La psicóloga hizo preguntas de otros temas: ¿técnica o distracción?


Pregunta


P
Mi esposa y yo comenzamos recientemente a visitar a una psicóloga para terapia de pareja. Hemos notado que, a veces, hace preguntas completamente aleatorias o fuera de tema que, según nosotros, no tienen nada que ver con lo que estábamos hablando. Me gustaría saber por qué lo hace. ¿Es algún tipo de técnica que está utilizando? ¿Qué está pasando aquí? También hace muchas preguntas, incluso sexuales, y conversaciones ligeras durante el tiempo por el que estamos pagando.


Respuesta del Psicólogo


R
Estimado lector, tu inquietud es muy válida y comprensible. Cuando acudimos a terapia, especialmente en pareja, esperamos que cada minuto sea aprovechado en torno al problema que nos preocupa. Sin embargo, las intervenciones aparentemente “fuera de tema” que hace tu psicóloga pueden tener un propósito terapéutico importante.

Existen diversos estereotipos acerca de los psicólogos y psiquiatras, entre ellos la idea de que ellos mismos tienen problemas psicológicos o están emocionalmente inestables. También persiste la percepción errónea de que la terapia es algo misterioso y que los terapeutas poseen poderes profundos de intuición, de lectura de mente o, incluso, de manipulación. Ninguno de estos estereotipos ayuda a que las personas se acerquen con confianza al tratamiento de salud mental; por el contrario, muchas veces disuaden a quienes más podrían beneficiarse de buscar ayuda o de expresar sus dudas cuando algo en el proceso terapéutico no les resulta claro.

Como psicólogo de pareja, siempre destaco que cada profesional tiene su propio estilo, formación y nivel de efectividad. Por ello, es fundamental que los clientes se sientan cómodos y puedan establecer una relación de confianza con su terapeuta. Mi recomendación inicial es que entrevisten a varios profesionales hasta encontrar a uno con quien se sientan realmente en sintonía.

Y, una vez en proceso, si surgen preguntas o inquietudes sobre lo que ocurre durante las sesiones, no duden en expresarlas abiertamente. La transparencia y el diálogo son pilares esenciales de una terapia saludable y efectiva.

En el proceso de terapia de pareja, los psicólogos no solo escuchamos el contenido literal de lo que se dice, sino también la forma, las emociones subyacentes y la dinámica entre ambos miembros. A veces, las preguntas aparentemente “aleatorias” buscan evaluar u observar aspectos específicos, cómo se comunican o cómo cada uno maneja la temática en cuestión. En otros casos, las preguntas personales o de tipo sexual tienen la función de explorar la intimidad emocional y física, ya que la sexualidad es una parte esencial de la relación y puede ser un reflejo de la comunicación o las tensiones existentes. En fin, todo depende del contexto y de la situación que le fue traída a la psicóloga.

El uso de preguntas aparentemente triviales o “conversaciones ligeras” también puede ser una técnica para generar confianza, promover la apertura, crear armonía, relajar la tensión o permitir que el terapeuta observe sus interacciones naturales fuera de un marco demasiado rígido. En psicoterapia, nada es verdaderamente casual; lo que parece superficial a menudo busca acceder a información que no emerge de forma directa.

Recomendaciones

  • Comunica tus inquietudes abiertamente: puedes hablar con la terapeuta y decirle cómo percibes esas preguntas. Los buenos terapeutas valoran la retroalimentación y pueden explicarte su enfoque.
  • Confía, pero también comprende: parte del proceso terapéutico implica aceptar que algunas técnicas no se explican de inmediato, pero si algo te genera incomodidad, es válido pedir aclaración.
  • Observa el resultado global: más allá de las preguntas específicas, reflexiona si la terapia está ayudando a mejorar la comunicación, comprensión o conexión entre ustedes. Eso suele ser un mejor indicador que los métodos puntuales.
  • Evalúa tu nivel de confort: si, con el tiempo, la sensación de malestar o confusión persiste, es legítimo considerar hablar con otro profesional o pedir una segunda opinión.

Recuerda que la relación con el terapeuta debe basarse en confianza, respeto y claridad. La terapia es un espacio para ustedes, y sentirse cómodos es parte del proceso de sanar y fortalecer el vínculo.

“No todas las preguntas en terapia buscan respuestas; algunas buscan abrir puertas que estaban cerradas”.

Te animo a hablar con tu psicóloga con franqueza, expresar tus dudas y, al mismo tiempo, observar si, detrás de su estilo, hay una intención genuina de comprenderlos mejor como pareja. A veces, las técnicas más efectivas son las que parecen más simples o inesperadas.

Con aprecio y respeto,
Dr. González

Por favor, lea nuestro Relevo de Responsabilidad.

Cuando la Fe Divide y el Amor Insiste: Un Caso de Conflicto Interreligioso


Caso


María y Daniel llevan seis años de relación y tres años de matrimonio. Ambos se conocieron en la universidad, compartiendo intereses comunes en las artes, el estudio y un fuerte sentido de compromiso social. Sin embargo, desde el inicio de la convivencia aparecieron tensiones relacionadas con un aspecto importante de sus vidas: la religión.

María proviene de una familia católica tradicional. Para ella, la religión es una parte central de su identidad: participa activamente en festividades, acude a misa semanal y siente un fuerte deseo de transmitir sus creencias a sus futuros hijos. Daniel, por otro lado, pertenece a una denominación protestante. Su fe es también profunda, pero su tradición pone énfasis en la interpretación personal de la Escritura, lo que lo lleva a prácticas distintas y a visiones divergentes sobre temas de familia, educación y rituales.

Ambos reconocen que estas diferencias no fueron tan relevantes al principio de su relación; se sentían enamorados, flexibles y centrados en el presente. Sin embargo, con el paso del tiempo y la presión de decisiones importantes —como dónde casarse, cómo celebrar las fiestas religiosas, y especialmente cómo criar a los hijos— las discrepancias se intensificaron.

En los últimos meses, las discusiones aumentaron. María siente que Daniel “no valora su religión” y teme que él quiera excluir prácticas que ella considera esenciales. Daniel, por su parte, percibe que María “no respeta su autonomía espiritual” y teme que su familia política lo presione a adoptar una práctica religiosa que no le pertenece.

La comunicación se ha deteriorado: evitan hablar del tema, cada conversación termina con críticas o reproches, y ambos sienten que la relación está entrando en un ciclo de rigidez, resentimiento y distancia emocional. Preocupados por el impacto que esto pueda tener en su matrimonio, buscan ayuda profesional.


Análisis


Análisis psicológico del caso

Las diferencias religiosas en una pareja no son un problema en sí mismas; el conflicto surge cuando estas diferencias se vuelven símbolos de identidad, seguridad y continuidad personal. En el caso de María y Daniel, la religión cumple una función emocional profunda: para María representa pertenencia familiar y continuidad; para Daniel representa libertad personal y coherencia interna.

Desde una perspectiva clínica, se observan varios fenómenos relevantes:

  • Conflicto simbólico: ambos discuten sobre religión, pero el verdadero conflicto es sobre validación, identidad y autonomía.
  • Comunicación defensiva: cada uno escucha desde la amenaza y no desde la curiosidad.
  • Miedo al futuro: la crianza de los hijos se convierte en un foco de ansiedad y proyecciones sobre una futura imposición.
  • Falta de acuerdos explícitos: nunca trabajaron estrategias concretas para integrar ambas creencias dentro de la relación previo a formalizar el vínculo.

El conflicto religioso se ha convertido en un terreno emocional cargado que activa inseguridades personales y familiares, provocando desconexión afectiva y escalada en discusiones. La terapia, muy recomendada en este caso, busca ayudar a los cónyuges que pasan situaciones como éstas, a transformar este conflicto en un espacio de colaboración, respeto y construcción de una visión conjunta.

Recomendaciones terapéuticas

Si te identificas con una situación parecida, estas soluciones podrían ayudarte:

  1. Establecer una comunicación segura:
    En terapia se trabaja en técnicas de escucha activa, validación emocional y expresión sin ataque. Ambos deben aprender a hablar de religión sin usar un lenguaje que implique juicio o imposición.
  2. Identificar el significado personal de la religión:
    Cada uno debe explorar qué emociones, memorias y necesidades están asociadas a su fe. Esto permite comprender que el conflicto no es doctrinal, sino emocional.
  3. Crear acuerdos de convivencia espiritual:
    Desarrollar reglas claras y respetuosas: asistencia a eventos, participación en rituales, maneras de acompañarse sin sentirse presionados.
  4. Diseñar un plan parental compartido:
    Explorar modelos parentales posibles: crianza interreligiosa, neutralidad con exposición gradual, o un sistema híbrido consensuado. Lo importante es que el acuerdo sea justo, explícito y emocionalmente sostenible para ambos.
  5. Diferenciar identidad individual de identidad de pareja:
    La terapia psicológica podría ayudar a integrar la premisa de que pueden amar profundamente sin fusionarse religiosamente. La coexistencia de diferencias es una señal de madurez relacional.
  6. Reforzar la alianza de pareja:
    Trabajar actividades y rituales propios de la relación que no estén ligados a ninguna religión, fortaleciendo el “nosotros” como base de estabilidad.
  7. Construir un protocolo para futuras discusiones:
    Establecer pasos para prevenir escaladas: tiempo de pausa, retorno a la conversación, preguntas guía, límites y reparación emocional.

La meta final es que la pareja pueda transformar el conflicto religioso en una oportunidad para construir respeto mutuo, flexibilidad cultural y una visión compartida de familia.

Volver al inicio

Más Allá de las Capitulaciones: Cómo Mantener una Relación Armoniosa, Comprometida y Emocionalmente Conectada

La firma de un acuerdo prenupcial suele generar emociones contradictorias en las parejas. Mientras algunos lo ven como una medida de responsabilidad y previsión, otros lo perciben como una amenaza al ideal del amor incondicional. Sin embargo, convivir con un acuerdo prenupcial no tiene por qué restar profundidad emocional ni autenticidad a la relación.

Desde la terapia de pareja, se considera posible —y necesario— construir una relación basada en la armonía, el compromiso y la conexión emocional, incluso en presencia de acuerdos legales que definen límites patrimoniales. Este artículo explora cómo lograr ese equilibrio, integrando la dimensión emocional y la racional de la relación.

El Significado Emocional de un Acuerdo Prenupcial

Un acuerdo prenupcial no es solo un documento jurídico; también es un símbolo emocional que puede despertar inseguridad, miedo o desconfianza si no se aborda de forma empática. Muchas parejas interpretan el «prenup» (concepto utilizado en el idioma inglés) como una falta de fe en el amor o una señal de posible ruptura, cuando en realidad puede ser un ejercicio de transparencia y respeto mutuo.

Terapéuticamente, se invita a las parejas a reflexionar sobre el significado que atribuyen al acuerdo. Si se ve como una herramienta de protección para ambos —y no como una imposición o desconfianza—, se transforma en un acto de cuidado y previsión compartida. Comprender y conversar abiertamente sobre estas emociones es el primer paso para mantener la armonía dentro de este marco legal.

Construyendo la Armonía en la Vida en Pareja

La armonía se construye cuando ambos miembros de la pareja logran sentirse emocionalmente seguros, valorados y respetados. Vivir con un «prenup» requiere una comunicación clara, sin tabúes, donde se validen los sentimientos y se eviten las suposiciones sobre las intenciones del otro.

El acuerdo prenupcial no debe convertirse en un tema prohibido. Al contrario, integrar su existencia en la vida cotidiana con naturalidad fortalece la confianza mutua. La armonía no surge de evitar los temas difíciles, sino de poder hablar de ellos sin dañar la conexión afectiva.

Cuando las parejas aprenden a escuchar y comprender el punto de vista del otro sobre el acuerdo, disminuyen los conflictos y aumenta la sensación de unidad. La armonía, entonces, se convierte en la base para convivir con madurez emocional dentro de los límites establecidos por el «prenup».

El Compromiso en el Contexto de un Acuerdo Legal

El compromiso no depende de un papel, sino de una decisión consciente de permanecer presentes y emocionalmente disponibles. Un «prenup» puede coexistir perfectamente con una relación comprometida si ambos miembros entienden que su unión no se reduce a términos legales, sino que se fortalece mediante la voluntad diaria de construir un proyecto compartido.

Desde la perspectiva terapéutica, es esencial distinguir entre compromiso emocional y compromiso contractual. Mientras el segundo regula aspectos materiales, el primero se enfoca en el cuidado mutuo, la empatía y el crecimiento conjunto. La verdadera fortaleza de una pareja radica en su compromiso emocional, que trasciende cualquier cláusula escrita.

Vivir con un acuerdo prenupcial implica redefinir el concepto de “nosotros”: aceptar que el amor adulto combina emociones, racionalidad y responsabilidad. Este equilibrio no resta romanticismo, sino que otorga estabilidad y confianza a la relación.  Así las cosas, tal vez convendría replantearse la necesidad de «irse a la mitad» en todo cuando existen capitulaciones, porque esto sí podría erosionar los cimientos de la relación.  ¿Es necesario ir al supermercado y en la caja registradora dividirse la cuenta? ¿Es necesario ir a un restaurante y hacer el cómputo de cuánto tiene que pagar cada cuál?

Cultivar la Conexión Emocional a Pesar de los Temores

La conexión emocional puede verse amenazada si el acuerdo prenupcial se percibe como una barrera. Por eso, es fundamental trabajar en la confianza y la apertura emocional. La pareja debe reforzar la idea de que, aunque el «prenup» existe, el vínculo afectivo no está condicionado por él.

Las expresiones cotidianas de afecto, el apoyo mutuo y la validación emocional son esenciales para mantener viva la conexión. Cuando uno de los miembros se siente inseguro, el otro puede ofrecer contención y empatía, reforzando la sensación de alianza y complicidad.

Los terapeutas de pareja solemos recomendar la práctica de rituales emocionales —como conversar antes de dormir, las reflexiones semanales, agradecer los gestos del día o planificar juntos los proyectos personales— para mantener la conexión viva más allá de cualquier acuerdo legal.

Recomendaciones

  • Fomentar la transparencia emocional: hablar abiertamente sobre los sentimientos asociados al acuerdo prenupcial, sin juicios ni reproches.
  • Reformular el significado del «prenup»: entenderlo como una herramienta de equilibrio y respeto, no como un símbolo de desconfianza.
  • Practicar la escucha empática: escuchar con intención de comprender, no de responder o justificar.
  • Fortalecer el compromiso emocional: recordar que la estabilidad de la relación se sustenta en la conexión afectiva, no en los términos legales.
  • Buscar apoyo terapéutico profesional: cuando el tema genera tensiones recurrentes, la intervención de un terapeuta de pareja puede ayudar a transformar la percepción del «prenup» y reforzar la relación.

Conclusión

Tener un acuerdo prenupcial no implica amar menos, sino amar con mayor conciencia y responsabilidad. Lo esencial no es la existencia del documento, sino la calidad emocional con que se vive su presencia dentro de la relación.  Las parejas que logran mantener la armonía, el compromiso y la conexión emocional dentro de este marco legal demuestran que el amor maduro puede convivir con la claridad jurídica. La clave está en comprender que los acuerdos formales pueden coexistir con la entrega emocional, siempre que se sostengan con empatía, diálogo y respeto.  En última instancia, el «prenup» puede dejar de ser un tema de tensión para convertirse en un símbolo de madurez, confianza y equilibrio: una base sólida sobre la cual construir un amor que trascienda tanto el contrato como el tiempo.

Volver al inicio

El rol de la gratitud en la satisfacción sexual de la pareja

Expresar y percibir gratitud en las relaciones románticas está relacionado con una mayor satisfacción sexual.

Una serie de tres estudios encontró recientemente que expresar y percibir gratitud en las relaciones románticas está relacionado con una mayor satisfacción sexual. La investigación, publicada en el Journal of Social and Personal Relationships, realizado por Nathan D. Leonhardt, proporciona evidencia de que la gratitud podría ser especialmente beneficiosa.

Estudios anteriores ya habían vinculado las expresiones de gratitud con diversos resultados en las relaciones, como la satisfacción y el compromiso general en la relación. Estos hallazgos indicaron que cuando uno de los miembros de la pareja percibe al otro como receptivo y agradecido, puede fortalecer el vínculo emocional entre ellos. Sin embargo, a pesar de estos conocimientos, ninguna investigación previa había explorado si la práctica diaria de la gratitud, tanto expresada como percibida, podría estar relacionada con la satisfacción sexual de una pareja y cómo el apego inseguro podría influir en esta conexión.

Los investigadores realizaron tres estudios separados con 340 parejas románticas para explorar la conexión entre la gratitud y la satisfacción sexual. En cada estudio, se pidió a los participantes que proporcionaran anotaciones en un diario, ofreciendo un vistazo a sus experiencias a lo largo del tiempo. Estos diarios incluían evaluaciones de gratitud dentro de la relación y niveles diarios de satisfacción sexual.

Leonhardt y sus colegas descubrieron que tanto la gratitud expresada por la pareja (cuando una pareja expresa gratitud al otro) como la gratitud percibida por la pareja (cuando una pareja percibe a su pareja como agradecida) se asociaron con niveles más altos de satisfacción sexual diaria. En términos simples, cuando las parejas expresaban o sentían gratitud, su satisfacción sexual tendía a ser mayor. No fue sólo la satisfacción sexual la que recibió un impulso. La gratitud también estuvo fuertemente relacionada con la satisfacción general de la relación. En algunos casos, la conexión entre gratitud y satisfacción sexual parecía ser parte de una dinámica positiva más amplia en la relación.

Los implantes mamarios tienen un impacto positivo en la sexualidad femenina

Las mujeres tienden a informar una mejoría en el funcionamiento sexual después de someterse a una cirugía de aumento de senos.

Las mujeres tienden a informar una mejoría en el funcionamiento sexual después de someterse a una cirugía de aumento de senos, según una nueva investigación publicada en la Revista da Associacao Medica Brasileira y llevado a cabo por Mateus Leme De Marchi. Los hallazgos sugieren que este popular procedimiento cosmético no sólo mejora la apariencia física sino que también tiene un impacto positivo en la autoconfianza de las mujeres.

Los senos desempeñan un papel central en cómo la sociedad percibe la feminidad, la sexualidad y la maternidad. Los cambios en el tamaño, la forma o las distorsiones de los senos pueden tener un efecto profundo en la autoimagen y la calidad de vida de una mujer. La insatisfacción con el propio cuerpo, incluido el tamaño y el contorno de los senos, puede provocar disfunción sexual y una reducción de la calidad de vida.

En el estudio participaron 87 mujeres con hipomastia (senos pequeños) que deseaban un aumento de senos. Los criterios de inclusión abarcaron mujeres entre 18 y 55 años, nivel educativo mínimo de 5to grado y tamaño de senos pequeños según el índice de Sacchini. Los criterios de exclusión incluyeron factores como embarazo, enfermedades sistémicas, tabaquismo y cirugías mamarias previas.

Las participantes del estudio mostraron una ligera disminución inicial en las puntuaciones dos meses después de la operación de implante mamario, probablemente debido a la incomodidad y el dolor después de la cirugía. Sin embargo, a los cuatro meses, hubo un aumento significativo en las puntuaciones, lo que indica una mejora en su sexualidad. De manera similar, el grupo estudiado también demostró mejoras en la función sexual, con puntuaciones que aumentaron desde los niveles preoperatorios hasta dos y cuatro meses después de la operación.

Un hallazgo notable fue la mejora significativa en el dominio de la excitación y la armonía con la pareja. Esto sugiere que el aumento de senos influyó positivamente en la confianza en sí mismas, la autoestima y la satisfacción general de las mujeres con su imagen corporal, mejorando posteriormente su deseo y excitación sexual. Los resultados de este estudio subrayan la estrecha conexión entre los senos de una mujer y su autoimagen, su satisfacción corporal y, en última instancia, su sexualidad. Los cambios en el tamaño y la forma de los senos, provocados por el aumento, pueden conducir a mejoras significativas en varios aspectos de la calidad de vida de una mujer, incluido su bienestar sexual.

Amor, Confianza y Contratos: Cómo los Acuerdos Prenupciales Influyen en la Relación

Las capitulaciones matrimoniales o acuerdos prenupciales—comúnmente conocidos como “prenups” en inglés—suelen generar emociones intensas en las relaciones.  Algunas personas los interpretan como una falta de confianza o compromiso, mientras que otras los ven como un acto de responsabilidad y previsión. Desde una perspectiva terapéutica, analizar su impacto  emocional permite trabajar temas centrales como la confianza, la comunicación y la estabilidad a largo plazo.

La Importancia de las Capitulaciones

Un acuerdo prenupcial o capitulaciones es un documento legal que define, entre otros, cómo se manejarán los bienes y responsabilidades en caso de separación, divorcio o fallecimiento. Este tipo de acuerdo podría contener desde cláusulas de infidelidad y requerimientos sexuales hasta cláusulas de custodia de mascotas en caso de separación.  No obstante ello, el aspecto que más controversia crea se relaciona con lo que toca a lo económico.  Más allá del aspecto jurídico, este tipo de acuerdo fomenta la conversación abierta sobre expectativas financieras, elemento esencial para una relación saludable.

Lejos de ser una señal de desconfianza, un «prenup» bien discutido puede fortalecer la relación al promover la transparencia sobre metas económicas, deudas y obligaciones familiares. Redactarlo juntos puede convertirse en una muestra de respeto mutuo y de valoración de lo que cada persona aporta, tanto emocional como financieramente.

Cómo Afectan las Capitulaciones la Calidad de la Relación

La reacción emocional ante un acuerdo prenupcial depende, en gran medida, de las creencias individuales sobre el amor y la seguridad financiera. Algunas personas lo perciben como una falta de fe, mientras que otras lo entienden como una medida prudente. Estas interpretaciones influyen directamente en la dinámica y conexión emocional (intimidad) de la pareja.

Cuando el proceso se maneja con empatía, puede fortalecer la intimidad emocional al permitir que los miembros de la pareja hablen de temas difíciles antes de que se conviertan en conflictos. En cambio, si se impone de forma repentina o unilateral, puede generar resentimiento o sensación de desigualdad.  Tome, por ejemplo, el caso de esta pareja, ambos profesionales, que se casan con capitulaciones matrimoniales, que uno de ellos decide poner en pausa su carrera profesional para dedicarse a los asuntos del hogar mientras que el otro sale a trabajar fuera para servir de sustento económico.  Si esta pareja fracasa y decide disolver la relación, probablemente tendremos a uno de los cónyuges que tal vez no pudo crear independencia económica mientras que, tal vez, el otro sí.  ¿Qué pasaría entonces con ese que decidió poner en pausa su carrera profesional para atender los asuntos del hogar?  El otro cónyuge que sí pudo desarrollarse profesionalmente y acumular un patrimonio económico, ¿lo hubiera podido lograr sin la acción, voluntaria o no, que tomó su pareja de permanecer al cuidado de los hijos, hijas y responsabilidades del hogar?  Sabemos que los divorcios suelen ser contenciosos y estar plagados de resentimientos y coraje, ¿qué pasaría si el cónyuge que posee las cuentas de banco a su nombre, entre otras posesiones, decide no compartirlas en virtud del acuerdo prenupcial?

Estas no son situaciones aisladas y para los terapeutas, el enfoque es clave: más importante que el documento en sí es la calidad del diálogo y la capacidad de cada persona de sentirse escuchada y valorada, toda vez que las capitulaciones matrimoniales también pueden ser objeto de injusticias y fuente de controversia.

Recomendaciones

  • Fomentar el diálogo abierto: explorar los miedos, suposiciones y expectativas que cada uno asocia con el «prenup».
  • Examinar las historias familiares: comprender cómo la historia financiera y emocional de cada familia influye en las creencias sobre el dinero y la independencia financiera de cada cónyuge.
  • Replantear el propósito: presentar el acuerdo como una herramienta de fortalecimiento, no como una predicción de fracaso.
  • Colaborar con profesionales legales: incluir abogados de forma equitativa ayuda a reducir tensiones y desequilibrios de poder.
  • Procesar las emociones posteriores: después de firmar, continuar explorando las sensaciones de vulnerabilidad o temor que el proceso haya despertado, y tomar las acciones que correspondan y que sean necesarias para mitigar el daño.

Conclusión

A pesar de los posibles riesgos que esto conlleva, un acuerdo prenupcial, aunque suele parecer poco romántico, puede convertirse en un acto de amor cuando se aborda con empatía y transparencia. Más que dividir, puede unir a la pareja en una conversación honesta sobre sus valores, sus metas y su futuro compartido.  Desde la terapia de pareja, el objetivo es ayudar a transformar la percepción de este asunto: de una fuente de conflictos y desconexión a una oportunidad para fortalecer la confianza, el respeto y la claridad emocional que sustentan toda relación duradera.

Volver al inicio

Cuando el Silencio Toca la Intimidad: El Caso de Olga y Mateo


Caso


Olga, de 55 años, y Mateo, de 58, llevan 28 años de matrimonio. Durante la mayor parte de su relación, mantienen una dinámica afectiva estable, con momentos de cercanía emocional y un patrón sexual que, aunque no perfecto, satisfacía las necesidades de ambos. Sin embargo, en los últimos tres años, Olga ha experimentado un cambio significativo en su deseo sexual. La frecuencia de encuentros íntimos disminuyó progresivamente hasta llegar al punto en que, hoy, Olga no desea tener relaciones sexuales en absoluto.

Para Olga, la ausencia de deseo no nace de un conflicto puntual ni de una falta de amor hacia Mateo. Ella describe sentirse “agotada”, “vacía” y “sin energía para conectar físicamente”. Relata cambios corporales propios de la menopausia, un aumento en la autoexigencia laboral, y una sensación persistente de desconexión con su propia sensualidad. Aunque no rechaza la convivencia ni la relación afectiva, evita cualquier situación que pudiera interpretarse como una invitación al contacto sexual, lo que genera tensión interna y culpa.

Mateo, por su parte, vive este cambio con tristeza y confusión. Aclara que su necesidad no es únicamente sexual; anhela contacto, cariño, abrazos, caricias y señales de afecto que antes fluían espontáneamente. Afirma comprender que el deseo puede fluctuar con la edad, pero siente que la distancia física se ha ido transformando en una distancia emocional. Expresa miedo a convertirse en “solo un compañero de casa”, y aunque desea retomar la vida sexual, estaría dispuesto a resignarse siempre que puedan rescatar gestos cotidianos de intimidad que les permitan vivir como una pareja que aún se ama.

La dinámica cotidiana refleja tensión creciente. Olga siente presión, incluso cuando Mateo no la expresa directamente. Cualquier gesto de él —un abrazo prolongado, una caricia, un comentario afectivo— es interpretado como una expectativa sexual que ella no puede cumplir, lo que la lleva a retraerse aún más. Mateo observa la retirada y responde con retraimiento emocional, sintiéndose rechazado o invisible. Ese ciclo refuerza en Olga la culpa y en Mateo la inseguridad.

Ambos coinciden en que no quieren separarse y que el vínculo emocional sigue intacto. Sin embargo, reconocen que la falta de intimidad está afectando la calidad del matrimonio. Preocupados por el futuro, buscan ayuda terapéutica para entender lo que está sucediendo y encontrar formas respetuosas de reconstruir una intimidad acorde a esta nueva etapa de vida.




Análisis


Análisis psicológico del caso

El caso de Olga y Mateo es clínicamente representativo de un patrón frecuente en parejas de larga duración que atraviesan etapas de transición vital. La disminución del deseo sexual —especialmente en mujeres alrededor de la menopausia— es un fenómeno multifactorial que involucra componentes fisiológicos, psicológicos y relacionales.

En Olga se observan tres elementos relevantes:

  • Alteraciones biopsicológicas: cambios hormonales, molestias físicas y disminución de energía afectando la conexión corporal y el deseo.
  • Carga emocional y mental: altos niveles de responsabilidad, autoexigencia y poca disponibilidad interna para la intimidad.
  • Significado psicológico del sexo: para ella, la intimidad sexual se asocia ahora a obligación, presión y rendimiento, más que a placer o conexión.

Por su parte, Mateo experimenta una necesidad de contacto afectivo que va más allá del sexo. Para él, las caricias y la intimidad representan seguridad emocional, pertenencia y validación dentro del vínculo. Al verla retraerse, interpreta el distanciamiento como pérdida de amor, lo que alimenta el ciclo de ansiedad relacional.

El patrón central puede describirse como un “ciclo de evitación y retraimiento”:

  • Olga evita el contacto por miedo a generar expectativas sexuales.
  • Mateo interpreta esa evitación como rechazo personal.
  • Mateo se retrae emocionalmente para evitar presionar.
  • Esa retirada intensifica en Olga la culpa y el aislamiento emocional.

Este ciclo es común en parejas con discrepancias sexuales y requiere un abordaje cuidadoso. La clave no es obligar a Olga a tener relaciones, ni pedir a Mateo que renuncie a su necesidad afectiva, sino construir un nuevo modelo de intimidad que sea sostenible para ambos, donde el contacto no se viva como presión sino como conexión.

Recomendaciones

Si te identificas con una situación parecida, estas soluciones podrían ayudarte:

  1. Crear un espacio de comunicación seguro y estructurado:
    La terapia debe enseñarles a hablar de sexualidad sin culpa ni defensividad, utilizando lenguaje descriptivo, no acusatorio.
  2. Diferenciar deseo sexual de intimidad emocional:
    Se trabaja con Olga para ayudarla a distinguir entre gestos afectivos y expectativas sexuales, y con Mateo para expresar necesidades sin transmitir presión.
  3. Explorar factores biopsicosociales del deseo:
    Se guía a Olga a identificar cambios hormonales, emocionales y cognitivos que afectan su deseo, normalizando la experiencia y validando su ritmo.
  4. Rediseñar la intimidad no sexual:
    Se establecen rituales cotidianos de conexión —tomarse de las manos, abrazos, rutinas compartidas— sin implicar sexualización. El objetivo: que Olga sienta seguridad y que Mateo reciba señales de cercanía.
  5. Establecer acuerdos explícitos sobre expectativas:
    Se ayuda a la pareja a negociar frecuencia, tipo de contacto, límites y momentos adecuados para expresar afecto, evitando malentendidos.
  6. Reentrenamiento gradual de la intimidad (si la pareja lo desea):
    Se introduce un proceso terapéutico donde el contacto físico se reconstruya paso a paso sin objetivo sexual inmediato.
  7. Fortalecer la identidad de pareja en esta etapa de vida:
    Se trabajan actividades románticas, significados compartidos, proyectos mutuos y formas de renovar la alianza afectiva que no dependan únicamente del sexo.
  8. Referido médico cuando necesario:
    Si se observan síntomas físicos relevantes, se considera la posibilidad de consulta ginecológica/endocrina para evaluar manejo hormonal o intervenciones médicas adecuadas.

El objetivo general es que Olga y Mateo redefinan la intimidad de una manera que honre sus necesidades individuales pero fortalezca la conexión emocional como pareja. No se trata de recuperar el pasado, sino de construir una intimidad nueva, respetuosa y adaptada a esta etapa del matrimonio.

Volver al inicio

La actividad sexual y una mejor función cognitiva en adultos mayores

A medida que las personas envejecen, las discusiones sobre su vida sexual tienden a disminuir.

Participar en actividades sexuales y experimentar placer sexual podría tener un impacto significativo en la función cognitiva entre los adultos mayores, según un estudio reciente publicado en The Journal of Sex Research y realizado por Shannon Shen. Los hallazgos sugieren que abordar el bienestar sexual puede ser un factor crucial para promover la salud cognitiva en la vejez.

La sexualidad es una parte integral de la experiencia humana, pero a menudo es un aspecto del envejecimiento que se pasa por alto. A medida que las personas envejecen, las discusiones sobre su vida sexual tienden a disminuir. Los estudios anteriores a menudo se han centrado en los beneficios de la actividad sexual para la salud física y mental, incluida la mejora del estado de ánimo, la salud cardiovascular y el bienestar general. Sin embargo, se ha prestado poca atención a cómo la frecuencia y la calidad sexual podrían influir en la función cognitiva en los adultos mayores.

Para examinar el vínculo entre la sexualidad y la salud cognitiva, los investigadores recurrieron a datos del Proyecto Nacional de Vida Social, Salud y Envejecimiento. Este proyecto encuestó a un grupo diverso de adultos mayores en los Estados Unidos, proporcionando una muestra representativa a nivel nacional para el análisis.

Los resultados de este estudio indican que entre los adultos mayores sexualmente activos de entre 75 y 90 años, tener relaciones sexuales al menos una vez a la semana se asoció con una mejor función cognitiva cinco años después, en comparación con aquellos que no informaron actividad sexual durante el año anterior. Esto sugiere que la frecuencia sexual puede tener beneficios cognitivos para el grupo de mayor edad estudiado.

Para los adultos de 62 a 74 años, el factor clave que influye en la función cognitiva fue la calidad sexual. Aquellos que reportaron relaciones sexuales muy o extremadamente placenteras y satisfactorias experimentaron un mejor funcionamiento cognitivo cinco años después en comparación con sus contrapartes que no encontraron sus experiencias sexuales placenteras o satisfactorias.

Entre los hombres, un alto placer físico en las relaciones sexuales se asoció con un mejor funcionamiento cognitivo cinco años después. Este vínculo no se observó entre las mujeres. No se encontraron diferencias significativas de género con respecto a la frecuencia sexual y su impacto en la función cognitiva.

Para garantizar la exactitud de sus hallazgos, los investigadores tuvieron en cuenta varios factores que podrían influir tanto en la sexualidad como en la salud cognitiva. Estos incluyeron género, edad, raza y origen étnico, educación, ingresos, estado civil, salud autoevaluada y depresión. La muestra del estudio sólo examinó a adultos mayores que vivían en la comunidad, por lo que los resultados no se refieren a los adultos mayores que viven en hogares de ancianos.

.

Las jornadas de trabajo y la calidad de la relación

Cuando los hombres trabajan muchas horas, ese estrés se contagia a sus cónyuges.

Los hombres que trabajan muchas horas hacen que sus esposas se sientan más estresadas y apuradas, pero las mujeres que trabajan muchas horas no tienen el mismo efecto en sus maridos, sugiere una nueva investigación.

«Las exigencias laborales de los hombres afectan a las mujeres, pero no encontramos ninguna evidencia de que ocurra lo mismo a la inversa», dijo la coautora del estudio Lyn Craig, «creo que es porque las mujeres tienen la responsabilidad de hacer que la familia funcione en torno al trabajo masculino».

Aunque los hombres han aumentado drásticamente el tiempo que pasan en casa y con la familia desde la década de 1960, todavía no hay competencia: las mujeres, en promedio, dedican casi cinco horas más a la semana a las tareas domésticas que los hombres y dedican el doble de tiempo a atender a los niños pequeños.

Para comprender mejor esta dinámica, Craig y sus colegas realizaron una investigación que incluyó a 756 parejas con niños en casa. Alrededor de una cuarta parte de estos hogares tenían sólo un hombre como único sostén de la familia, alrededor de una cuarta parte tenían dos padres que trabajaban a tiempo completo y un poco menos de la mitad tenían una esposa que trabajaba a tiempo parcial y un marido que trabajaba a tiempo completo. Casi cuatro de cada diez padres trabajaban más de 50 horas a la semana. La encuesta pidió a las personas que registraran diarios de cinco minutos durante uno o dos días, describiendo sus actividades y respondiendo con qué frecuencia se sentían apurados o presionados por el tiempo.

Los investigadores encontraron que las familias estaban agotadas. Casi el 70 porciento de las mujeres y el 62 porciento de los hombres se sintieron presionados por el tiempo «siempre» o «a menudo», informaron los investigadores en este estudio que se publicó en el Journal of Marriage and Family.

Las mujeres informaron tener dos horas menos a la semana de ocio «no contaminado», o tiempo para actividades puramente divertidas. Un ejemplo de ocio puro o «no contaminado» sería acurrucarse para leer un libro solo o ver a amigos sin marido e hijos presentes, mientras que el ocio contaminado incluiría salir con amigos para jugar o ir a un partido de béisbol con la familia.

Cuando los hombres trabajaban muchas horas (más de 50 horas a la semana), sus esposas informaron que se sentían más apuradas y dedicaban más tiempo a realizar múltiples tareas en las tareas del hogar. Este era el caso sin importar si la mujer no estaba empleada fuera del hogar, si estaba empleada a tiempo completo o a tiempo parcial. Sin embargo, cuando las mujeres trabajaban más horas, dedicaban más tiempo a realizar múltiples tareas del hogar y reducían su tiempo libre no contaminado.

Es más, los hombres que trabajan los fines de semana todavía logran conservar su ocio puro, mientras que las mujeres que trabajan por la tarde y los fines de semana tienen menos tiempo libre no contaminado.

Curiosamente, a los hombres no parecía importarles tanto como a las mujeres su ocio contaminado.

«Mientras que el ocio puro es relajante tanto para hombres como para mujeres, el ocio contaminado es relajante para los hombres pero no para las mujeres», dijo Craig. La investigadora especuló que esto podría tener que ver con la dinámica familiar durante las actividades familiares: «Si ambos están presentes y ambos tienen niños allí, se siente más como un trabajo para las mujeres que para los hombres».

Los hallazgos de este estudio también demuestran que cuando los hombres trabajan muchas horas, ese estrés se contagia a sus cónyuges. Y si los hombres trabajan muchas horas, eso significa que no están allí para las tareas que deben realizarse en ciertos momentos, como preparar la cena o bañar a los niños. Lo que implica que las mujeres son las más afectadas.