La terapia de parejas inmediatamente después de una infidelidad

Con frecuencia, en los consultorios psicológicos recibimos casos de parejas que acaban de pasar por una situación de infidelidad por parte de uno de sus miembros. Tienden a ir a terapia no teniendo claro el porqué o la finalidad de la ayuda psicológica que solicitan y, en ocasiones, forzando a su pareja a asistir en contra de su voluntad.

¿Por qué ocurre la infidelidad?

Más allá de los motivos científicos y evolutivos que rodean esta situación, las personas son infieles por muchas razones, que varían según el caso, pero principalmente se debe a la falta de amor o conexión emocional, la sensación de abandono, la búsqueda de validación o nuevas experiencias, los roles de género y las expectativas sociales, el aprendizaje vicario, falta de compromiso, falta de apego y de sentido de pertenencia por traumas pasados, o factores externos como el estrés, el alcohol, el uso de sustancias o la presencia de oportunidades fortuitas. Estas últimas son de particular interés porque las oportunidades fortuitas son situaciones inesperadas y casuales, no buscadas directamente, que se presentan de forma repentina y pueden ser aprovechadas para obtener un beneficio o ventaja. Son coyunturas temporales y circunstanciales, que llegan a través de ofertas, sugerencias o solicitudes de terceros, o por sucesos externos, y requieren que la persona reconozca su valor para aceptarlas y sacarles provecho. Los cónyuges, sobre todo aquellos que continúan con estilos de vida propios de la soltería luego de haber entrado en una relación formal de pareja, están más propensos a involucrarse en situaciones que involucran oportunidades fortuitas, como las actividades de socialización sin la presencia de su pareja e interacciones virtuales en redes sociales y aplicaciones de mensajería.

La infidelidad genera un torbellino de emociones, como ira, deseos de venganza y de castigo a la pareja, tristeza, traición y culpa, entre otras. La terapia psicológica brindará un espacio para que ambos miembros de la pareja procesen estas emociones de forma saludable. Aprenderán a expresar sus sentimientos de forma constructiva, así como a escuchar y empatizar con el dolor del otro o de la otra.

¿Está la terapia de pareja indicada inmediatamente después de una infidelidad?

La respuesta es sí y no, pero mayormente no. En términos generales, es muy recomendable buscar terapia inmediatamente después de una infidelidad, ya que cuanto antes se comience un tratamiento, mejor será el resultado potencial. Un terapeuta adiestrado puede brindar un espacio seguro para procesar emociones abrumadoras, ayudar a establecer una comunicación más sana y abordar los problemas subyacentes, fortaleciendo así la posibilidad de sanación, ya sea reconstruyendo la relación o propiciando una separación de forma constructiva.

Sin embargo, no todas las parejas se benefician de la terapia psicológica para parejas inmediatamente después de una infidelidad. La víctima de una infidelidad, siendo distinto para hombres y para mujeres, podría experimentar una variedad de efectos psicológicos y emocionales intensos, como trauma, ansiedad, depresión, ira, vergüenza, culpa y graves problemas de confianza. La pareja traicionada puede experimentar síntomas similares al trastorno de estrés postraumático, como “flashbacks”, pesadillas y dificultad para confiar en los demás, mientras que la pareja infiel puede lidiar con una culpa y una vergüenza abrumadores, pero también, paradójicamente, podría experimentar un rencor sumamente profundo porque, al ser descubierto/a, se vio obligado/a a terminar su «aventura» involuntariamente o a destiempo. Estos efectos pueden ser duraderos y afectar la autoestima, las relaciones futuras y el bienestar emocional en general.

Aunque cada situación es distinta, generalmente, la terapia psicológica para parejas luego de una infidelidad se centra en permitir que la persona infiel exprese sus sentimientos y evalúe lo que sucedía antes de la infidelidad, y el estado en que se encontraba la relación. Esto, por supuesto, no justifica la infidelidad ni invalida los sentimientos de la víctima dado que el hecho innegable es que el contrato marital fue roto y que las relaciones monógamas consisten de la exclusividad sexual entre dos seres humanos.

Sin embargo, para poder progresar, ambos cónyuges necesitan estar en la misma sintonía, necesitan ser capaces de examinar lo que estaba pasando en su relación antes del evento y ser completamente honestos sobre cómo han llegado a este punto. Ambos cónyuges deben poder tomar medidas para acercarse mutuamente y el perdón debe ser una opción inmediata. No importa cuán dolorosa haya sido la situación, ambos cónyuges, deben poder escucharse mutuamente con un espíritu de comprensión. En terapia, surgirá información que podría ser dolorosa y difícil de procesar o entender, pero si los cónyuges no están en la disposición de hacerlo ya sea porque el dolor es muy fuerte o porque el perdón no es una opción inmediata, es preferible que no se involucren de inmediato en un procedimiento terapéutico para parejas ya que podría ser una acción abrasiva que tiene el potencial de actuar de manera contraria a la que se pretende. En casos como estos, la terapia individual podría ser una mejor alternativa. Si alguno de los miembros de la pareja está demasiado abrumado o agitado para participar de manera activa y efectiva en terapia de pareja, las sesiones individuales pueden ser beneficiosas, primero, para procesar sus emociones únicas y, segundo, para ganar conciencia de sí mismo. Una vez que las personas tienen una mejor comprensión de sus emociones, la terapia de pareja puede comenzar a abordar la dinámica de la relación, reconstruir la confianza y trabajar hacia la reconciliación o una separación saludable.

Conclusión

En definitiva, las parejas candidatas a terapia de pareja inmediatamente después de una infidelidad son pocas, y son aquellas que están dispuestas a esforzarse. Son aquellas que asisten a las sesiones incluso si el proceso las agota y las abruma. Son aquellas en las que ambos miembros de la pareja asumen la responsabilidad de ciertos comportamientos y demuestran cambios conductuales activos. Son aquellas en las que los cónyuges trabajan juntos para construir una relación completamente diferente a la que tenían.

La historia de la sortija de compromiso

Sin duda, las sortijas de compromiso siguen siendo una de las formas más poderosas de halagar y emocionar a la pareja: representan que, entre miles de millones de personas en el mundo, alguien te ha elegido para compartir su vida.

Las sortijas de compromiso son uno de los símbolos más reconocidos del amor romántico y del compromiso formal. A lo largo de la historia, han representado la intención de construir una vida en común y la promesa de un matrimonio próximo.

El ritual del compromiso es, a la vez, profundamente simbólico y muy práctico. Ya sea que el matrimonio surja por amor, por acuerdo familiar o por conveniencia social —como ocurrió durante gran parte de la historia—, el compromiso establece una base emocional y, en muchos casos, económica para la pareja. Entregar una sortija envía un mensaje claro: exclusividad, dedicación y deseo de permanencia.

La tradición del compromiso se remonta a miles de años. Muchos historiadores creen que los antiguos egipcios fueron los primeros en utilizar anillos como símbolo de unión. Más adelante, griegos y romanos adoptaron esta costumbre para representar una promesa de matrimonio. En varias religiones precristianas, incluso se usaban coronas de juncos o pequeños anillos tejidos con cabello como señal de compromiso futuro.

En la Antigua Roma, las mujeres utilizaban anillos hechos de marfil, hueso, cobre o hierro para simbolizar el amor mutuo y la obediencia. Aunque no llevaban diamantes, estos anillos ya se colocaban en el dedo anular. Esto se debía a la creencia romana de que ese dedo de la mano izquierda tenía una “vena del amor” que conectaba directamente con el corazón.

No fue hasta el año 850 d. C. que la sortija de compromiso adquirió un significado oficial, cuando el papa Nicolás I declaró que el anillo representaba la intención formal de un hombre de casarse. En ese tiempo, las novias romanas recibían dos anillos: uno sencillo para el uso diario y otro más elaborado para ocasiones públicas. Las mujeres de clase alta solían recibir sortijas más ornamentadas, con grabados o pequeñas piedras.

Durante el Reino Visigodo, el compromiso adquirió un carácter legal. Según el Código Visigodo, una vez que el anillo de compromiso era entregado y aceptado, la promesa de matrimonio no podía romperse bajo ninguna circunstancia.

En el siglo XV, las sortijas comenzaron a representar la unión entre dos personas de una forma más simbólica. Surgieron los llamados anillos “gimmel”, compuestos por dos o tres bandas entrelazadas. Cada miembro de la pareja llevaba una parte, y el día de la boda se unían para formar un solo anillo que usaba la novia.

La primera sortija de compromiso con diamantes registrada en la historia data de 1477, cuando el archiduque Maximiliano de Austria regaló una a María de Borgoña. A partir de ahí, el diamante comenzó poco a poco a asociarse con el compromiso.

En los siglos siguientes, las sortijas fueron evolucionando. En el siglo XVII se popularizaron los anillos de plata con poemas de amor grabados en su interior. En contraste, los puritanos ingleses rechazaron el uso de joyas por considerarlas pecaminosas y optaron por usar dedales como símbolo de compromiso. Curiosamente, muchas novias cortaban la base del dedal y lo usaban luego como anillo de bodas.

Los diamantes llegaron a Estados Unidos en el siglo XIX, pero no se convirtieron en la norma hasta bien entrado el siglo XX. A partir de la década de 1930, y especialmente tras la famosa campaña publicitaria de De Beers en 1947 con el lema “un diamante es para siempre”, las sortijas de compromiso con diamantes se volvieron enormemente populares. Desde entonces, los diamantes no solo simbolizan amor, sino también permanencia y valor.

Con el tiempo, las modas han cambiado. En distintas décadas se han popularizado cortes, tamaños y estilos diferentes: desde diseños exuberantes hasta líneas minimalistas. Sin embargo, el significado central del anillo se ha mantenido.

En la actualidad

Hoy en día, la sortija de compromiso sigue siendo uno de los símbolos románticos más apreciados. Generalmente representa una promesa de matrimonio, pero también expresa devoción, lealtad y deseo de construir un futuro juntos.

La forma circular del anillo —sin principio ni fin— refuerza su significado como símbolo del amor eterno y la fidelidad. En un mundo donde las relaciones pueden ser complejas y desafiantes, la sortija de compromiso ofrece una sensación de seguridad, confianza y estabilidad emocional.

Para muchas personas, no existe gesto de amor más significativo que una sortija de compromiso. Más allá del valor material, su verdadero poder reside en el mensaje que transmite: “te elijo a ti” entre todas las personas del mundo.

La historia de la terapia de pareja

Hoy está claramente establecido que la terapia de pareja y la terapia de familia son modalidades terapéuticas distintas. La terapia de pareja es una disciplina altamente especializada, con sus propios enfoques, métodos y bases científicas.

A lo largo de la historia, las parejas han buscado ayuda para resolver sus conflictos y mejorar su relación. De hecho, ya desde la década de 1930 se observa que las personas acudían a algún tipo de apoyo especializado cuando su relación atravesaba dificultades. Sin embargo, la forma en que se brindaba esa ayuda era muy distinta a la que conocemos hoy.

A comienzos del siglo XX, muchas parejas recurrían principalmente a ministros religiosos o líderes espirituales. En esos espacios, el énfasis estaba en la importancia del matrimonio desde una perspectiva moral o religiosa, más que en la comprensión profunda de los conflictos emocionales o relacionales. Aunque algunas personas todavía buscan este tipo de orientación, con el tiempo surgió la necesidad de enfoques más especializados.

En la década de 1930 comenzaron a aparecer los primeros institutos de “consejería matrimonial”. Estos centros ofrecían orientación a parejas en dificultad, pero las sesiones no eran dirigidas por profesionales entrenados en conducta humana. En muchos casos, quienes ofrecían la ayuda eran médicos, obstetras, ginecólogos o educadores en temas de vida familiar. A pesar de ser un avance importante para su época, este desarrollo se estancó durante varias décadas, probablemente debido a eventos históricos como la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial.

El campo comenzó a avanzar nuevamente en la década de 1970, de la mano del desarrollo de la terapia de familia. En ese momento, las parejas solían ser atendidas como parte de un sistema familiar más amplio, y no necesariamente como una unidad con dinámicas propias. No fue hasta 1986 que la terapia de pareja comenzó a ser reconocida formalmente como una modalidad independiente, lo que permitió que investigadores y clínicos se enfocaran específicamente en el estudio de las relaciones de pareja.

La terapia de pareja en la actualidad

Hoy en día, la terapia de pareja es una forma de intervención ampliamente reconocida y utilizada. Aunque en sus inicios se apoyaba en técnicas tomadas de la terapia individual o de familia, con el tiempo ha desarrollado un cuerpo propio de conocimientos, métodos y estrategias.

Actualmente está claramente establecido que la terapia de pareja no es lo mismo que la terapia de familia. Se trata de una disciplina altamente especializada, con modelos teóricos específicos diseñados para comprender y trabajar las dinámicas emocionales, comunicacionales y vinculares entre dos personas.

Diversos estudios y encuestas sobre el futuro de la psicoterapia han señalado que la terapia de pareja es una de las modalidades con mayor crecimiento proyectado. Esta tendencia se ha confirmado en la práctica clínica, donde cada vez más personas buscan ayuda no solo para “resolver problemas”, sino para mejorar activamente la calidad de su relación.

La terapia de pareja continúa evolucionando. Existen principios fundamentales que se aplican más allá de la orientación teórica específica, así como enfoques ampliamente difundidos que han demostrado ser efectivos para reducir el malestar y fortalecer el vínculo. Estos modelos están respaldados por una sólida base de investigación científica centrada en las relaciones íntimas.

Aunque la terapia de pareja mantiene conexiones con la terapia individual y familiar, hoy cuenta con un marco propio que integra teoría, investigación y práctica clínica. Esto ha dejado claro que una intervención eficaz con parejas requiere conocimientos especializados y métodos diseñados específicamente para el trabajo relacional.

En conclusión, uno de los factores que explica la creciente importancia de la terapia de pareja es el cambio en las expectativas de las personas. En el pasado, muchas parejas simplemente toleraban relaciones insatisfactorias. Hoy, en cambio, se espera bienestar, conexión emocional y crecimiento mutuo. La terapia de pareja se percibe cada vez más como una herramienta para construir relaciones más sanas y una mejor calidad de vida.

Los consejos y el proceso terapéutico

¿Es la profesión de la psicología una acerca de darle consejos a las personas? La contestación a esta pregunta es sencilla y diáfana: no.  Y esto aplica a la terapia de parejas.

Muchos psicólogos y psicólogas hemos tenido que encarar preguntas como: ¿pero y qué edad usted tiene? Comúnmente este tipo de pregunta surge cuando la imagen del psicólogo o psicóloga que la persona tiene ante sí no parea adecuadamente con la imagen mental que podría tener respecto de alguien que sea lo suficientemente competente como para «darle consejos». Una persona visiblemente de edad avanzada, que «aparente haber vivido», tiende a ser la imagen de preferencia en las personas que van al psicólogo en busca de consejos.  Otros asocian la apariencia, la raza, el sexo, el género, identidad de género y la orientación sexual real o percibida del terapeuta con su capacidad o falta de capacidad para «dar consejos».

Lo cierto es que es un hecho innegable que muchas personas acuden a los consultorios psicológicos en busca de consejos y muchas otras se motivan a estudiar la profesión estimuladas también por la creencia de que la práctica de la psicología se basa en la función de «dar consejos».  Estas últimas con frecuencia expresan, al preguntarles qué les motivó a estudiar psicología, que escogieron la profesión porque sus amistades y familiares siempre les piden consejos y que les gusta realizar esa labor.  Como profesional que se dedica a formar psicólogos y psicólogas, consejeros y consejeras, puedo dar fe de que estos casos ocurren con frecuencia. Algunos, incluso, se gradúan de algún grado en psicología convencidos de que la labor del psicólogo o la psicóloga es la de dar consejos, y, como cuestión de hecho, limitan su práctica profesional a realizar este tipo de intervención, que podría ser considerada por muchos profesionales como una simplista.

Dar consejos no es lo que realmente hacen los psicólogos. El papel de un psicólogo es mucho más complejo que eso. Un psicólogo es un científico de la salud cuya función principal, como la de todo profesional de la salud, es diagnosticar y tratar condiciones de salud, en este caso las asociadas a la salud mental. Factores como personalidad del cliente, cultura, religión, creencias, valores, autoestima, identidad sexual, resiliencia, salud física y mental, redes de apoyo, educación, coeficiente intelectual, inteligencia emocional, circunstancias ambientales, sociales y ocupacionales, entre otros, son áreas que forman parte del adiestramiento académico de los psicólogos y son instrumentales en el proceso de diagnóstico y tratamiento.

Por supuesto, para un psicólogo sería lo más fácil del mundo dar un consejo. Sin embargo, tenga en cuenta que un psicólogo profesional podrá en algún momento ofrecerle recomendaciones basadas en sus conocimientos científicos, teóricos y prácticos, pero esto no debe confundirse con la simpleza de ofrecer un mero consejo. Si lo que el cliente desea es un consejo (que le digan qué hacer), entonces no necesita pagar los honorarios de un psicólogo para obtenerlo.

Dar consejos no requiere necesariamente habilidad especial ni conocimientos académicos. Absolutamente cualquiera puede dar consejos, en cualquier momento. Dar consejos es fácil. No requiere una comprensión total de los problemas en cuestión. La mayoría de nosotros somos capaces de dar consejos en cualquier momento. La psicoterapia, por otro lado, requiere habilidades específicas y complejas. Para poder ejercer la psicoterapia, un psicólogo debe pasar por muchos años de formación universitaria y obtener una licencia profesional expedida por la autoridad competente, que en el caso de Puerto Rico es el Departamento de Salud.

Comparativa entre consejos y psicoterapia

Consejos Psicoterapia/Tratamiento
Ofrecidos por cualquier persona Ofrecida sólo por profesionales licenciados
No requiere destrezas ni habilidades especiales Requiere habilidades específicas y complejas que surgen de una formación académica profunda y a largo plazo
Es siempre directivo Es no-directiva y directiva
No se requiere practicar la empatía Requiere del terapeuta empatía y comprensión del cliente
Tiende a ser crítico y juzgador de la persona No juzga y es afectuosa
La autoestima del individuo sigue siendo baja y la confianza está en quien da el consejo Se aumenta la autoestima del cliente y se le desarrolla la confianza en sí mismo
Es poco probable que conduzca a un cambio de comportamiento permanente y consistente Probablemente conduzca a un cambio de comportamiento profundo y duradero
Es particularista Es holística
Conduce sólo a la introspección intelectual Conduce a la introspección emocional e intelectual
El foco es llevar a cabo una conducta o una acción El foco se centra en llevar a cabo una conducta o acción, pero también en las causas y/o las consecuencias del comportamiento
Puede surgir de las necesidades de quien da el consejo (por ejemplo, ayudar, ser amable, tener razón, etc.) Siempre surge de las necesidades del cliente

 

¿Socios de negocios o pareja romántica? Implicaciones para el proceso terapéutico

Para muchas parejas trabajar en estrecha colaboración es un sueño nacido del amor y el entusiasmo. Las parejas que hacen negocios juntas comparten la visión de administrar felizmente un negocio exitoso. Sin embargo, una pareja que trabaja junta en un negocio no tarda mucho en descubrir los pros y los contras de involucrarse en esta actividad, y de que lo último que desea es que la tercera parte de ese triángulo (su negocio) arruine su relación. Ciertamente, hacer negocios con el cónyuge genera desafíos inesperados.

Lo cierto es que por sus características, y desde la perspectiva del proceso terapéutico, se trata de roles mutuamente excluyentes, y, por lo tanto, no se recomienda y se desalienta que parejas románticas se involucren en actividades de negocios juntas si su meta es fomentar una relación de pareja armoniosa. Por mucho que les guste estar juntos todo el día, todos los días y a todas horas, desde hacer ejercicios juntos por la mañana hasta atender llamadas y trabajar en proyectos, esa unión y exposición constante también puede ser un desafío. A la larga o a la corta, las dinámicas propias de este tipo de relación obligarán a la pareja a elegir qué rol desea que prevalezca en sus vidas: el de socios de negocios o el de pareja romántica.

Aun así, el fenómeno de las parejas románticas que trabajan juntas ha desarrollado una nueva piel en las últimas décadas. Históricamente limitado a determinados sectores como el agrícola, el trabajo conjunto entre parejas es hoy mucho más amplio. Actualmente, las parejas que hacen negocios juntas pueden tener una educación universitaria, establecer su negocio como una corporación o una pequeña entidad, trabajar desde casa o desde una oficina y ganar millones o muy poco. Es una forma de hacer negocio muy común y puede verse como un tipo distinto de empresa familiar. Datos provenientes de distintas fuentes muestran que uno de cada cuatro negocios involucra a parejas. Sin embargo, como socios de negocios, las parejas destacan por su posibilidad de llevar tensiones del hogar al trabajo y viceversa.

La literatura utiliza diferentes términos para referirse al fenómeno de las parejas que trabajan juntas. Algunos ejemplos son negocios de pareja, parejas propietarias de empresas familiares, parejas emprendedoras, coemprendedores y empresas dirigidas por parejas. Negocio de pareja, el nombre más común, es «una empesa en el que una pareja romántica posee y/o dirige un negocio juntos». La pareja puede ser conviviente o casada y puede ser mixta o de un solo sexo. Ambos cónyuges pueden ser copropietarios del negocio o participar activamente en la gestión del mismo. Lo más importante es que ambos tienen un sentido de propiedad (psicológica) del negocio. Una pareja que trabaja junta en un negocio se diferencia de otros equipos de negocios porque tienen normas de comportamiento y expectativas particulares asociadas con las identidades de roles; compartir el negocio y el hogar conlleva la flexibilidad de realizar las tareas asociadas con estos dominios de manera conjunta y la transferencia de las tensiones de un escenario al otro.

Algunos desafíos de los negocios de pareja

  • Ruptura de la comunicación.
  • Aumento de tensiones, conflictos y discusiones.
  • Extinción de la pasión.
  • Surgimiento de diferentes expectativas.
  • Los cónyuges no se desconectan de los conflictos del quehacer empresarial.
  • Los cónyuges se dan cuenta de que todo lo que hacen juntos gira en torno al negocio.

 

Los diagnósticos de salud mental y el proceso terapéutico

Si existen diagnósticos de salud mental desatendidos o no controlados en uno o ambos cónyuges, el proceso terapéutico para parejas tendrá poco o ningún resultado positivo. Los diagnósticos de salud mental deben ser atendidos adecuadamente previo a entrar en un tratamiento que tenga el fin de armonizar la vida en pareja.

Al momento de buscar ayuda, las personas tienden a ignorar o restarle importancia a los diagnósticos de salud mental preexistentes y de cómo éstos podrían ser la causa principal de la situación que enfrenta la relación. Comúnmente, se le dificulta a las personas hacer esta conexión, tal vez porque están convencidas realmente de que es su cónyuge, y no ellas, quien es la causa de los conflictos y «quien tiene la culpa de todo».

Es necesario entender que las condiciones de salud mental pueden afectar muchos aspectos de la vida en pareja, incluidas las relaciones íntimas. Por ejemplo, los síntomas de depresión pueden dejar a la persona afectada desapegada y desinteresada en sus relaciones con los demás –includa su pareja– o en el sexo en general. Del mismo modo, una persona con depresión o ansiedad puede tener dificultades para cuidar de su higiene personal, realizar las tareas del hogar, puede tener una disponibilidad emocional limitada, dificultades para mantener el empleo y carecer del deseo de socializar. Estos comportamientos y desafíos pueden generar tensión en la relación, lo que puede terminar en sentimientos de decepción, rechazo y desconexión emocional. Muchas personas con problemas de salud mental pueden sentirse inadecuadas y tener ansiedad por el desempeño y baja autoestima. Para ambos cónyuges, esto puede conducir a una disminución de las oportunidades de establecer vínculos fuertes y generar necesidades insatisfechas.

A veces, los síntomas de salud mental pueden hacer que la persona afectada se sienta letárgica, afectar su capacidad para expresar empatía o provocar sentimientos de aislamiento. En ocasiones estos síntomas pueden provocar codependencia o incluso resentimiento hacia su pareja. Cuando una persona vive con alguien que padece alguna condición de salud mental, la relación puede resultar difícil. Vivir con alguien con esta condición de salud, máxime si la misma está desatendida o no tratada, puede resultar desafiante y estresante. Es difícil depender de ellos para que se hagan cargo de sus responsabilidades. Dependiendo del estado de salud mental de la pareja, es posible que experimenten comportamientos hipersexuales (fuertes impulsos sexuales) o que no tengan ningún interés en el sexo, lo cual puede ser difícil para las relaciones de pareja. En algunos casos, la persona con la condición de salud mental puede incluso dudar en contarle a su pareja sobre su situación. Es posible que le preocupe que el otro termine la relación una vez que se entere o se pregunte si podrá sobrellevar sus síntomas.

Algunos efectos de esta situación en la relación

  • Cambios en el apetito o en los patrones de sueño de la pareja afectada.
  • La pareja afectada puede experimentar cambios emocionales extremos.
  • Aumento de irritabilidad, tristeza, ansiedad, ira o preocupaciones constantes en la pareja afectada.
  • La pareja afectada puede autolesionarse o tener pensamientos de dañar a otros.
  • La pareja afectada puede experimentar delirios.
  • El cónyuge afectado puede recurrir a prácticas poco saludables, como el consumo de drogas y alcohol, o la participación en conductas riesgosas u obsesivas.
  • La pareja afectada puede experimentar frecuentes arrebatos emocionales.
  • La pareja afectada puede retirarse y no participar en actividades que alguna vez le brindaron alegría.
  • Inabilidad para razonar y para el proceso mental organizado por parte del cónyuge afectado.

 

El consumo de alcohol y el proceso terapéutico

Si uno o ambos cónyuges tiene problemas con la bebida, estos deben ser resueltos previo a entrar en terapia de parejas, de lo contrario, este proceso no funcionará. En terapia, los problemas con la bebida son de los más conflictivos y pervasivos puesto que las personas tienden a privilegiar este consumo por encima del bienestar de la relación: generalmente, existe muy poca o ninguna disposición por parte del cónyuge (o los cónyuges) con el problema a aceptar, abandonar y/o modificar sus hábitos de consumo de alcohol. Y esto es así porque las personas tienden a sentirse cómodas con el autoengaño, toda vez que la mayoría considera normal el consumo excesivo de alcohol como un componente esencial de la «vida social».

La normalización del consumo de alcohol entonces se refiere a la amplia disponibilidad y aceptación social del alcohol en Puerto Rico. Esto también incluye la aceptación social de emborracharse o beber en niveles riesgosos.

Los estudios muestran que las mujeres que mantienen relaciones con hombres que luchan contra el abuso de alcohol experimentan tasas más altas de depresión, ansiedad, problemas de salud física y perturbaciones laborales y sociales. Existe una correlación directa entre el consumo de alcohol en las relaciones y la calidad de la intimidad entre las parejas. Más específicamente, la gravedad de la angustia en la relación está influenciada grandemente por el consumo de alcohol de uno (o ambos) de los cónyuges. Las relaciones sexuales son una forma de intimidad y la adicción al alcohol puede afectar negativamente este aspecto al alterar los procesos corporales normales. Puede contribuir a la disfunción sexual, afectar en deseo y la excitación, y la calidad de la intimidad sexual entre las parejas.

La infidelidad es otro factor que se ve impactado por el abuso del alcohol en la relación. La infidelidad no sólo rompe el vínculo de confianza entre la pareja, sino que también puede ser un factor que contribuya al divorcio. Las investigaciones muestran que las personas que abusan del alcohol tienen más probabilidades de cometer infidelidad que aquellas que no lo hacen. Por otro lado, el consumo de alcohol es un factor común en situaciones donde ha ocurrido violencia doméstica. Cuando una persona está intoxicada, sus emociones, su autocontrol, su juicio y su toma de decisiones se ven afectados. Esto contribuye a la fuerte correlación entre el consumo excesivo de alcohol y la violencia doméstica. Infortunadamente, los estudios demuestran consistentemente que, independientemente del sexo de la persona que abusa del alcohol, si al menos uno/a de los/as dos en la relación lo hace, el riesgo de violencia doméstica es alto… Muy alto.

Impacto del abuso del alcohol en la relación

  • Usted o su pareja no realizan tareas apropiadas para su edad, como terminar la escuela.
  • Usted o su pareja no se compromete a tener una relación romántica saludable.
  • Usted o su pareja no está disponible emocionalmente, se distancia emocionalmente o se desentiende de la relación.
  • Su relación experimenta un aumento de conflictos, desacuerdos y peleas (tanto verbales como físicas).
  • Los cónyuges comienzan a sentirte menos satisfechos en la relación.
  • Usted o su pareja realiza insinuaciones sexuales no deseadas por el otro.
  • El proceso de razonamiento entre los cónyuges se torna imposible: se afecta seriamente la capacidad para el pensamiento lógico y ordenado, y surge la sensación de que hablan idiomas distintos.
  • Usted o su pareja empieza a pasar más tiempo en situaciones sociales donde el alcohol está presente.

 

Honra tus propias necesidades emocionales primero

El bienestar de la relación depende en gran medida del bienestar de los cónyuges en su carácter individual. Es frustrante cuando sientes que deberías poder arreglar las cosas en tu relación, pero la otra persona se niega a ayudar y no parece importarle mucho.

Ya sea que estén juntos en terapia o de forma individual, el ingrediente clave para el éxito es la motivación para el cambio. No es todo lo que necesitas, pero nada funcionará sin esto.

Una de las mejores cosas que puedes hacer para solucionar esa angustia es encontrar tu propio terapeuta. Puede que incluso esta alternativa se acerque más a lo que tenías en mente toda vez que con mucha frecuencia existen problemas y diagnósticos de salud mental a nivel personal que son necesario atender. Muchas personas que acuden a un psicólogo de parejas se sienten frustradas cuando descubren que el terapeuta focaliza en las necesidades de la relación más que en las necesidades de los cónyuges en su carácter individual. Además, la terapia de pareja no funciona a menos que ambas personas en la relación estén igualmente comprometidas.

¿Cómo podría la terapia individual afectar tu relación?

Ir a terapia individual cuando estás en medio de una relación problemática podría llevar a varios resultados:

  • Es posible que te des cuenta de que quieres terminar la relación.
  • Es posible que encuentres formas de aceptar o lidiar con las deficiencias de tu pareja o las limitaciones de la relación, especialmente si descubres otras formas de atender tus necesidades insatisfechas.
  • El trabajo terapéutico personal podría cambiar la naturaleza de las peleas o discusiones que tienen, lo que conducirá a una mayor claridad o compromiso mutuo en el proceso de cambio.

Pase lo que pase, debes saber que, si bien no puedes controlar ni “arreglar” a tu pareja, tienes el derecho y la libertad de cuidar de ti mismo/a.

 

La terapia psicológica y la fatiga emocional del terapeuta

 

La terapia psicológica es una aplicación de la ciencia de la psicología que focaliza en ayudar a individuos a superar conflictos emocionales y alcanzar el bienestar utilizando diferentes recursos y estrategias. Está, por lo tanto, en la naturaleza del psicólogo un interés genuino en ayudar a quiénes le contratan y solicitan sus servicios. Debido a que los terapeutas están capacitados para utilizar la compasión y la empatía como instrumentos fundamentales con el fin de que el proceso terapéutico sea efectivo, son particularmente vulnerables al estrés emocional y la fatiga. La fatiga emocional puede tener un costo físico, mental, espiritual y emocional en las personas que la experimentan y puede afectar a una amplia gama de profesiones y cuidadores. Tiende a ser común entre profesionales que trabajan regularmente en calidad de ayuda o curación, como los psicólogos y psicólogas.

La terapia psicológica para parejas es a menudo una liberación, y muchas personas están liberando cosas que han almacenado durante años. Ese proceso de liberar y compartir con otra persona puede ser emocionalmente intenso para todos los involucrados, lo que también puede asumir la forma de fatiga física además de la emocional.

Varios factores pueden poner a los terapeutas en mayor riesgo de desarrollar fatiga emocional, entre ellos:

  • El estar especializados en terapia que les expone a problemas extremos en casi todas las sesiones.
  • El estar a riesgo de ser amenazados físicamente por una persona bajo su cuidado terapéutico.
  • El lidiar con personas con riesgo suicida.
  • El proporcionar servicios terapéuticos a alguien considerado peligroso.
  • El trabajar exclusivamente con personas que experimentan depresión y/o abuso infantil.
  • El estar especializados en el tratamiento psicológico ante la muerte y el duelo.

En el caso de los terapeutas de parejas, factores como los siguientes pueden contribuir a la fatiga emocional toda vez que podrían provocar que el proceso terapéutico pierda efectividad:

  • Cónyuges que asisten a terapia bajo presión o por complacer a su pareja y no porque entiendan que la terapia les puede ayudar.
  • Cónyuges que ya no desean estar en la relación de pareja en cuestión.
  • Cónyuges que ya no están enamorados/as de sus parejas y, por lo tanto, poseen un exiguo compromiso con la relación.
  • Pobre adherencia de la pareja al tratamiento prescrito.
  • Relaciones de pareja con una baja o ninguna viabilidad de desarrollo.
  • Cónyuges que asisten a terapia con un autodiagnóstico de lo que entienden es el problema que aqueja la relación.
  • Cónyuges convencidos de que podrán resolver sus conflictos en una sola sesión de terapia.
  • Cónyuges pobremente involucrados en el tratamiento toda vez que entienden que la mera visita al psicólogo les resolverá todos sus problemas relacionales.

Los terapeutas pueden experimentar fatiga emocional cuando la exposición a las historias y experiencias de las personas que conocen en terapia comienzan a afectar sus vidas fuera del trabajo. Pero no son los únicos profesionales con este tipo de riesgo. Las enfermeras, por ejemplo, debido a que a diario se les exige empatía y compasión, pueden experimentar fatiga emocional cuando se enfrentan a cargas de trabajo pesadas, exigencias excesivas de los pacientes y largas horas de trabajo. Por su parte, la Asociación de Abogados de Estados Unidos ha expresado que incluso los abogados, especialmente aquellos que ejercen en áreas que pueden exigirles visitar escenas de accidentes, ver evidencia gráfica o lidiar con informes de traumas, tienen una alta susceptibilidad a la fatiga emocional por compasión.

La terapia psicológica para parejas es a menudo una liberación, y muchas personas en terapia están liberando cosas que han almacenado durante años. Ese proceso de liberar y compartir con otra persona puede ser emocionalmente intenso para todos los involucrados, lo que también puede asumir la forma de fatiga física además de la emocional.

Es por esta razón que los terapeutas de parejas deben ser cuidadosos en la selección de casos que sean adecuados para el tratamiento psicológico. Una evaluación inicial es necesaria en la mayoría de los casos previo a empezar un proceso terapéutico. Esta evaluación es de utilidad tanto para el psicólogo como para los clientes. La evaluación arroja información valiosa que guiará el proceso y que ayudará a los cónyuges a decidir si el terapeuta es adecuado para ellos y ayudará al terapeuta a decidir si sus servicios son adecuados para la pareja en cuestión.