Caso
Mónica, de 41 años, trabaja a tiempo completo en dos empleos para sostener económicamente a su familia. Desde hace varios años siente que carga sola con la responsabilidad financiera del hogar. Su esposo, Raúl, de 35 años, mantiene empleos temporales e inestables, y pasa largos periodos sin trabajar. Aunque él afirma que “está intentando levantarse”, Mónica observa poca iniciativa real y un patrón constante de promesas incumplidas.
El consumo de alcohol y canabis de Raúl agrava aún más la situación. Él suele beber varios días a la semana, a veces desde temprano en la tarde, lo que afecta su capacidad para buscar empleo, cumplir con responsabilidades básicas y participar activamente en la vida familiar. En ocasiones llega a casa en estado de embriaguez, lo que genera discusiones intensas y un clima tenso para los hijos.
Mónica describe sentirse agotada emocional, física y psicológicamente. Aunque ama a su familia, se siente “sola dentro de la relación”, sin apoyo, sin alivio y sin señales claras de que Raúl esté dispuesto a cambiar. Explica que intenta mantener la armonía, pero cada mes que pasa cargando sola con los gastos aumenta su resentimiento. A veces tiene fantasías de separarse, otras veces siente culpa por siquiera considerarlo.
Raúl asegura que aprecia el esfuerzo de Mónica, pero reconoce que no ha logrado sostener un empleo estable y que el alcohol y el canabis se han convertido en un escape ante la sensación de fracaso personal. Admite que Mónica “tiene razón en estar molesta”, pero se siente paralizado, frustrado y atrapado en su propia incapacidad para cambiar hábitos que llevan años formándose.
La dinámica relacional:
- Mónica sostiene la estructura económica familiar casi sola.
- Raúl evita responsabilidades y se regula emocionalmente mediante el alcohol y el canabis.
- Mónica se llena de resentimiento, cansancio y desesperanza.
- Raúl se siente criticado, se desmotiva y se refugia aún más en la bebida.
Ambos expresan amor y un deseo de mantener a la familia, pero también reconocen que la situación es insostenible. La desigualdad en las responsabilidades y el consumo problemático de alcohol están debilitando no solo la relación de pareja, sino la salud emocional de toda la familia.
Análisis
Análisis psicológico del caso
El caso de Mónica y Raúl refleja un problema clínicamente frecuente: una relación marcada por un desequilibrio profundo en las cargas emocionales, económicas y domésticas. Este tipo de disparidad sostenida en el tiempo genera agotamiento en la parte que sostiene el sistema familiar y, simultáneamente, refuerza patrones de evitación y dependencia en la otra parte.
La situación se agrava por el consumo problemático de sustancias, el cual funciona como un anestésico emocional para Raúl, pero también como un obstáculo para su funcionamiento diario. Las sustancias no solo afectan la dinámica de pareja, sino que impide el cambio real, perpetuando un ciclo de evitación, culpa, reproches y estancamiento.
En Mónica se observan señales de saturación emocional:
- agotamiento crónico,
- resentimiento acumulado,
- pérdida progresiva de la esperanza,
- posible inicio de distanciamiento emocional.
En Raúl se observan importantes indicadores psicológicos:
- evitación del conflicto,
- falta de acción consistente,
- uso de sustancias como estrategia de regulación emocional,
- sentimiento de fracaso o baja autoestima.
El ciclo se sostiene porque ambos están atrapados en posiciones rígidas:
- Mónica, desde la supervivencia y la responsabilidad.
- Raúl, desde la evasión y la anestesia emocional.
Mientras ella se desgasta tratando de mantener la estabilidad, él intenta evitar su responsabilidasd, su malestar emocional y su sensación de insuficiencia. Esto crea una dinámica de “sobrecarga–evitación” que es muy difícil de romper sin intervención consciente y estructurada.
Recomendaciones
Si estás viviendo una situación parecida, estas soluciones podrían ayudarte a trabajar la realidad de tu relación:
-
Reconoce los límites reales de lo que puedes sostener solo(a).
Nadie puede cargar indefinidamente con el peso económico y emocional de una familia sin consecuencias. Aceptar este límite es un acto de autocuidado. -
Habla con calma y claridad sobre el impacto de la situación.
Expresa cómo te afecta emocionalmente la falta de apoyo y el consumo de sustancias, sin insultos ni ataques, solo desde la honestidad. -
Establece límites firmes y específicos.
No basta con pedir cambios; necesitas definir acciones concretas:
– buscar empleo estable,
– reducir o suspender el consumo de sustancias,
– participar en tareas domésticas,
– asumir responsabilidades económicas reales. -
No protejas ni encubras conductas nocivas.
Evita compensar o excusar comportamientos dañinos. Mientras más cubras el vacío, menos motivación habrá para que la otra persona cambie. -
Infórmate sobre el consumo problemático de alcohol.
Comprender cómo la dependencia emocional de la bebida afecta la conducta puede ayudarte a tomar decisiones más claras y firmes. -
Divide responsabilidades domésticas y económicas de manera explícita.
La ambigüedad solo favorece que el peso recaiga siempre en la misma persona. -
Prioriza tu salud mental.
Busca espacios de descanso, apoyo emocional y, si es posible, ayuda terapéutica individual para procesar el agotamiento y los temores. -
Pide a tu pareja un compromiso observable, no solo verbal.
Cambios como asistir a grupos de apoyo, buscar trabajo activamente o limitar el consumo deben ser visibles y sostenidos. -
Evalúa el futuro de la relación sin culpa.
Si después de expresar tus límites, ofrecer oportunidades de cambio y observar el comportamiento real, la situación sigue igual, tienes derecho a replantearte tu bienestar a largo plazo.
Recordar que amar a alguien no significa cargarlo, sostenerlo ni rescatarlo constantemente. El objetivo es construir un vínculo donde ambos aporten, ambos cuiden y ambos asuman responsabilidad por su bienestar y el de la familia.


Últimamente bebo a diario, tal vez por todos los problemas recientes que he tenido. Usualmente, bebo hasta el punto de la embriaguez. Sin embargo, en el pasado, las veces que he decidido dejar la bebida, lo he hecho sin problemas, ya que me gusta tener un estilo de vida saludable. A pesar de que desde joven me gusta disfrutar de las cervezas y el whiskey cuando la ocasión lo amerita, entiendo que su consumo no es lo más saludable del mundo. Hasta el momento, nunca he tenido problemas en mi trabajo. Ahora, sí he tenido problemas con la ley por este motivo. Usualmente, cuando bebo es de manera social, realmente. Honestamente, no me veo como un alcohólico ni nada por el estilo. En par de ocasiones mis amigos me han dicho que piensan que bebo mucho, pero yo encuentro que bebo prácticamente igual que ellos. Mi esposa en ocasiones me habla de su preocupación de que pueda tener un accidente de tránsito por la cuestión de la bebida. Además, me dice que cuando bebo me pongo imprudente y levanto mucho la voz, y hemos tenido discusiones serias por eso. Curiosamente, encuentro que mi barrera principal para cambiar es precisamente ella. Las veces que he anunciado que voy a dejar de beber, parece estar horrorizada. Ella no bebe mucho, pero no tiene deseos de dejar de hacerlo, y no piensa que yo deba hacerlo tampoco. ¿Cuán preocupado debo estar? ¿Estoy sobre-reaccionando? Cualquier consejo será apreciado.
Entiendo que la preocupación en este caso tiene méritos. Hablando en términos generales, las adicciones y el abuso de substancias dañan seriamente las relaciones. Todo tipo de relación, incluyendo las de pareja, se someten a una enorme presión cuando alguien dentro de ese arreglo se convierte en adicto o adicta. La persona que es víctima de alguna adicción comúnmente piensa que su consumo es algo que puede controlar y que lo puede dejar a voluntad. A estas personas se les dificulta admitir que tienen un problema, al igual que se les dificulta asimilar los conflictos que su conducta podría estar ocasionando en sus propias vidas y en las vidas de los demás. Con frecuencia, se piensa que el asunto de las adicciones –ya sea al alcohol o a cualquier otra droga– es una cuestión que se relaciona más con los efectos físicos y/o psicológicos que con los efectos interrelacionales. Ciertamente, los efectos de las adicciones van mucho más allá. Las adicciones destruyen a la corta o a la larga la habilidad para mantener conexiones sociales saludables y gratificantes, y, por consiguiente, invaden el terreno de la sensación de felicidad, el éxito y la autoestima.