Él no es la misma persona de cuando nos conocimos, pero… yo tampoco lo soy. El tiempo nos ha refinado, pero en lugar de apartarnos, estamos más unidos que nunca.

Él no es la misma persona de cuando nos conocimos, pero… yo tampoco lo soy. El tiempo nos ha refinado, pero en lugar de apartarnos, estamos más unidos que nunca.

Dicen que sólo puedes amar tu carrera o tu cónyuge; no a ambos. O uno eventualmente te dejará. Algunas personas creen fielmente en esta afirmación.
Cuando se forma una nueva relación, tanto hombres como mujeres tienen que asumir nuevas responsabilidades sin dejar de cumplir con las antiguas. Entonces, ¿las relaciones de pareja afectan la vida profesional?
Socioculturalmente, se espera que las mujeres estén más disponibles en los hogares y realicen solas las tareas domésticas, como cocinar, limpiar, lavar la ropa, etc. De manera similar, se espera que los hombres ganen más dinero después de entrar en una relación de pareja. Esto contrasta con el hecho de que una nueva relación necesita atención y esfuerzo por parte de ambas partes, pero a veces, esto puede llegar a ser demasiado difícil de manejar.
Encontrar un equilibrio entre el trabajo y la relación es un desafío crítico que enfrentan muchas parejas. En el mundo acelerado de hoy, donde las demandas profesionales pueden consumirlo todo, mantener este equilibrio es esencial para una relación sana y feliz. Al mismo tiempo, la presión por tener éxito profesional a menudo lleva a las personas a pasar muchas horas en el trabajo, dejando poco tiempo para sus parejas. Este desequilibrio puede provocar sentimientos de abandono y soledad en la relación. Es crucial reconocer que si bien las carreras son importantes, no deben realizarse a expensas de la salud conyugal.
Si tu carrera está antes que tu cónyuge, es probable que tu relación lo refleje. Es posible que estés más enamorado de tu trabajo que de tu pareja. O al menos eso es lo que podría parecer en algunos casos. Puede que te lleves trabajo a casa los fines de semana, o trabajes de 10 a 12 horas al día o más, y regreses a casa agotado y con poco tiempo para tu cónyuge. Entonces quizás te preguntes el porqué ustedes dos no parecen llevarse bien.
Definitivamente, uno de los desafíos para los cónyuges es encontrar suficiente tiempo para hacerlo todo. Muchos dicen que se sienten apurados y más de la mitad dicen que tienen dificultades para equilibrar las responsabilidades de su trabajo y su vida sentimental. Si bien dividen su tiempo de manera diferente (los hombres se concentran un poco más en el trabajo remunerado y las mujeres más en el hogar y los niños), es igualmente probable que las mamás y los papás encuentren desafiante el acto de hacer malabarismos.
Reconocer los signos de desequilibrio entre el trabajo y la relación es fundamental. Aquí hay algunas señales interesantes a las que debes prestar atención:
Al reconocer estos signos de desequilibrio, podrás tomar medidas para controlar el estrés y mejorar el balance entre tu trabajo y tu relación. Es esencial abordar estos problemas desde el principio para evitar una mayor tensión en tu relación y promover su bienestar general.
A continuación algunas sugerencias útiles:
Los estudios muestran que cuando las parejas tienen acceso a un trabajo desafiante, son más felices, tienen mejores relaciones, mejor sexo, es menos probable que se depriman y son más productivos. Con frecuencia, el éxito laboral va acompañado de cierta libertad económica que contribuye en gran medida a la consecución de las aspiraciones personales. Pero si las horas de trabajo se vuelven demasiado locas, las recompensas tienden a revertirse. La clave es priorizar tu relación y encontrar un trabajo desafiante en el que tengas cierto control sobre tus horas de trabajo o cierta flexibilidad. Equilibra el trabajo y la relación trabajando en equipo para satisfacer las necesidades de la vida y al mismo tiempo disfrutar de tu pareja. Si no disfrutas de tu cónyuge y no disfrutas de tus hijos, si los tienes, o si disfrutas compartir más con compañeros de trabajo o amigos, es posible que desees reevaluar tus prioridades.

Es una pregunta que intriga sobre todo a las mujeres. ¿Por qué los hombres tienen sueño después del sexo? Muchos hombres apenas dejan tiempo para que las sábanas se acomoden antes de dirigirse directamente a la tierra de Morfeo, pero ¿hay alguna razón científica por la cual un género podría estar más predispuesto a dormir inmediatemente después del sexo?
Un estudio realizado por la autora Melinda Wenner Moyer ofrece algunas respuestas.
Para muchas mujeres, la correlación entre el sexo y los ronquidos es uno de esos hechos molestos de la vida: no importa cuándo ocurren los encuentros apasionados, los hombres siempre parecen quedarse dormidos inmediatamente después. Aunque las mujeres a veces sienten sueño después de tener relaciones sexuales, el fenómeno parece más pronunciado en los hombres. ¿Qué es entonces lo que los arrastra hacia la tierra de Morfeo luego del sexo?
En primer lugar, las razones obvias: el acto tiene lugar frecuentemente de noche, en la cama, y es, después de todo, físicamente agotador (a menudo más para el hombre que para la mujer, aunque esto ciertamente podría variar). Entonces, cuando termina el sexo, es natural que un hombre sienta sueño.
En segundo lugar, según la autora, las investigaciones que utilizan tomografías por emisión de positrones han demostrado que para que una persona alcance el orgasmo, el requisito principal es dejar de lado «todo miedo y ansiedad». Hacerlo también tiende a resultar relajante y podría explicar la tendencia a dormir.
Luego está la bioquímica del propio orgasmo. Indica la autora que las investigaciones muestran que durante la eyaculación los hombres liberan un cóctel de sustancias químicas cerebrales que incluyen norepinefrina, serotonina, oxitocina, vasopresina, óxido nítrico y la hormona prolactina. La liberación de prolactina está relacionada con la sensación de satisfacción sexual y también media en el «tiempo de recuperación» del que los hombres son muy conscientes: el tiempo que un hombre debe esperar antes de «tener otra erección». Los estudios también han demostrado que los hombres con deficiencia de prolactina tienen tiempos de recuperación más rápidos.
Los niveles de prolactina son naturalmente más altos durante el sueño y los animales a los que se les inyecta la sustancia química se cansan inmediatamente. Esto sugiere un fuerte vínculo entre la prolactina y el sueño, por lo que es probable que la liberación de la hormona durante el orgasmo haga que los hombres sientan sueño luego de esta actividad. La prolactina también explica por qué los hombres tienen más sueño después del coito que después de la masturbación. Por razones desconocidas, los orgasmos sexuales liberan cuatro veces más prolactina que los orgasmos masturbatorios, según un estudio reciente.
La oxitocina y la vasopresina, otras dos sustancias químicas liberadas durante el orgasmo, también están asociadas con el sueño. Su liberación frecuentemente acompaña a la de melatonina, la principal hormona que regula nuestros relojes biológicos. También se cree que la oxitocina reduce los niveles de estrés, lo que a su vez podría provocar relajación y somnolencia.
Y aunque hay información contradictoria sobre si las mujeres sienten sueño después del sexo, una mujer a menudo se queda dormida con el hombre de todos modos (o lo usa como un momento clave para abrazarse). También es posible que la somnolencia sea sólo un «efecto secundario» asociado con una razón evolutivamente más importante para la liberación de oxitocina y vasopresina. Además de estar asociados con el sueño, ambas sustancias químicas también están íntimamente involucradas en lo que se llama «vínculo de pareja», el apego social que comúnmente comparten las parejas humanas. La liberación de estas sustancias químicas cerebrales durante el orgasmo aumenta los sentimientos de vínculo y confianza entre las parejas sexuales, lo que puede explicar parcialmente el vínculo entre el sexo y el apego emocional. Este vínculo es favorable si la pareja tiene un bebé, ya que la crianza cooperativa maximiza las posibilidades de supervivencia del pequeño.
La conclusión del estudio es la siguiente: existen muchas posibles razones bioquímicas y evolutivas para la somnolencia post-sexual, algunas directas y otras indirectas, pero nadie ha identificado aún las causas exactas. Una cosa, sin embargo, es segura: será mejor que las mujeres se acostumbren, porque no parece que esta conducta vaya a cambiar pronto.
Ahora bien, a quienes les moleste el fenómeno de los ronquidos post-sexo, tengan en cuenta los resultados de una investigación reciente realizada con 10,000 hombres ingleses, la cual reveló que el 48 porciento de los hombres realmente se queda dormido durante el coito, no después.

Esta pregunta es acerca de sus esperanzas para el futuro. ¿Se toman usted y su cónyuge tiempo para reflexionar sobre el año que les espera?

¡Dios mío! Esta gente no sabe cómo amar – por eso se enamoran tan fácilmente.

El amor es más acerca de ser la persona correcta que de encontrar la persona correcta.

Al tiempo que la pareja podría estar lidiando con conflictos relacionados a la desilusión, al manejo de las finanzas, a las responsabilidades de las labores domésticas, entre otros, podrían también sobrevenir conflictos relacionados con la llegada de los hijos e hijas a la relación. Aunque muchas veces planificados, la realidad es que numerosas parejas entran a esta etapa a raíz de embarazos inesperados, tratamientos para la infertilidad posiblemente traumáticos o por otras circunstancias fuera de su control.
Aún así, lo cierto es que uno de los sueños más comunes en personas que forman una relación de pareja es el de formar una familia, ya sea por aspiraciones personales o por demandas socioculturales. Sin embargo, la investigación científica nos muestra que la felicidad en la relación de pareja no aumenta con la llegada de los hijos e hijas. De hecho, The Gottman Institute descubrió que dos tercios de los matrimonios experimentan una disminución de la felicidad en los primeros tres años después de tener un bebé. En este sentido es importante reconocer cómo pueden cambiar los roles una vez sobrevienen la paternidad y la maternidad, y cómo esto puede hacer sentir tanto a la madre como al padre. La llegada de un primer bebé puede significar que dos personas que eran las más importantes en la vida del otro ahora tengan una tercera persona (o más en caso de gemelos o múltiples) muy importante en quien pensar. Algunos padres y madres encuentran difícil esta transición y luchan con el hecho de que ya no están en la mente de su pareja como lo estaban antes. La pareja puede sentirse marginada cuando la madre se concentra en su hijo y, máxime, cuando ésta constantemente exclama “¡Mis hijos son lo primero!” Del mismo modo, algunas mujeres pueden sentir que desaparecen mientras todos se concentran en el nuevo bebé. No importa cuanta satisfacción le pueda proporcionar, la madre puede sentir que su papel es simplemente cuidar y alimentar al bebé en lugar de ser una pareja o una persona por derecho propio.
El cambio de una pareja a una familia de tres, o posiblemente más, puede ser una de las mayores transformaciones a las que te enfrentas cuando te conviertes en padre o madre. Uno de los factores más importantes que provoca tensión y problemas en las relaciones después del parto es el cansancio. La falta de sueño puede tener un gran impacto en la vida cotidiana. Los nuevos padres y madres también suelen tener poco tiempo disponible para cualquier otra actividad que no se relacione con el cuidado de los hijos e hijas. Las horas que antes se dedicaban a socializar, relajarse y realizar tareas domésticas pueden reducirse drásticamente, y esto podría cambiar la dinámica de cualquier relación.
El dinero, o la falta de él, también puede ser una causa de estrés para las parejas. El advenimiento de nuestros miembros en la familia conlleva nuevos gastos, en ocasiones no anticipados. Para muchos padres y madres primerizos, adaptarse a una vida con ingresos reducidos o un solo salario puede resultar especialmente difícil. A menudo, hay problemas emocionales que se añaden a las disputas monetarias, como la pérdida de independencia financiera o sentir la presión de tener que mantener a la familia. Por otro lado, a raíz de la situación financiera, las mamás y los papás pueden experimentar problemas de salud mental, como depresión o ansiedad, que pueden tener un gran impacto en el bienestar de la relación.
El lado físico de una relación también puede cambiar dramáticamente debido al agotamiento físico que mencionáramos antes, al tener que lidiar con las exigencias de la vida con un recién nacido. Puede llevar tiempo volver a tener ganas de tener relaciones sexuales después del nacimiento, sobre todo en el caso de las madres. Luego, sobreviene el asunto de los estilos de crianza. Algunos padres descubren que tienen puntos de vista diferentes sobre la crianza de los hijos, lo que puede causar conflictos agregados. Puede resultar fácil para uno de los padres convertirse en el «experto» en asuntos de crianza y socavar la confianza del otro.
El conflicto entre padres y madres ocurre en todas las relaciones y, a veces, puede provocar sentimientos de ira, incluso ira extrema, en la pareja. El conflicto entre padres y madres puede significar muchas cosas y, a menudo, puede tomar la forma de discusiones ruidosas que escalan con gran facilidad. Una característica común del conflicto entre padres y madres es que cada persona culpa a la otra por lo que sucede. Y, como si eso fuera poco, a veces puede desarrollarse rivalidad entre ellos por la atención y el amor de sus hijos.
En las relaciones heterosexuales, los roles de género tradicionales pueden entrar en juego de forma consciente e inconsciente. Las mujeres pueden verse sobrecargadas con las tareas domésticas y el cuidado de los niños cuando habían imaginado una división del trabajo más equitativa. Si su pareja está amamantando, los hombres pueden sentirse inseguros de cómo participar y podrían aceptar rápidamente que ser el sostén económico de la familia es la mejor o quizás la única forma efectiva en que puede contribuir. Si esta mentalidad no se cuestiona, puede evolucionar y moldear la vida familiar a largo plazo.
Las parejas también pueden sentirse tan cautivadas por sus hijos e hijas que hasta suspenden el cuidado de su relación y se dicen a sí mismos que eso está bien por el bien de sus pequeños. Con frecuencia ni tan siquiera aceptan ponerlos al cuidado de otras personas mientras asisten a sus trabajos o a otros compromisos donde no es adecuado llevar a la criatura; temen que los vayan a dañar, que se vayan a criar con valores ajenos o simplemente no toleran alejarse de ellos por algunas horas. Podrían pasar meses o incluso años sin citas nocturnas, vida sexual o dormir en la misma cama, o peor aún, con el infante durmiendo en la cama en medio de ellos. Los problemas y resentimientos pueden quedar en “status quo” cuando deberían ventilarse y resolverse. Pueden decirse que las cosas mejorarán cuando los niños sean mayores o cuando comiencen la escuela, pero si tienen más de un hijo, esto podría significar que los problemas no se abordarán durante muchos años, y se agravarán con el tiempo, y la pasión se mudará de casa.
Estas tres recomendaciones podrían ponerte en posición de afrontar esta situación adecuadamente:

Las mujeres entran en una relación con la esperanza de que el hombre cambiará, y nunca lo hace; los hombres entran en una relación con la esperanza de que la mujer no cambie, pero ella siempre lo hace.

Históricamente, el pene ha sido representado como una fuente de gran poder, mientras que la vulva ha sido representada como el órgano que tiene el poder tanto de «dar vida» como de dar placer sexual a la humanidad. La genitalia humana, por lo tanto, ha sido investida de ese «gran poder», y un «gran poder» conlleva una «gran responsabilidad». La responsabilidad sexual es un concepto amplio que será objeto de otra discusión.
La genitalia humana también tiende a ser el foco de la actividad sexual, infortunadamente ignorando otros órganos sexuales de más trascendencia. La actividad sexual en los mamíferos heterosexuales se produce cuando el pene del macho se vuelve erecto y rígido a medida que sus tejidos se llenan de sangre, lo que permite insertarlo en la vagina de la hembra. Los movimientos de empuje del pene provocan la eyaculación, en la que el semen, que contiene espermatozoides, se deposita en la vagina. Este acto, aparentemente mecánico e instintivo, tiende a obsesionar a los seres humanos a tal punto que ha dado inicio a múltiples tragedias a lo largo de la historia, y no en balde es uno de los más conflictivos en el contexto de las relaciones de pareja.
El género de las personas explica el porqué el sexo tiende a experimentarse e interpretarse de manera distintiva por hombres y por mujeres. El conocimiento formal de parte de los cónyuges en materia de sexualidad y su conexión con los asuntos de género podría ser la clave para mejorar la satisfacción sexual en la relación. En un mundo ideal, cada vez que tuvieras relaciones sexuales transcurriría sin problemas. La realidad no es esa. Como podría decirte cualquier terapeuta de pareja, pueden surgir una variedad de problemas cuando se pone manos a la obra en materia sexual.
Veamos algunos de los problemas sexuales que, como psicólogo de parejas, he encontrado que enfrentan las relaciones, junto con algunas alternativas de manejo:
El sexo es una actividad física que puede ser una parte importante de muchos tipos de relaciones (incluidas las monógamas, poliamorosas y abiertas) porque puede ofrecer intimidad emocional, una autoimagen más fuerte para cada cónyuge y alivio del estrés. Es importante evitar buscar una solución única para los problemas sexuales en una relación; puedes tener una relación fuerte y saludable independientemente de la cantidad de actividad sexual. Si bien muchas personas requieren actividad sexual frecuente para tener una relación romántica sólida, muchas otras, incluidas las personas asexuales y las que tienen libidos bajos, disfrutan de relaciones profundas y significativas sin utilizar el sexo como componente clave. Sin embargo, aunque el sexo puede ser una parte beneficiosa en una relación sana, las investigaciones sugieren que la frecuencia tiende a disminuir con la edad y otros factores, como el estrés, los niños y la salud en general, también estos elementos pueden afectar el deseo sexual de una persona. Las parejas sexuales que quieran aumentar su frecuencia e intimidad deben centrarse en comunicar sus necesidades y trabajar juntos para alcanzar sus objetivos.
