Fidelidad, Género y Emociones: Cómo Hombres y Mujeres Viven y Afrontan la Infidelidad

La infidelidad es una de las experiencias más dolorosas en una relación, pero también una oportunidad de crecimiento si se aborda con madurez y comprensión. Este artículo analiza, desde una perspectiva terapéutica, qué es la infidelidad en psicología, sus tipos, y las diferencias entre hombres y mujeres en su percepción y reacción. Explica cómo negociar la fidelidad antes de comenzar una relación, cómo responder ante la traición y cómo reconstruir la confianza después. Con un enfoque profesional y empático, se ofrece estrategias clínicas y reflexiones sobre el compromiso, la reparación y la importancia de la fidelidad para el bienestar emocional y la estabilidad a largo plazo.

La infidelidad es uno de los temas más sensibles y complejos en las relaciones de pareja. No solo desafía la confianza y la estabilidad emocional, sino que también pone en evidencia las diferencias de género en cómo hombres y mujeres entienden, viven y reaccionan ante la traición.

Aunque cada relación es única, las investigaciones psicológicas muestran que las percepciones sobre la infidelidad están fuertemente influenciadas por factores culturales, emocionales y evolutivos. Comprender estas diferencias no busca justificar conductas, sino abrir el diálogo, prevenir rupturas innecesarias y promover relaciones más conscientes y saludables.

¿Qué es la Infidelidad en Psicología?

En psicología, la infidelidad se define como la ruptura de un acuerdo de exclusividad —emocional, sexual o ambas— dentro de una relación establecida. No se trata solo del acto sexual, sino de un quiebre de ese acuerdo y de la confianza, según los límites acordados de antemano por la pareja.

La infidelidad puede ser tanto física como emocional, y cada tipo genera heridas diferentes. Desde una perspectiva clínica, su gravedad depende no solo del acto en sí, sino del impacto emocional que causa y del significado que la pareja le atribuye.

Tipos de Infidelidad

Los especialistas distinguen varias formas de infidelidad, entre las que destacan:

  • Infidelidad física: implica contacto sexual con otra persona fuera de la relación.
  • Infidelidad emocional: involucra una conexión afectiva o romántica con alguien más, aunque no haya contacto físico.
  • Infidelidad virtual: ocurre mediante redes sociales, mensajes o interacciones digitales que transgreden la confianza.
  • Infidelidad por omisión: cuando se ocultan conversaciones, encuentros o intenciones, aun sin concretarse físicamente.

Todas ellas comparten un elemento común: el secreto y la ruptura del pacto de lealtad, que fue acordado de forma explícita, que sostiene la relación.



La fidelidad no se basa en la ausencia de tentación, sino en la presencia del compromiso del que elige quedarse.

Diferencias de Género ante la Infidelidad

Estudios psicológicos han mostrado que hombres y mujeres suelen percibir y reaccionar de forma distinta ante la infidelidad. Aunque ambos experimentan dolor, la forma de procesarlo y el tipo de traición que más les afecta tiende a diferir.

En general, los hombres suelen reaccionar con mayor intensidad ante una infidelidad sexual que ante una infidelidad emocional, al sentir amenazada su masculinidad o el sentido de exclusividad física. Las mujeres, por otro lado, suelen sentirse más heridas por la infidelidad emocional, al interpretarla como pérdida de conexión afectiva y prioridad emocional.

No obstante, estas diferencias no son absolutas. Cada persona interpreta la infidelidad desde su historia emocional, sus inseguridades y sus expectativas sobre el amor. Lo importante no es quién sufre más, sino cómo se maneja ese sufrimiento de forma constructiva.

Cómo Negociar la Fidelidad Antes de la Relación

Hablar sobre la fidelidad antes de iniciar una relación formal es una práctica poco común, pero altamente recomendable. Este diálogo permite definir qué comportamientos son aceptables y cuáles constituyen una falta de respeto o traición.

Negociar la fidelidad no implica desconfianza, sino madurez emocional. Se trata de aclarar expectativas sobre lo que significa “ser fiel” para cada uno, evitando malentendidos futuros. Para algunas parejas, un “me gusta” en redes puede parecer inofensivo; para otras, puede ser motivo de conflicto.

Las relaciones saludables se construyen sobre acuerdos explícitos, no sobre suposiciones. Una conversación temprana sobre límites, compromiso y transparencia puede prevenir crisis dolorosas más adelante.

Reacciones y Manejo Cuando la Infidelidad Ocurre

Cuando la infidelidad sale a la luz, la reacción inicial suele ser de shock, ira, tristeza o negación. La traición afecta la autoestima, la confianza y la seguridad emocional. En estos momentos, es fundamental no actuar impulsivamente ni tomar decisiones definitivas bajo el impacto emocional.

Desde la perspectiva terapéutica, los pasos iniciales incluyen:

  • Evitar la confrontación agresiva y buscar contención emocional.
  • Permitir que ambas partes expresen su versión de los hechos.
  • Evitar la exposición pública o el juicio externo.
  • Solicitar ayuda profesional para procesar el dolor y guiar la toma de decisiones.

Una respuesta sana no busca venganza, sino comprensión: entender las causas, asumir responsabilidades y valorar si aún existe voluntad de reparar el vínculo.

Negociar Después de una Infidelidad

Superar una infidelidad no significa olvidarla, sino transformarla en una oportunidad de crecimiento y rediseño del vínculo. La negociación posterior requiere transparencia, empatía y compromiso mutuo.

Algunos elementos esenciales de este proceso son:

  • Reconocer el daño causado y validar el dolor de la otra persona.
  • Restablecer la confianza con hechos, no solo con palabras.
  • Definir nuevas reglas de comunicación, límites y expectativas.
  • Fortalecer la conexión emocional y sexual con actividades compartidas y expresión afectiva.

La terapia de pareja puede facilitar este proceso, ayudando a canalizar el resentimiento, reconstruir la seguridad y reencontrar el respeto mutuo.

Recomendaciones Terapéuticas

  • Practicar la autorreflexión: comprender las propias motivaciones y heridas que pudieron influir en la situación.
  • Evitar la generalización: no asumir que una infidelidad define toda la relación ni el valor personal.
  • Comunicación emocional sincera: expresar sentimientos sin ataques, buscando entendimiento mutuo.
  • Fomentar el perdón consciente: el perdón no es olvido, sino decisión de no seguir cargando el dolor.
  • Reconstruir gradualmente: la confianza se gana paso a paso, con tiempo, coherencia y transparencia.

Conclusión

La infidelidad, aunque dolorosa, no siempre marca el final de una relación. Puede convertirse en una oportunidad para redefinir los límites, fortalecer la comunicación y construir una fidelidad más consciente.

Comprender las diferencias de género ayuda a manejar el proceso con empatía, evitando juicios y promoviendo la comprensión mutua. En última instancia, la fidelidad no es solo un compromiso con el otro, sino también con uno mismo y con la madurez emocional necesaria para amar de manera responsable.

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La terapia de parejas inmediatamente después de una infidelidad

Con frecuencia, en los consultorios psicológicos recibimos casos de parejas que acaban de pasar por una situación de infidelidad por parte de uno de sus miembros. Tienden a ir a terapia no teniendo claro el porqué o la finalidad de la ayuda psicológica que solicitan y, en ocasiones, forzando a su pareja a asistir en contra de su voluntad.

¿Por qué ocurre la infidelidad?

Más allá de los motivos científicos y evolutivos que rodean esta situación, las personas son infieles por muchas razones, que varían según el caso, pero principalmente se debe a la falta de amor o conexión emocional, la sensación de abandono, la búsqueda de validación o nuevas experiencias, los roles de género y las expectativas sociales, el aprendizaje vicario, falta de compromiso, falta de apego y de sentido de pertenencia por traumas pasados, o factores externos como el estrés, el alcohol, el uso de sustancias o la presencia de oportunidades fortuitas. Estas últimas son de particular interés porque las oportunidades fortuitas son situaciones inesperadas y casuales, no buscadas directamente, que se presentan de forma repentina y pueden ser aprovechadas para obtener un beneficio o ventaja. Son coyunturas temporales y circunstanciales, que llegan a través de ofertas, sugerencias o solicitudes de terceros, o por sucesos externos, y requieren que la persona reconozca su valor para aceptarlas y sacarles provecho. Los cónyuges, sobre todo aquellos que continúan con estilos de vida propios de la soltería luego de haber entrado en una relación formal de pareja, están más propensos a involucrarse en situaciones que involucran oportunidades fortuitas, como las actividades de socialización sin la presencia de su pareja e interacciones virtuales en redes sociales y aplicaciones de mensajería.

La infidelidad genera un torbellino de emociones, como ira, deseos de venganza y de castigo a la pareja, tristeza, traición y culpa, entre otras. La terapia psicológica brindará un espacio para que ambos miembros de la pareja procesen estas emociones de forma saludable. Aprenderán a expresar sus sentimientos de forma constructiva, así como a escuchar y empatizar con el dolor del otro o de la otra.

¿Está la terapia de pareja indicada inmediatamente después de una infidelidad?

La respuesta es sí y no, pero mayormente no. En términos generales, es muy recomendable buscar terapia inmediatamente después de una infidelidad, ya que cuanto antes se comience un tratamiento, mejor será el resultado potencial. Un terapeuta adiestrado puede brindar un espacio seguro para procesar emociones abrumadoras, ayudar a establecer una comunicación más sana y abordar los problemas subyacentes, fortaleciendo así la posibilidad de sanación, ya sea reconstruyendo la relación o propiciando una separación de forma constructiva.

Sin embargo, no todas las parejas se benefician de la terapia psicológica para parejas inmediatamente después de una infidelidad. La víctima de una infidelidad, siendo distinto para hombres y para mujeres, podría experimentar una variedad de efectos psicológicos y emocionales intensos, como trauma, ansiedad, depresión, ira, vergüenza, culpa y graves problemas de confianza. La pareja traicionada puede experimentar síntomas similares al trastorno de estrés postraumático, como “flashbacks”, pesadillas y dificultad para confiar en los demás, mientras que la pareja infiel puede lidiar con una culpa y una vergüenza abrumadores, pero también, paradójicamente, podría experimentar un rencor sumamente profundo porque, al ser descubierto/a, se vio obligado/a a terminar su «aventura» involuntariamente o a destiempo. Estos efectos pueden ser duraderos y afectar la autoestima, las relaciones futuras y el bienestar emocional en general.

Aunque cada situación es distinta, generalmente, la terapia psicológica para parejas luego de una infidelidad se centra en permitir que la persona infiel exprese sus sentimientos y evalúe lo que sucedía antes de la infidelidad, y el estado en que se encontraba la relación. Esto, por supuesto, no justifica la infidelidad ni invalida los sentimientos de la víctima dado que el hecho innegable es que el contrato marital fue roto y que las relaciones monógamas consisten de la exclusividad sexual entre dos seres humanos.

Sin embargo, para poder progresar, ambos cónyuges necesitan estar en la misma sintonía, necesitan ser capaces de examinar lo que estaba pasando en su relación antes del evento y ser completamente honestos sobre cómo han llegado a este punto. Ambos cónyuges deben poder tomar medidas para acercarse mutuamente y el perdón debe ser una opción inmediata. No importa cuán dolorosa haya sido la situación, ambos cónyuges, deben poder escucharse mutuamente con un espíritu de comprensión. En terapia, surgirá información que podría ser dolorosa y difícil de procesar o entender, pero si los cónyuges no están en la disposición de hacerlo ya sea porque el dolor es muy fuerte o porque el perdón no es una opción inmediata, es preferible que no se involucren de inmediato en un procedimiento terapéutico para parejas ya que podría ser una acción abrasiva que tiene el potencial de actuar de manera contraria a la que se pretende. En casos como estos, la terapia individual podría ser una mejor alternativa. Si alguno de los miembros de la pareja está demasiado abrumado o agitado para participar de manera activa y efectiva en terapia de pareja, las sesiones individuales pueden ser beneficiosas, primero, para procesar sus emociones únicas y, segundo, para ganar conciencia de sí mismo. Una vez que las personas tienen una mejor comprensión de sus emociones, la terapia de pareja puede comenzar a abordar la dinámica de la relación, reconstruir la confianza y trabajar hacia la reconciliación o una separación saludable.

Conclusión

En definitiva, las parejas candidatas a terapia de pareja inmediatamente después de una infidelidad son pocas, y son aquellas que están dispuestas a esforzarse. Son aquellas que asisten a las sesiones incluso si el proceso las agota y las abruma. Son aquellas en las que ambos miembros de la pareja asumen la responsabilidad de ciertos comportamientos y demuestran cambios conductuales activos. Son aquellas en las que los cónyuges trabajan juntos para construir una relación completamente diferente a la que tenían.

La infidelidad, ¿qué es y por qué ocurre? | Parte II

La infidelidad a menudo resulta en un daño emocional profundo y es una violación de un acuerdo previo hecho entre la pareja con respecto a su exclusividad sexual y/o emocional. La infidelidad resulta porque uno de los cónyuges no está informado ni consiente en la relación extramarital. Lo que determina si una persona ha sido infiel o no depende de si se han respetado los acuerdos de exclusividad predeterminados, y no necesariamente de si la relación es monógama o no monógama.

¿Por qué las personas son infieles?

Este artículo sobre la monogamia puede ofrecer algunas respuestas. Según una investigación realizada por General Social Survey, los hombres tienen más probabilidades de ser infieles que las mujeres: el 20% de los hombres y el 13% de las mujeres, según esta encuesta, afirman haber tenido relaciones sexuales con alguien que no es su pareja en la relación primaria. Existe una escuela de pensamiento en psicología que dice que si una mujer es infiel es más probable que sea una señal del fin de su relación primaria opuesto a cuando es el hombre el que lleva a cabo la conducta. Y, de hecho, este puede ser un dato certero puesto que hombres y mujeres tienden a pensar y sentir de manera diferente sobre el sexo y las relaciones en general.

En general, los hombres tienen más probabilidades que las mujeres de poder compartimentar o aislar el sexo de las conexiones íntimas. Para muchos hombres, el sexo es sólo sexo y las relaciones son las relaciones, y ambas no necesariamente se superponen. Por lo tanto, un hombre que es infiel casualmente puede hacerlo sin sentir un grado significativo de conexión emocional con una amante, mientras que una mujer que es infiel podría ver las cosas de manera diferente, esto es, el sexo y la conexión emocional entremezclados, de manera que para ellas la compartimentación es más difícil.

Dicho de otra manera, cuando las mujeres son infieles, generalmente hay un elemento de déficit en su relación principal, también hay un elemento de romance, intimidad, conexión o amor con otra persona. Los hombres, por otro lado, son más propensos a ser infieles para satisfacer sus impulsos o urgencias sexuales, con menos pensamientos de intimidad. Por supuesto, algunos hombres son infieles porque sienten amor además de atracción sexual por una persona externa a la relación primaria, pero éste no es el caso de muchos otros: para ellos, la infidelidad puede ser una acción oportunista, principalmente sexual, que, en sus mentes, no afecta su relación primaria. De hecho, cuando se les pregunta, muchos de estos hombres dirán que son muy felices en su relación primaria, que aman a su pareja, que su vida sexual es estupenda y que, a pesar de haber sido infieles, no tienen intención de poner fin a su relación.

Por lo general, los hombres no necesitan estar enamorados para disfrutar del sexo. De hecho, ni siquiera necesitan que les guste mucho la persona; sólo tienen que estar sexualmente excitados. Mientras que para las mujeres el panorama es distinto. Generalmente, es más difícil que una mujer se interese sólo en el sexo porque lo que éstas principalmente buscan es una voz profunda, grandes bíceps, mirada y gesticulaciones rudas, sentido del humor, un chico que les escuche y que tenga el deseo de tener hijos y de formar un hogar juntos. Lo más probable es que esto sea el producto de miles de años de evolución.

Es menos probable que las mujeres actúen como lo hacen los hombres en materia de sexualidad y de aventuras sexuales extramaritales. Para la mayoría de las mujeres, un sentido de intimidad es tan importante como el sexo; muchas veces más importante. Como tal, las mujeres tienden a no ser infieles a menos que sientan una profunda infelicidad en su relación primaria o una conexión íntima fuerte con su pareja extracurricular, y cualquiera de estas dos cosas podría hacer que una mujer abandone su relación.

Consecuencias de la infidelidad

La infidelidad es uno de los temas más estudiados en psicología y está asociada con consecuencias negativas para las relaciones, y la salud mental y física individuales. Múltiples estudios han encontrado que la infidelidad es un predictor importante e independiente del divorcio y la disolución de la relación. La infidelidad también se ha asociado con conflictos y desconfianza en las relaciones de pareja y con una disminución progresiva de la felicidad conyugal. Los terapeutas de pareja han calificado la infidelidad como el tercer problema más difícil para las parejas en terapia, así como el segundo problema más dañino para las relaciones de pareja, sólo detrás del abuso físico.

La infidelidad también se ha asociado con consecuencias psicológicas para los cónyuges individualmente. El descubrimiento de la infidelidad del marido o el inicio de la separación matrimonial por este motivo se asocia con un mayor riesgo de episodios depresivos mayores en las mujeres, problemas de confianza, baja autoestima, ansiedad, ira extrema, inseguridad, sensación de traición, rabia, trastorno de estrés postraumático y dificultad para formar vínculos afectivos en relaciones subsiguientes. La infidelidad está también asociada a trastornos del sueño, trastornos de la alimentación, pérdida de energía, estrés crónico y dolores de cabeza.

Por otro lado, la actividad sexual extramarital se asocia con bajas tasas de uso de condones: sólo entre el 8% y el 12% de las personas que mantienen relaciones sexuales extramatrimoniales son usuarios constantes de condones. Las personas que participan en relaciones sexuales extradiádicas tienen menos probabilidades de adoptar conductas protectoras de salud sexual tanto en sus relaciones sexuales primarias como extradiádicas, en comparación con las personas abiertamente no monógamas. La participación sexual extradiádica también se ha relacionado con una menor probabilidad de realizarse pruebas de enfermedades de transmisión sexual y de sostener discusiones sobre sexo seguro con nuevas parejas sexuales, lo que sugiere que la infidelidad se asocia con mayores conductas sexuales de riesgo más allá de las asociadas con tener múltiples parejas sexuales concurrentes. Hoy en día que los hombres informan involucrarse más que las mujeres en actividades sexuales extradiáticas, combinado con el bajo uso en el uso del condón y la pobre realización de pruebas médicas de enfermedades de transmisión sexual, el potencial de infectar a múltiples mujeres al mismo tiempo, incluyendo a la pareja primaria, es mucho mayor. Esta podría ser la razón por la cual las estadísticas con frecuencia reflejan un mayor número de contagios en mujeres producto de las enfermedades de transmisión sexual.

Recomendaciones

Descubrir la infidelidad de una pareja puede suponer un gran golpe. Es natural sentir emociones intensas o confusas. Algunas personas optan por hablar con un terapeuta sobre estos sentimientos. La terapia individual puede ayudar a alguien que se ha visto afectado por la infidelidad. La terapia también puede ayudar a explicar la respuesta de una persona a la aventura sexual de su pareja. De igual forma, puede centrarse en perdonar, dejar ir o seguir adelante fuera de la relación. Hay muchas maneras de manejar los sentimientos que conlleva la infidelidad. Un terapeuta puede ayudarle a analizar sus opciones.

Aquí algunas otras recomendaciones:

  • Resiste la tentación de confrontar a la tercera persona. Desconociendo lo que llevó a esta tercera persona a involucrarse en la situación, está de más decir que lo que hizo o está haciendo probablemente es moralmente inaceptable. Es importante indicar que este tipo de confrontación puede desembocar en violencia y problemas legales. Ahora bien, debes estar consciente de que esta persona no te debe nada. Esta persona no es tu amiga (¡en la mayoría de los casos!), prima, hermana o hija y, por lo tanto, NO te debe lealtad. En cambio, todo lo que harías al confrontarla es darle poder y tú no quieres hacer eso. Con no reconocer su existencia te proyectas como la persona que eres, la de mayor grandeza en esta situación. Si alguien debe ser confrontada es tu pareja. Está persona fue la que se comprometió contigo a una exclusividad sexual y, por lo tanto, es quien te debe lealtad.
  • Resiste la tentación de conocer los detalles sexuales. Interrogar a tu pareja sobre lo que le hizo a la otra persona sexualmente o lo que la otra persona le hizo a él no ayudará a que te sientas mejor, y sólo lograrás revisitar el trauma una y otra vez.
  • Aborda el problema. Aquí es cuando comienza el verdadero trabajo. Los cónyuges pueden comenzar a trabajar en los problemas que llevaron a la aventura sexual. Habrá altibajos en este proceso. La culpa de uno y la ira de otra pueden mezclarse con el anhelo de que la relación sea como antes. Pero no va a ser como antes. Las parejas pueden beneficiarse si perseveran en esta fase. A menudo son capaces de abordar los problemas desde la raíz de su descontento.
  • Sé paciente. Si tuviste una aventura, ten paciencia con las reacciones de tu pareja, las cuales serán impredecibles e inconsistentes por un tiempo relativamente prolongado. Recuerda que cada persona sana y supera los traumas a su propio tiempo.
  • Sé responsable. Si tuviste una aventura, tu pareja puede tener emociones fuertes, incluida la ira. Evita culpar a tu pareja por tus acciones. No minimices el impacto de tus acciones, de las cuales eres únicamente tú el o la responsable.
  • No decidas de inmediato. Antes de elegir continuar o terminar una relación, tómate el tiempo para sanar, poner en orden tus emociones y comprender qué había detrás de la aventura sexual.
  • Pide perdón y perdona. Esto debe suceder si una pareja desea reconstruir su relación. La persona que tuvo una aventura debe pedir perdón de forma sincera sin justificar sus acciones. La persona que fue engañada debe en algún punto del camino perdonar en términos sólidos. Este proceso no se puede apresurar, pero es necesario para reconstruir una relación.
  • Restaura la confianza. Realiza un plan para restaurar la confianza que pueda conducir a la reconciliación. Esta es una labor de ambos cónyuges. Si eres la persona que fue engañada, exprésale a tu pareja cuáles son tus necesidades que te ayudarán a volver a confiar. Acuerden un cronograma y un proceso para lograrlo.
  • Sigan adelante de forma saludable. De no ser posible la reconciliación, acuerden una disolución en buenos términos, y propónganse la sanación personal. Recurran a la ayuda psicológica profesional de ser necesario.

Conclusión

Como psicólogo, he encontrado que la infidelidad tal vez sea una de las razones más traumáticas que trae a las parejas al consultorio. La infidelidad es un fenómeno difícil de definir puesto que tiene unas implicaciones evolutivas y de género que son de consideración. La definición de infidelidad varía de persona en persona y las parejas comúnmente nunca han hecho el ejercicio de adoptar una definición que funcione para ambos y que sirva como estándar en su relación. Pareciera ser, tal vez, por las implicaciones religiosas que tiene el concepto, que existe la percepción general de que infidelidad significa lo mismo para todo el mundo.

Los hombres tienden a tener menos necesidad de protegerse contra los peligros del sexo casual por parte de sus parejas, por lo que no han desarrollado este detective interior; detective que las mujeres sí han desarrollado y perfeccionado con el tiempo. Los hombres a veces son infieles sólo por tener sexo, incluso cuando están perfectamente felices con su relación primaria. Esta es la razón por la que una relación dañada por la infidelidad de un hombre podría tener más probabilidades de sobrevivir después de que se descubre el acto, a diferencia de cuando es la mujer la que ha sido infiel. Los hombres pueden ser infieles, y de hecho lo son con frecuencia, en una buena relación, y vale la pena salvar las buenas relaciones. Mientras tanto, es más probable que las mujeres sean infieles cuando su relación primaria no va bien, y ese tipo de situación ya problemática de por sí podría no valer el dolor y el esfuerzo necesarios para reconstruir la confianza en la relación, la intimidad emocional y la armonía a largo plazo.

Los usuarios de Ashley Madison tienen poco arrepentimiento moral por la infidelidad sexual

Los participantes, en su mayoría hombres, expresaron una gran satisfacción con sus aventuras y poco arrepentimiento moral.

Un estudio realizado entre usuarios de Ashley Madison, un sitio “web” de citas orientado a facilitar las aventuras sexuales de personas casadas, encontró que la baja calidad de la relación con la pareja principal no era un factor importante de infidelidad y la infidelidad no predecía disminuciones en la calidad de esas relaciones. Los participantes, en su mayoría hombres, expresaron una gran satisfacción con sus aventuras y poco arrepentimiento moral. El estudio fue publicado en Archives of Sexual Behavior.

Las experiencias románticas extradiádicas, comúnmente conocidas como infidelidad, se refieren a que una persona tiene intimidad emocional o sexual con alguien fuera de su relación romántica comprometida. Las experiencias románticas extradiádicas pueden ocurrir de diferentes formas, desde aventuras de una noche hasta aventuras duraderas.

Las experiencias románticas extradiádicas también son fuente de gran controversia y de puntos de vista y comportamientos paradójicos. Las encuestas realizadas muestran que casi todas las personas ven la infidelidad como una transgresión moral. Por lo general, manifiestan una gran angustia ante la mera idea de que su propia pareja cometa infidelidad. La infidelidad es un importante predictor de divorcio y violencia en la pareja. A pesar de todo esto, un número considerable de personas optan por engañar a sus parejas románticas. Se calcula que aproximadamente uno de cada cinco casados engaña a su pareja. La proporción aumenta a uno de cada tres entre los adultos jóvenes en relaciones de pareja.

Por otro lado, los estudios han demostrado que muchas personas cometen infidelidades a pesar de calificar sus matrimonios como felices o muy felices. Esto llevó a los investigadores a explorar otras formas de explicar la discrepancia entre la actitud social general hacia la infidelidad y el hecho de que, al mismo tiempo, sea muy común. El autor del estudio, Dylan Selterman, y sus colegas querían comprender mejor las experiencias psicológicas de quienes buscan y participan en comportamientos románticos extradiádicos. Centraron su atención en Ashley Madison, un sitio web de citas dirigido explícitamente a usuarios que están en parejas o matrimonios románticos comprometidos, es decir, un sitio para promover la infidelidad.

Los investigadores realizaron encuestas de usuarios de Ashley Madison en dos momentos temporales con tres meses de diferencia. La primera ola incluyó a 810 usuarios y 868 en la segunda, pero solo 260 completaron ambas olas. Más del 90% de los participantes eran hombres y heterosexuales. La edad media de los participantes en ambas muestras fue de alrededor de 52 años. Alrededor del 85% estaban casados o tenían una relación. El 10% en la primera encuesta y el 6% en la segunda informaron tener una relación abierta.

Los resultados mostraron que alrededor de la mitad de los participantes informaron tener un acuerdo de exclusividad con su pareja principal. Aproximadamente dos de cada tres informaron que habían engañado a sus parejas en algún momento de sus relaciones, pero solo alrededor de uno de cada cinco informó que su pareja los engañó. Alrededor del 65% de los participantes informaron que ya habían tenido una aventura o aventuras antes de comenzar con el sitio “web” de Ashley Madison.

Cuando se les preguntó acerca de sus parejas principales, en su mayoría informaron altos niveles de amor por su pareja principal, pero bajos niveles de satisfacción sexual. Alrededor de la mitad informó que actualmente no era sexualmente activa con su pareja principal. La insatisfacción sexual y el bajo compromiso con su pareja principal fueron los motivos principales para tener una aventura.

Cuando se preguntó a aquellos que tuvieron éxito en tener una aventura sexual en el sitio de Ashley Madison sobre sus experiencias, los participantes informaron una alta satisfacción sexual y emocional, pero un nivel muy bajo de arrepentimiento. Aproximadamente cuatro de cada cinco participantes afirmaron que su pareja no sabía nada de su aventura.

Los hallazgos resaltan que las aventuras amorosas suelen ser complejas y pueden estar impulsadas por motivos contradictorios. «En nuestra muestra de usuarios de Ashley Madison, encontramos que, en general, la insatisfacción sexual era alta y un gran número de participantes informaron no haber tenido relaciones sexuales con sus parejas o cónyuges en largo tiempo. Así que buscaron aventuras, y algunas de ellas tuvieron aventuras, y entre aquellas personas que tuvieron una aventura, experimentaron una gran satisfacción con sus aventuras y bajos niveles de arrepentimiento», afirmó el investigador principal. «Parecía que todavía mantenían el amor y la intimidad con sus cónyuges; parece que realmente sienten que no han hecho nada malo, lo cual es notable dado lo altamente estigmatizada que está la infidelidad».

«Creo que se pueden observar estos resultados desde la perspectiva del vaso medio lleno o medio vacío», añadió el investigador. «Por un lado, las personas engañan a sus parejas incluso cuando las aman y no hay mucho conflicto. Sienten que vale la pena preservar su relación incluso si no tienen relaciones sexuales. Eso no excusa el comportamiento. Uno puede presentar un argumento ético convincente de que está mal engañar independientemente del motivo”.

 

La infidelidad, ¿qué es y por qué ocurre? | Parte I

La mayoría de la gente considera que la monogamia es la norma: casi el 99% de los participantes en un estudio representativo a gran escala informó que tenía la expectativa de que su cónyuge fuera sexualmente monógamo y el 99% de los participantes de esta misma investigación creía que su pareja esperaba exclusividad sexual en la relación. Podemos ver que las expectativas de exclusividad sexual en el matrimonio, la relación o la convivencia rara vez cambian; menos del 1% de las parejas heterosexuales que participó en este estudio informó que su pareja o cónyuge había cambiado sus creencias sobre la exclusividad sexual luego de establecida la relación. Además de creer que la monogamia es la norma, la mayoría de la gente ve la infidelidad de forma negativa. Según una encuesta de Gallup de 2017, el 88% de los estadounidenses cree que es moralmente inaceptable que hombres y mujeres casados tengan una aventura fuera de la relación.

A pesar de la visión negativa generalizada en la población sobre la infidelidad, ésta es común entre las personas y se ha asociado con la disolución de las relaciones y la tensión entre los cónyuges. Este fenómeno en psicología se conoce como hipocresía moral: defender algunos valores morales como correctos, pero no seguirlos en la práctica, sobre todo cuando se aplica a la propia persona. Un estudio representativo a nivel nacional encontró que el 23% de los hombres y el 11% de las mujeres en general, y el 34% de los hombres y el 19% de las mujeres en cohortes de mayor edad, informan haber tenido alguna vez relaciones sexuales extramatrimoniales. Estas cifras tienden a ser aproximaciones someras puesto que los estudios en materia de sexualidad tienden a proporcionar resultados o respuestas inexactas. Este tipo de investigación habitualmente se realiza utilizando cuestionarios autoreportados y, dado que la sexualidad humana tiende a intimidar a las personas por múltiples razones, la veracidad de lo que auto-informan podría ser altamente cuestionable. En lo referente a infidelidad, la forma en que los investigadores la definen vs. cómo los participantes la entienden puede influir en los resultados de un estudio. Asimismo, comúnmente no se mide el nivel de religiosidad de las personas que participan en estas investigaciones y esto es particularmente importante porque las personas religiosas tienden a tener dificultades para expresarse en materia de sexualidad de manera abierta, además tienen más probabilidades que las no-religiosas de creer que los actos ambiguos de sus parejas constituyen infidelidad, mientras que esos mismos actos realizados por ellos mismos no lo son. Por ejemplo, es más probable que las personas religiosas crean que el uso de pornografía siempre es moralmente incorrecto, y muchos de ellos pueden percibir el uso de pornografía en la relación como infidelidad.

Pero ¿cuál es la diferencia entre infidelidad, actividad sexual extramarital, participación sexual extradiádica, aventura sexual fuera de la relación y otros conceptos utilizados para describir este fenómeno?

El concepto “infidelidad” tiene sus raíces en la religión. La mayoría de las religiones enseñan que la infidelidad es dañina y moralmente incorrecta. Además, es más probable que las personas más religiosas experimenten fuertes sanciones contra la infidelidad en sus comunidades de fe. Los textos religiosos que son fundamentales para el judaísmo, el cristianismo, el islam y el hinduismo contienen pasajes que condenan la infidelidad. La Biblia hebrea proclama en sus Diez Mandamientos: «no cometerás adulterio». El Nuevo Testamento enseña contra la infidelidad tanto física como emocional, con las palabras de Jesús: «Todo el que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón», y la enseñanza de Pablo de que «los fornicarios […] adúlteros, ninguno de ellos heredará el reino de Dios». La palabra «infidelidad» se utiliza 25 veces en el Corán, que insta a «no te acerques al adulterio, porque en verdad es un gran pecado y un mal camino». El Vishnu Purana, un texto sagrado del hinduismo, afirma: «Aquel que comete adulterio es castigado aquí y en el más allá; porque sus días en este mundo se acortan, y muerto cae en el infierno». Además de las enseñanzas bíblicas contra la infidelidad y a favor de los matrimonios sexualmente exclusivos, los líderes religiosos generalmente enseñan públicamente sobre lo incorrecto de esta conducta de acuerdo con sus convicciones de fe. Sin embargo, las diferentes denominaciones religiosas varían en el grado en que condenan y castigan la infidelidad entre sus seguidores.

La psicología, como disciplina científica, trata este asunto desde una perspectiva enteramente laica. El empleo del concepto “infidelidad” en este artículo obedece al hecho de que es más entendible por las personas en general debido a su cercanía con la religiosidad.

¿Qué constituye una infidelidad?

Como mencionáramos, la psicología procura adherirse estrictamente a los principios científicos y observar la conducta desde una perspectiva laica, a menos que el dogma religioso sea lo que motive una investigación específica. Así las cosas, los investigadores científicos han utilizado múltiples términos para describir la infidelidad, a veces indistintamente, como: infidelidad, engaño, aventura sexual, sexo extramarital o extradiádico e involucramiento o participación extradiádica. Entonces existe un consenso en las ciencias en darle énfasis al aspecto físico y utilizar el concepto de sexo extramarital o extradiádico para referirse al fenómeno de la infidelidad.

Las definiciones conductuales de infidelidad varían ampliamente en la literatura y pueden incluir cualquier cosa, desde «relaciones sexuales», «sexo oral» y «besos» hasta «conexiones emocionales» fuera de una relación monógama. Aunque los comportamientos que se consideran infidelidad pueden variar, la infidelidad puede conceptualizarse ampliamente como comportamientos sexuales con una pareja extradiádica que, si la pareja en la relación primaria se entera de ellos, es probable que causen angustia o daño severos.

La infidelidad ha sido conceptualizada como «física» o «emocional», donde la física involucra relaciones sexuales o coito, besos u otros actos físicos, y la emocional que involucra sentimientos románticos, citas románticas, dar regalos y otros actos que no involucran contacto físico. Algunos científicos definen la infidelidad exclusivamente como comportamientos físicos sexuales con alguien que no sea la pareja primaria, como el coito, el sexo oral o los besos. A lo largo del estudio de la infidelidad, las definiciones y conceptualizaciones de este concepto han cambiado. Los primeros estudios sobre la infidelidad sólo tendían a enfatizar el aspecto físico al conceptualizarla como relaciones sexuales extramatrimoniales. En otras palabras, originalmente, para la ciencia una infidelidad era una conducta que involucraba una interacción físico-sexual entre dos personas fuera de su relación primaria. Aunque se reconoce en cierta forma la infidelidad emocional, en gran medida todavía se conserva la visión original por lo impreciso que resulta ser este concepto.

Incluso con respecto a los comportamientos físicos, no está tan claro qué comportamientos constituyen infidelidad. Algunas conductas físicas, como abrazar, pueden considerarse «ambiguas» toda vez que algunas personas perciben los abrazos como infidelidad, mientras que otras no. Generalmente, las conductas sexuales extradiádicas se consideran el indicativo más universal de infidelidad. Que un comportamiento se perciba como infidelidad puede depender de las personas involucradas y de la situación. En algunas ocasiones, la pareja no está de acuerdo sobre qué constituye una infidelidad. Uno de los miembros de la pareja puede creer que no ha cometido ninguna infracción, mientras que el otro puede percibir que sí se ha producido una falta. Varias investigaciones señalan que es más probable que las personas etiqueten el comportamiento de su pareja como de infidelidad y menos probable que etiqueten el propio en la misma situación de la misma forma.

Así que la pregunta de qué constituye una infidelidad es sumamente difícil de contestar. Desde el “like” en Facebook o el “fueguito” en Instagram a una dama en bikinis por parte de un hombre hasta el consumo de pornografía o la mirada indiscreta a las nalgas de una mujer que le pasa por el lado, han sido acciones catalogadas por muchas mujeres como infidelidad. Y muchas de las que estarán leyendo este artículo exclamarán casi al unísono “¡Pues claro!” Sin embargo, un hombre dificilmente catalogará como infiel a una mujer que observe pornografía o que le mire las nalgas a un hombre que le pase por el lado (¡Sí, las mujeres también le miran las nalgas a los hombres!). Y, otra vez, muchas mujeres que estén leyendo este artículo tal vez exclamarán “¡Pues claro, si de seguro él está haciendo lo mismo!” La realidad es que el género de la persona influye grandemente en lo que se percibe o no como infidelidad.

La infidelidad emocional es un concepto sujeto a múltiples interpretaciones. En teoría, un individuo podría cometer infidelidad emocional al enamorarse, salir a una cena romántica o darle regalos románticos a alguien fuera de su relación primaria, sin nunca tener contacto físico-sexual con esta persona. La infidelidad emocional, especialmente los comportamientos románticos, y el apoyo financiero, pueden ser más ambiguos que la infidelidad física, con opiniones más divididas de si se considera o no infidelidad. No sólo son ambiguos los actos específicos que comprenden la infidelidad emocional, sino que las personas también juzgan si un comportamiento es infiel desde la perspectiva emocional de manera diferente en función de si fueron ellas o sus parejas quienes llevaron a cabo esa acción. O sea, las personas tienden a juzgar sus propios comportamientos potencialmente infieles desde la perspectiva emocional con menos dureza que los de sus parejas, y las personas religiosas en particular son más propensas a creer que ciertos actos de sus parejas constituyen infidelidad emocional cuando esas mismas conductas realizadas por ellas mismas no lo son.

Como mencionáramos antes, la distinción entre infidelidad física y emocional puede tener una relación directa con el género de la persona. Según la teoría evolutiva, los hombres tienden a sentirse profundamente perturbados ante el hecho de que otro macho pudo haber «plantado» bandera y «marcado» su «territorio» a raíz de la infidelidad físico-sexual de su pareja. Mientras que las mujeres se sienten más molestas por la infidelidad emocional de su pareja, los hombres lo están más por los comportamientos físico-sexuales de éstas con otros hombres. Evolutivamente, se cree que esta diferencia está impulsada por las diferentes amenazas reproductivas y de inversión de recursos que plantean la infidelidad física y emocional. Teóricamente, un hombre tendría más miedo a la infidelidad físico-sexual por parte de su pareja porque esto podría dar lugar a que ella dé a luz a un niño que no es biológicamente suyo, lo que puede resultar en que él invierta recursos valiosos en una criatura que no lleva su propio ADN. Una mujer tendría más miedo a la infidelidad emocional por parte de su pareja porque esto podría hacer que sea menos probable que éste invierta recursos con ella y sus hijos. Esta diferencia está respaldada por múltiples estudios que encuentran que, cuando se ven obligadas a elegir, las mujeres generalmente consideran más perturbadora la infidelidad emocional de su pareja, mientras que los hombres generalmente consideran más perturbadora la infidelidad físico-sexual.

El otro lado de la infidelidad

Las mujeres sufren un mayor impacto emocional y físico luego de una ruptura amorosa producto de una infidelidad debido a que suelen ser más selectivas a la hora de elegir a un compañero, y, por lo tanto, la pérdida de la relación tiende a ser más dolorosa para ellas. Sin embargo, una investigación ha concluido que las mujeres que son víctimas de una infidelidad seguida de una ruptura obtienen ganancias importantes en el largo plazo toda vez que se les enriquece su inteligencia emocional de pareja. El efecto de esto se reflejará en la habilidad de éstas para elegir mejores parejas en el futuro. Este estudio, que contó con 5,705 participantes en 96 países, fue realizado por Craig Morris, de Binghamton University, y publicado en la revista Science Daily. Según el autor, la mujer que pierde a su pareja a raíz de una infidelidad pasará por un período de dolor, pero saldrá de esa experiencia con una inteligencia de pareja superior a la que tenía, lo que en el futuro le permitirá detectar mejor las señales que indican que un posible compañero no es el adecuado. El autor también señala que la mujer con la que el hombre le fue infiel es la que más pierde ya que se queda en muchos de los casos con una persona que posee un historial demostrado de engaño e infidelidad.

Infidelidad emocional vs. Infidelidad sexual

La revista Archives of Sexual Behavior publicó un estudio en el que participaron 63,894 personas entre las edades de 18 y 65 años. Esta investigación, realizada por la Universidad de Chapman, reveló que a los hombres heterosexuales les molesta más la infidelidad sexual (un 54% en hombres vs. un 35% en mujeres), mientras que a las mujeres heterosexuales les molesta más la infidelidad emocional (un 65% en las mujeres vs. un 46% en los hombres). No hubo diferencias significativas en los resultados cuando se trata de personas homosexuales o bisexuales. David Frederick, autor de este estudio, concluye que factores como nivel de ingresos, historial de infidelidades, hijos, tipo de relación o tiempo de la relación, no estuvieron relacionados con la mayor o menor inclinación hacia la molestia por una u otra infidelidad. No obstante, los participantes más jóvenes representaron el porcentaje más alto de enfado o molestia ante la infidelidad sexual que los participantes de mayor edad.

Clave del 7 de octubre de 2016

Las relaciones enfrentan tres grandes amenazas:  falta de compromiso, demasiados conflictos y discusiones, e infidelidad.   Estas a su vez son las tres razones más comunes para un divorcio, rompimiento o separación.  Conociendo esto de antemano, las parejas de forma proactiva pueden elaborar un plan de acción que proteja su relación de estos elementos.   Se hace necesario, por lo tanto, el desarrollo de destrezas adecuadas de comunicación y resolución de conflictos, de manejo del coraje, de reducción de estrés, y además fomentar la conexión emocional con el cónyuge.  Un enfoque preventivo que incluya la terapia de parejas podría ser un recurso valioso que te ayude a alcanzar estos objetivos.

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La construcción de la confianza luego de una infidelidad | Parte II

Continuación…

¿Interesas que tu relación sobreviva a una infidelidad?

Comienza por no ventilar la situación en las redes sociales y por entender que tú no eres responsable por la infidelidad de tu pareja. No hay absolutamente nada que justifique una traición. Luego de internalizar lo anterior, debes conocer que hay dos procesos importantes en los que hay trabajar: el perdón y la reconstrucción de la confianza.

Tú no eres responsable por la infidelidad de tu pareja

Trabajar en el aspecto del perdón te brindará muchas recompensas emocionales y espirituales, aunque la relación se disuelva. Ahora bien, reconstruir la confianza es uno de los procesos más difíciles por los que puede pasar una relación. Admitámoslo, la mayoría de estos casos termina en divorcio. Sin embargo, es posible reparar y reconstruir la confianza si ese es el deseo de los cónyuges y si el caso lo amerita. En este punto, pregúntate “¿fue esto el resultado de un evento único o es algo que aparenta ser un hábito o un rasgo de la personalidad de mi pareja?”

Debes decidir si deseas una relación o si deseas una venganza. Las dos cosas no las podrás tener

Si decides trabajar en pro del perdón y de la sobrevivencia de la relación, debes decidir si deseas una relación o si deseas una venganza. Las dos cosas no las podrás tener, por lo que si necesitas tomarte un tiempo para sanar, debes hacerlo. En ese sentido, a pesar del dolor que puedas estar sintiendo, le debes permitir a tu pareja realizar las enmiendas pertinentes, de lo contrario, la relación terminará. La humillación, la crítica, el hacerle sentir culpable trayendo a colación el tema continuamente, sólo hará que las cosas sean peores. Esto no significa que el asunto hay que callarlo para siempre. Se recomienda que la pareja discuta el tema, procese la experiencia, aprenda de ella y que se validen los sentimientos de la persona que resultó herida. Cuando el tema se discuta, debe ser de manera oportuna y no ante la menor provocación o intercambio de opiniones.

Es importante que se establezcan las reglas para que la relación sea más transparente. Se podrán establecer reglas en torno al uso de las redes sociales, emails y teléfonos celulares, entre otros. Tener la seguridad de la congruencia entre lo que la pareja dice y lo que en efecto hace es esencial para que se recupere la confianza. Se recomienda tener cautela en este punto, ya que un monitoreo excesivo podría insertar en la relación un elemento de desconfianza incompatible con el objetivo final.

La sobrevivencia de una relación luego de una traición tiene que ver en gran medida con las respuestas al evento, sobre todo por parte de la persona infiel. Esta persona debe comprometerse con una política de cero deshonestidad en la relación y asumir completa responsabilidad por sus acciones, entendiendo que él o ella es la única responsable de su conducta, y que ninguna acción de su pareja o de otra persona le forzó a cometer el acto. Asimismo, debe entender que la persona traicionada necesita sanar a su tiempo, y proveerle el espacio para que así lo haga. Además, es recomendable que entienda lo doloroso que es el asunto para su pareja y que en ocasiones ésta tendrá la necesidad de hablar sobre el suceso hasta que las heridas sanen. Por último, debe respetar las nuevas reglas que se establezcan en la relación y mostrarse entusiasta ante la oportunidad que le están brindando para reparar el daño causado.

En efecto, muchas relaciones logran sanar

¿Debe terminar una relación luego de una infidelidad? No necesariamente. En efecto, muchas relaciones logran sanar. En ocasiones habrá que tomar medidas extraordinarias como cambiar de empleo o mover el lugar de residencia. Reconstruir la relación y reinstalar la confianza luego de una infidelidad no es tarea sencilla, habrán altibajos en el camino, pero si el proceso se lleva a cabo de forma exitosa, la pareja terminará más fortalecida que antes.  Una vez resuelto el asunto de la infidelidad, se recomienda la Terapia de Parejas para trabajar en el proceso de sanación y promover la vinculación emocional.

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