Entre el Deseo y la Identidad: Cómo Abordar las Diferencias Sexuales sin Amenazar la Masculinidad

En el contexto de la terapia de pareja, uno de los temas más sensibles y reveladores es la diferencia en el disfrute o la comodidad frente a determinadas formas de intimidad. No es infrecuente que algunas mujeres expresen interés en prácticas, juegos o comportamientos afectivos que los hombres consideran poco adecuados o amenazantes para su identidad masculina.

Estas diferencias, lejos de ser un signo de incompatibilidad, suelen reflejar la complejidad de la sexualidad humana y las influencias socioculturales que moldean lo que cada persona considera “aceptable”. Comprender y trabajar estas diferencias desde una mirada psicológica, respetuosa y empática puede transformar un conflicto en una oportunidad de crecimiento y conexión emocional.

Diferencias en el Deseo y la Percepción de lo Masculino

La educación sexual tradicional ha impuesto a los hombres y mujeres estereotipos rígidos: se espera que el hombre lidere, controle, domine y mantenga un rol activo, mientras que la mujer debe ser receptiva, emocional y complaciente. Cuando las mujeres expresan deseos que desafían estos esquemas —por ejemplo, conductas de mayor iniciativa, curiosidad o dominio erótico— algunos hombres pueden percibirlo como una amenaza a su rol o como una desestabilización de su identidad masculina.

Este conflicto no radica en el contenido del deseo, sino en la interpretación cultural de lo que significa “ser hombre” o “ser mujer” en el espacio íntimo. Superar estas creencias es esencial para avanzar hacia una sexualidad más libre, equitativa y emocionalmente conectada.

Ejemplos de Conflictos Comunes

En consulta, suelen observarse situaciones como las siguientes:

  • La mujer expresa el deseo de ser más activa o tomar la iniciativa durante la intimidad, y el hombre se siente incómodo o juzgado.
  • El hombre percibe ciertas conductas expresivas de la mujer —como el uso de lenguaje erótico, practicar «analingus» en el hombre, la exploración corporal, juegos de roles simbólicos, practicar sexo anal en el hombre (mientras ella usa un «strap-on» o algún juguete manual), cambio de roles y sumisión, dar énfasis a la intimidad y la conexión emocional o a la intimidad prolongada sin penetración— como inapropiadas o poco “masculinas”.
  • La mujer muestra curiosidad por nuevas formas de acercamiento afectivo o sensorial, pero el hombre teme perder control o dominio, que se le considere gay o que eso afecte su imagen de virilidad.

Estos ejemplos ilustran cómo la rigidez de los roles de género puede interferir en el disfrute y en la conexión emocional de la pareja. La clave no es suprimir las diferencias, sino comprender su origen y dialogar sobre ellas desde el respeto.

Aspectos Psicológicos en Hombres y Mujeres

Desde la psicología de la pareja, se identifican factores emocionales que influyen en ambos miembros:

  • En los hombres: el temor a perder su rol tradicional de “control” o “dominio”, inseguridad frente a la expresión emocional y ansiedad de desempeño asociada a la masculinidad cultural. Muchos hombres internalizan la idea de que su valor está ligado a su capacidad de dominar o satisfacer, y no a su disposición a compartir la vulnerabilidad.
  • En las mujeres: el conflicto entre el deseo de autenticidad sexual y el temor a ser juzgadas por “pedir demasiado” o por manifestar placer de manera activa. Este dilema puede generar culpa o autocensura, afectando la espontaneidad y la satisfacción en la relación.

Ambas perspectivas se encuentran en el punto donde el erotismo se entrelaza con la identidad: el desafío terapéutico consiste en ayudar a la pareja a redefinir lo masculino y lo femenino desde una mirada más flexible y complementaria.

Sexualidad Saludable y Expresión Emocional

Una sexualidad saludable se basa en tres pilares: comunicación abierta, respeto mutuo y consentimiento emocional. En una pareja madura, la diferencia de gustos o preferencias no se interpreta como una amenaza, sino como una oportunidad para el autoconocimiento y el crecimiento conjunto.

El diálogo sobre el deseo debe centrarse en el bienestar compartido, no en la validación de estereotipos. Cuando ambos miembros logran hablar sin juicios, aumenta la intimidad emocional y la confianza. De este modo, las diferencias dejan de ser un obstáculo para convertirse en una fuente de curiosidad, complicidad y afecto.

Recomendaciones

  • Promover la comunicación asertiva: invitar a la pareja a expresar sus gustos, límites y temores de manera respetuosa, sin asumir ni criticar.
  • Revisar creencias de género: explorar cómo las ideas culturales sobre masculinidad y feminidad afectan la experiencia íntima.
  • Fomentar la empatía: cada persona debe intentar comprender la vivencia emocional del otro sin sentirse amenazada por ella.
  • Normalizar la diversidad del deseo: reconocer que la sexualidad humana es amplia y que el disfrute no tiene un modelo único o universal.
  • Utilizar la terapia como espacio seguro: el consultorio debe ser un entorno donde se pueda hablar de la sexualidad sin vergüenza, culpa ni juicios morales.
  • Enfatizar la conexión emocional: recordar que la verdadera intimidad no se reduce a la práctica sexual, sino al vínculo de confianza, ternura y aceptación mutua.

Conclusión

Las diferencias en la expresión del deseo o en la manera de disfrutar la intimidad no son señales de incompatibilidad, sino reflejos de la diversidad humana. Cuando los hombres se sienten amenazados por conductas femeninas que desafían su noción de masculinidad, lo que emerge es una oportunidad para revisar y ampliar la comprensión de lo que significa amar y desear con autenticidad.

La terapia de pareja ofrece un camino para transformar el juicio en comprensión, el miedo en diálogo y la rigidez en apertura. Solo así puede surgir una relación donde el deseo, lejos de dividir, se convierta en un puente hacia una conexión emocional más profunda y una sexualidad más plena y respetuosa.

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La percepción social de heterosexualidad en los hombres

La percepción social de la heterosexualidad masculina es más precaria que la percepción social de la heterosexualidad de las mujeres independientemente de la raza de la persona.

Un estudio encontró que la percepción social de heterosexualidad en los hombres es más precaria que la de las mujeres independientemente de la raza de la persona.

En una nueva investigación publicada en Personality and Social Psychology Bulletin se encontró que la percepción social de identidad heterosexual para los hombres es más precaria que para las mujeres. Además, se descubrió que la raza de las personas no afectaba los juicios sociales sobre si la identidad heterosexual de un individuo era estable a través del tiempo. Específicamente, a pesar de las investigaciones que han encontrado que los hombres negros tienen más probabilidades de ser percibidos como heterosexuales cuando participan en comportamientos que desafían las normas culturales heterosexuales, en este estudio la raza no afectó los juicios sociales sobre la percepción de su sexualidad.

La percepción social de heterosexualidad — o sea, si las personas perciben a otras como que son heterosexuales o como que no lo son– como identidad puede no ser estable a través del tiempo si alguien se comporta de una manera ambigua y que parece inconsistente con sentirse atraído por el sexo opuesto. En Estados Unidos, los hombres pueden encontrar que la percepción social de su heterosexualidad puede ser más incierta que en el caso de las mujeres, porque la gente generalmente asume de primera intención que los hombres son heterosexuales y la percepción de lo que significa ser un hombre heterosexual ha sido históricamente más inestable en comparación con la sexualidad femenina.

Esta investigación exploró también cómo la percepción de inestabilidad de la heterosexualidad de un individuo está influenciada por su género y raza. Christopher Petsko y Stefan Vogler plantearon la hipótesis de que la percepción social de la heterosexualidad de los hombres es más inestable en el tiempo que la de las mujeres. Investigaciones anteriores han encontrado que los hombres negros a menudo son percibidos como extremadamente heterosexuales, mientras que se suele pasar por alto el comportamiento de las mujeres negras hacia personas del mismo sexo.

Los resultados de esta investigación revelaron que los hombres que tienen conductas sexuales ambiguas entre personas del mismo sexo son vistos como menos heterosexuales, más bisexuales y más homosexuales que las mujeres que tienen la misma conducta. Sorprendentemente, la predicción de que la raza podría desempeñar un rol en este proceso no resultó ser correcta. Los datos no indicaron una mayor tendencia hacia una raza en particular cuando se trataba de personas blancas o negras.

Aparenta ser que existen estándares sociales más estrictos para hombres que para mujeres a la hora de percibirlos como heterosexuales.  Estos estándares sociales podrían influenciar grandemente no sólo la forma en que los hombres comparten con sus pares y como se comportan en las relaciones de pareja, sino también el nivel de homofobia y bifobia comúnmente asociado a éstos.

 

El rol de los hombres en el orgasmo femenino

Los orgasmos en las mujeres deben ser experienciados cuando estos sean deseados y no deben ser considerados como algo que los hombres le ‘dan’ como muestra de su pericia.

Los hombres que tienen sexo con mujeres definitivamente juegan un rol importante en la consecución de un orgasmo por parte de estas últimas. Sin embargo, para muchos hombres, su interés en el orgasmo en las mujeres radica más en el sentirse bien acerca de su masculinidad y sus habilidades amatorias que en el placer de la mujer en sí. Esto podría explicar el porqué muchos hombres se sienten presionados a provocar orgasmos en las mujeres y también podría explicar el porqué muchas mujeres fingen los mismos; estas entienden que sus orgasmos básicamente sirven para alimentar el ego de sus parejas.

Los hombres tienden a sentirse más hombres cuando la mujer con la que están teniendo sexo alcanza el clímax, máxime cuando la mujer posee un historial de pocos o ningún orgasmo con parejas anteriores. Infortunadamente, esto también podría contribuir a la poca receptividad que muestran muchos al “feedback” de las mujeres acerca de cómo mejorar sus destrezas sexuales, toda vez que esto podría representar una amenaza a la autoestima, abonando así a un sentimiento de incompetencia o de falta de masculinidad. Así las cosas, podemos ver que la masculinidad heteronormativa es, por lo tanto, un problema tanto para hombres como para mujeres y necesita ser atendido desde la perspectiva social y personal.

Los orgasmos en las mujeres deben ser experienciados cuando estos sean deseados y no deben ser considerados como algo que los hombres le “dan” como muestra de su pericia. Es claro que ideas culturales acerca de la masculinidad presionan a los hombres para que sientan que deben cumplir con un modelo preestablecido que termina siendo negativo para la sexualidad de la pareja.