La actividad sexual con orgasmo mejora la calidad del sueño

Las relaciones sexuales en pareja con orgasmo y la masturbación con orgasmo se asociaban con menos tiempo para conciliar y mejorar la calidad del sueño.

Un estudio reciente examinó hasta qué punto la actividad sexual, incluido el sexo en pareja y la masturbación (con o sin orgasmo), tenía un efecto sobre la latencia y la calidad del sueño. A lo largo de un diario de 14 días que los participantes del estudio cumplimentaban, los investigadores descubrieron que sólo las relaciones sexuales en pareja con orgasmo y la masturbación con orgasmo se asociaban con menos tiempo para conciliar y mejorar la calidad del sueño. Este estudio fue publicado en el Journal of Sleep Research.

Aproximadamente, el 30% de la población experimenta síntomas de insomnio, mientras que el 6% cumple con los criterios diagnósticos. Dado que dormir mal afecta negativamente la salud y la calidad de vida de una gran proporción de la población, los investigadores están interesados en estudiar qué puede mejorar el sueño.

En este trabajo, la investigadora Carlotta Florentine Oesterling y sus colegas reclutaron a 256 participantes para estudiar los efectos de la actividad sexual en el sueño. Los participantes en el estudio recibieron un recordatorio diario por correo electrónico, que también incluía un enlace de encuesta individualizada durante 14 días que completaron al despertarse por la mañana.

Los resultados revelaron que se percibía que el sexo en pareja con orgasmo y la masturbación con orgasmo reducían el tiempo necesario para conciliar el sueño y aumentaban la calidad del sueño tanto en hombres como en mujeres. Ambos sexos también informaron que el sexo en pareja sin orgasmo y la masturbación sin orgasmo aumentaron la latencia del sueño y disminuyeron la calidad del sueño, con un efecto más fuerte entre los hombres.

Cuando el Pasado Sostiene Sombras: El Caso de la Fragilidad de la Confianza entre Maritza y Michael


Caso


Maritza y Michael se conocieron hace siete años, en un momento en que ambos mantenían relaciones formales con otras personas. Lo que comenzó como un vínculo secreto, intenso y lleno de pasión se transformó, con el tiempo, en una relación estable a los ojos de todos. Sin embargo, la forma en que se inició dejó cicatrices emocionales que nunca fueron completamente atendidas.

En los primeros años, la atracción entre ambos era descrita como “irresistible”. La combinación de novedad, riesgo y deseo profundo alimentaba encuentros cargados de intensidad sexual. Con el tiempo, una vez establecida la convivencia, aparecieron tensiones que no habían sido evidentes durante la etapa inicial. La pasión —antes explosiva y constante— comenzó a disminuir, especialmente del lado de Maritza, quien hoy reconoce sentirse menos interesada sexualmente.

El deterioro emocional se reflejó en discusiones frecuentes, distanciamiento afectivo y un sentimiento creciente de desconfianza. Michael, aunque afirma amar profundamente a Maritza, duda a veces de su compromiso real. Se pregunta si la disminución del deseo es síntoma de falta de interés o señal de que Maritza está considerando terminar la relación.

Maritza, por su parte, describe su estado como una mezcla de cansancio emocional y ambivalencia. Dice querer a Michael, pero no sabe si el vínculo actual es sostenible. A veces siente culpa por el origen de la relación, otras veces siente que Michael espera más de ella de lo que puede dar en esta etapa de su vida. Expresa preocupación por el futuro, pero teme conversar abiertamente por miedo a herirlo.

El patrón relacional es claro:

  • Ambos arrastran dudas sobre la confiabilidad del otro debido al origen de la relación.
  • El deseo sexual, que antes funcionaba como puente, ya no cumple esa función.
  • Maritza vacila entre quedarse y alejarse.
  • Michael interpreta esa ambivalencia como rechazo y la confronta con más insistencia o reclamos.

La tensión entre el pasado no resuelto, el presente desgastado y el futuro incierto afecta su capacidad de comunicarse con claridad y de construir un vínculo emocional seguro.




Análisis


Análisis psicológico del caso

La historia de Maritza y Michael ilustra un fenómeno frecuente en relaciones que comienzan en contextos de infidelidad: el inicio clandestino suele generar dudas estructurales sobre la seguridad del vínculo, incluso muchos años después de formalizarlo. La base emocional queda marcada por preguntas del tipo: “Si lo hicimos una vez, ¿podría volver a pasar?”. Aunque ambos desean creer que la relación es sólida, la confianza nunca se construyó por completo.

Otro elemento clínico relevante es la transformación del deseo sexual. Al inicio, la pasión estaba impulsada por la novedad, la prohibición y la adrenalina. Sin esos elementos, el deseo necesitaba alimentarse de otras fuentes —intimidad emocional, reparación, comunicación honesta— que la pareja no desarrolló con la misma fuerza. La disminución del deseo de Maritza no es simplemente sexual: refleja desgaste emocional, ambivalencia y una falta de seguridad en el vínculo.

En Michael se observa un patrón de búsqueda constante de confirmación afectiva. Su miedo a perder la relación lo lleva a interpretar cualquier distancia como señal de peligro. En Maritza se observa un estado de saturación emocional que la lleva a retraerse. Cuando él se acerca desde la ansiedad, ella se retira más; cuando ella se retira, él intensifica su demanda emocional. Este es un ciclo típico de persecución y retirada.

La ambivalencia de Maritza —querer y no querer, acercarse y distanciarse— aumenta el desgaste de la relación, mientras que la hipervigilancia emocional de Michael intensifica la presión. Ninguno de los dos está actuando desde la mala intención; están respondiendo a viejas heridas que nunca fueron atendidas.

La pareja necesita reconstruir la confianza, redefinir el deseo y comprender que relaciones nacidas de situaciones complejas pueden sanar, pero requieren un trabajo emocional profundo.

Recomendaciones

Si te identificas con una situación parecida, estas soluciones podrían ayudarte:

  1. Habla abiertamente sobre el origen de la relación.
    Si tu relación comenzó en medio de otra, reconoce que es natural que la confianza se vea afectada. Poner en palabras lo que ocurrió permite liberar culpas y aclarar su impacto actual.
  2. Diferencia entre falta de deseo y falta de amor.
    El deseo puede fluctuar por estrés, agotamiento emocional, resentimientos acumulados o dinámicas no resueltas. No asumas que la disminución del interés sexual significa necesariamente desamor.
  3. No uses el sexo para medir el estado de la relación.
    Observa otros indicadores: ¿todavía conversan?, ¿comparten actividades?, ¿se apoyan?, ¿existe cariño cotidiano?
    Muchas parejas se presionan sexualmente cuando lo que realmente necesitan es reparación emocional.
  4. Expresa tus miedos sin acusar.
    Cambia “me estás dejando de querer” por “me siento inseguro y necesito entender qué está pasando contigo”.
  5. Valida la ambivalencia sin juzgarla.
    Si tú o tu pareja están confundidos sobre el futuro, no fuerces una decisión inmediata. Reconocer la ambivalencia permite explorarla en vez de reaccionar impulsivamente.
  6. Revisen las expectativas que tienen uno del otro.
    Muchas discusiones nacen de expectativas implícitas. Pongan sobre la mesa:
    – cómo quieren ser tratados,
    – qué necesitan para sentirse tranquilos,
    – qué están dispuestos a ofrecer emocionalmente.
  7. Trabajen la confianza desde acciones, no suposiciones.
    Establezcan acuerdos concretos sobre comunicación, transparencia razonable y reparación cuando algo genere inseguridad.
  8. Reinventen el vínculo, no intenten regresar al inicio.
    La pasión del principio no volverá de la misma forma —y tampoco necesita hacerlo.
    Lo importante es construir una intimidad más madura, basada en conexión emocional y estabilidad.
  9. Consideren buscar apoyo terapéutico si la ambivalencia persiste.
    Una guía profesional puede ayudarles a explorar heridas antiguas, reconstruir seguridad emocional y decidir si desean continuar juntos.

El objetivo es entender que las relaciones que nacen de contextos complejos pueden transformarse, pero no sin esfuerzo, claridad y la disposición de ambos a trabajar en la confianza, la comunicación y la reconexión emocional.

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La locura y el proceso terapéutico

El término «locura» no es un diagnóstico clínico; por lo tanto, no existe como una condición médica o psicológica precisa. Este concepto es muy subjetivo y a menudo se considera ofensivo cuando se aplica a personas que padecen trastornos mentales genuinos. Si bien «locura» no es un término médico o psicológico, existen trastornos de salud mental diagnosticables que presentan síntomas que las personas a menudo etiquetan erróneamente como «locura». Los psicólogos y los médicos utilizamos un lenguaje preciso para describir estos síntomas y afecciones. El término clínico más cercano a este concepto es psicosis. La psicosis es un síntoma de diversas enfermedades mentales o físicas (como la esquizofrenia o el trastorno bipolar) en el que la persona pierde parte del contacto con la realidad.

  • Muchas personas asocian acudir a terapia con “estar loco” o “tener algo muy grave”, lo que genera vergüenza y reticencia a pedir ayuda, incluso cuando la pareja está sufriendo.
  • Estas creencias populares hacen que algunos miembros de la pareja se resistan a la terapia de pareja, por miedo a ser etiquetados como “el problema” o como “el loco” de la relación.
  • La idea de “locura” se usa a veces como arma en el conflicto (“tú estás loco”, “tú necesitas un psiquiatra”), lo que descalifica la experiencia emocional del otro y dificulta la búsqueda conjunta de apoyo profesional.
  • La terapia de pareja ayuda a desmontar este mito, explicando que acudir a consulta no es señal de locura, sino de responsabilidad afectiva y de deseo de cuidar el vínculo.
  • En sesión, el terapeuta puede trabajar el estigma asociado a la salud mental, mostrando que muchas dificultades (estrés, ansiedad, tristeza, problemas de comunicación) son experiencias humanas comunes, no “locura”.
  • Al comprender la terapia como un espacio de aprendizaje y crecimiento, y no como un “hospital para locos”, la pareja se siente más libre para hablar de sus emociones sin miedo a ser juzgada.
  • La intervención terapéutica también ayuda a la pareja a dejar de usar el lenguaje de “estar loco” como insulto, promoviendo un trato más respetuoso y empático hacia el sufrimiento propio y del otro.
  • Cuando se reduce el miedo a “parecer loco”, se abre la puerta a reconocer problemas reales (violencia, adicciones, depresión, ansiedad) y a buscar la ayuda necesaria a tiempo.
  • Replantear la relación entre terapia y “locura” permite que la pareja vea el proceso terapéutico como una inversión en bienestar y en calidad de vida, en lugar de un castigo o un signo de fracaso.
  • En definitiva, trabajar estos mitos culturales es parte del propio proceso de terapia de pareja: al cambiar la forma de pensar sobre la salud mental, se facilita el acceso, el compromiso y la profundidad del trabajo terapéutico.

 

Entre el Deseo y la Identidad: Cómo Abordar las Diferencias Sexuales sin Amenazar la Masculinidad

En el contexto de la terapia de pareja, uno de los temas más sensibles y reveladores es la diferencia en el disfrute o la comodidad frente a determinadas formas de intimidad. No es infrecuente que algunas mujeres expresen interés en prácticas, juegos o comportamientos afectivos que los hombres consideran poco adecuados o amenazantes para su identidad masculina.

Estas diferencias, lejos de ser un signo de incompatibilidad, suelen reflejar la complejidad de la sexualidad humana y las influencias socioculturales que moldean lo que cada persona considera “aceptable”. Comprender y trabajar estas diferencias desde una mirada psicológica, respetuosa y empática puede transformar un conflicto en una oportunidad de crecimiento y conexión emocional.

Diferencias en el Deseo y la Percepción de lo Masculino

La educación sexual tradicional ha impuesto a los hombres y mujeres estereotipos rígidos: se espera que el hombre lidere, controle, domine y mantenga un rol activo, mientras que la mujer debe ser receptiva, emocional y complaciente. Cuando las mujeres expresan deseos que desafían estos esquemas —por ejemplo, conductas de mayor iniciativa, curiosidad o dominio erótico— algunos hombres pueden percibirlo como una amenaza a su rol o como una desestabilización de su identidad masculina.

Este conflicto no radica en el contenido del deseo, sino en la interpretación cultural de lo que significa “ser hombre” o “ser mujer” en el espacio íntimo. Superar estas creencias es esencial para avanzar hacia una sexualidad más libre, equitativa y emocionalmente conectada.

Ejemplos de Conflictos Comunes

En consulta, suelen observarse situaciones como las siguientes:

  • La mujer expresa el deseo de ser más activa o tomar la iniciativa durante la intimidad, y el hombre se siente incómodo o juzgado.
  • El hombre percibe ciertas conductas expresivas de la mujer —como el uso de lenguaje erótico, practicar «analingus» en el hombre, la exploración corporal, juegos de roles simbólicos, practicar sexo anal en el hombre (mientras ella usa un «strap-on» o algún juguete manual), cambio de roles y sumisión, dar énfasis a la intimidad y la conexión emocional o a la intimidad prolongada sin penetración— como inapropiadas o poco “masculinas”.
  • La mujer muestra curiosidad por nuevas formas de acercamiento afectivo o sensorial, pero el hombre teme perder control o dominio, que se le considere gay o que eso afecte su imagen de virilidad.

Estos ejemplos ilustran cómo la rigidez de los roles de género puede interferir en el disfrute y en la conexión emocional de la pareja. La clave no es suprimir las diferencias, sino comprender su origen y dialogar sobre ellas desde el respeto.

Aspectos Psicológicos en Hombres y Mujeres

Desde la psicología de la pareja, se identifican factores emocionales que influyen en ambos miembros:

  • En los hombres: el temor a perder su rol tradicional de “control” o “dominio”, inseguridad frente a la expresión emocional y ansiedad de desempeño asociada a la masculinidad cultural. Muchos hombres internalizan la idea de que su valor está ligado a su capacidad de dominar o satisfacer, y no a su disposición a compartir la vulnerabilidad.
  • En las mujeres: el conflicto entre el deseo de autenticidad sexual y el temor a ser juzgadas por “pedir demasiado” o por manifestar placer de manera activa. Este dilema puede generar culpa o autocensura, afectando la espontaneidad y la satisfacción en la relación.

Ambas perspectivas se encuentran en el punto donde el erotismo se entrelaza con la identidad: el desafío terapéutico consiste en ayudar a la pareja a redefinir lo masculino y lo femenino desde una mirada más flexible y complementaria.

Sexualidad Saludable y Expresión Emocional

Una sexualidad saludable se basa en tres pilares: comunicación abierta, respeto mutuo y consentimiento emocional. En una pareja madura, la diferencia de gustos o preferencias no se interpreta como una amenaza, sino como una oportunidad para el autoconocimiento y el crecimiento conjunto.

El diálogo sobre el deseo debe centrarse en el bienestar compartido, no en la validación de estereotipos. Cuando ambos miembros logran hablar sin juicios, aumenta la intimidad emocional y la confianza. De este modo, las diferencias dejan de ser un obstáculo para convertirse en una fuente de curiosidad, complicidad y afecto.

Recomendaciones

  • Promover la comunicación asertiva: invitar a la pareja a expresar sus gustos, límites y temores de manera respetuosa, sin asumir ni criticar.
  • Revisar creencias de género: explorar cómo las ideas culturales sobre masculinidad y feminidad afectan la experiencia íntima.
  • Fomentar la empatía: cada persona debe intentar comprender la vivencia emocional del otro sin sentirse amenazada por ella.
  • Normalizar la diversidad del deseo: reconocer que la sexualidad humana es amplia y que el disfrute no tiene un modelo único o universal.
  • Utilizar la terapia como espacio seguro: el consultorio debe ser un entorno donde se pueda hablar de la sexualidad sin vergüenza, culpa ni juicios morales.
  • Enfatizar la conexión emocional: recordar que la verdadera intimidad no se reduce a la práctica sexual, sino al vínculo de confianza, ternura y aceptación mutua.

Conclusión

Las diferencias en la expresión del deseo o en la manera de disfrutar la intimidad no son señales de incompatibilidad, sino reflejos de la diversidad humana. Cuando los hombres se sienten amenazados por conductas femeninas que desafían su noción de masculinidad, lo que emerge es una oportunidad para revisar y ampliar la comprensión de lo que significa amar y desear con autenticidad.

La terapia de pareja ofrece un camino para transformar el juicio en comprensión, el miedo en diálogo y la rigidez en apertura. Solo así puede surgir una relación donde el deseo, lejos de dividir, se convierta en un puente hacia una conexión emocional más profunda y una sexualidad más plena y respetuosa.

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