Los usuarios de Ashley Madison tienen poco arrepentimiento moral por la infidelidad sexual

Los participantes, en su mayoría hombres, expresaron una gran satisfacción con sus aventuras y poco arrepentimiento moral.

Un estudio realizado entre usuarios de Ashley Madison, un sitio “web” de citas orientado a facilitar las aventuras sexuales de personas casadas, encontró que la baja calidad de la relación con la pareja principal no era un factor importante de infidelidad y la infidelidad no predecía disminuciones en la calidad de esas relaciones. Los participantes, en su mayoría hombres, expresaron una gran satisfacción con sus aventuras y poco arrepentimiento moral. El estudio fue publicado en Archives of Sexual Behavior.

Las experiencias románticas extradiádicas, comúnmente conocidas como infidelidad, se refieren a que una persona tiene intimidad emocional o sexual con alguien fuera de su relación romántica comprometida. Las experiencias románticas extradiádicas pueden ocurrir de diferentes formas, desde aventuras de una noche hasta aventuras duraderas.

Las experiencias románticas extradiádicas también son fuente de gran controversia y de puntos de vista y comportamientos paradójicos. Las encuestas realizadas muestran que casi todas las personas ven la infidelidad como una transgresión moral. Por lo general, manifiestan una gran angustia ante la mera idea de que su propia pareja cometa infidelidad. La infidelidad es un importante predictor de divorcio y violencia en la pareja. A pesar de todo esto, un número considerable de personas optan por engañar a sus parejas románticas. Se calcula que aproximadamente uno de cada cinco casados engaña a su pareja. La proporción aumenta a uno de cada tres entre los adultos jóvenes en relaciones de pareja.

Por otro lado, los estudios han demostrado que muchas personas cometen infidelidades a pesar de calificar sus matrimonios como felices o muy felices. Esto llevó a los investigadores a explorar otras formas de explicar la discrepancia entre la actitud social general hacia la infidelidad y el hecho de que, al mismo tiempo, sea muy común. El autor del estudio, Dylan Selterman, y sus colegas querían comprender mejor las experiencias psicológicas de quienes buscan y participan en comportamientos románticos extradiádicos. Centraron su atención en Ashley Madison, un sitio web de citas dirigido explícitamente a usuarios que están en parejas o matrimonios románticos comprometidos, es decir, un sitio para promover la infidelidad.

Los investigadores realizaron encuestas de usuarios de Ashley Madison en dos momentos temporales con tres meses de diferencia. La primera ola incluyó a 810 usuarios y 868 en la segunda, pero solo 260 completaron ambas olas. Más del 90% de los participantes eran hombres y heterosexuales. La edad media de los participantes en ambas muestras fue de alrededor de 52 años. Alrededor del 85% estaban casados o tenían una relación. El 10% en la primera encuesta y el 6% en la segunda informaron tener una relación abierta.

Los resultados mostraron que alrededor de la mitad de los participantes informaron tener un acuerdo de exclusividad con su pareja principal. Aproximadamente dos de cada tres informaron que habían engañado a sus parejas en algún momento de sus relaciones, pero solo alrededor de uno de cada cinco informó que su pareja los engañó. Alrededor del 65% de los participantes informaron que ya habían tenido una aventura o aventuras antes de comenzar con el sitio “web” de Ashley Madison.

Cuando se les preguntó acerca de sus parejas principales, en su mayoría informaron altos niveles de amor por su pareja principal, pero bajos niveles de satisfacción sexual. Alrededor de la mitad informó que actualmente no era sexualmente activa con su pareja principal. La insatisfacción sexual y el bajo compromiso con su pareja principal fueron los motivos principales para tener una aventura.

Cuando se preguntó a aquellos que tuvieron éxito en tener una aventura sexual en el sitio de Ashley Madison sobre sus experiencias, los participantes informaron una alta satisfacción sexual y emocional, pero un nivel muy bajo de arrepentimiento. Aproximadamente cuatro de cada cinco participantes afirmaron que su pareja no sabía nada de su aventura.

Los hallazgos resaltan que las aventuras amorosas suelen ser complejas y pueden estar impulsadas por motivos contradictorios. «En nuestra muestra de usuarios de Ashley Madison, encontramos que, en general, la insatisfacción sexual era alta y un gran número de participantes informaron no haber tenido relaciones sexuales con sus parejas o cónyuges en largo tiempo. Así que buscaron aventuras, y algunas de ellas tuvieron aventuras, y entre aquellas personas que tuvieron una aventura, experimentaron una gran satisfacción con sus aventuras y bajos niveles de arrepentimiento», afirmó el investigador principal. «Parecía que todavía mantenían el amor y la intimidad con sus cónyuges; parece que realmente sienten que no han hecho nada malo, lo cual es notable dado lo altamente estigmatizada que está la infidelidad».

«Creo que se pueden observar estos resultados desde la perspectiva del vaso medio lleno o medio vacío», añadió el investigador. «Por un lado, las personas engañan a sus parejas incluso cuando las aman y no hay mucho conflicto. Sienten que vale la pena preservar su relación incluso si no tienen relaciones sexuales. Eso no excusa el comportamiento. Uno puede presentar un argumento ético convincente de que está mal engañar independientemente del motivo”.

 

La infidelidad, ¿qué es y por qué ocurre? | Parte I

La mayoría de la gente considera que la monogamia es la norma: casi el 99% de los participantes en un estudio representativo a gran escala informó que tenía la expectativa de que su cónyuge fuera sexualmente monógamo y el 99% de los participantes de esta misma investigación creía que su pareja esperaba exclusividad sexual en la relación. Podemos ver que las expectativas de exclusividad sexual en el matrimonio, la relación o la convivencia rara vez cambian; menos del 1% de las parejas heterosexuales que participó en este estudio informó que su pareja o cónyuge había cambiado sus creencias sobre la exclusividad sexual luego de establecida la relación. Además de creer que la monogamia es la norma, la mayoría de la gente ve la infidelidad de forma negativa. Según una encuesta de Gallup de 2017, el 88% de los estadounidenses cree que es moralmente inaceptable que hombres y mujeres casados tengan una aventura fuera de la relación.

A pesar de la visión negativa generalizada en la población sobre la infidelidad, ésta es común entre las personas y se ha asociado con la disolución de las relaciones y la tensión entre los cónyuges. Este fenómeno en psicología se conoce como hipocresía moral: defender algunos valores morales como correctos, pero no seguirlos en la práctica, sobre todo cuando se aplica a la propia persona. Un estudio representativo a nivel nacional encontró que el 23% de los hombres y el 11% de las mujeres en general, y el 34% de los hombres y el 19% de las mujeres en cohortes de mayor edad, informan haber tenido alguna vez relaciones sexuales extramatrimoniales. Estas cifras tienden a ser aproximaciones someras puesto que los estudios en materia de sexualidad tienden a proporcionar resultados o respuestas inexactas. Este tipo de investigación habitualmente se realiza utilizando cuestionarios autoreportados y, dado que la sexualidad humana tiende a intimidar a las personas por múltiples razones, la veracidad de lo que auto-informan podría ser altamente cuestionable. En lo referente a infidelidad, la forma en que los investigadores la definen vs. cómo los participantes la entienden puede influir en los resultados de un estudio. Asimismo, comúnmente no se mide el nivel de religiosidad de las personas que participan en estas investigaciones y esto es particularmente importante porque las personas religiosas tienden a tener dificultades para expresarse en materia de sexualidad de manera abierta, además tienen más probabilidades que las no-religiosas de creer que los actos ambiguos de sus parejas constituyen infidelidad, mientras que esos mismos actos realizados por ellos mismos no lo son. Por ejemplo, es más probable que las personas religiosas crean que el uso de pornografía siempre es moralmente incorrecto, y muchos de ellos pueden percibir el uso de pornografía en la relación como infidelidad.

Pero ¿cuál es la diferencia entre infidelidad, actividad sexual extramarital, participación sexual extradiádica, aventura sexual fuera de la relación y otros conceptos utilizados para describir este fenómeno?

El concepto “infidelidad” tiene sus raíces en la religión. La mayoría de las religiones enseñan que la infidelidad es dañina y moralmente incorrecta. Además, es más probable que las personas más religiosas experimenten fuertes sanciones contra la infidelidad en sus comunidades de fe. Los textos religiosos que son fundamentales para el judaísmo, el cristianismo, el islam y el hinduismo contienen pasajes que condenan la infidelidad. La Biblia hebrea proclama en sus Diez Mandamientos: «no cometerás adulterio». El Nuevo Testamento enseña contra la infidelidad tanto física como emocional, con las palabras de Jesús: «Todo el que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón», y la enseñanza de Pablo de que «los fornicarios […] adúlteros, ninguno de ellos heredará el reino de Dios». La palabra «infidelidad» se utiliza 25 veces en el Corán, que insta a «no te acerques al adulterio, porque en verdad es un gran pecado y un mal camino». El Vishnu Purana, un texto sagrado del hinduismo, afirma: «Aquel que comete adulterio es castigado aquí y en el más allá; porque sus días en este mundo se acortan, y muerto cae en el infierno». Además de las enseñanzas bíblicas contra la infidelidad y a favor de los matrimonios sexualmente exclusivos, los líderes religiosos generalmente enseñan públicamente sobre lo incorrecto de esta conducta de acuerdo con sus convicciones de fe. Sin embargo, las diferentes denominaciones religiosas varían en el grado en que condenan y castigan la infidelidad entre sus seguidores.

La psicología, como disciplina científica, trata este asunto desde una perspectiva enteramente laica. El empleo del concepto “infidelidad” en este artículo obedece al hecho de que es más entendible por las personas en general debido a su cercanía con la religiosidad.

¿Qué constituye una infidelidad?

Como mencionáramos, la psicología procura adherirse estrictamente a los principios científicos y observar la conducta desde una perspectiva laica, a menos que el dogma religioso sea lo que motive una investigación específica. Así las cosas, los investigadores científicos han utilizado múltiples términos para describir la infidelidad, a veces indistintamente, como: infidelidad, engaño, aventura sexual, sexo extramarital o extradiádico e involucramiento o participación extradiádica. Entonces existe un consenso en las ciencias en darle énfasis al aspecto físico y utilizar el concepto de sexo extramarital o extradiádico para referirse al fenómeno de la infidelidad.

Las definiciones conductuales de infidelidad varían ampliamente en la literatura y pueden incluir cualquier cosa, desde «relaciones sexuales», «sexo oral» y «besos» hasta «conexiones emocionales» fuera de una relación monógama. Aunque los comportamientos que se consideran infidelidad pueden variar, la infidelidad puede conceptualizarse ampliamente como comportamientos sexuales con una pareja extradiádica que, si la pareja en la relación primaria se entera de ellos, es probable que causen angustia o daño severos.

La infidelidad ha sido conceptualizada como «física» o «emocional», donde la física involucra relaciones sexuales o coito, besos u otros actos físicos, y la emocional que involucra sentimientos románticos, citas románticas, dar regalos y otros actos que no involucran contacto físico. Algunos científicos definen la infidelidad exclusivamente como comportamientos físicos sexuales con alguien que no sea la pareja primaria, como el coito, el sexo oral o los besos. A lo largo del estudio de la infidelidad, las definiciones y conceptualizaciones de este concepto han cambiado. Los primeros estudios sobre la infidelidad sólo tendían a enfatizar el aspecto físico al conceptualizarla como relaciones sexuales extramatrimoniales. En otras palabras, originalmente, para la ciencia una infidelidad era una conducta que involucraba una interacción físico-sexual entre dos personas fuera de su relación primaria. Aunque se reconoce en cierta forma la infidelidad emocional, en gran medida todavía se conserva la visión original por lo impreciso que resulta ser este concepto.

Incluso con respecto a los comportamientos físicos, no está tan claro qué comportamientos constituyen infidelidad. Algunas conductas físicas, como abrazar, pueden considerarse «ambiguas» toda vez que algunas personas perciben los abrazos como infidelidad, mientras que otras no. Generalmente, las conductas sexuales extradiádicas se consideran el indicativo más universal de infidelidad. Que un comportamiento se perciba como infidelidad puede depender de las personas involucradas y de la situación. En algunas ocasiones, la pareja no está de acuerdo sobre qué constituye una infidelidad. Uno de los miembros de la pareja puede creer que no ha cometido ninguna infracción, mientras que el otro puede percibir que sí se ha producido una falta. Varias investigaciones señalan que es más probable que las personas etiqueten el comportamiento de su pareja como de infidelidad y menos probable que etiqueten el propio en la misma situación de la misma forma.

Así que la pregunta de qué constituye una infidelidad es sumamente difícil de contestar. Desde el “like” en Facebook o el “fueguito” en Instagram a una dama en bikinis por parte de un hombre hasta el consumo de pornografía o la mirada indiscreta a las nalgas de una mujer que le pasa por el lado, han sido acciones catalogadas por muchas mujeres como infidelidad. Y muchas de las que estarán leyendo este artículo exclamarán casi al unísono “¡Pues claro!” Sin embargo, un hombre dificilmente catalogará como infiel a una mujer que observe pornografía o que le mire las nalgas a un hombre que le pase por el lado (¡Sí, las mujeres también le miran las nalgas a los hombres!). Y, otra vez, muchas mujeres que estén leyendo este artículo tal vez exclamarán “¡Pues claro, si de seguro él está haciendo lo mismo!” La realidad es que el género de la persona influye grandemente en lo que se percibe o no como infidelidad.

La infidelidad emocional es un concepto sujeto a múltiples interpretaciones. En teoría, un individuo podría cometer infidelidad emocional al enamorarse, salir a una cena romántica o darle regalos románticos a alguien fuera de su relación primaria, sin nunca tener contacto físico-sexual con esta persona. La infidelidad emocional, especialmente los comportamientos románticos, y el apoyo financiero, pueden ser más ambiguos que la infidelidad física, con opiniones más divididas de si se considera o no infidelidad. No sólo son ambiguos los actos específicos que comprenden la infidelidad emocional, sino que las personas también juzgan si un comportamiento es infiel desde la perspectiva emocional de manera diferente en función de si fueron ellas o sus parejas quienes llevaron a cabo esa acción. O sea, las personas tienden a juzgar sus propios comportamientos potencialmente infieles desde la perspectiva emocional con menos dureza que los de sus parejas, y las personas religiosas en particular son más propensas a creer que ciertos actos de sus parejas constituyen infidelidad emocional cuando esas mismas conductas realizadas por ellas mismas no lo son.

Como mencionáramos antes, la distinción entre infidelidad física y emocional puede tener una relación directa con el género de la persona. Según la teoría evolutiva, los hombres tienden a sentirse profundamente perturbados ante el hecho de que otro macho pudo haber «plantado» bandera y «marcado» su «territorio» a raíz de la infidelidad físico-sexual de su pareja. Mientras que las mujeres se sienten más molestas por la infidelidad emocional de su pareja, los hombres lo están más por los comportamientos físico-sexuales de éstas con otros hombres. Evolutivamente, se cree que esta diferencia está impulsada por las diferentes amenazas reproductivas y de inversión de recursos que plantean la infidelidad física y emocional. Teóricamente, un hombre tendría más miedo a la infidelidad físico-sexual por parte de su pareja porque esto podría dar lugar a que ella dé a luz a un niño que no es biológicamente suyo, lo que puede resultar en que él invierta recursos valiosos en una criatura que no lleva su propio ADN. Una mujer tendría más miedo a la infidelidad emocional por parte de su pareja porque esto podría hacer que sea menos probable que éste invierta recursos con ella y sus hijos. Esta diferencia está respaldada por múltiples estudios que encuentran que, cuando se ven obligadas a elegir, las mujeres generalmente consideran más perturbadora la infidelidad emocional de su pareja, mientras que los hombres generalmente consideran más perturbadora la infidelidad físico-sexual.