Curso – Cómo no convertirse en víctima de violencia doméstica

¡Ahora Disponible!

Este curso es completamente GRATIS y está diseñado para personas adultas en Puerto Rico que desean aprender a prevenir la violencia doméstica desde una perspectiva educativa. Es altamente recomendable que toda persona en una relación de pareja o que esté planificando entrar en una, tome un curso como éste. El curso se enfoca en comprender patrones, identificar señales tempranas de riesgo, proteger la autonomía personal y relacional, y construir un plan de protección realista para escenarios del mundo real.

La violencia doméstica rara vez comienza con una agresión física evidente. En muchos casos se instala de forma progresiva mediante control coercitivo, aislamiento, intimidación, amenazas veladas y maltrato psicológico que limita la libertad y produce miedo o confusión. Este curso enseña a reconocer ese proceso cuando todavía hay “confusión”, porque la prevención efectiva ocurre antes de que el patrón se consolide.


Descargo de responsabilidad
Los cursos ofrecidos en ProParejas son de carácter estrictamente psicoeducativo y se adhieren a los principios éticos de la profesión de la psicología en Puerto Rico. Están dirigidos exclusivamente a parejas adultas que desean mejorar su relación. Algunos cursos abordan temas de sexualidad en la pareja desde una perspectiva educativa, clínica y científica; dichos contenidos no son sexualmente explícitos ni pornográficos. Estos cursos no constituyen certificaciones, grados académicos ni entrenamiento profesional, y no sustituyen una evaluación, diagnóstico o tratamiento psicológico individualizado por parte de un profesional licenciado en Puerto Rico. La participación en los cursos no establece una relación terapéutica. Los contenidos han sido creados por un psicólogo profesional licenciado en Puerto Rico, profesor universitario, experto en materia de relaciones de pareja y sexualidad humana. El uso de esta plataforma es voluntario y bajo la responsabilidad de la persona usuaria. Ante malestar emocional significativo, se recomienda buscar ayuda profesional directa.


Salir o no de una relación abusiva

Llevo 5 años con mi pareja. Tenemos períodos de muchas peleas y otros de relativa calma en ciclos que aparentan ser repetitivos. Él, además de haber tenido una crianza con muchos “issues”, tiene importantes problemas de abandono y ha habido ocasiones en las que se ha vuelto leve o moderadamente abusivo físicamente en su completo pánico a que yo me vaya o lo deje. En las últimas 6 semanas, hemos pasado por un momento particularmente difícil, con maltrato emocional de su parte, y recientemente él fue de leve a moderadamente abusivo, en una situación donde hasta llegó al extremo de restringirme físicamente e impedir que yo me fuera. He estado pidiendo una separación para comprender mejor mis pensamientos. Todo el mundo clama por que nos divorciemos, pero no estoy segura porque siento que el abuso tiene su origen en sus problemas de abandono y de la niñez. ¿Es posible que si él buscara terapia para su trauma de abandono cese el abuso físico? Lo amo mucho y quiero que reciba ayuda, pero no puedo permanecer en un matrimonio en el que (aunque sea con poca frecuencia) me agredirán físicamente?

Respuesta del Psicólogo

Da la impresión de que han estado en esta dinámica ya por un tiempo, y que la situación ha afectado la comunicación, ha aumentado el conflicto y ha causado daño serio a la relación.  Dicho esto, la presencia de abuso físico sugiere que puede ser necesario buscar ayuda de un profesional de salud mental en el carácter individual o buscar otro apoyo profesional para tomar decisiones sobre tus próximos pasos. Muchas personas que sufren violencia doméstica encuentran apoyo haciendo primero una llamada confidencial a una línea de ayuda. A veces, contar con un plan de seguridad alterno también puede ayudar a cualquier persona en esta situación a tomar medidas para decidir si abandonar una relación abusiva y cómo hacerlo.

Sin embargo, lo que más me llama la atención de tu pregunta es que parece como si ya no quisieras estar con tu marido y estuvieras buscando permiso o validación de los demás para dejarlo. En tu descripción de la dinámica matrimonial, parece que hay muy pocas oportunidades para resolver el conflicto. El conflicto puede crecer y luego escalar hasta convertirse en una situación que se salga de control. El estar muy enamorada a veces juega en contra de las mujeres al justificar las acciones del agresor o fallar en ver que están en una situación de abuso, sobre todo cuando el agresor cuenta con algunas cualidades en su vida personal que podrían ser consideradas como positivas. Sin embargo, a pesar de esto, las agresiones continúan siendo agresiones, las cuales con el tiempo tienden a escalar.

Para responder a tu pregunta, no está claro si el abuso físico podría cesar o no si tu pareja busca ayuda. Estadísticamente, las investigaciones realizadas en el campo sugieren que después de la intervención, aproximadamente la mitad de los agresores redujeron la frecuencia de actos violentos durante un período de dos años, pero la otra mitad no. Entre la mitad que pudo reducir la frecuencia, menos del 10% pudo detener por completo los actos abusivos.

Te animo a ti o a cualquier persona en esta situación a buscar un profesional de salud mental autorizado para discutir opciones y obtener la ayuda confidencial que sea necesaria.

Qué todo salga bien.

Por favor, lea nuestro Relevo de Responsabilidad.

Violencia doméstica y el proceso terapéutico

La terapia de pareja no procede en casos de violencia doméstica. No resolverá el problema y, de hecho, es probable que lo exacerbe y ponga a la víctima en peligro inminente.

En general, se piensa que la terapia de pareja está «contraindicada» en relaciones abusivas. El abuso es a menudo un patrón de cómo alguien responde a una variedad de personas y situaciones. Por ejemplo, alguien que abusa en casa no necesariamente suele ser también abusivo en el trabajo o con amigos. Si bien a veces es posible lograr avances con los abusadores en el tratamiento psicológico y hacer que apliquen ese crecimiento a las relaciones externas, el riesgo para la pareja generalmente se considera demasiado grande.

En terapia de parejas se le pide a los cónyuges que confíen el uno en el otro y se vuelvan vulnerables el uno al otro. Las personas abusivas pueden aprovecharse de la vulnerabilidad de su pareja, ya sea durante las sesiones de terapia o después. Las parejas abusivas a menudo no están preparadas para afrontar el crecimiento personal que se requiere en la terapia de pareja.

En cambio, es mejor que los abusadores busquen terapia individual para su problema de manejo del coraje o su comportamiento controlador, mientras que las víctimas de abuso prioricen su seguridad y la de su familia desasociándose de ese entorno. Esto podría incluir la separación e incluso la protección contra el abusador, así como terapia de apoyo, la terapia psicológica para la concienciación de las propias elecciones y comportamientos en las relaciones y tal vez terapia psicológica en traumas. Existen especialistas en todas estas áreas.

La motivación para el cambio es clave para que el abusador acepte ayuda. Quizás notes que no todos los abusadores o tipos de abuso son equivalentes. Es común en algunas relaciones que los miembros de la pareja se abusen mutuamente, verbal, emocional o, incluso, físicamente. Si no está seguro de su caso, busque orientación y ayuda. Varias organizaciones gubernamentales y sin fines de lucro ofrecen servicios gratuitos en estos casos. Si le preocupa cómo reaccionaría su pareja ante esto, es una señal de que su situación puede ser más grave y es importante que obtenga ayuda y apoyo profesional de manera confidencial y urgente.

Relación con el proceso de terapia

  • En situaciones de violencia doméstica, la prioridad absoluta es la seguridad física y emocional de la persona afectada; la terapia de pareja no puede garantizar esa seguridad y, de hecho, puede exponer aún más a la víctima.
  • La violencia implica un abuso de poder y control, no solo “problemas de comunicación”; la terapia de pareja parte de cierta simetría entre ambos miembros, algo que no existe cuando hay maltrato.
  • Al llevar a la persona agresora y a la víctima a la misma sesión, se corre el riesgo de que la víctima se sienta vigilada, se autocensure o tenga represalias al salir de la consulta por lo hablado allí.
  • Si no se reconoce la dinámica de abuso, la terapia de pareja puede, sin querer, transmitir la idea de que ambos son igualmente responsables de la violencia, lo que aumenta la culpa y la confusión de la víctima.
  • La violencia doméstica requiere intervenciones especializadas (refugios, líneas de ayuda, asesoría legal, programas para agresores, terapia individual de apoyo) que ponen el foco en la protección y en la responsabilidad de quien ejerce la violencia.
  • Los protocolos éticos y de buenas prácticas desaconsejan el uso de terapia de pareja cuando hay violencia activa, amenazas graves o miedo intenso, precisamente por el alto riesgo de revictimización.
  • En estos casos, es más apropiado que la persona afectada reciba apoyo individual especializado para diseñar un plan de seguridad, tomar decisiones informadas y acceder a recursos comunitarios.
  • También es posible que la persona agresora necesite un tratamiento específico para la violencia, el control de la ira u otros problemas, pero esto se hace de forma separada y con un encuadre distinto al de la terapia de pareja.
  • Solo si la violencia ha cesado hace tiempo, se han asumido responsabilidades y se ha trabajado en profundidad el patrón de abuso en otros espacios, podría considerarse más adelante un trabajo de pareja, y siempre con mucha cautela profesional.
  • Si alguien está en riesgo inmediato o teme por su vida, lo más importante no es acudir a terapia de pareja, sino contactar servicios de emergencia, líneas de ayuda locales o recursos especializados en violencia doméstica para recibir protección y orientación urgente.

 

Comprendiendo la Violencia Doméstica: Una Mirada Actualizada

Cualquier persona puede ser víctima de violencia doméstica. Aunque las estadísticas históricas han reflejado que las mujeres entre los 20 y 40 años reportan la mayor cantidad de incidentes, hoy sabemos que la violencia doméstica afecta a personas de todas las edades, géneros, identidades, orientaciones sexuales y niveles socioeconómicos.

Según datos más recientes del Observatorio de Equidad de Género y la Policía de Puerto Rico, la violencia doméstica continúa siendo una de las problemáticas más prevalentes y urgentes en el país. Estos números, aunque alarmantes, representan solo una parte de los casos, pues muchos incidentes nunca se reportan por miedo, vergüenza o falta de apoyo.


Conflictos Normales vs. Violencia Doméstica

Los desacuerdos y conflictos son parte natural de cualquier relación íntima. Sin embargo, la violencia doméstica no es un conflicto más: es un patrón sistemático de control, daño, intimidación o coerción. No ocurre por “problemas de comunicación”, sino por un desequilibrio de poder que se ejerce de forma intencional para dominar a la otra persona.

A diferencia de los conflictos normales, la violencia doméstica:

  • No se resuelve con negociación o compromiso.
  • Escala con el tiempo, haciéndose más frecuente o severa.
  • No depende del estado emocional: es una conducta elegida.
  • Produce miedo, desestabilización emocional y aislamiento.

Definición Legal

La violencia doméstica en Puerto Rico está definida principalmente por la Ley para la Prevención e Intervención con la Violencia Doméstica (Ley 54 de 1989), aun vigente y fortalecida por leyes subsecuentes. Según la ley, la violencia doméstica incluye:

“El patrón de conducta constante de fuerza física, violencia psicológica, intimidación, persecución, restricción de libertad, coerción o daño emocional, infligido por una persona contra su pareja actual o anterior, con quien cohabita o ha cohabitado, con quien sostiene o sostuvo una relación consensual, o con quien ha procreado un hijo o hija”.

Las enmiendas recientes enfatizan:

  • Protección inclusiva para parejas del mismo sexo.
  • Reconocimiento legal del maltrato psicológico y económico como formas de violencia.
  • Medidas especiales para prevenir feminicidios e infanticidios relacionados.
  • Colaboración interagencial para proteger a menores testigos de violencia (Ley 246).

Manifestaciones de la Violencia Doméstica

1. Violencia Física

Incluye golpear, empujar, estrangular, patear, sujetar con fuerza, o cualquier acción física destinada a causar daño. Habitualmente aumenta en severidad con el tiempo.

2. Violencia Sexual

Todo acto sexual forzado, manipulado, intimidado o realizado sin consentimiento. Incluye coerción reproductiva, presión sexual, sabotaje de anticonceptivos y violación dentro de la relación.

3. Violencia Psicológica o Emocional

Intimidar, aislar, controlar, humillar, insultar, minimizar, hacer «gaslighting», amenazar con hacer daño, ridiculizar, manipular o ejercer constante vigilancia sobre la víctima.

4. Violencia Económica

Restringir el acceso al dinero, impedir que la víctima trabaje, obligarla a trabajar, controlar sus gastos, destruir propiedad, o tomar decisiones financieras sin su participación.


¿Por Qué la Víctima Permanece en la Relación?

La pregunta correcta no es “¿por qué se queda?”, sino “¿qué factores la ponen en riesgo si intenta salir?”.

  • Miedo: a represalias, a que el agresor aumente su violencia, a perder la vida, a que sus hijos sean lastimados.
  • Dependencia económica: preocupación por no tener recursos para sobrevivir.
  • Manipulación psicológica: la víctima puede creer que es responsable del maltrato o que “puede cambiarlo”.
  • Normalización cultural: algunas víctimas no se identifican como tales porque crecieron viendo comportamientos similares.
  • Aislamiento: muchas personas maltratadas no cuentan con una red de apoyo.

Perfil del Agresor

Aunque cada caso es diferente, muchos agresores presentan patrones comunes:

  • Ideologías machistas o creencias rígidas sobre el rol de género.
  • Conductas controladoras y celos excesivos.
  • Dificultad para manejar emociones e impulsos.
  • Historial de violencia interpersonal o exposición a violencia en su familia de origen.
  • Consumo problemático de alcohol o sustancias (factor de riesgo, no causa directa).
  • Negación del maltrato, justificándose o culpando a la víctima.

Es importante entender que la violencia doméstica no está limitada a un nivel educativo, económico o profesional. El agresor puede ser una figura respetada en la comunidad, su trabajo o su iglesia.


¿Qué Hacer?

Para los agresores

El cambio es posible, pero requiere asumir responsabilidad. El agresor debe:

  • Reconocer el problema sin culpar a la víctima.
  • Buscar ayuda profesional en programas especializados en manejo de violencia.
  • Aprender habilidades de autocontrol emocional y regulación del comportamiento.
  • Entender que la violencia nunca está justificada.

Para las víctimas y sobrevivientes

No estás sola. Existen recursos en Puerto Rico preparados para ayudarte. Algunas recomendaciones:

  • Habla con alguien de confianza: un familiar, amistad, profesional de la salud o terapeuta.
  • Documenta incidentes cuando sea seguro hacerlo.
  • Prepara un plan de seguridad:
    • Ten una copia de las llaves del carro y la casa en un lugar secreto.
    • Guarda documentos personales esenciales.
    • Ten dinero disponible, aunque sea en pequeñas cantidades.
    • Mantén números de emergencia accesibles.
  • Considera acudir a un albergue o solicitar una orden de protección bajo Ley 54.

Si deseas evaluar si estás en una relación de violencia, puedes usar las siguientes herramientas:

Lista de Cotejo 1 | Lista de Cotejo 2 | Lista de Cotejo 3


Recursos de Ayuda en Puerto Rico

Servicios de emergencia y apoyo:

Casa Protegida Julia de Burgos
(787) 723-3500
(787) 723-2814
Coordinadora Paz para la Mujer
(787) 764-9639
Oficina de Asuntos de la Mujer
(787) 758-5400
Oficina de la Procuradora de las Mujeres
(787) 725-2857
(787) 722-2907
(787) 722-2977
Proyecto Especial para Mujeres
(787) 764-0524
Organización Puertorriqueña de la Mujer Trabajadora
(787) 764-9639

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