocio y el hogar conlleva la flexibilidad de realizar las tareas asociadas con estos dominios de manera conjunta y la transferencia de las tensiones de un escenario al otro.

Algunos desafíos de los negocios de pareja

  • Ruptura de la comunicación.
  • Aumento de tensiones, conflictos y discusiones.
  • Extinción de la pasión.
  • Surgimiento de diferentes expectativas.
  • Los cónyuges no se desconectan de los conflictos del quehacer empresarial.
  • Los cónyuges se dan cuenta de que todo lo que hacen juntos gira en torno al negocio.