La infidelidad, ¿qué es y por qué ocurre? | Parte I

La mayoría de la gente considera que la monogamia es la norma: casi el 99% de los participantes en un estudio representativo a gran escala informó que tenía la expectativa de que su cónyuge fuera sexualmente monógamo y el 99% de los participantes de esta misma investigación creía que su pareja esperaba exclusividad sexual en la relación. Podemos ver que las expectativas de exclusividad sexual en el matrimonio, la relación o la convivencia rara vez cambian; menos del 1% de las parejas heterosexuales que participó en este estudio informó que su pareja o cónyuge había cambiado sus creencias sobre la exclusividad sexual luego de establecida la relación. Además de creer que la monogamia es la norma, la mayoría de la gente ve la infidelidad de forma negativa. Según una encuesta de Gallup de 2017, el 88% de los estadounidenses cree que es moralmente inaceptable que hombres y mujeres casados tengan una aventura fuera de la relación.

A pesar de la visión negativa generalizada en la población sobre la infidelidad, ésta es común entre las personas y se ha asociado con la disolución de las relaciones y la tensión entre los cónyuges. Este fenómeno en psicología se conoce como hipocresía moral: defender algunos valores morales como correctos, pero no seguirlos en la práctica, sobre todo cuando se aplica a la propia persona. Un estudio representativo a nivel nacional encontró que el 23% de los hombres y el 11% de las mujeres en general, y el 34% de los hombres y el 19% de las mujeres en cohortes de mayor edad, informan haber tenido alguna vez relaciones sexuales extramatrimoniales. Estas cifras tienden a ser aproximaciones someras puesto que los estudios en materia de sexualidad tienden a proporcionar resultados o respuestas inexactas. Este tipo de investigación habitualmente se realiza utilizando cuestionarios autoreportados y, dado que la sexualidad humana tiende a intimidar a las personas por múltiples razones, la veracidad de lo que auto-informan podría ser altamente cuestionable. En lo referente a infidelidad, la forma en que los investigadores la definen vs. cómo los participantes la entienden puede influir en los resultados de un estudio. Asimismo, comúnmente no se mide el nivel de religiosidad de las personas que participan en estas investigaciones y esto es particularmente importante porque las personas religiosas tienden a tener dificultades para expresarse en materia de sexualidad de manera abierta, además tienen más probabilidades que las no-religiosas de creer que los actos ambiguos de sus parejas constituyen infidelidad, mientras que esos mismos actos realizados por ellos mismos no lo son. Por ejemplo, es más probable que las personas religiosas crean que el uso de pornografía siempre es moralmente incorrecto, y muchos de ellos pueden percibir el uso de pornografía en la relación como infidelidad.

Pero ¿cuál es la diferencia entre infidelidad, actividad sexual extramarital, participación sexual extradiádica, aventura sexual fuera de la relación y otros conceptos utilizados para describir este fenómeno?

El concepto “infidelidad” tiene sus raíces en la religión. La mayoría de las religiones enseñan que la infidelidad es dañina y moralmente incorrecta. Además, es más probable que las personas más religiosas experimenten fuertes sanciones contra la infidelidad en sus comunidades de fe. Los textos religiosos que son fundamentales para el judaísmo, el cristianismo, el islam y el hinduismo contienen pasajes que condenan la infidelidad. La Biblia hebrea proclama en sus Diez Mandamientos: «no cometerás adulterio». El Nuevo Testamento enseña contra la infidelidad tanto física como emocional, con las palabras de Jesús: «Todo el que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón», y la enseñanza de Pablo de que «los fornicarios […] adúlteros, ninguno de ellos heredará el reino de Dios». La palabra «infidelidad» se utiliza 25 veces en el Corán, que insta a «no te acerques al adulterio, porque en verdad es un gran pecado y un mal camino». El Vishnu Purana, un texto sagrado del hinduismo, afirma: «Aquel que comete adulterio es castigado aquí y en el más allá; porque sus días en este mundo se acortan, y muerto cae en el infierno». Además de las enseñanzas bíblicas contra la infidelidad y a favor de los matrimonios sexualmente exclusivos, los líderes religiosos generalmente enseñan públicamente sobre lo incorrecto de esta conducta de acuerdo con sus convicciones de fe. Sin embargo, las diferentes denominaciones religiosas varían en el grado en que condenan y castigan la infidelidad entre sus seguidores.

La psicología, como disciplina científica, trata este asunto desde una perspectiva enteramente laica. El empleo del concepto “infidelidad” en este artículo obedece al hecho de que es más entendible por las personas en general debido a su cercanía con la religiosidad.

¿Qué constituye una infidelidad?

Como mencionáramos, la psicología procura adherirse estrictamente a los principios científicos y observar la conducta desde una perspectiva laica, a menos que el dogma religioso sea lo que motive una investigación específica. Así las cosas, los investigadores científicos han utilizado múltiples términos para describir la infidelidad, a veces indistintamente, como: infidelidad, engaño, aventura sexual, sexo extramarital o extradiádico e involucramiento o participación extradiádica. Entonces existe un consenso en las ciencias en darle énfasis al aspecto físico y utilizar el concepto de sexo extramarital o extradiádico para referirse al fenómeno de la infidelidad.

Las definiciones conductuales de infidelidad varían ampliamente en la literatura y pueden incluir cualquier cosa, desde «relaciones sexuales», «sexo oral» y «besos» hasta «conexiones emocionales» fuera de una relación monógama. Aunque los comportamientos que se consideran infidelidad pueden variar, la infidelidad puede conceptualizarse ampliamente como comportamientos sexuales con una pareja extradiádica que, si la pareja en la relación primaria se entera de ellos, es probable que causen angustia o daño severos.

La infidelidad ha sido conceptualizada como «física» o «emocional», donde la física involucra relaciones sexuales o coito, besos u otros actos físicos, y la emocional que involucra sentimientos románticos, citas románticas, dar regalos y otros actos que no involucran contacto físico. Algunos científicos definen la infidelidad exclusivamente como comportamientos físicos sexuales con alguien que no sea la pareja primaria, como el coito, el sexo oral o los besos. A lo largo del estudio de la infidelidad, las definiciones y conceptualizaciones de este concepto han cambiado. Los primeros estudios sobre la infidelidad sólo tendían a enfatizar el aspecto físico al conceptualizarla como relaciones sexuales extramatrimoniales. En otras palabras, originalmente, para la ciencia una infidelidad era una conducta que involucraba una interacción físico-sexual entre dos personas fuera de su relación primaria. Aunque se reconoce en cierta forma la infidelidad emocional, en gran medida todavía se conserva la visión original por lo impreciso que resulta ser este concepto.

Incluso con respecto a los comportamientos físicos, no está tan claro qué comportamientos constituyen infidelidad. Algunas conductas físicas, como abrazar, pueden considerarse «ambiguas» toda vez que algunas personas perciben los abrazos como infidelidad, mientras que otras no. Generalmente, las conductas sexuales extradiádicas se consideran el indicativo más universal de infidelidad. Que un comportamiento se perciba como infidelidad puede depender de las personas involucradas y de la situación. En algunas ocasiones, la pareja no está de acuerdo sobre qué constituye una infidelidad. Uno de los miembros de la pareja puede creer que no ha cometido ninguna infracción, mientras que el otro puede percibir que sí se ha producido una falta. Varias investigaciones señalan que es más probable que las personas etiqueten el comportamiento de su pareja como de infidelidad y menos probable que etiqueten el propio en la misma situación de la misma forma.

Así que la pregunta de qué constituye una infidelidad es sumamente difícil de contestar. Desde el “like” en Facebook o el “fueguito” en Instagram a una dama en bikinis por parte de un hombre hasta el consumo de pornografía o la mirada indiscreta a las nalgas de una mujer que le pasa por el lado, han sido acciones catalogadas por muchas mujeres como infidelidad. Y muchas de las que estarán leyendo este artículo exclamarán casi al unísono “¡Pues claro!” Sin embargo, un hombre dificilmente catalogará como infiel a una mujer que observe pornografía o que le mire las nalgas a un hombre que le pase por el lado (¡Sí, las mujeres también le miran las nalgas a los hombres!). Y, otra vez, muchas mujeres que estén leyendo este artículo tal vez exclamarán “¡Pues claro, si de seguro él está haciendo lo mismo!” La realidad es que el género de la persona influye grandemente en lo que se percibe o no como infidelidad.

La infidelidad emocional es un concepto sujeto a múltiples interpretaciones. En teoría, un individuo podría cometer infidelidad emocional al enamorarse, salir a una cena romántica o darle regalos románticos a alguien fuera de su relación primaria, sin nunca tener contacto físico-sexual con esta persona. La infidelidad emocional, especialmente los comportamientos románticos, y el apoyo financiero, pueden ser más ambiguos que la infidelidad física, con opiniones más divididas de si se considera o no infidelidad. No sólo son ambiguos los actos específicos que comprenden la infidelidad emocional, sino que las personas también juzgan si un comportamiento es infiel desde la perspectiva emocional de manera diferente en función de si fueron ellas o sus parejas quienes llevaron a cabo esa acción. O sea, las personas tienden a juzgar sus propios comportamientos potencialmente infieles desde la perspectiva emocional con menos dureza que los de sus parejas, y las personas religiosas en particular son más propensas a creer que ciertos actos de sus parejas constituyen infidelidad emocional cuando esas mismas conductas realizadas por ellas mismas no lo son.

Como mencionáramos antes, la distinción entre infidelidad física y emocional puede tener una relación directa con el género de la persona. Según la teoría evolutiva, los hombres tienden a sentirse profundamente perturbados ante el hecho de que otro macho pudo haber «plantado» bandera y «marcado» su «territorio» a raíz de la infidelidad físico-sexual de su pareja. Mientras que las mujeres se sienten más molestas por la infidelidad emocional de su pareja, los hombres lo están más por los comportamientos físico-sexuales de éstas con otros hombres. Evolutivamente, se cree que esta diferencia está impulsada por las diferentes amenazas reproductivas y de inversión de recursos que plantean la infidelidad física y emocional. Teóricamente, un hombre tendría más miedo a la infidelidad físico-sexual por parte de su pareja porque esto podría dar lugar a que ella dé a luz a un niño que no es biológicamente suyo, lo que puede resultar en que él invierta recursos valiosos en una criatura que no lleva su propio ADN. Una mujer tendría más miedo a la infidelidad emocional por parte de su pareja porque esto podría hacer que sea menos probable que éste invierta recursos con ella y sus hijos. Esta diferencia está respaldada por múltiples estudios que encuentran que, cuando se ven obligadas a elegir, las mujeres generalmente consideran más perturbadora la infidelidad emocional de su pareja, mientras que los hombres generalmente consideran más perturbadora la infidelidad físico-sexual.

Las relaciones a larga distancia

La humanidad está pasando por un período de globalización sin precedentes gracias a la aparición de la Internet. La globalización ha cambiado la forma en que las personas establecen conexiones. Este fenómeno, que no ocurre por primera vez en la historia, se distingue por la casi eliminación de fronteras entre los pueblos, culturas y personas. La globalización está introduciendo y afectando conceptos tales como el romance, el amor y las relaciones íntimas. La tecnología facilita estos intercambios y fomenta y estimula una hibridación en las relaciones de pareja y es una parte crítica de este proceso. En un mundo móvil e interconectado, tenemos oportunidades de conocer y aprender de personas de todo el mundo. Y estas oportunidades conllevan más posibilidades de encontrar el amor, a veces a miles de kilómetros de casa.

Entonces procede que nos preguntemos qué es una relación romántica y cómo la distancia puede afectarla. Una relación es una interacción entre dos personas que deciden compartir su tiempo y espacio. Una relación romántica es una interacción entre dos personas que implica intimidad sexual. Por lo tanto, una relación romántica a larga distancia es una interacción entre dos personas que, entre otras cosas, debería implicar intimidad sexual pero no ocurre o no ocurre satisfactoriamente debido a la distancia. A pesar de eso, en las ciencias de la conducta hay formas diferentes de definir una relación a distancia. A veces se definen como relaciones en las que los cónyuges pasan varias noches a la semana separados o pasan largos períodos de tiempo sin verse. Tal vez una de las definiciones más útiles se refiere al tiempo de viaje o la distancia física: las parejas que tienen sus propias residencias, que están ubicadas lo suficientemente separadas como para dificultar verse regularmente.

Según estas definiciones, las relaciones a distancia pueden verse bastante diferentes de una pareja a otra. Dos personas, por ejemplo, que viven en San Juan y Cabo Rojo podrían llamarse a sí mismas de larga distancia; en casos como éste hay abundantes formas de llegar de una ciudad a otra, pero ninguna es lo suficientemente cómoda o rápida en comparación a cuando se vive en el mismo lugar. Al mismo tiempo, dos personas que viven a 90 millas de distancia a lo largo de una carretera podrían no considerar su relación como de larga distancia, porque ya están acostumbradas a conducir largos tramos y este viaje les parece sencillo. El punto es que en las relaciones a distancia, la distancia hace que sea difícil tener lo que la mayoría de las parejas tienen: la capacidad de verse fácilmente en un día determinado o en cualquier momento si es necesario.

Dicho esto, es importante señalar que una relación a larga distancia no es sostenible por mucho tiempo ni es una solución a largo plazo para mantener una relación romántica. Cuando pasamos tiempo con nuestra pareja todos los días, o al menos con regularidad, las interacciones contienen muchas cosas mundanas y cotidianas, como, por ejemplo, estar enfermos, hacer la compra, lavarse los dientes o simplemente sentarse exhaustos frente al televisor. Sin embargo, en las relaciones a distancia, las expectativas de que los encuentros cara a cara serán mágicos, llenos de sexo fantástico y románticos a menudo chocan contra la pared de cómo funciona realmente la vida.

Las personas en relaciones a larga distancia tienen el estrés de estar separadas, de tener que viajar más y más frecuente, de tener carreras que los mantienen separados y, a menudo, de tener que tomar decisiones importantes sin saber cómo sería vivir más cerca el uno del otro. Las personas en este tipo de relación parecen tener mayor estrés, menos satisfacción sexual y más dificultades para mantener sus relaciones saludables que las personas que viven cerca unas de otras.

Por otro lado, los celos pueden ser un elemento común en las relaciones a distancia. Generalmente, a las personas involucradas en este tipo de relación les resulta difícil sobrellevar el hecho de que la pareja pueda interactuar libremente con otras personas cuando no está cerca, y que la pareja podría verse tentada a tener una mayor intimidad con otras personas de la que le gustaría. Esto hace que tener expectativas y límites claros sea aún más importante.

En la medida en que las relaciones a distancia fracasan, suele tener que ver con la enorme distancia y la dificultad de mantenerse conectados. Cuanto más lejos y con más frecuencia tienen que viajar las personas, más difícil es permanecer juntas a largo plazo. También es probable que las relaciones a larga distancia terminen si los cónyuges no pueden resolver las inseguridades sobre la relación o si uno o ambos experimentan altos niveles de emociones negativas.

Recomendaciones sobre relaciones a larga distancia
  • Hablar del futuro… continuamente. Las relaciones a distancia pueden resultar desafiantes, pero tener en cuenta y proyectarse en el futuro puede resultar útil. Se recomienda hablar periódicamente sobre lo que les depara el futuro. Los cónyuges deben saber y estar convencidos de que la situación actual es transitoria y no permanente. Hablar sobre el futuro es importante para la relación, además de fomentar la confianza y establecer límites.
  • Seguir aplicando las reglas normales de una relación. En las relaciones a larga distancia se aplican las mismas reglas generales para las relaciones románticas: comunicación abierta, dejar claras las expectativas y necesidades, esforzarse por lograr intimidad y confianza, ser merecedor de confianza y negociar claramente la exclusividad sexual.
  • Es importante cumplir las promesas y mantener los compromisos. Si planeas hablar por teléfono una vez al día, por ejemplo, considéralo una parte esencial para mantener tu relación. No es opcional ni «sólo cuando tengas tiempo».
  • Planificar con anticipación. Planificar tus próximos puntos de contacto significativo, tanto de forma remota como en persona, puede ayudar a que el tiempo de separación sea más tolerable y proporcionar una estructura a tu relación. A veces las personas tienen citas telefónicas regulares con su pareja, a pesar de la enorme diferencia de horarios, y esta regularidad les mantiene emocionalmente conectadas.
  • Prestar atención a las interacciones sexuales. Curiosamente, algunas investigaciones sugieren que las parejas no tienen que ser sexuales de una forma específica para mantener la satisfacción sexual. Es importante que las parejas en relaciones a larga distancia sean creativas y utilicen las herramientas que tengan a su disposición para mantenerse sexualmente conectadas. No es necesario adoptar estos comportamientos a menos que claramente funcionen para la pareja.
  • Centrarse en la salud de la relación. Quizás, por encima de todo, las parejas a larga distancia se beneficien al centrarse en comportamientos que saben que ayudan a mantener su relación saludable. Estos pueden verse diferentes de una pareja a otra, pero tener esto en cuenta, especialmente durante las transiciones, como justo antes y después de verse, ayudará a suavizar algunas de las dificultades de estar en una relación a larga distancia.

En resumidas cuentas podemos decir que las relaciones a distancia son extremadamente desafiantes. A pesar de eso, la forma en que las parejas imaginan el futuro importa. Las personas se sentirían mejor con sus relaciones a distancia si estuvieran bastante seguras de que eventualmente vivirán en la misma ciudad. Toda relación, ya sea cercana a casa o alrededor de todo el mundo, se beneficia del respeto mutuo, la generosidad y una comunicación sólida. Ya sea que estés enviando mensajes de texto, hablando por Skype o compartiendo una cena romántica en la misma mesa, trata a tu ser querido cercano o lejano con amor, amabilidad y… te deseo buena suerte.