Cuando la separación duele más de lo esperado: traición, soledad y cómo reconstruirte


Pregunta


P
He estado separada de mi esposo por más de un año. Estuvimos casados siete años y, durante los últimos cinco, yo sostuve económicamente a ambos. Fui a terapia matrimonial sola la mayor parte de ese tiempo; él asistió a algunas sesiones.

Recientemente él robó casi $4,000 de mí usando el número de mi cuenta bancaria para pagar sus cuentas en línea. Tengo a nuestro hijo el 85% del tiempo. Él podría perder su empleo y me dijo que no recibiré manutención, y sé que no puedo hacer nada. Apenas puedo cubrir mis gastos ahora mismo.

Su familia está de su lado. Tengo razones para creer que piensan que soy “el demonio”. ¿Cómo pueden estar bien con que él me robe y casi no vea a su hijo?

También me siento muy herida y engañada, y siento que quizá debí haber hecho un mejor trabajo al no haber elegido a alguien como él para casarme. Me duele y es difícil lidiar con todo esto. Ojalá tuviera más apoyo emocional en mi vida del que realmente tengo. ¿Cómo puedo sobrellevar estas cosas?


Respuesta del Psicólogo


R
Querida lectora, todo lo que compartes transmite un nivel de dolor, desgaste y soledad emocional que merecen ser reconocidos con mucha compasión. Lo que estás viviendo no es simplemente una separación difícil; es una acumulación de traiciones, responsabilidades desiguales, falta de apoyo y un profundo sentimiento de abandono tanto por parte de tu expareja como de su familia.

La situación que describes —apoyo financiero desbalanceado, robo, ausencia parental, apoyo familiar nulo, miedo económico y soledad emocional— no habla de un fracaso personal de tu parte, sino de un patrón dañino en tu exmarido y de una familia que prefiere justificar lo injustificable antes que confrontar la realidad.

Una parte de ti se culpa por “elegirlo”, pero esa culpa es injusta. Nadie puede prever cómo alguien cambiará, y mucho menos cómo reaccionará ante la responsabilidad, la paternidad o el estrés. Tú actuaste con amor, compromiso y responsabilidad; él actuó desde la evasión y el abuso económico. Tus reacciones —dolor, confusión, enojo, cansancio— no son señales de debilidad: son señales humanas ante un trato injusto.

La soledad emocional que mencionas es quizá la carga más pesada. Cuando la pareja falla, cuando la familia política ataca y cuando las responsabilidades económicas y parentales recaen sobre una sola persona, es normal sentir que el mundo se vuelve demasiado grande para cargarlo sola.

Recomendaciones para manejar la situación

  • Fortalece tu red de apoyo, aunque sea pequeña: puede ser un amigo, un familiar, un grupo de apoyo de madres solas, una comunidad religiosa, o incluso apoyo terapéutico. No necesitas muchas personas; necesitas personas seguras.
  • Busca orientación legal (aunque creas que “no hay nada que puedas hacer”): la manutención de menores no depende de lo que él “decida”. Aunque pierda su empleo, existen procesos, ajustes y obligaciones legales que un tribunal toma en consideración. Infórmate con un abogado o una oficina de asistencia legal gratuita.
  • Reconoce que lo que él hizo es abuso financiero: ponerle nombre a lo que ocurrió no te hace víctima; te devuelve claridad. Puede ayudarte a dejar de responsabilizarte por su conducta.
  • Trabaja la culpa y la autovaloración con apoyo terapéutico: lo que viviste no es un reflejo de tu valor como mujer ni de tu capacidad para elegir. Es el resultado de una dinámica desigual donde tú pusiste más de lo que recibiste.
  • Protege tu bienestar emocional: aunque él no cumpla su rol, tu hijo sí necesita una madre emocionalmente cuidada. Tu autocuidado no es un lujo; es una necesidad.
  • Escribe sobre lo que sientes: a veces, verbalizar la injusticia ayuda a liberar lo que se queda atrapado en el pecho. Escribir también disminuye la sensación de estar sola con tu historia.
  • Revisa tus límites personales: esta experiencia puede ayudarte a identificar señales de alerta, límites sanos y lo que realmente mereces en futuras relaciones.

En síntesis, no estás lidiando únicamente con una separación: estás lidiando con una estructura completa de falta de responsabilidad por parte de tu exmarido y de su familia. Y aún así, sigues aquí, cuidando a tu hijo, trabajando, sosteniendo tu hogar y buscando orientación. Eso habla de una fortaleza que quizá tú misma no ves.

“Lo que te hicieron no define quién eres; el cómo sigues adelante sí.”

No estás sola, aunque a veces lo parezca. Lo que sientes es válido, y lo que has hecho hasta ahora ha sido admirable dadas las circunstancias. Con el apoyo adecuado, puedes transformar este dolor en claridad, en fuerza y en un camino emocional mucho más sano para ti y para tu hijo.

Con aprecio y respeto,
Dr. González

Por favor, lea nuestro Relevo de Responsabilidad.

Cuando el amor se confunde con heridas del pasado: ¿cambió él, cambié yo, o cambiamos los dos?


Pregunta


P
Soy una mujer de 55 años. Sé que el abuso emocional que recibí de mi padre durante muchos años afectó mi vida y mi matrimonio. La terapia que intenté a lo largo del tiempo no hizo diferencia.

Mi esposo estaba en las fuerzas armadas cuando nos casamos hace 20 años. Su personalidad era la de un hombre fuerte y capaz, seguro de sí mismo y muy confiado. Esa fue la persona de la que me enamoré y pensé amar, pero se retiró del servicio tres años después de casarnos y esa personalidad tan segura desapareció por completo. Mi esposo puede verse como el hombre con el que me casé, pero ya no lo es.

Entonces, no sé si dejé de amar a mi esposo porque levanté un gran muro emocional poco después de casarnos como resultado del abuso de mi padre, o porque mi esposo cambió tanto. Lo que sí sé es que me he vuelto enojada todo el tiempo y encuentro fallas en todo lo que mi esposo dice y hace. Después de todo, no puedes enamorarte de alguien con quien estás permanentemente enojada e irritada, ¿verdad?

Debo añadir que la mayor parte del tiempo internalizo mi enojo e irritación. “Aprecio” a mi esposo… pero eso no es suficiente, ¿verdad?


Respuesta del Psicólogo


R
Querida lectora, gracias por la claridad y la valentía con la que expresas algo tan complejo y emocionalmente cargado. Tu pregunta no solo refleja dudas sobre tu matrimonio, sino una profunda lucha interna entre tu historia, tus heridas y tu deseo de volver a sentir cercanía emocional.

Lo que describes es más común de lo que imaginas: cuando hay un historial de abuso emocional, especialmente en la infancia, el sistema afectivo aprende a protegerse levantando muros, anticipando el daño y reaccionando con irritación o vigilancia constante. Esa respuesta, que en su momento te ayudó a sobrevivir, ahora puede estar interfiriendo con tu capacidad de sentir amor, seguridad y conexión con tu esposo.

Por otro lado, también es cierto que tu esposo cambió. Los cambios de identidad tras dejar las fuerzas armadas pueden ser profundos: pérdida de estructura, de propósito, de la identidad profesional, de la sensación de fortaleza o control. Él no es el mismo hombre que conociste, y eso modifica la dinámica de la relación.

Así que lo que estás viviendo no es blanco o negro. No es que tú seas “el problema” ni que él lo sea por completo. Lo que ocurre es que dos procesos distintos —tus heridas pasadas y su transformación personal— se encontraron dentro de un mismo matrimonio.

Tu irritación constante no significa falta de amor; significa dolor acumulado sin un lugar seguro para descargarse. Y el hecho de que “le tienes aprecio” sugiere que no estás emocionalmente desconectada: estás confundida, cansada, herida… pero aún involucrada.

Recomendaciones para manejar la situación

  • Explorar tus heridas de origen con un terapeuta especializado en trauma relacional: no todas las terapias funcionan igual. La terapia basada en trauma (EMDR, terapia somática, IFS, terapia centrada en las emociones) puede ayudarte a desmontar el muro que levantaste para sobrevivir.
  • Separar lo que es tuyo de lo que es de él: parte del trabajo consiste en distinguir qué emociones provienen de tu historia familiar y cuáles nacen de cambios auténticos en tu relación matrimonial.
  • Hablar con tu esposo desde la vulnerabilidad, no desde la irritación: explicar cómo te sientes internamente —no solo lo que te molesta— puede abrir una vía de conexión más honesta y menos defensiva para ambos.
  • Redefinir el matrimonio desde quiénes son hoy: las relaciones largas requieren revisiones. No se trata de “volver a ser quienes eran”, sino de descubrir si es posible construir algo nuevo con las versiones presentes de cada uno.
  • Explorar la ira como síntoma, no como identidad: la irritación constante suele encubrir dolor, miedo o sensación de soledad emocional. Nombrar esos sentimientos puede transformarlos.
  • Evaluar si aún existe deseo de reconstrucción: el afecto no siempre se siente como pasión —a veces comienza como un sutil hilo de cuidado que puede crecer si se trabaja en ello.

En resumen, lo que te ocurre no es falta de amor, sino una mezcla de heridas antiguas y cambios inesperados en tu relación. Y ambos factores tienen solución si se trabajan con paciencia, honestidad y terapia adecuada.

“A veces el enojo no significa desamor; significa que el corazón lleva demasiado tiempo pidiendo ser escuchado.”

Tu historia no está escrita en piedra. Todavía es posible encontrar claridad, alivio y quizás una nueva forma de amar —si eso es lo que deseas. Estoy contigo en este proceso.

Con aprecio y respeto,
Dr. González

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El pasado vs. fantasías sexuales: ¿trastorno o compulsión sexual?


Pregunta


P
Mi esposa (20 años juntos, 13 de casados) y yo siempre sentimos cierta incomodidad en lo sexual, aunque éramos felices y no entendíamos bien a qué se debía. Recientemente ella me confió que desde hace muchos años necesita fantasear con otros hombres para obtener “estimulación extra” y facilitar el orgasmo. Además, me dijo que su posición sexual favorita es “en cuatro”, que durante mucho tiempo asumimos que era la menos preferida conmigo. Tras una investigación más profunda, descubrimos que esto se debía a la conducta promiscua que tuvo a los 14 años con un joven de 16 años muy bien dotado. En lugar de dejar atrás esa experiencia, al parecer ha arrastrado consigo los deseos que experimentó entonces durante más de 20 años.

Aunque he leído que fantasear puede ser normal e incluso saludable, también he visto que puede ser problemático si hiere a otra persona. En mi caso, me siento traicionado y siento que me negaron la oportunidad de complacerla durante años. Además, somos personas de fe cristiana (compartimos las mismas doctrinas) y ambos reconocemos que estas fantasías podrían considerarse una forma de infidelidad. Ella ahora tiene 38 años, pero parece seguir aferrada a aspectos físicos de aquel recuerdo adolescente con el que no ha vuelto a tener contacto. Esto hiere nuestro matrimonio y me preocupa que vaya más allá de lo “normal” o aceptable. ¿Cómo se clasificaría esta situación? ¿Se trata de algún trastorno o compulsión sexual? Toda ayuda será muy agradecida.


Respuesta del Psicólogo


R
Gracias por la honestidad con la que compartes algo tan íntimo y sensible. Es completamente comprensible que te sientas herido, confundido e incluso traicionado; no solo describen una dificultad sexual, sino también el dolor de descubrir que, por años, la conexión erótica se sostuvo con apoyos internos que te excluían emocionalmente. Quiero validar tu fe, tus valores y tu deseo de una intimidad auténtica: tu reacción no es exagerada; es humana.

Desde una mirada clínica, lo que describes no necesariamente corresponde a un “trastorno sexual” formal. Las fantasías son frecuentes y, para muchas personas, cumplen funciones de estimulación, autorregulación emocional o exploración. Sin embargo, cuando una fantasía se vuelve indispensable para la respuesta sexual o hiere a la pareja, deja de ser neutral y se convierte en un tema terapéutico. En ocasiones, ciertas experiencias de la adolescencia quedan asociadas —por aprendizaje y emoción— a una “plantilla” de excitación que luego se reactiva en la vida adulta. No implica un deseo real hacia alguien del pasado, sino un anclaje a sensaciones, guiones eróticos y significados (poder, validación, control, escape) que nunca se elaboraron a fondo.

También es natural que, desde su marco espiritual compartido, ustedes interpreten estas fantasías como una forma de infidelidad. En terapia trabajamos precisamente en traducir ese conflicto entre valores y conducta en conversaciones restaurativas: cómo honrar la fe y, a la vez, abrir un camino de reparación, perdón y crecimiento. Más que etiquetar la situación como “condición” o “compulsión”, el foco útil es comprender la función de la fantasía, disminuir su centralidad y construir una intimidad presente que resulte suficientemente segura, estimulante y conectada para ambos.

Recomendaciones

  • Busquen terapia de pareja con enfoque en sexualidad (sexología clínica): un espacio especializado ayuda a desactivar culpas, clarificar significados y establecer pasos concretos para reconstruir el deseo y la confianza.
  • Definan límites y transparencia sobre la fantasía: aunque las fantasías son asuntos personales si las mantenemos para nosotros mismos, conversen —con guía profesional— qué es aceptable para ambos si es que las mismas llegan a exteriorizarse. El objetivo no es “prohibir”, sino reorientar.
  • Reduzcan la dependencia de la fantasía mediante ejercicios guiados: prácticas como sensate focus (enfoque sensorial paso a paso), respiración consciente y pausas de reajuste atencional ayudan a anclar la excitación en el aquí y ahora corporal, con el otro.
  • Construyan un nuevo guion erótico en común: exploren gradualmente variaciones, ritmos, estímulos y posiciones que funcionen para ustedes hoy, sin presión de “rendimiento”. La curiosidad compartida es más potente que la perfección.
  • Atiendan las emociones provocadas por la herida: tu dolor merece tiempo y palabras. Propongan momentos de conversación estructurada (escucha activa, sin interrupciones ni defensa), orientados a entender y reparar, no a justificar.
  • Integren su fe como recurso: si lo desean, trabajen con un terapeuta que respete su espiritualidad. Prácticas de reconciliación, gratitud y propósito pueden sostener el proceso de perdón y compromiso renovado.
  • Busquen posibles factores asociados: estrés, ansiedad de desempeño, discrepancias en el deseo o mensajes aprendidos sobre sexualidad pueden estar afectando; abordarlos podría reducir la necesidad de fantasías.
  • Eviten etiquetas que bloqueen el cambio: llamarlo “trastorno” puede generar vergüenza. Pensarlo como un patrón aprendido y modificable abre caminos de intervención.

En síntesis: lo que ocurre parece más un patrón erótico aprendido que un trastorno. Con tratamiento profesional y un proyecto erótico compartido, es posible disminuir la dependencia de esas imágenes internas y fortalecer una intimidad más honesta, presente y placentera para ambos.

“El pasado no se borra, pero puede resignificarse para que deje de dirigir el presente”.

Si están dispuestos a caminar este proceso con paciencia y ternura, pueden transformar esta crisis en un nuevo comienzo. Estoy contigo: tu dolor tiene sentido y también tiene salida.

Con aprecio y respeto,
Dr. González

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La psicóloga hizo preguntas de otros temas: ¿técnica o distracción?


Pregunta


P
Mi esposa y yo comenzamos recientemente a visitar a una psicóloga para terapia de pareja. Hemos notado que, a veces, hace preguntas completamente aleatorias o fuera de tema que, según nosotros, no tienen nada que ver con lo que estábamos hablando. Me gustaría saber por qué lo hace. ¿Es algún tipo de técnica que está utilizando? ¿Qué está pasando aquí? También hace muchas preguntas, incluso sexuales, y conversaciones ligeras durante el tiempo por el que estamos pagando.


Respuesta del Psicólogo


R
Estimado lector, tu inquietud es muy válida y comprensible. Cuando acudimos a terapia, especialmente en pareja, esperamos que cada minuto sea aprovechado en torno al problema que nos preocupa. Sin embargo, las intervenciones aparentemente “fuera de tema” que hace tu psicóloga pueden tener un propósito terapéutico importante.

Existen diversos estereotipos acerca de los psicólogos y psiquiatras, entre ellos la idea de que ellos mismos tienen problemas psicológicos o están emocionalmente inestables. También persiste la percepción errónea de que la terapia es algo misterioso y que los terapeutas poseen poderes profundos de intuición, de lectura de mente o, incluso, de manipulación. Ninguno de estos estereotipos ayuda a que las personas se acerquen con confianza al tratamiento de salud mental; por el contrario, muchas veces disuaden a quienes más podrían beneficiarse de buscar ayuda o de expresar sus dudas cuando algo en el proceso terapéutico no les resulta claro.

Como psicólogo de pareja, siempre destaco que cada profesional tiene su propio estilo, formación y nivel de efectividad. Por ello, es fundamental que los clientes se sientan cómodos y puedan establecer una relación de confianza con su terapeuta. Mi recomendación inicial es que entrevisten a varios profesionales hasta encontrar a uno con quien se sientan realmente en sintonía.

Y, una vez en proceso, si surgen preguntas o inquietudes sobre lo que ocurre durante las sesiones, no duden en expresarlas abiertamente. La transparencia y el diálogo son pilares esenciales de una terapia saludable y efectiva.

En el proceso de terapia de pareja, los psicólogos no solo escuchamos el contenido literal de lo que se dice, sino también la forma, las emociones subyacentes y la dinámica entre ambos miembros. A veces, las preguntas aparentemente “aleatorias” buscan evaluar u observar aspectos específicos, cómo se comunican o cómo cada uno maneja la temática en cuestión. En otros casos, las preguntas personales o de tipo sexual tienen la función de explorar la intimidad emocional y física, ya que la sexualidad es una parte esencial de la relación y puede ser un reflejo de la comunicación o las tensiones existentes. En fin, todo depende del contexto y de la situación que le fue traída a la psicóloga.

El uso de preguntas aparentemente triviales o “conversaciones ligeras” también puede ser una técnica para generar confianza, promover la apertura, crear armonía, relajar la tensión o permitir que el terapeuta observe sus interacciones naturales fuera de un marco demasiado rígido. En psicoterapia, nada es verdaderamente casual; lo que parece superficial a menudo busca acceder a información que no emerge de forma directa.

Recomendaciones

  • Comunica tus inquietudes abiertamente: puedes hablar con la terapeuta y decirle cómo percibes esas preguntas. Los buenos terapeutas valoran la retroalimentación y pueden explicarte su enfoque.
  • Confía, pero también comprende: parte del proceso terapéutico implica aceptar que algunas técnicas no se explican de inmediato, pero si algo te genera incomodidad, es válido pedir aclaración.
  • Observa el resultado global: más allá de las preguntas específicas, reflexiona si la terapia está ayudando a mejorar la comunicación, comprensión o conexión entre ustedes. Eso suele ser un mejor indicador que los métodos puntuales.
  • Evalúa tu nivel de confort: si, con el tiempo, la sensación de malestar o confusión persiste, es legítimo considerar hablar con otro profesional o pedir una segunda opinión.

Recuerda que la relación con el terapeuta debe basarse en confianza, respeto y claridad. La terapia es un espacio para ustedes, y sentirse cómodos es parte del proceso de sanar y fortalecer el vínculo.

“No todas las preguntas en terapia buscan respuestas; algunas buscan abrir puertas que estaban cerradas”.

Te animo a hablar con tu psicóloga con franqueza, expresar tus dudas y, al mismo tiempo, observar si, detrás de su estilo, hay una intención genuina de comprenderlos mejor como pareja. A veces, las técnicas más efectivas son las que parecen más simples o inesperadas.

Con aprecio y respeto,
Dr. González

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No me siento atraído hacia mi esposa, ¿me debo divorciar?

Mi esposa y yo tenemos unos 30 años de edad. Cuando nos conocimos, ambos teníamos dudas sobre el matrimonio, pero nuestras respectivas familias nos empujaron a hacerlo. Llevamos casi tres años casados. Cuando la conocí por primera vez, ya llegaba tarde al matrimonio y tener hijos era mi máxima prioridad. Durante nuestro noviazgo, aunque no la encontraba muy atractiva físicamente, teníamos una buena comprensión y química mental. Cada vez que la veía, sentía que había un problema con su físico, pero no podía identificarlo.

Me siento cada vez más frustrado por no sentirme atraído por ella. Tiene una voz gruesa y, a veces, una personalidad tosca, casi varonil. No hemos tenido absolutamente ninguna relación física durante los últimos 2 años, principalmente porque uso alguna excusa. No quiero tener hijos y comprar una casa con ella hasta que decida si voy a permanecer en esta relación. La frustración se agrava cuando salgo y veo otras mujeres atractivas. Me siento deprimido y pienso que merezco algo mejor.

Tengo una conexión profunda, emocional y mental con ella, pero comencé a pensar en el divorcio casi inmediatamente después de casarme. Sin embargo, dudo cuando pienso en lastimarla sin culpa suya, el impacto que tendría en su familia y el apoyo financiero que ella brinda. No he hablado de nada con ella hasta este momento. Ella es una persona muy agradable, pero no estoy feliz. No se qué hacer.

Respuesta del Psicólogo

Se podría decir que la mayoría de las personas en las culturas occidentales se casan por amor romántico, que a menudo se basa en la atracción y la pasión sexual. Se ha escrito mucho sobre cómo la pasión sexual suele desvanecerse con el tiempo, y no faltan artículos y libros que ofrecen consejos sobre cómo «mantener viva la chispa sexual» dentro de una relación. En culturas con matrimonios arreglados, se le da mucha menos importancia al amor romántico y la atracción sexual, y los cónyuges se emparejan según lo dispuesto por la familia. En cierto modo, parece como si estuvieras atrapado, tú familia impulsó el matrimonio, pero valoras la atracción y la pasión sexual como pilares de la relación.

Ahora bien, incluso entre cónyuges que comienzan felizmente intoxicados por la pasión sexual, ciertos eventos pueden hacer que con el tiempo se empiecen a ver de manera muy diferente. Las peleas feroces, la infidelidad o los cambios sustanciales en la apariencia son ejemplos de los tipos de factores que erosionan la atracción sexual entre los cónyuges. Una vez que surgen las dudas sobre la relación, puede resultar muy difícil volver a sentimientos compartidos de pasión sexual. Muchas parejas optan por permanecer juntas debido a los hijos, las obligaciones o la dependencia compartida. Aunque todavía no tienen hijos, parece que estás experimentando algunos de estos factores.

Infortunadamente, parece poco probable que desarrolles atracción y pasión sexual cuando éstas han faltado desde el principio. Entonces, la pregunta fundamental es si estás preparado para compartir el resto de tu vida con tu esposa con los sentimientos y pensamientos que tienes ahora. Sospecho que la respuesta es «no».

Muchas veces las personas esperan hasta que la situación se vuelva lo suficientemente mala como para que permanecer en el matrimonio parezca peor que dejarlo. Sin embargo, de cualquier manera cabe preguntarse, ¿el divorcio sería menos perjudicial para tu esposa en el futuro que lo que sería ahora?

Por supuesto, sólo tú puedes tomar una decisión tan importante sobre el futuro de tu matrimonio. Puede resultar útil pensar en el largo plazo, en lugar de en las repercusiones inmediatas. Si sabes que eventualmente te irás, posponer esa decisión probablemente solo los lastime más en lugar de ayudarlos a ambos.

Qué todo salga bien.

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Salir o no de una relación abusiva

Llevo 5 años con mi pareja. Tenemos períodos de muchas peleas y otros de relativa calma en ciclos que aparentan ser repetitivos. Él, además de haber tenido una crianza con muchos “issues”, tiene importantes problemas de abandono y ha habido ocasiones en las que se ha vuelto leve o moderadamente abusivo físicamente en su completo pánico a que yo me vaya o lo deje. En las últimas 6 semanas, hemos pasado por un momento particularmente difícil, con maltrato emocional de su parte, y recientemente él fue de leve a moderadamente abusivo, en una situación donde hasta llegó al extremo de restringirme físicamente e impedir que yo me fuera. He estado pidiendo una separación para comprender mejor mis pensamientos. Todo el mundo clama por que nos divorciemos, pero no estoy segura porque siento que el abuso tiene su origen en sus problemas de abandono y de la niñez. ¿Es posible que si él buscara terapia para su trauma de abandono cese el abuso físico? Lo amo mucho y quiero que reciba ayuda, pero no puedo permanecer en un matrimonio en el que (aunque sea con poca frecuencia) me agredirán físicamente?

Respuesta del Psicólogo

Da la impresión de que han estado en esta dinámica ya por un tiempo, y que la situación ha afectado la comunicación, ha aumentado el conflicto y ha causado daño serio a la relación.  Dicho esto, la presencia de abuso físico sugiere que puede ser necesario buscar ayuda de un profesional de salud mental en el carácter individual o buscar otro apoyo profesional para tomar decisiones sobre tus próximos pasos. Muchas personas que sufren violencia doméstica encuentran apoyo haciendo primero una llamada confidencial a una línea de ayuda. A veces, contar con un plan de seguridad alterno también puede ayudar a cualquier persona en esta situación a tomar medidas para decidir si abandonar una relación abusiva y cómo hacerlo.

Sin embargo, lo que más me llama la atención de tu pregunta es que parece como si ya no quisieras estar con tu marido y estuvieras buscando permiso o validación de los demás para dejarlo. En tu descripción de la dinámica matrimonial, parece que hay muy pocas oportunidades para resolver el conflicto. El conflicto puede crecer y luego escalar hasta convertirse en una situación que se salga de control. El estar muy enamorada a veces juega en contra de las mujeres al justificar las acciones del agresor o fallar en ver que están en una situación de abuso, sobre todo cuando el agresor cuenta con algunas cualidades en su vida personal que podrían ser consideradas como positivas. Sin embargo, a pesar de esto, las agresiones continúan siendo agresiones, las cuales con el tiempo tienden a escalar.

Para responder a tu pregunta, no está claro si el abuso físico podría cesar o no si tu pareja busca ayuda. Estadísticamente, las investigaciones realizadas en el campo sugieren que después de la intervención, aproximadamente la mitad de los agresores redujeron la frecuencia de actos violentos durante un período de dos años, pero la otra mitad no. Entre la mitad que pudo reducir la frecuencia, menos del 10% pudo detener por completo los actos abusivos.

Te animo a ti o a cualquier persona en esta situación a buscar un profesional de salud mental autorizado para discutir opciones y obtener la ayuda confidencial que sea necesaria.

Qué todo salga bien.

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Mi cuerpo luego del embarazo

Di a luz por cesárea hace unos 10 meses. Desde entonces no he podido tener relaciones sexuales con mi esposo. No es por falta de intento por su parte. Solo peso alrededor de 10 libras más que mi peso antes del embarazo, pero la realidad es que ni siquiera soporto la idea de estar desnuda frente a otra persona, lo que me disuade por completo de querer tener relaciones sexuales, y no hablemos de la cicatriz de la cesárea. Además, tengo miedo de quedar embarazada nuevamente debido a que quedé embarazada mientras tomaba la píldora. ¿Esto es normal? ¿Hay algo que pueda hacer para ayudar con esta situación?

Respuesta del Psicólogo

El período luego del embarazo suele ser difícil para los nuevos padres y madres, en especial para las madres. La salud mental se podría ver afectada. Es común tener sentimientos negativos hacia el propio cuerpo. Estos sentimientos a menudo pueden traducirse en una disminución del deseo sexual. Por lo general, no es necesariamente el tipo específico de cicatriz o la cantidad exacta de aumento de peso lo que afecta la autoestima, la imagen corporal y el deseo sexual luego del embarazo. El primer paso es darse permiso para procesar esos sentimientos hablándolos con tu cónyuge, amigos o un psicólogo.

Durante el embarazo, muchas mujeres embarazadas sienten que han perdido el control sobre su cuerpo. Esta pérdida de control a menudo resulta en sentirse distante y/o querer controlar sus necesidades corporales después del embarazo. Durante el primer año de maternidad, las mujeres también aprenden a responder a las necesidades de sus bebés y, a menudo, pasan por alto las suyas propias; esto de alguna forma parece ser una conducta preprogramada en las madres. Las quejas por no tener tiempo para ducharse, dormir, ir al baño o comer una comida completa son comunes. Como tal, a diario, constantemente ignoran y se distancian de sus necesidades corporales en sus esfuerzos por criar a un niño. El cuerpo que conocieron antes del embarazo puede sentirse muy diferente al actual. Y esto sin contar que muchas mujeres no estaban contentas con su cuerpo antes del embarazo. Durante períodos de cambio y estrés, como lo es el período posparto, los sentimientos negativos preexistentes pueden intensificarse.

Un buen punto de partida para abordar estos sentimientos es examinar críticamente tus emociones y tu estilo de vida actual. Realiza un ejercicio introspectivo y pregúntate:

  • ¿Cómo te sentías con tu cuerpo antes del embarazo?
  • ¿Sobre qué áreas de tu vida sientes que tienes control?
  • ¿Ha cambiado drásticamente tu horario?
  • ¿Cuentas con algún tiempo dedicado sólo para ti?
  • ¿Puedes dedicar algún tiempo a conocer tu nuevo cuerpo a través de la meditación/yoga/ejercicio?

Sugiero intentar empezar a cultivar el amor por el cuerpo que tienes actualmente. Estos cambios reflejados en tu cuerpo pueden simbolizar el milagro de la vida: la prueba de que trajiste una criatura al mundo. En ocasiones la maternidad le da un sentido particular a la vida de las mujeres, incluso, podría significar la materialización de un sueño o aspiración.

Es especialmente importante prestar atención a los pensamientos negativos y/o declaraciones críticas que puedas decirte a ti misma sobre tu cuerpo. Cuando te escuches decirlas, intenta preguntarte: ¿Es esto realmente cierto? ¿Diría esto de otra persona? Este proceso es parte de un conjunto de técnicas cognitivo-conductuales que se utilizan para reducir el diálogo interno negativo. Puede ser útil aumentar la conciencia de la frecuencia con la que uno se involucra en un diálogo interno negativo y contrarrestarlo con declaraciones más positivas.

En términos de preocupación por volver a quedar embarazada, a algunas mujeres les resulta útil volver a su obstetra/ginecólogo para asegurarse sobre las tasas de embarazo del método anticonceptivo específico que se está utilizando y adoptar otros que puedan ser más eficientes. Otras también registran su ovulación para ayudar a garantizar que no tengan relaciones sexuales durante los períodos fértiles. Esto, aunque no ofrece garantías, podría ayudar a tener más tranquilidad, sobre todo si se combina con algún otro método anticonceptivo. Tu pareja sexual también puede utilizar algún método de prevención, si esto está bien contigo. A menudo resulta útil crear un diálogo interno para ayudar a contrarrestar la ansiedad que puede provocar esta situación, con afirmaciones que contrarresten los miedos y las inseguridades.

A algunas parejas les resulta útil reavivar su intimidad comenzando con un contacto no sexual y aumentando gradualmente sus niveles de contacto físico. A muchos padres y madres primerizos les resulta útil buscar terapia individual o de pareja para obtener ayuda a la hora de afrontar las múltiples transiciones de la paternidad. Pero sobre todo recuerda: es completamente normal lo que estás sintiendo luego de tu embarazo; luego de seis meses a un año la situación tiende a mejorar.

Qué todo salga bien.

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¿Cómo se puede aprender a confiar?

Luego de varias experiencias negativas, me siento que no puedo confiar en nadie. Debido a muchas situaciones a lo largo de mi vida, no veo cómo se puede confiar otra vez en alguien.  Como el resto de la humanidad siempre tendré el deseo de querer estar cerca de alguien, pero al no poder confiar en nadie no veo cómo eso será posible alguna vez. ¿Cómo se puede aprender a confiar?

Respuesta del Psicólogo

La confianza puede ser una de las partes más importantes de una relación; la falta de confianza también puede ser la más dañina. Tu dificultad para confiar en los demás no es tan infrecuente.  De hecho, recientemente contesté una pregunta muy similar a la tuya. Esta dificultad para confiar en los demás puede desarrollarse por muchas razones. Las razones más comunes para esto incluyen experiencias negativas previas en relaciones que han ayudado al individuo a desarrollar temores de ser lastimado o simplemente reforzaron temores que ya existían. Sabemos que la confianza comienza muy temprano para todos nosotros, cuando somos bebés y dependemos de nuestros cuidadores para alimentarnos, protegernos y consolarnos. A veces, nos apegamos demasiado al padre del mismo sexo y nunca desarrollamos el vínculo de confianza con otras personas del sexo opuesto. Cuando quienes nos rodean no nos cuidan adecuadamente, nuestra confianza en los demás puede verse afectada en el futuro. No aprender a confiar puede provocar un distanciamiento emocional en las relaciones cercanas. La buena noticia es que incluso si no experimentamos confianza en una etapa temprana de la vida, podemos aprender a hacerlo nuevamente.

Comienza por comprender que es innato en todos nosotros confiar y apegarnos a otras personas. A pesar de haber sido herido en relaciones anteriores, creo que esta necesidad persiste. Sin embargo, nos coloca en esa situación de querer confiar en las personas, pero tener miedo de hacerlo realidad. Queremos estar cerca e íntimos, pero tenemos miedo de hacer algo al respecto. Reconocer que necesitamos confiar en los demás genera sentimientos incómodos de vulnerabilidad. Ser vulnerables es un lugar muy difícil para nosotros. Algunos de nosotros preferiríamos estar seguros que sentirnos vulnerables. Veo en mi práctica que muchas personas se acostumbran a vivir en desconfianza, sacrificando la felicidad y el apego.

Creo que tenemos que estar dispuestos a arriesgarnos para seguir adelante. Una realidad difícil de afrontar es que podríamos volver a ser heridos. Es necesario aceptar que en la vida no hay garantías. Muchos de nosotros tenemos que aprender que, aunque el dolor es grande cuando nos lastiman, no nos matará. Será difícil, pero no moriremos. Realmente tenemos que creer que sobreviviremos al final de una relación y que estaremos bien.

Considera la siguiente guía:

Toma tu tiempo. Después de haber sido heridos y pasar por una pérdida necesitamos tiempo para recuperarnos psicológicamente. Necesitamos distancia y tiempo para sanar, poner las cosas en perspectiva y llorar. A menudo nos golpean repentinamente sentimientos de soledad y la tentación de volver a entablar una relación con esa persona o alguien nuevo puede ser abrumadora. Necesitamos tiempo para estar solteros, con nosotros mismos y solos. Este suele ser un período de tiempo considerable en el que crecemos enormemente. Permítete el privilegio de ese crecimiento.

Sé selectivo. Toma decisiones más saludables sobre con quién eliges ser vulnerable. Necesitamos reflexionar realmente sobre las situaciones en las que nos colocamos y decidir si son las mejores. Para muchas parejas con las que trabajo en las que una persona ha sido infiel, la pareja a menudo necesita espacio para sanar y luego sentirse segura con la otra persona antes de que puedan siquiera comenzar a hablar sobre reconstruir la confianza. Si no puede regresar a una situación que le permita sentirse seguro, a menudo recomiendo no regresar.

Sé asertivo. Finalmente, cuando estés en una nueva relación, ten la disposición de hablar sobre tus reservas y temores. Sé asertivo acerca de sus expectativas y pon tus pensamientos sobre la mesa para que ambos tengan la oportunidad de intentar resolverlos. Aquí es donde podrás practicar cómo ser vulnerable con la persona adecuada. Lo creas o no, la confianza puede desarrollarse al compartir y ser vulnerable con los demás.

Qué todo salga bien.

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La ruptura traumática

 

Estoy pasando por una ruptura traumática. Sólo quería saber cómo puedo seguir adelante a pesar de este momento tan difícil.

Respuesta del Psicólogo

Una de las verdades incómodas sobre las relaciones es que en algún momento podrían llegar a su fin, a veces por nuestra propia elección y otras por formas totalmente fuera de nuestro control. De todos modos, la pérdida de alguien a quien amamos, la pérdida de sueños forjados durante toda una vida, la pérdida de planes y proyectos conjuntos, puede causar un trauma a menos que podamos encontrar formas de sobrellevar la situación y eventualmente recuperarnos.

Una de las formas de limitar la cantidad de trauma que experimentamos es comenzar a escuchar realmente la conversación que tenemos con nosotros mismos después de una ruptura o un divorcio. Necesitamos escuchar lo que nos decimos a nosotros mismos sobre la pérdida. Necesitamos escuchar lo que nos decimos referente a nuestras fortalezas y sobre nuestro autoconcepto. Estas son algunas de las conversaciones comunes que he encontrado que mis clientes tienen consigo mismos en momentos como estos y que comúnmente resultan después de una ruptura.

¡No puedo vivir sin él! Tengo que tenerlo en mi vida

Este es uno de los pensamientos más comunes que tenemos inmediatamente después de una ruptura y que nos provocan sentimientos de desesperación y pánico. Aquellos a quienes amamos se convierten en partes muy importantes de nuestras vidas. Pero debemos recordar que no importa cuán cerca estuviera esa persona de usted, hubo un momento en su vida en el que esa persona no estaba presente. Hubo vida antes de que los conocieras. Sobreviviste sin ellos el tiempo suficiente para finalmente conocerlos. Es importante que la conversación contigo misma involucre que te digas a ti misma que puedes estar bien sin él. Hay significado para tu vida fuera de tu relación, tal vez simplemente lo perdiste de vista en el camino. Piénsalo.

Haré lo que sea necesario para recuperarla

He oído esto muchas veces en mi carrera. Es un pensamiento muy común en los hombres. El miedo a estar solos o la necesidad de evitar la pérdida que estamos experimentando pueden ser suficientes para hacernos caer en ansiedad y desesperación. La verdad absoluta es que no podemos recuperarnos de la pérdida de una relación hasta que aceptemos que la pérdida ha ocurrido. Permitirse aceptar la verdad sobre lo sucedido puede ser una de las cosas más difíciles de hacer. Puedes permanecer en la negación, negociar, pedir perdón y prometer que las cosas serán diferentes, pero hasta que no aceptes la realidad de la situación, no podrás empezar a recuperarte.

¿Volveré a encontrar a otra persona?  

Ser abandonado o perder una relación puede provocar fácilmente sentimientos de duda y culpa, y puede afectar severamente la sensación de valía propia. Podemos convencernos fácilmente de que un rechazo conducirá a otro y a otro y finalmente al resultado final de estar solos por el resto de la eternidad. La verdad es que ser rechazado duele. Es tentador llegar a la conclusión, en esa conversación contigo mismo, de que algo anda mal contigo. Casi todas las rupturas que he visto han sido el resultado de una responsabilidad compartida. Con esto quiero decir que rara vez es culpa o error de una sola persona. Estar en una relación significa que ambas personas deben proporcionar un entorno saludable para que exista la relación. Si una o ambas personas no pueden hacer esto, es poco probable que la relación sobreviva. Tu conversación contigo mismo debe considerar tu cuota de responsabilidad, pero definitivamente también reconocer la del otro.

No puedo estar solo 

El miedo a la soledad es generalizado en la sociedad. En mi práctica profesional, he encontrado esta situación más aguda en el caso de las mujeres. Iniciar una nueva relación inmediatamente después de una ruptura devastadora suele ser una mala respuesta a cómo te sientes. A menudo hacemos esto para evitar esos sentimientos de soledad. Pensamos que si podemos preocuparnos por un nuevo interés amoroso, éste nos rescatará de sentimientos difíciles. La verdad aquí es que ahora estás lidiando con el estrés de una nueva relación y llorando la anterior al mismo tiempo. Eso realmente puede arruinar lo que en realidad podría haber sido la relación adecuada. Necesitamos tiempo para lamentar nuestras pérdidas. Necesitamos tiempo para recuperar las enseñanzas que la experiencia pasada nos dejó. Necesitamos tiempo para estabilizarnos. La cantidad de tiempo de cada persona es diferente. La conversación contigo mismo debe abordar dónde te encuentras emocionalmente en tu recuperación. Considera las siguientes preguntas de reflexión: ¿Sigues pensando en la persona anterior a diario? ¿Aún tienes miedo y te sientes solo? ¿Has crecido lo suficiente como para crear un lugar saludable para que sobreviva la próxima relación?

Cualquiera que esté pasando por una ruptura puede empezar por prestar atención a aquello que se dice a sí mismo. Habla en voz alta si es necesario. Date el espacio y el tiempo para comenzar tu proceso de recuperación. Averigua si existen grupos de apoyo en tu área. Visita a tu psicólogo/a de cabecera.

Qué todo salga bien.

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Por favor, lea nuestro Relevo de Responsabilidad.