La imagen corporal y la seguridad sexual de los hombres

Los hombres que tienen una mejor percepción de su cuerpo tienden a sentirse más seguros y confiados en su vida sexual.

Fuente: Estudio publicado en la revista Psychology & Sexuality. Autores: David M. Hattie, Flora Oswald y Cory L. Pedersen.

Un estudio reciente analizó cómo la forma en que los hombres perciben su propio cuerpo influye en su seguridad y confianza en el ámbito sexual. Aunque durante muchos años este tipo de investigaciones se ha centrado principalmente en las mujeres, este trabajo pone el foco en los hombres y muestra que la imagen corporal también juega un papel importante en cómo viven su sexualidad.

Los investigadores trabajaron con casi 300 hombres adultos, quienes respondieron cuestionarios sobre cómo se sienten con su cuerpo, incluyendo aspectos como la fuerza física, la condición física general y qué tan atractivos se perciben. También se evaluó su nivel de confianza sexual, es decir, qué tan seguros se sienten sobre su capacidad para disfrutar y desempeñarse en el ámbito sexual.

Los resultados mostraron una relación clara: los hombres que tienen una percepción más positiva de su cuerpo tienden a tener mayor confianza en su sexualidad. Esto significa que sentirse bien con el propio cuerpo está asociado con sentirse más seguro y capaz en las relaciones sexuales. Incluso aspectos específicos como la percepción de ciertas partes del cuerpo estuvieron relacionados con esta confianza.

Sin embargo, esta relación no es tan simple. El estudio también encontró que la ansiedad relacionada con el cuerpo puede afectar negativamente esta conexión. Es decir, aunque un hombre se perciba como atractivo, si se siente inseguro o incómodo con su cuerpo —por ejemplo, evitando mostrarse desnudo— su confianza sexual puede verse afectada.

Además, las creencias sobre lo que significa “ser hombre” también influyen. En algunos casos, seguir normas tradicionales de masculinidad puede fortalecer o debilitar la relación entre la imagen corporal y la seguridad sexual, dependiendo del aspecto que se evalúe. Esto sugiere que no solo importa cómo se ve el cuerpo, sino también cómo se interpretan esas ideas dentro de las expectativas sociales.

Los autores destacan que estos hallazgos tienen implicaciones importantes para la educación y la terapia, ya que muestran que la imagen corporal en los hombres es un factor clave en su bienestar sexual. También señalan que se necesita más investigación para entender cómo estos factores afectan a diferentes grupos de personas.

El corazón como emblema del amor

El corazón como símbolo del amor y las emociones tiene un origen mucho más antiguo que el conocimiento anatómico moderno. En diversas culturas antiguas, el corazón era considerado el centro de la vida emocional, moral e incluso espiritual. Civilizaciones como la egipcia creían que el corazón era el órgano donde residían los pensamientos, las intenciones y los sentimientos, desempeñando un papel central en la identidad de la persona. Esta concepción se extendió también a tradiciones filosóficas y médicas antiguas, en las que el corazón era visto como el núcleo de la experiencia humana, mucho antes de que el cerebro fuera reconocido como el principal órgano del procesamiento emocional.

El símbolo gráfico del corazón, aunque no representa fielmente su forma anatómica, se consolidó con el tiempo como una representación universal del amor y el afecto. Su permanencia en la cultura contemporánea refleja la fuerza de estas creencias históricas y su capacidad para trascender el conocimiento científico. Desde una perspectiva psicológica y cultural, el uso del corazón como símbolo ilustra cómo las sociedades construyen significados compartidos para representar experiencias internas complejas. Aun cuando hoy sabemos que las emociones se procesan principalmente en el cerebro, el corazón continúa siendo un emblema poderoso del amor, cargado de valor simbólico y emocional.

No hables únicamente

La manera en que te comunicas con tu pareja constituye una parte esencial de cualquier relación, ya que a través del lenguaje se construyen significados, se transmiten emociones y se establecen límites. Para que una relación funcione de manera saludable, es necesario que todas las personas involucradas puedan expresar sus sentimientos, opiniones y creencias con claridad, respeto y apertura, sin temor a ser juzgadas o ignoradas.

Al momento de comunicarte, no solo importa el contenido del mensaje, sino también el tono y la forma en que se transmite. Muchas veces, los malentendidos surgen cuando se utilizan medios como los mensajes de texto, donde se pierden elementos clave de la comunicación humana, como la entonación, las pausas y las expresiones emocionales. Por ello, las conversaciones importantes suelen beneficiarse de un contacto más directo, como hablar en persona o por teléfono.

Encontrar en conjunto las mejores maneras de expresar lo que sienten permite reducir la confusión y prevenir conflictos innecesarios. Cada relación desarrolla su propio estilo comunicativo, y aprender a ajustarlo de forma consciente fortalece el vínculo. Cuando las personas logran comunicarse de manera efectiva, no solo disminuyen los errores de interpretación, sino que también crean una conexión más profunda, auténtica y estable.


Cuando mejorar no es suficiente: atrapada entre la esperanza, la duda y el cansancio emocional


Pregunta


P
He estado casada por más de 23 años con un hombre que, según descubrí investigando temas de relaciones en internet, tiene un patrón pasivo-agresivo. Esto fue un choque para mí, pero también un alivio, porque finalmente entendí por qué mi matrimonio ha estado fallando.

Hicimos terapia tanto de pareja como individual. Hubo mejoría, mucha mejoría, y pensé que ese sería el final de esos problemas en nuestro matrimonio. Sin embargo, no fue así, y he intentado irme. Pero cada vez que lo hago, él logra “manipularme” para que me quede o me “convence” de que fue solo un episodio menor y que va a “intentar” cambiar.

El problema es que no estoy convencida, estoy eternamente molesta y ya no confío en él. Entonces mi pregunta es: ¿qué demonios sigo haciendo con él? ¿Hay algo mal en mí? Necesito ayuda porque sinceramente no puedo moverme ni un paso en ninguna dirección.


Respuesta del Psicólogo


R
Querida lectora, lo primero que quiero decirte es esto: no hay nada “mal” contigo. Lo que estás sintiendo —el cansancio, la confusión, la frustración, la parálisis emocional— no solo es comprensible, es humano. Has cargado con una dinámica desgastante por más de dos décadas, y tu estructura emocional está tratando de protegerte del dolor y de la incertidumbre al mismo tiempo.

Las relaciones con alguien que tiene patrones pasivo-agresivos pueden ser profundamente desconcertantes. Por un lado, existe la esperanza: ves pequeños cambios, momentos positivos, avances que te hacen creer que esta vez sí será diferente. Por el otro, los ciclos regresan: manipulación sutil, promesas sin acciones sostenidas, invalidación emocional, y un esfuerzo que siempre recae más sobre ti que sobre él.

Tu esfuerzo no ha sido pequeño: buscaste información, hiciste terapia individual, hiciste terapia de pareja, intentaste reconstruir el vínculo… y aun así las viejas dinámicas regresan. Este cansancio emocional acumulado explica por qué hoy te sientes atrapada entre dos caminos: quedarte y seguir sufriendo, o irte y enfrentar un miedo enorme a lo desconocido.

La verdad es que no estás atrapada porque no sepas qué hacer; estás atrapada porque estás desgastada. Y cuando una persona está emocionalmente agotada, tomar decisiones se vuelve casi imposible.

Recomendaciones para manejar esta situación

  • Reconoce que tu “parálisis” es un síntoma, no una falla personal: cuando una relación te ha drenado emocionalmente durante años, tu sistema se protege quedándose inmóvil. Esa inmovilidad no es debilidad; es agotamiento.
  • Evalúa el patrón, no las promesas: prometer cambiar no es lo mismo que cambiar. Pregúntate: ¿sus cambios han sido constantes, profundos y sostenidos? ¿O son periodos breves que duran hasta que tú bajas la guardia?
  • Trabaja en recuperar tu claridad emocional sin presionarte a decidir ya: puede ser a través de terapia individual, grupos de apoyo o espacios de autocuidado. Necesitas reconstruirte un poco antes de poder tomar decisiones grandes.
  • Explora tus miedos con honestidad: ¿qué te detiene? ¿Miedo a lastimarlo? ¿Miedo a estar sola? ¿Miedo a equivocarte? Nombrar estos miedos te permite empezar a separarlos de tu identidad.
  • Revisa tu historia interna: muchas personas que permanecen en relaciones de este tipo no lo hacen por debilidad, sino por lealtad, responsabilidad excesiva o patrones aprendidos de infancia donde “aguantar” parecía normal.
  • Considera un plan de claridad, no un plan de ruptura: en vez de preguntarte “¿me voy o me quedo?”, cambia la pregunta a: “¿qué necesito para sentirme fuerte otra vez?” Las decisiones vendrán después.
  • Recupera tu sentido de autovalía y autosuficiencia: no eres responsable de repararlo a él. No tienes que seguir en una relación que te drena para demostrar nada. Tú mereces paz, confianza y reciprocidad emocional.

En resumen, tu confusión no es falta de capacidad; es agotamiento emocional tras muchos años de lucha interna. Y aunque hoy sientas que no puedes dar un paso, eso no define tu futuro. Las decisiones más importantes no se toman desde la desesperación, sino desde la claridad. Con apoyo adecuado, recuperarás esa claridad.

“A veces no estás atrapada: estás cansada. Y cuando descansas emocionalmente, los caminos vuelven a aparecer.”

Todavía puedes encontrar dirección, fuerza y serenidad. Estoy contigo en este proceso, y mereces una vida emocional donde no tengas que mendigar tranquilidad.

Con aprecio y respeto,
Dr. González

Por favor, lea nuestro Relevo de Responsabilidad.

Conectados pero Distantes: Cuando el Uso de las Redes Sociales se Convierte en un Problema de Pareja

El uso de las redes sociales puede fortalecer o debilitar una relación de pareja, según cómo se integre en la vida diaria. Este artículo, elaborado desde una perspectiva terapéutica, analiza qué son las redes sociales, por qué generan tanta atracción, las diferencias de género en su uso y cómo su exceso puede provocar distancia emocional, celos y desconexión. También ofrece estrategias clínicas para establecer límites saludables, mejorar la comunicación y priorizar la conexión real sobre la virtual.

En la era digital, las redes sociales se han convertido en una herramienta indispensable para comunicarse, informarse y entretenerse. Sin embargo, su uso excesivo puede tener consecuencias negativas en la vida personal y, especialmente, en las relaciones de pareja.

Cada vez más personas reportan sentirse desplazadas o ignoradas por el tiempo que su compañero/a dedica al teléfono, a las notificaciones o a las interacciones virtuales. Lo que comenzó como una forma de conexión puede transformarse en una fuente de distancia emocional y conflicto.

Este artículo analiza cuándo el uso de las redes sociales deja de ser funcional y comienza a afectar la intimidad, la confianza y la comunicación en la pareja, así como estrategias terapéuticas para restablecer el equilibrio.

¿Qué Son las Redes Sociales?

Las redes sociales son plataformas digitales que permiten la interacción entre personas, el intercambio de información, la expresión personal y la creación de comunidades en línea. Ejemplos comunes son Facebook, Instagram, X (antes Twitter), TikTok o LinkedIn.

Estas herramientas tienen un enorme impacto psicológico, ya que estimulan la necesidad de conexión, aprobación y reconocimiento. Sin embargo, también pueden generar dependencia, comparación constante y una visión distorsionada de la realidad.

Efectos de las Redes Sociales en la Vida Cotidiana

El uso moderado de redes puede ser saludable y funcional. Permite mantener contacto con seres queridos, acceder a información y expresar emociones. No obstante, cuando el tiempo dedicado a ellas supera el invertido en la relación, comienzan a aparecer síntomas de desconexión afectiva y ansiedad relacional.

Entre los efectos más comunes se encuentran:

  • Distracción constante y pérdida de atención hacia la pareja.
  • Comparaciones con otras relaciones o cuerpos idealizados.
  • Conflictos por celos, privacidad o interacciones con terceros.
  • Sensación de competencia entre el mundo virtual y la vida real.


En una relación, no se trata de desconectarse del mundo digital, sino de no desconectarse el uno del otro.

Cuando uno o ambos miembros priorizan las redes sociales sobre los momentos compartidos, se produce una fractura invisible: la pareja está físicamente presente, pero emocionalmente ausente.

Diferencias de Género en el Uso de las Redes

Diversas investigaciones sugieren que existen diferencias de género en la forma de usar las redes. En general, las mujeres tienden a utilizarlas para fortalecer vínculos sociales, autoafirmación y expresar emociones, mientras que los hombres suelen enfocarse en el entretenimiento y la información.

Estas diferencias pueden generar malentendidos dentro de la pareja. Por ejemplo, mientras una persona busca conexión emocional mediante mensajes o publicaciones, la otra puede interpretar ese comportamiento como innecesario o superficial. La falta de comprensión sobre los motivos del otro puede aumentar los conflictos o generar sentimientos de rechazo.

Por Qué las Personas Priorizan las Redes sobre la Relación

El atractivo de las redes sociales radica en su capacidad para ofrecer gratificación inmediata: cada “me gusta”, comentario o interacción genera una descarga de dopamina, reforzando la conducta de conexión constante. Esta dinámica psicológica puede volverse adictiva y desplazar la atención hacia el entorno virtual.

Algunas personas también usan las redes para escapar de tensiones cotidianas o conflictos no resueltos dentro de la relación. Revisar el teléfono se convierte en una forma de evitar el diálogo, el silencio o la incomodidad emocional.

A nivel más profundo, el uso excesivo de redes puede reflejar carencias afectivas o inseguridades personales. Cuando la validación externa sustituye la conexión íntima, la pareja deja de ser un refugio emocional y se convierte en un espacio secundario frente a la vida virtual.

Impacto en la Relación y la Conexión Emocional

La invasión de las redes sociales en la vida de pareja puede provocar desconexión, desconfianza y pérdida de intimidad. Las interacciones virtuales pueden parecer inofensivas, pero si sustituyen la comunicación directa o la atención emocional, se deteriora el vínculo afectivo.

En las relaciones a largo plazo, esta dinámica puede generar:

  • Distancia emocional y disminución del deseo de compartir tiempo de calidad.
  • Confusión entre lo virtual y la vida real de la pareja.
  • Desgaste en la confianza por publicaciones, mensajes o contactos ambiguos.
  • Competencia afectiva entre la pareja y el “mundo en línea”.

El desafío consiste en recuperar el equilibrio: usar las redes como herramienta de comunicación, no como reemplazo del vínculo emocional.

Recomendaciones Terapéuticas

  • Establecer límites claros: acordar horarios o espacios libres de pantallas, especialmente durante comidas o antes de dormir.
  • Promover la comunicación emocional: hablar abiertamente sobre cómo el uso del teléfono o las redes afecta a la relación, sin culpas ni juicios.
  • Fomentar la conexión real: recuperar actividades compartidas fuera del ámbito digital (paseos, hobbies, cenas o simplemente conversar sin distracciones).
  • Practicar la autorreflexión: preguntarse por qué se busca tanto la interacción en redes (¿es necesidad de reconocimiento, evasión o falta de conexión interna?).
  • Buscar equilibrio, no prohibición: las redes no deben eliminarse, sino integrarse de manera saludable en la vida cotidiana.

Conclusión

Las redes sociales son una herramienta poderosa, pero su uso inconsciente puede convertirse en un obstáculo para la intimidad y la estabilidad emocional de la pareja. Amar en tiempos digitales requiere equilibrio, conciencia y límites saludables.

El reto no es desconectarse del mundo, sino aprender a reconectarse entre sí. Cuando la pareja logra encontrar un equilibrio entre la vida digital y la emocional, la tecnología deja de ser una barrera y se convierte en un puente para fortalecer la confianza y la complicidad. En el amor, la presencia real siempre valdrá más que cualquier “me gusta”.

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La mala conducta y el proceso terapéutico

En terapia de pareja, el comportamiento de cada miembro dentro de la sesión influye directamente en la seguridad, el respeto y la eficacia del proceso. Aunque el consultorio es un espacio para expresar emociones intensas, esto no significa que “todo vale” ni que cualquier conducta sea aceptable.

¿Qué se considera “mala conducta” en terapia?
Se habla de mal comportamiento cuando una o ambas personas incurren en conductas que vulneran el encuadre terapéutico o dañan la dignidad del otro: insultos, gritos constantes, amenazas, burlas, intimidación física, menosprecio reiterado, negarse sistemáticamente a escuchar, acudir bajo efecto de sustancias, descalificar al terapeuta de forma agresiva o usar la sesión para humillar públicamente a la pareja.

  • Cuando alguien se porta mal en sesión, la terapia deja de ser un espacio seguro y tiende a reproducir, e incluso intensificar, las dinámicas de violencia o de maltrato que ya existen en la relación.
  • El mal comportamiento interfiere con los objetivos terapéuticos: en lugar de favorecer la reflexión y el diálogo, bloquea la posibilidad de escucharse, asumir responsabilidades y construir acuerdos.
  • Insultos, amenazas o intimidación dentro de la sesión pueden generar miedo, vergüenza o retraimiento en la otra persona, reduciendo su disposición a hablar con honestidad y a explorar temas delicados.
  • Atacar al terapeuta (descalificaciones personales, burlas, desafíos constantes al encuadre) puede ser una forma indirecta de boicotear el proceso, evitando que se aborden asuntos dolorosos o incómodos.
  • El mal comportamiento reiterado obliga al terapeuta a intervenir para proteger la integridad emocional y física de ambos, estableciendo límites claros, pausando la sesión o, en casos graves, terminando el encuentro.
  • En situaciones de agresión o riesgo, la terapia de pareja puede dejar de ser adecuada; el terapeuta puede recomendar procesos individuales, intervenciones especializadas o recursos de protección antes de continuar con sesiones conjuntas.
  • Hablar explícitamente en sesión sobre lo que está ocurriendo (por ejemplo, “nos estamos faltando el respeto”, “hay gritos e intimidación”) ayuda a que la pareja tome conciencia de cómo estas conductas dañan el vínculo y el propio proceso terapéutico.
  • Establecer y respetar normas básicas de convivencia en sesión (no insultar, no gritar, no interrumpir, no amenazar) es parte del trabajo: aprender a tratarse con respeto en el consultorio prepara el terreno para relacionarse de forma más sana fuera de él.
  • Cuando una persona reconoce su mal comportamiento y está dispuesta a cambiarlo, la terapia puede convertirse en un espacio para aprender nuevas formas de manejar el enojo, el desacuerdo y la frustración sin recurrir a la agresión.
  • En definitiva, la forma en que cada miembro se comporta en terapia es un indicador de cómo se comporta en la relación; trabajar sobre ese comportamiento es parte esencial de la terapia de pareja y una condición para avanzar de manera segura y constructiva.

 

Cuando la Atracción se Apaga: Cómo Afrontar la Pérdida de Deseo Físico en la Pareja

La pérdida de atracción física es una etapa común en muchas relaciones, pero no significa el fin del amor. Este artículo explica qué es la atracción física, su importancia para la salud emocional y sexual, y las razones por las que puede disminuir con el tiempo. Aborda las diferencias de género, el papel de la comunicación y las estrategias clínicas para recuperar el deseo y la conexión. Con un enfoque psicológico, ofrece herramientas para renovar la intimidad, fortalecer el vínculo y comprender que la atracción no solo se ve, sino que se construye día a día.

La atracción física suele ser uno de los primeros puentes que une a una pareja. Sin embargo, con el paso del tiempo, el estrés, la rutina o los cambios personales pueden afectar la percepción del deseo y la conexión corporal. Muchas parejas, aun con amor y compromiso, atraviesan etapas en las que uno o ambos dejan de sentirse atraídos físicamente por el otro.

Desde la terapia de pareja, esta situación no se interpreta como el fin del amor, sino como una señal de que la relación necesita atención, renovación y entendimiento. Comprender qué es realmente la atracción, por qué fluctúa y cómo recuperarla es esencial para preservar la intimidad y fortalecer el vínculo emocional y sexual.

¿Qué es la Atracción Física?

La atracción física es la respuesta emocional y sensorial que despierta el deseo de cercanía o intimidad con otra persona. Involucra elementos biológicos, psicológicos y sociales: desde la química corporal y las feromonas, hasta la admiración y la conexión emocional.

Contrario a lo que se piensa, la atracción no depende solo del aspecto físico. También está influida por la forma en que la persona se comunica, se expresa, cuida de sí misma y se relaciona con el otro. En una pareja estable, la atracción física se alimenta de la admiración mutua, la complicidad y la novedad emocional.

La Importancia de la Atracción Física en las Relaciones Saludables

La atracción física cumple un papel importante en el bienestar de la pareja. No se trata únicamente del deseo sexual, sino del reconocimiento de la energía vital y afectiva que une a dos personas. Cuando existe atracción, la pareja suele comunicarse mejor, experimentar más cercanía emocional y mantener una vida sexual activa y satisfactoria. Por el contrario, cuando el deseo disminuye, pueden aparecer frustración, inseguridad o sentimientos de rechazo.

Sin embargo, perder la atracción no siempre significa el fin de la relación. En muchos casos, es una oportunidad para revisar la conexión emocional, los hábitos cotidianos y la forma en que se expresa el cariño.



La atracción física no se pierde de un día para otro: se apaga lentamente cuando dejamos de mirar, de escuchar y de sorprender al otro.

Diferencias de Género en la Experiencia del Deseo

Hombres y mujeres suelen experimentar la atracción física de manera distinta, influenciados tanto por factores biológicos como culturales. En general, los hombres tienden a responder más a estímulos visuales y a la novedad, mientras que las mujeres suelen vincular el deseo con la conexión emocional, la seguridad y el contexto relacional.

Estas diferencias no implican desigualdad, sino la necesidad de comprender que el deseo es un fenómeno complejo y dinámico. La falta de atracción puede tener causas diferentes para cada persona: estrés, cambios hormonales, conflictos emocionales, rutina o falta de cuidado mutuo.

Reconocer estas diferencias y hablar de ellas abiertamente permite disminuir la frustración y encontrar estrategias de reconexión más efectivas.

Por Qué se Pierde la Atracción

La pérdida de atracción física no ocurre de manera repentina; es el resultado de múltiples factores acumulados a lo largo del tiempo. Algunas causas frecuentes son:

  • Rutina y monotonía: la ausencia de novedad y curiosidad puede apagar el interés físico y emocional.
  • Descuido personal o emocional: cuando uno deja de cuidar su bienestar o apariencia, el otro puede percibirlo como falta de interés.
  • Resentimiento acumulado: las heridas no resueltas y la falta de perdón enfrían el deseo, eliminan la atracción y reducen la cercanía.
  • Estrés o cansancio: las exigencias laborales o familiares agotan la energía disponible para la intimidad y el autocuidado.
  • Falta de comunicación sexual: no hablar de lo que se desea o se necesita impide el encuentro auténtico basado en el deseo.

Impacto en la Relación a Largo Plazo

La atracción física es una parte importante del amor maduro, pero no la única. Su pérdida puede generar distancia emocional, frustración o incluso la tentación de buscar fuera lo que no se encuentra dentro de la relación. Sin embargo, las parejas que logran trabajar esta etapa pueden salir fortalecidas.

Cuando el amor y la comunicación se mantienen, en muchos casos la atracción podría reactivarse. Redescubrir al otro, reinventar la intimidad y cuidar los pequeños gestos cotidianos son claves para reconstruir el deseo. Ten en cuenta que las relaciones duraderas no se sostienen por la perfección física, sino por la capacidad de mantener la curiosidad y la admiración.

Recomendaciones Terapéuticas

  • Fomentar la comunicación honesta: hablar del tema sin culpa ni crítica, reconociendo los cambios naturales en el deseo y el físico.
  • Reconectar emocionalmente: dedicar tiempo de calidad, practicar la empatía y recordar las razones que unieron a la pareja más allá de la apariencia.
  • Recuperar la intimidad gradual: no forzar el contacto sexual; comenzar con gestos afectivos, caricias, miradas y cercanía emocional.
  • Fortalecer el autocuidado: Sentirse bien consigo mismo es esencial para proyectar deseo y seguridad.
  • Explorar la novedad: incorporar actividades nuevas, viajes o rutinas distintas que estimulen la conexión y la curiosidad mutua.
  • Asistir a terapia de pareja o terapia sexual: un profesional puede ayudar a identificar las causas subyacentes y facilitar la reconexión afectiva y erótica.

Conclusión

Perder la atracción física no significa perder el amor, sino enfrentarse a una etapa de cambio y crecimiento. La atracción es también un reflejo del vínculo emocional, la admiración y la energía compartida. Cuando se trabaja desde el respeto, la comunicación y el deseo mutuo de reconectar, puede renacer con más profundidad y autenticidad.

En una relación sana, el cuerpo y el corazón se acompañan: lo físico se alimenta de lo emocional, y lo emocional se renueva con la cercanía corporal. Redescubrir al otro es también redescubrir la capacidad de amar con los ojos, con el alma y con la piel.

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