El Caso de Cuando el Peso Cae en Uno Solo: El Desgaste Invisible de Mónica y Raúl


Caso


Mónica, de 41 años, trabaja a tiempo completo en dos empleos para sostener económicamente a su familia. Desde hace varios años siente que carga sola con la responsabilidad financiera del hogar. Su esposo, Raúl, de 35 años, mantiene empleos temporales e inestables, y pasa largos periodos sin trabajar. Aunque él afirma que “está intentando levantarse”, Mónica observa poca iniciativa real y un patrón constante de promesas incumplidas.

El consumo de alcohol y canabis de Raúl agrava aún más la situación. Él suele beber varios días a la semana, a veces desde temprano en la tarde, lo que afecta su capacidad para buscar empleo, cumplir con responsabilidades básicas y participar activamente en la vida familiar. En ocasiones llega a casa en estado de embriaguez, lo que genera discusiones intensas y un clima tenso para los hijos.

Mónica describe sentirse agotada emocional, física y psicológicamente. Aunque ama a su familia, se siente “sola dentro de la relación”, sin apoyo, sin alivio y sin señales claras de que Raúl esté dispuesto a cambiar. Explica que intenta mantener la armonía, pero cada mes que pasa cargando sola con los gastos aumenta su resentimiento. A veces tiene fantasías de separarse, otras veces siente culpa por siquiera considerarlo.

Raúl asegura que aprecia el esfuerzo de Mónica, pero reconoce que no ha logrado sostener un empleo estable y que el alcohol y el canabis se han convertido en un escape ante la sensación de fracaso personal. Admite que Mónica “tiene razón en estar molesta”, pero se siente paralizado, frustrado y atrapado en su propia incapacidad para cambiar hábitos que llevan años formándose.

La dinámica relacional:

  • Mónica sostiene la estructura económica familiar casi sola.
  • Raúl evita responsabilidades y se regula emocionalmente mediante el alcohol y el canabis.
  • Mónica se llena de resentimiento, cansancio y desesperanza.
  • Raúl se siente criticado, se desmotiva y se refugia aún más en la bebida.

Ambos expresan amor y un deseo de mantener a la familia, pero también reconocen que la situación es insostenible. La desigualdad en las responsabilidades y el consumo problemático de alcohol están debilitando no solo la relación de pareja, sino la salud emocional de toda la familia.




Análisis


Análisis psicológico del caso

El caso de Mónica y Raúl refleja un problema clínicamente frecuente: una relación marcada por un desequilibrio profundo en las cargas emocionales, económicas y domésticas. Este tipo de disparidad sostenida en el tiempo genera agotamiento en la parte que sostiene el sistema familiar y, simultáneamente, refuerza patrones de evitación y dependencia en la otra parte.

La situación se agrava por el consumo problemático de sustancias, el cual funciona como un anestésico emocional para Raúl, pero también como un obstáculo para su funcionamiento diario. Las sustancias no solo afectan la dinámica de pareja, sino que impide el cambio real, perpetuando un ciclo de evitación, culpa, reproches y estancamiento.

En Mónica se observan señales de saturación emocional:

  • agotamiento crónico,
  • resentimiento acumulado,
  • pérdida progresiva de la esperanza,
  • posible inicio de distanciamiento emocional.

En Raúl se observan importantes indicadores psicológicos:

  • evitación del conflicto,
  • falta de acción consistente,
  • uso de sustancias como estrategia de regulación emocional,
  • sentimiento de fracaso o baja autoestima.

El ciclo se sostiene porque ambos están atrapados en posiciones rígidas:

  • Mónica, desde la supervivencia y la responsabilidad.
  • Raúl, desde la evasión y la anestesia emocional.

Mientras ella se desgasta tratando de mantener la estabilidad, él intenta evitar su responsabilidasd, su malestar emocional y su sensación de insuficiencia. Esto crea una dinámica de “sobrecarga–evitación” que es muy difícil de romper sin intervención consciente y estructurada.

Recomendaciones

Si estás viviendo una situación parecida, estas soluciones podrían ayudarte a trabajar la realidad de tu relación:

  1. Reconoce los límites reales de lo que puedes sostener solo(a).
    Nadie puede cargar indefinidamente con el peso económico y emocional de una familia sin consecuencias. Aceptar este límite es un acto de autocuidado.
  2. Habla con calma y claridad sobre el impacto de la situación.
    Expresa cómo te afecta emocionalmente la falta de apoyo y el consumo de sustancias, sin insultos ni ataques, solo desde la honestidad.
  3. Establece límites firmes y específicos.
    No basta con pedir cambios; necesitas definir acciones concretas:
    – buscar empleo estable,
    – reducir o suspender el consumo de sustancias,
    – participar en tareas domésticas,
    – asumir responsabilidades económicas reales.
  4. No protejas ni encubras conductas nocivas.
    Evita compensar o excusar comportamientos dañinos. Mientras más cubras el vacío, menos motivación habrá para que la otra persona cambie.
  5. Infórmate sobre el consumo problemático de alcohol.
    Comprender cómo la dependencia emocional de la bebida afecta la conducta puede ayudarte a tomar decisiones más claras y firmes.
  6. Divide responsabilidades domésticas y económicas de manera explícita.
    La ambigüedad solo favorece que el peso recaiga siempre en la misma persona.
  7. Prioriza tu salud mental.
    Busca espacios de descanso, apoyo emocional y, si es posible, ayuda terapéutica individual para procesar el agotamiento y los temores.
  8. Pide a tu pareja un compromiso observable, no solo verbal.
    Cambios como asistir a grupos de apoyo, buscar trabajo activamente o limitar el consumo deben ser visibles y sostenidos.
  9. Evalúa el futuro de la relación sin culpa.
    Si después de expresar tus límites, ofrecer oportunidades de cambio y observar el comportamiento real, la situación sigue igual, tienes derecho a replantearte tu bienestar a largo plazo.

Recordar que amar a alguien no significa cargarlo, sostenerlo ni rescatarlo constantemente. El objetivo es construir un vínculo donde ambos aporten, ambos cuiden y ambos asuman responsabilidad por su bienestar y el de la familia.

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El efecto dominó del consumo de alcohol

Se sabe desde hace tiempo que las relaciones de pareja (u otras relaciones estables y duraderas) y el abuso de sustancias no son compatibles. Tener una pareja que bebe demasiado o consume drogas es como tirar una piedra a un estanque en calma: sus efectos se propagan e influyen en todo lo que está cerca.

El pronóstico para una relación con una pareja que lucha con un problema de alcoholismo es difícil y, a menudo, desalentador sin intervención profesional. El abuso de alcohol puede provocar problemas de confianza, tensión financiera, abuso emocional y físico, aislamiento e insatisfacción en la relación. Para tener éxito, la pareja con el problema de alcoholismo debe comprometerse con el tratamiento, mientras que la pareja sana busca apoyo.

La naturaleza del alcohol

Quizás no pienses en una bebida alcohólica como una droga, pero en realidad lo es. El ingrediente activo de las bebidas alcohólicas es una droga llamada etanol, también conocido como alcohol etílico. Una persona adicta al alcohol es tan adicta como alguien que consume drogas como la heroína, la cocaína, la metanfetamina u otras sustancias. El alcohol es una sustancia que produce cambios en el cuerpo, el cerebro, la mente, el espíritu y el comportamiento de una persona. Estos cambios la atrapan en su consumo.

Lo que diferencia al alcohol de sustancias como la heroína o la cocaína es que no es una sustancia ilegal. Sólo en EE. UU. hay miles de bares, restaurantes y discotecas donde se puede consumir alcohol. Si quieres llevarte el alcohol a casa, hay miles de licorerías dispuestas a proporcionártelo.

Cuándo se considera una adicción

La adicción al alcohol se da cuando una persona no puede dejar de beber una vez que empieza y no puede controlar su consumo, aunque su consumo perjudique sus relaciones, salud, trabajo, educación o comunidad. Puede que no beba todos los días ni todas las semanas, pero cuando lo hace, es probable que lo haga hasta quedar gravemente incapacitada.

Una persona que enfrenta dificultades con el alcohol puede tener dificultades para cumplir con sus compromisos laborales, académicos o familiares. Su capacidad para rendir en el trabajo o la escuela puede verse afectada y puede tener dificultades para mantener relaciones sanas con sus seres queridos. En algunos casos, la tensión en la dinámica de las relaciones de pareja puede acentuarse.

Cómo se comporta una persona con problemas o adicción al alcohol

La persona con problemas o adicción al alcohol privilegia su consumo por encima de su relación de pareja. Uno de los aspectos más notables de la adicción al alcohol es que la persona a menudo comienza a planificar sus actividades en función de su capacidad para obtener alcohol y beberlo. En muchos casos, pueden evadir cualquier pregunta o comentario sobre si están bebiendo demasiado. Cuando alguien lidia con una adicción al alcohol, intentar hablar de ello puede ser difícil. Cualquier intento de convencerlos de que tienen un problema y necesitan dejar de beber podría terminar en una discusión.

En ocasiones, estas personas pueden intentar dejar el consumo, sin embargo, experimentan síndrome de abstinencia o retirada, al igual que las personas adictas a otras drogas. Las ansias de alcohol llevan a una persona a beber una y otra vez, incluso sabiendo que les está haciendo daño a ellos mismos y a sus seres queridos.

Efectos del alcohol en el cuerpo

Cuando una persona bebe lo suficiente como para volverse adicta, el impacto físico de dicha adicción es profundo. A pesar de su aceptación social, el alcohol es una sustancia muy tóxica. Es particularmente perjudicial para el corazón, el cerebro, el hígado y el páncreas. El consumo excesivo y prolongado de alcohol puede causar cardiomiopatía, arritmias, hipertensión arterial, hígado graso, hepatitis alcohólica, cirrosis y pancreatitis. El alcohol causa varios tipos de cáncer, como cáncer de cabeza, cuello, esófago, hígado, mama (en mujeres) y colorrectal. El consumo de alcohol también se asocia con un sistema inmunológico debilitado y afecta gravemente la respuesta sexual en los hombres.

La persona que abusa del alcohol experimenta los siguientes efectos: incapacidad para mantener el equilibrio, mala memoria, dificultad para hablar, deterioro del juicio y la toma de decisiones, lagunas mentales, falta de control de los impulsos, alteración del sueño, temblores, lentitud para pensar y hablar, inhibición artificialmente reducida, mala percepción del dolor y tendencia a la violencia.

Efectos del alcohol en las relaciones de pareja

La realidad es que las personas se sienten atraídas por otras que beben de forma similar o por estereotipo del macho que bebe mucho como símbolo de masculinidad. El consumo de alcohol está vinculado a la codependencia en las relaciones, así como al abuso, tanto verbal como físico. El deterioro en las parejas, ya sean casadas o no, suele deberse a discusiones, problemas financieros, infidelidades o, peor aún, violencia doméstica. El alcoholismo también disminuye el deseo sexual, lo que puede agravar aún más una relación ya de por sí tensa.

El abuso de alcohol altera significativamente la personalidad y, como resultado, puede hacerla irreconocible de la persona que era antes de empezar a beber.

Algunas sugerencias

Nadie puede tomar la decisión de dejar de tomar sino la misma persona. De lo contrario, con toda probabilidad el esfuerzo será infructuoso. El dejar de beber es una decisión personal, comúnmente tomada en momentos de una realización profunda del efecto dominó del consumo de alcohol y de sus consecuencias, en ocasiones trágicas. Si sospechas que tienes problemas con el alcohol y deseas dejar el consumo, estas sugerencias de National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism podrían ayudar:

  • Lleva un diario de tu consumo de alcohol. Durante tres o cuatro semanas, anota cada vez que bebes. Incluye información sobre lo que sucedía antes y después de beber, qué y cuánto bebiste, así como dónde estabas. Compara esto con tu objetivo. Si tienes dificultades para cumplirlo, consúltalo con tu médico u otro profesional de la salud.
  • No guardes alcohol en casa. No tener alcohol en casa puede ayudarte a limitar tu consumo.
  • Presta atención a la presión social. Practica maneras de decir que no con educación. No tienes que beber solo porque otros lo hagan, y no deberías sentirte obligado a aceptar todas las bebidas que te ofrezcan. Aléjate de las personas que te animan a beber.
  • Mantente ocupado. Sal a caminar, practica algún deporte, sal a comer o ve al cine. Cuando estés en casa, busca un nuevo pasatiempo o retoma uno antiguo. Pintar, jugar a juegos de mesa, tocar un instrumento musical, trabajar la madera: estas y otras actividades son excelentes alternativas al alcohol.
  • Busca apoyo. Reducir el consumo de alcohol puede no ser siempre fácil. Hazles saber a tus amigos y familiares que necesitas su apoyo. Tu médico, psicólogo o terapeuta también podrían ofrecerte ayuda.
  • Cuídate de la tentación. Evita las personas y los lugares que te den ganas de beber. Si asocias el consumo de alcohol con ciertos eventos, como días festivos o vacaciones, desarrolla un plan de antemano para lidiar con la situación.
  • Controla tus sentimientos. Cuando estés preocupado, solo o enojado, podrías sentirte tentado a tomar una copa. Intenta cultivar nuevas formas saludables de lidiar con el estrés.
  • Sé persistente. La mayoría de las personas que reducen el consumo de alcohol o lo dejan por completo lo hacen solo después de varios intentos. Probablemente tendrás contratiempos, pero no dejes que te impidan alcanzar tu objetivo a largo plazo. Realmente no hay un punto final, ya que el proceso suele requerir un esfuerzo continuo.
  • Considera alternativas sin alcohol. Cuando socialices con otras personas que beben, considera pedir una cerveza sin alcohol o un cóctel sin alcohol. Puede que disfrutes del sabor lo suficiente como para beberlos incluso en casa.

Conclusión

En resumen, los expertos enfatizan que los riesgos del consumo de alcohol, incluyendo el cáncer y la adicción, superan con creces cualquier beneficio potencial, pequeño o incierto. Si bien existen vínculos psicológicos a corto plazo, e incluso epidemiológicos, con la reducción del riesgo de enfermedades, los efectos positivos son generalmente temporales o inciertos, y los expertos en salud los desaconsejan encarecidamente debido a los daños significativos y acumulativos que el alcohol puede causar a la salud individual y en las relaciones interpersonales, incluyendo las de pareja.

El consumo de alcohol y las relaciones de pareja

Con frecuencia encontramos que el tema del consumo de alcohol por parte de uno o ambos cónyuges surge de manera espontánea y consistente durante las sesiones de terapia, y aún así el o los cónyuges suelen mostrarse aprensivos ante la idea de que pueda existir un problema de dependencia o de uso de alcohol en la relación. En nuestra práctica profesional, hemos notado que las personas tienden a privilegiar el uso del canabis, el uso del alcohol y el uso de las redes sociales y las aplicaciones de mensajería (lo que personalmente he denomiando como el “big trio”) por encima de su relación de pareja. O sea, de encontrarse en un “catch 22″ donde se vean obligados a escoger entre el “big trio” o su relación de pareja, tienden a escoger el primero. En repetidas ocasiones la afirmación “Qué ella sepa que no voy a dejar de tomar” ha surgido en procesos terapéuticos que hemos conducido, y aún así quien realiza esta afirmación niega que pueda existir algún problema de adicción. Asimismo, en terapia los cónyuges podrían advenir en conocimiento de que sus continuas discusiones comúnmente se dan en un contexto de bebida de alcohol, así como también los episodios de agresiones. Es necesario señalar que en casos de adicciones, los adictos siempre colocan su adicción primero. ¿Por qué esta resistencia y cuáles son las implicaciones de esta situación en el funcionamiento de una relación de pareja? ¿En qué es distinta la adicción al alcohol del resto de las adicciones?

La realidad es que hay quienes afirman que existen aparentes efectos positivos en el consumo de alcohol, que incluyen principalmente reducción temporal del estrés y la ansiedad, mayor sociabilidad y una posible, aunque incierta y debatida, disminución del riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y otras enfermedades crónicas cuando se consume en cantidades leves a moderadas. Algunos académicos de renombre afirman que el alcohol puede mejorar temporalmente el estado de ánimo, y reducir la tensión y la timidez, especialmente en entornos sociales.

El consumo de alcohol es legal en Puerto Rico y los EE. UU. y el hecho innegable es que la mayoría de los estadounidenses lo consume con regularidad. En algunos círculos sociales, incluso, podrían cuestionar al no bebedor por su decisión de no consumir alcohol. Hay incontables anuncios de alcohol en vallas publicitarias, televisión, radio, revistas e internet. Las compañías de bebidas alcohólicas gastan mucho dinero en publicidad, intentando hacer que el beber se perciba como glamuroso y divertido. Con el alcohol tan fácilmente disponible en casi todas las ciudades de Estados Unidos, es fácil olvidar lo dañina y adictiva que es esta práctica. Infortunadamente, quien quiera dejar de beber tiene una tarea difícil por delante debido a la intensa sociabilidad del alcohol y a que éste no necesariamente le requiere al adicto una dosis diaria o continua. El alcohol mata a 2,6 millones de personas en todo el mundo cada año, muchas más muertes que las causadas por las drogas ilegales.

Razones comunes para la falta de conciencia

Las personas con problemas de uso de alcohol pueden no creer que tienen una adicción debido a la negación, un potente mecanismo de defensa que les impide reconocer su problema. Otras razones incluyen el desarrollo de tolerancia funcional, que les permite beber en exceso sin mostrar signos de intoxicación, la creencia de que su problema no es lo suficientemente grave como para ser llamado «adicción» y la idea social errónea de que «consumir en exceso» no es lo mismo que un trastorno por uso de alcohol o una conducta de dependencia. La realidad es que las personas pueden creer que no tienen una «adicción» porque su conducta, tal vez, no se ajusta a los estereotipos del alcoholismo grave. Aún podrían mantener funcionales algunos aspectos de su vida, como el ir a trabajar, lo que ven como una prueba “fehaciente” de que no son realmente adictos. El término «alcohólico funcional» describe a alguien que bebe en exceso, pero que aún puede gestionar sus responsabilidades diarias, lo que puede fomentar una sensación de control y ocultar la naturaleza problemática de su consumo. La falta de percepción del problema como problema reduce significativamente la motivación para buscar ayuda o tratamiento. La negación y la falta de autoconciencia pueden ser increíblemente frustrantes para el cónyuge que presencia la situación, pero no logra persuadir a la persona para que busque ayuda.

El consumo de alcohol y su impacto en la relación de pareja

Por más que en terapia se les trate de explicar, las personas simplemente tienden a no ver la relación entre estas variables. Pero sí la hay. Una razón para esta asociación puede incluir el aumento del estrés en la relación cuando uno de los miembros de la pareja se involucra en un consumo peligroso de alcohol. Debido a que el consumo desmedido de alcohol se asocia con un mayor riesgo de participar en una variedad de comportamientos peligrosos, como conducir en estado de ebriedad, violencia de pareja y consumo de drogas ilícitas, las parejas en relaciones románticas pueden ponerse en riesgo a sí mismas y a su pareja cuando beben en exceso, lo que a su vez puede afectar negativamente el funcionamiento de la relación. Además, la preocupación por las consecuencias negativas del consumo excesivo de alcohol y el bienestar de la relación puede llevar a las parejas diádicas a experimentar intercambios negativos más frecuentes (por ejemplo, discusiones) y afecto negativo hacia el cónyuge. En general, estos resultados negativos asociados con el consumo peligroso de alcohol pueden colocar a las personas que beben en exceso en mayor riesgo de disfunción en la relación.

Además del mayor riesgo de disfunción relacional que genera el consumo de alcohol, los bebedores también pueden ser menos propensos a involucrarse activamente en el mejoramiento de su relación por diversas razones. En primer lugar, los bebedores pueden no valorar tanto la salud o el bienestar de sus relaciones íntimas, porque en realidad valoran más otras cosas. En segundo lugar, las personas que beben en exceso pueden recurrir al alcohol en momentos de estrés o problemas relacionales como forma de lidiar con experiencias desagradables, y así dirigir su atención a medicar el afecto negativo a través la bebida en lugar de trabajar activamente para mejorar su relación. Esta automedicación puede desviar la atención de los problemas experimentados en una relación disfuncional y reducir la motivación para trabajar activamente por mejorarla. Este aumento en el consumo de alcohol puede provocar una mayor frecuencia o intensidad de interacciones negativas como la violencia física y la agresión verbal. Por lo tanto, si bien el consumo excesivo de alcohol puede generar mayores riesgos de problemas de pareja, también puede impedir que las personas participen activamente en el proceso de cambio para resolver los mismos.

Así las cosas, es necesario clarificar que la presencia de cualquier tipo de adicción, incluyendo el uso y abuso del alcohol, imposibilita que se pueda conducir cualquier tipo de procedimiento terapéutico con la pareja. Los problemas de adicción o de posible adicción deben ser resueltos previo a intentar este recurso terapéutico.

Señales de alarma

Si usted y/o su pareja bebe alcohol, estas son algunas de las señales de que su consumo podría estar afectando la relación:

  • Distanciamiento. Usted y/o su pareja no está emocionalmente disponible, se distancia emocionalmente o se distancia de la relación.
  • Agresiones físicas. Las probabilidades son altas de que una persona con problemas de uso de alcohol se torne físicamente agresiva.
  • Aumento en conflictos. La relación experimenta un aumento de conflictos, desacuerdos y peleas.
  • Cambios de la conducta social. Usted y/o su pareja pasa más tiempo en situaciones sociales donde hay alcohol.
  • Disfunciones sexuales. Usted y/o su pareja presenta disfunciones sexuales, tales como problemas de erección, problemas con la excitación, disminución del deseo, insatisfacción con los orgasmos o incapacidad para alcanzarlos.
  • Falta el dinero. La relación experimenta problemas financieros.
  • Cambian las prioridades. Para usted y/o su pareja el alcohol se vuelve más importante que la relación.
  • Cambios en la personalidad. Usted y/o su pareja se convierte en una persona diferente cuando bebe.
  • Deshonestidad. Usted y/o su pareja es deshonesto en cuanto a sus hábitos de consumo de alcohol.
  • Aislamiento. Usted y/o su pareja ha reemplazado ciertas actividades que antes disfrutaba (como compartir en pareja, con amistades o en familia) con el alcohol.

Conclusión

En definitiva, va a ser difícil que un adicto acepte que tiene una adicción, al igual que va a ser difícil que alguien que tiene problemas con el uso y abuso del alcohol muestre intenciones de parar su consumo.  El alcohol daña y/o mata las relaciones románticas al dificultar la comunicación, alterar el estado de ánimo y provocar comportamientos como la negligencia emocional, el aumento de los conflictos y la inestabilidad financiera. El consumo excesivo de alcohol puede hacer que las parejas se sientan desconectadas, ignoradas o inseguras, lo que fomenta la desconfianza, el resentimiento y la ruptura del compromiso y el afecto. Este daño suele ser recíproco, creando un círculo vicioso donde los problemas de pareja y los problemas con el alcohol se agravan mutuamente. La gran mayoría de las consecuencias del consumo de alcohol son negativas, y las relaciones dañadas son una consecuencia común. Cualquier persona que esté lidiando con un trastorno por abuso de alcohol debe buscar ayuda profesional para adquirir las habilidades y herramientas de afrontamiento adecuadas para superar esta adicción. Es fundamental que la pareja responsabilice a su ser querido y lo apoye durante su recuperación sin intentar intervenir ni realizar la labor de terapeuta.

El consumo de alcohol y el proceso terapéutico

Si uno o ambos cónyuges tiene problemas con la bebida, estos deben ser resueltos previo a entrar en terapia de parejas, de lo contrario, este proceso no funcionará. En terapia, los problemas con la bebida son de los más conflictivos y pervasivos puesto que las personas tienden a privilegiar este consumo por encima del bienestar de la relación: generalmente, existe muy poca o ninguna disposición por parte del cónyuge (o los cónyuges) con el problema a aceptar, abandonar y/o modificar sus hábitos de consumo de alcohol. Y esto es así porque las personas tienden a sentirse cómodas con el autoengaño, toda vez que la mayoría considera normal el consumo excesivo de alcohol como un componente esencial de la «vida social».

La normalización del consumo de alcohol entonces se refiere a la amplia disponibilidad y aceptación social del alcohol en Puerto Rico. Esto también incluye la aceptación social de emborracharse o beber en niveles riesgosos.

Los estudios muestran que las mujeres que mantienen relaciones con hombres que luchan contra el abuso de alcohol experimentan tasas más altas de depresión, ansiedad, problemas de salud física y perturbaciones laborales y sociales. Existe una correlación directa entre el consumo de alcohol en las relaciones y la calidad de la intimidad entre las parejas. Más específicamente, la gravedad de la angustia en la relación está influenciada grandemente por el consumo de alcohol de uno (o ambos) de los cónyuges. Las relaciones sexuales son una forma de intimidad y la adicción al alcohol puede afectar negativamente este aspecto al alterar los procesos corporales normales. Puede contribuir a la disfunción sexual, afectar en deseo y la excitación, y la calidad de la intimidad sexual entre las parejas.

La infidelidad es otro factor que se ve impactado por el abuso del alcohol en la relación. La infidelidad no sólo rompe el vínculo de confianza entre la pareja, sino que también puede ser un factor que contribuya al divorcio. Las investigaciones muestran que las personas que abusan del alcohol tienen más probabilidades de cometer infidelidad que aquellas que no lo hacen. Por otro lado, el consumo de alcohol es un factor común en situaciones donde ha ocurrido violencia doméstica. Cuando una persona está intoxicada, sus emociones, su autocontrol, su juicio y su toma de decisiones se ven afectados. Esto contribuye a la fuerte correlación entre el consumo excesivo de alcohol y la violencia doméstica. Infortunadamente, los estudios demuestran consistentemente que, independientemente del sexo de la persona que abusa del alcohol, si al menos uno/a de los/as dos en la relación lo hace, el riesgo de violencia doméstica es alto… Muy alto.

Impacto del abuso del alcohol en la relación

  • Usted o su pareja no realizan tareas apropiadas para su edad, como terminar la escuela.
  • Usted o su pareja no se compromete a tener una relación romántica saludable.
  • Usted o su pareja no está disponible emocionalmente, se distancia emocionalmente o se desentiende de la relación.
  • Su relación experimenta un aumento de conflictos, desacuerdos y peleas (tanto verbales como físicas).
  • Los cónyuges comienzan a sentirte menos satisfechos en la relación.
  • Usted o su pareja realiza insinuaciones sexuales no deseadas por el otro.
  • El proceso de razonamiento entre los cónyuges se torna imposible: se afecta seriamente la capacidad para el pensamiento lógico y ordenado, y surge la sensación de que hablan idiomas distintos.
  • Usted o su pareja empieza a pasar más tiempo en situaciones sociales donde el alcohol está presente.

 

El amor podría ser químicamente adictivo

Un estudio científico de 2016 compara el amor romántico con los procesos fisiológicos que se dan en una «adicción natural».

Según la antropóloga biológica Helen E. Fisher, el amor romántico es una «adicción maravillosa y muy poderosa cuando las cosas van bien». Cuando las personas se enamoran, sus cerebros liberan hormonas que pueden hacerles sentir eufóricas, que es un sentimiento que suele “engancharles” tal y como ocurre en una adicción natural. Los investigadores explican que esto sucede porque el sistema de recompensa de dopamina en nuestro cerebro se activa con el amor romántico, al igual que se activa con otros comportamientos adictivos. Todavía esta conducta no está reconocida como una adicción formalmente, pero ciertamente este estudio arroja luz sobre posibles investigaciones futuras en este tema y explica en cierta medida «las cosas que las personas están dispuestas a hacer en aras del amor».

Las adicciones y las relaciones

Últimamente bebo a diario, tal vez por todos los problemas recientes que he tenido.  Usualmente, bebo hasta el punto de la embriaguez. Sin embargo, en el pasado, las veces que he decidido dejar la bebida, lo he hecho sin problemas, ya que me gusta tener un estilo de vida saludable. A pesar de que desde joven me gusta disfrutar de las cervezas y el whiskey cuando la ocasión lo amerita, entiendo que su consumo no es lo más saludable del mundo.  Hasta el momento, nunca he tenido problemas en mi trabajo.  Ahora, sí he tenido problemas con la ley por este motivo. Usualmente, cuando bebo es de manera social, realmente. Honestamente, no me veo como un alcohólico ni nada por el estilo. En par de ocasiones mis amigos me han dicho que piensan que bebo mucho, pero yo encuentro que bebo prácticamente igual que ellos. Mi esposa en ocasiones me habla de su preocupación de que pueda tener un accidente de tránsito por la cuestión de la bebida.  Además, me dice que cuando bebo me pongo imprudente y levanto mucho la voz, y hemos tenido discusiones serias por eso. Curiosamente, encuentro que mi barrera principal para cambiar es precisamente ella. Las veces que he anunciado que voy a dejar de beber, parece estar horrorizada. Ella no bebe mucho, pero no tiene deseos de dejar de hacerlo, y no piensa que yo deba hacerlo tampoco. ¿Cuán preocupado debo estar? ¿Estoy sobre-reaccionando? Cualquier consejo será apreciado.

Respuesta del Psicólogo

Entiendo que la preocupación en este caso tiene méritos.  Hablando en términos generales, las adicciones y el abuso de substancias dañan seriamente las relaciones. Todo tipo de relación, incluyendo las de pareja, se someten a una enorme presión cuando alguien dentro de ese arreglo se convierte en adicto o adicta. La persona que es víctima de alguna adicción comúnmente piensa que su consumo es algo que puede controlar y que lo puede dejar a voluntad. A estas personas se les dificulta admitir que tienen un problema, al igual que se les dificulta asimilar los conflictos que su conducta podría estar ocasionando en sus propias vidas y en las vidas de los demás. Con frecuencia, se piensa que el asunto de las adicciones –ya sea al alcohol o a cualquier otra droga– es una cuestión que se relaciona más con los efectos físicos y/o psicológicos que con los efectos interrelacionales. Ciertamente, los efectos de las adicciones van mucho más allá. Las adicciones destruyen a la corta o a la larga la habilidad para mantener conexiones sociales saludables y gratificantes, y, por consiguiente, invaden el terreno de la sensación de felicidad, el éxito y la autoestima.

Cuando el consumo pasa de un uso ocasional a una adicción, el foco principal para la persona adicta es el consumo de la substancia. Las relaciones, por lo tanto, se colocan en una posición de vulnerabilidad frente a una situación de adicción. Esto es, de ordinario las relaciones no pueden competir con la experiencia que provoca el consumo de la substancia en el adicto o adicta. Por lo tanto, estos últimos tenderán a poner menos esfuerzo en su relación, lo que le abrirá la puerta a varios elementos nocivos que terminarán en el deterioro de la misma.  Por ejemplo, comenzarán los secretos y las mentiras debido a que el adicto o adicta no gusta de sentirse juzgado, y, además, tiende a sentir culpa, vergüenza y miedo. Esta secretividad y mentiras tienden a conducir a la desconfianza, uno de los enemigos más fuertes de las relaciones. La falta de confianza en la relación podrá conducir a conflictos que se relacionan con celos, violencia, coraje, resentimientos y miedos.

De más está decir que en el adicto o adicta se produce un cambio de personalidad. Éstas podrían tonarse coléricas, violentas e irritables, además de observar problemas para razonar. La pareja del adicto o adicta entonces podría estar a riesgo de ser victimizada y/o asumir una actitud de codependencia, la cual se caracteriza por tomar responsabilidad de la conducta del adicto o adicta, aceptar culpas ajenas, ofrecer continuas excusas y justificar el comportamiento del adicto o adicta, además de proveerle dinero para su consumo o, incluso, comprarle ella misma la substancia que éste/a requiere.

Mi recomendación en casos como éste es comenzar por un proceso reflexivo serio que culmine en la admisión de un posible problema. Recuerda que el mero hecho de que alguien cercano a ti traiga a tu atención la situación, es ya indicativo de que un problema existe. Ayuda el escuchar atentamente en lugar de invertir esfuerzo justificando la conducta.

En casos donde se concluye que podría existir un problema de adicción, el próximo paso que se recomienda es tomar y llevar a cabo la decisión de terminar el consumo de la substancia en cuestión. Las adicciones causan estragos en el cerebro al condicionarlo o alambrarlo para que priorice la droga por encima de prácticamente cualquier otro asunto.  Los tratamientos psicológicos individuales y/o psiquiátricos son aliados importantes en el proceso de recuperación. El tratamiento psicológico le permite a las personas adictas ganar un mejor entendimiento del impacto que su conducta está teniendo en su vida y en la vida de quienes le rodean, además de aprender mecanismos para lidiar con la situación y reparar las relaciones interpersonales que se hayan afectado. En estos casos también se recomienda que el cónyuge se involucre en un proceso de ayuda psicológica o que asista a algún grupo de apoyo. Concurrentemente, la persona adicta también puede involucrarse en un proceso de terapia psicológica grupal o asistir a algún grupo de apoyo, y cuando se encuentre estable, entrar en un proceso de terapia de parejas. En ocasiones, la terapia psicológica familiar resulta de gran ayuda también. De esta manera, todas las personas involucradas podrán aprender y practicar destrezas adaptativas de manera simultánea, y podrán promover una forma saludable de interactuar entre sí.  La incorporación de prácticas como la meditación y/o el yoga ha probado científicamente tener un efecto positivo en el proceso de re-alambrar las conexiones cerebrales y, por consiguiente, mantener las adicciones bajo control.

No te desanimes.  Entiendo que el proceso de reflexión que has comenzado te lleva en buena dirección.

Por favor, lea nuestro Relevo de Responsabilidad.