Clave del 4 de noviembre de 2016

Las emociones son complejas y nuestras experiencias diarias las afectan.  Nuestra canción favorita en la radio, un jefe insensible, recibir una noticia agradable… todo esto influencia nuestro estado de ánimo y tiene un efecto en la forma en que nos sentimos y pensamos.  Desafortunadamente, en ocasiones estas emociones, positivas o negativas, las podemos llevar a nuestra relación y descargar en quienes más queremos nuestras alegrías, pero también nuestras frustaciones y estados de ánimo alterados.  La pregunta es, ¿le vamos a permitir a esas emociones que dicten la forma en cómo tratamos a otros?  Así las cosas, piensa siempre primero en las consecuencias de tus acciones antes de reaccionar:  “¿cómo mi respuesta a esta situación afectará mi relación con esta persona?, ¿voy a lamentar después haber hecho o dicho esto?”  Ponlo en práctica.  Se convertirá en un hábito.  Verás los resultados.

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